Crítica de Parchís, el documental: sobreviviendo al éxito de forma decente y sin rencor

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Bienvenidos al único post que vais a leer sobre lo que realmente es Parchis, el documental. Es imposible explicar lo que fueron Parchis, lo que significaron en su momento, a todos aquellos que no estaban allí. En 1978, en una España que dejaba atrás 40 años de dictadura y entraba en la modernidad, con sólo dos cadenas de televisión que emitián unas pocas horas, los referentes infantiles eran escasos. Teresa Rabal (la hija del gran Paco rabal) era, a ojos de un niño, una señora mayor que daba algo de yuyu; Enrique y Ana, ese veinteañero con esa niña de 8 años, ni os cuento. De golpe y porrazo, un grupo de 5 niños (3 niños y 2 niñas) aterrizaban en el plató de Aplauso, un programa de música que se emitía los sábados por la tarde y que servía de plataforma a todo aquel que quería ser alguien en la música en España. Eran niños, como nosotros. Bueno, no exactamente como nosotros. Eran guapos y guapas, cantaban y bailaban y se vestían con monos de colores que les distinguían de nosotros. Se les veía auténticos. Se les veía como amigos. Grababan discos y protagonizaban películas y eran todo lo que nosotros, en nuestra mediocridad de niños, aspirábamos a ser. Queríamos cantar como Tino, bailar como David, tener el desperpajo de Frank (antes Oscar) y ser los novios de Yolanda o de Gemma. Parchis, que en un principio aspiraban a éxito pasajero, se convirtió en un fenómeno social; en otros países, como México o Argentina, fueron una auténtica locura. Parchís, el documental, estrenado en Netflix hace un par de días, cuenta la formación, el auge y la desaparición del que ha sido y será el mejor grupo infantil español de todos los tiempos.

El documental

Dirigido por Daniel Arasanz, el documental se sirve de las voces de todos los protagonistas, desde los componentes del grupo a todos lo que los rodearon, para contar cómo se formó Parchís, cómo se convirtieron en un fenómeno social, cómo la cosa se salió de madre, cómo no fue a mayores y cómo el grupo desapareció tan rápido como había aparecido, intercalando las declaraciones de Tino, Yolanda, Gemma, David, Oscar y Frank con imágenes de archivo de sus actuaciones y sus viajes. Os animo a todos a que lo veáis porque es 1 hora y 45 minutos que se pasan volando pero aun así os hago un resumen.

Cómo se formó Parchís y cómo se convirtieron en un fenómeno social

El grupo se formó casi de casualidad, con la idea de que iba para un splo disco pero con la fortuna de encontrar a unos niños que encajaron perfectamente en el papel que se les había dado, como afirma David Muñoz (el dado) en un momento de la entrevista. En una España con solo dos canales de televisión y llena de babyboomers a los que había que entretener de alguna manera, Parchís vino a llenar un hueco que nadie había sabido llenar en condiciones. De ahí a protagonizar películas y a latinoamérica, donde el fenómeno fan era más apasionado que aquí, a llenar el Estadio Azteca, a hacer bolos de jornadas maratonianas, a alojarse en hoteles de lujo y a disfrutar del éxito como si no hubiera un mañana.

Cómo la cosa se salió de madre y cómo no fue a mayores

Al ver el documental se llega a la conclusión de que la cosa se salió de madre en las giras por latinoamérica. Viajes, hoteles, éxito y falta de límites convierten a los niños en asilvestrados, como si se hubiesen escapado de El señor de las moscas. Parchís se había convertido en una máquina de hacer dinero, en niños sobreexplotados que trabajaban jornadas maratonianas sin ver un duro y sin ninguna supervisión. Los padres delegaron en Discos Belter, la compañía discográfica (que, a decir verdad, invirtió en Parchís una auténtica millonada) y aquellos iban a lo suyo. Si la cosa no fue a mayores y se estableció un cierto control fue por la intervención de la madre de Oscar Ferrer (la primera ficha azul), que se apuntó a la segunda gira y no le gustó lo que vio, convirtiendose en una mosca cojonera no solo para los productores sino también para el resto de padres. Al final, ejerciendo de madre, la señora sacó a Oscar del grupo y este fue sustituido por Frank Díaz (la segunda ficha azul). Sin embargo esto sirvió de toque de atención y se impuso la figura de un tutor, alguien que supervisase a los chicos y los protegiese, recayendo el papel en el guionista y director Joaquin Oristrell, primo de Yolanda Ventura (la ficha amarilla). Es precisamente Oristrell quien aporta el testimonio más significativo al documental. El suyo es el punto de vista de una adulto plenamente consciente de todo lo que pasaba, mientras que los integrantes de Parchís aportan un testimonio de algo que vivieron como niños. Y pasaban muchas cosas, desde pervertidos babosos que echaban un ojo a las niñas hasta fiestas de adultos donde no se servían gominolas, sin olvidar las inmensas cantidades de dinero que se movían y que nadie sabía bien a donde iban a parar.

Cómo desapareció el grupo

Parchís desapareció por un cúmulo de circunstancias, desde que algunos se hicieron mayores antes que otros (caso de Tino Fernández, la ficha roja) hasta las ambiciones de algunos directivos de Belter o de los padres, tentados con una oferta de Disney que enfrentó a unos con otros. Al final, todo se reduce a que los grupos musicales, como muchas otras cosas en la vida, suelen tener un ciclo y Parchís ya había cumplido el suyo, unos 5 años donde fueron los mejores y un auténtico referente para muchos niños.

Sobre luces, sombras y periodistas que buscan la polémica

Estos días se pueden leer muchos artículos sobre Parchís, el documental en numerosos periódicos pero este es el único escrito que vais a leer que no carga las tintas sobre los aspectos desagradables de lo que fue Parchís. Y no lo hace por nostalgía ochentera sino porque, en realidad, la cosa no es para tanto. Si, hubo sobreexplotación infantil; si, hubo sexo; si, hubo desmadres pero, por favor, pongamos las cosas en contexto. Corría el año 1978 y aunque España no fuese Esparta, la permisividad con respecto a lo que podía hacer o no un niño era mucho mayor que la de ahora. Los integrantes de Parchís se iban de gira cuatro o cinco meses, dejando de asistir a clase y a nadie se le ocurría mandarle a los servicios sociales de su ayuntamiento para quitarle la custodia a unos padres que trataban de hacerse millonarios a costa de sus hijos, como cualquier padre de futbolista que se precie. ¿Qué tendrían que haberlo hecho? Puede ser. Hoy en día se buscan una querella pero en 1978 la cosa era de otra manera.

Hubo sillas tiradas por las terrazas de los hoteles y también robos de perfumes en los aeropuertos y hoy en día, por menos de eso, acabas en un centro de menores pero a principios de los 80 se consideraban travesuras de chiquillos. También hubo besos entre los integrantes del grupo y sexo antes de tiempo pero, oye, que les quiten lo bailado. El que diga que no se hubiese aprovechado de la situación con 14 o 15 años y que no ha experimentado con su cuerpo a esas edades, miente como un bellaco. Todas estas situaciones son tratadas en el documental de una forma natural. Era lo que había y lo que pasó, pasó. Por eso resultan lamentables todos los titulares que abundan estos días y que mencionaré pero no pondré los enlaces para no hacerles más publicidad de la necesaria. El periódico (en este caso panfleto, más bien) El País se ha quedado a gusto: Parchís: niños que vuelan en jets y destrozan hoteles y La verdad sobre Parchís: compra de locutores, explotación y estafa son los titulares que nos ofrecen.

En El Comercio también se han despachado con La otra historia de Parchís: sexo, explotación y drogas pero quien se lleva el premio a tergiversadora del año es Milagros Martín – Lunas en El Confidencial con De la ternura al salvajismo: ¿no ven los de Parchís que vivían en Sodoma y Gomorra?, donde dice que:

El golpe de efecto de David Arasanz es entrecruzar imágenes de archivo con las declaraciones de Tino, Yolanda, Gemma, David, Óscar y Frank, los protagonistas de esta historia que se me antoja truculenta, aunque ellos la vivieran como un auténtico privilegio. Ni el óxido del tiempo ni la madurez les otorgan cierta reflexión. Se quedan con el privilegio y la oportunidad que tuvieron de vivir unos años siendo los niños y las niñas más queridos en España y Latinoamérica. No recapacitan, no ven que trabajaron a destajo, que los explotaron y que les robaron la infancia. Por no hablar de los momentos en que los mánager insinúan que tenían que tener a las niñas muy vigiladas porque estaban “en el punto de mira de cierto empresario” o que Tino se convirtió en el oscuro objeto de deseo y que siendo el líder del grupo por su cama pasaron, antes de tiempo, todo tipo de mujeres, de todas las edades. Todo, se justifica todo.

Por un lado, tiene razón. Todo eso pasó pero es falso que se justifique. En realidad en el documental no se justifica nada. Son cosas que pasaron en aquella época y ya está. Los niños lo vivieron como niños y los adultos como adultos pero hay que buscar el clic fácil y los ¿periodistas? se han quedado con unas cuantas frases de aquí y allá, sacadas de contexto que escandalizan a las mentes bienpensantes y se han dedicado a destacarlas. Os puedo asegurar que todo eso del sexo y las drogas son un par de frases lanzadas por Joaquin Oristrell y por algunos de los integrantes del grupo que no ocupan ni dos minutos de emisión. También es cierto que la cosa pudo haber acabado de mala manera pero que, afortunadamente, acabo de forma decente, como dice el propio Oristrell, que en caso contrarío no hubiese estado aquí para contarlo. También son de traca los comentarios de los lectores de los susodichos periódicos, meando fuera de tiesto y dando su versión del tema cuando seguro que la mitad ni estaba allí, ni ha tenido en sus manos un disco de Parchís y ni siquiera habrán visto el documental.

Lo fundamental de Parchís, el documental es que es la historia de un grupo que tuvo sus momentos de gloria, sus luces y sombras, como tantos otros, y el ver como sus integrantes han sobrevivido a eso, convirtiéndose en adultos capaces de echar la vista atrás sin rencor y siguiendo adelante con sus vidas. No hay resquemor en sus palabras. No hay rencor, ni amargura. Por eso resulta absurdo e incluso inmoral que ahora algunos pretendan que los integrantes de Parchís se rasguen las vestiduras y lloren por los rincones. Si la cosa hubiese sido como Sodoma y Gomorra. como dice Martín – Lunas, no estarían hablando de ello en un documental de Netflix sino seguramente en un cementerio, como muchos que les precedieron y muchos otros que vendrán. Un saludo, sed felices.

Parchis en la actualidad



el autor

Toda la vida leyendo cómics. Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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