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Crítica de Perro perdido, delirante apología del ninismo protagonizada por un nini y su perro

Netflix ha estrenado Perro perdido, película que se ha situado entre lo más visto de la plataforma en España. Respondiendo a la demanda popular, la hemos visto a ver si su popularidad estaba justificada. Las películas de perritos siempre venden bien y si encima se pierden, van a buscarlos y los encuentran, ya ni os cuento. El resultado de Perro perdido se aleja un poco de ese esquema. Y no sé si para bien. Al lío y ojo que van spoilers.

Un nini y su perro

Perro perdido cuenta la historia de Fielding (John Berchtold), un universitario al que su novia manda a paseo y decide llenar su hueco adoptando un perro, al que llama Gonker. Tras terminar sus estudios y sin saber qué hacer con su vida, regresa a casa de sus padres, unos abnegados Rob Lowe y Kimberly Williams a los que no les queda otra que acarrear con la criatura. Y con el hijo también.

El caso es que la vida transcurre plácidamente, con el perro dando por c… a los padres y el hijo tocándose los h… todo el día. En eso va el perro y se pierde a los pocos días de haberle descubierto una enfermedad que, si no se medica cada mes, acabará con su vida. Padre e hijo (y madre, que revive la pérdida de su perro cuando era niña) se pasarán dos semanas buscando a Gonker, colgando carteles por todos lados y montando una red que al final dará sus frutos.

perro perdido
Fielding y Gonker tocándose los huevos, digo, haciendo ejercicios de respiración

¿Verdad que es entrañable? Una historia de esas de superación, de luchar contra las adversidades, de no desfallecer. Una historia de esas que sirven de ejemplo a toda la sociedad. No hay que abandonar; los animales son nuestros mejores amigos, mejores que las personas, nos quieren como somos (y porque les damos de comer).

El problema es que en Perro perdido el perro es un chucho maleducado, acostumbrado a hacer todo lo que le place, que mete el hocico en todos los platos y que resulta muy cansino. Menos mal que se pierde y nos ahorramos su presencia en gran parte del metraje. Claro que la culpa no es del perro sino del dueño, un auténtico nini.

El tal Fielding ha terminado la universidad, donde ha estado estudiando a costa de sus padres, que se han dejado una pasta en los estudios y el muy ingrato no va ni a su propia graduación. Luego se planta en casa de ellos con el chucho, a practicar yoga, hacer respiraciones lascivas en mitad de la noche y a comer comida orgánica, de esa que vale una pasta pero, total, como pagan los padres…

Padres que, por cierto, se ve que nadan en la abundancia, no solo por mantener a los dos ninis, el hijo y el perro, sino también por la casa, el Land Rover que lucen, el dedicarse semanas a buscar el perro …

perro perdido
La madre de Fielding, con cara de no haber perdido nunca un perro (spoiler: es reincidente)

¿Y por qué se pierde el perro? Pues porque es algo tonto y encima su dueño, sabiendo que el animal está enfermo, lo lleva a pasear sin correa y le anima a perseguir un zorro. Ya me diréis. Un tipo que no se cuida ni a si mismo, cuidando de un perro. Porque a todo esto, Fielding tiene una enfermedad que le puede provocar la muerte pero va y se lo calla, no sea cosa que por salvar su propia vida se muera el perro.

Viva la revolución nini

En fin, que de lo anterior queda claro que Fielding es un irresponsable, incapaz de nada que no sea vaguear buscar su propio camino, porque ya se sabe, los padres y los adultos no entienden a esta juventud de hoy en día, que como dice un personaje van a vivir más años y tienen más tiempo para vaguear buscar su camino. Eso sí, mientras los padres pagan las facturas de todo. Ahora que lo pienso, quizás la culpa es de ellos por no mandar a su retoño a paseo.

Y que nadie piense que al final hay moraleja, que Fielding se da cuenta de que su irresponsabilidad ha podido costarle la vida a él y al perro. Qué va. Al final se descubre que el verdadero Fielding (porque esto está basado en una historia real; hay que jod….) acabó viviendo en Chile, ofreciendo excursiones en kayak (que quede claro que no tenemos nada contra Chile y mucho menos contra los kayaks).

El nini y el padre del nini

Al margen de la delirante historia, Perro perdido es una película de esas que duran poco (hora y media) pero se hacen eternas, con una realización plana digna de una película de sobremesa alemana (en España nos endiñan muchas de esas), iluminadas por los cuatro costados y con menos interés artístico que un pepino.

En resumen, que si Perro perdido es película más vista en Netflix esta semana en España, es para preocuparse. Luego nos quejaremos de que cancelan 1899 pero va a ser con razón porque con lo que costaba la serie seguramente podrán producir Gato perdido, Periquito perdido, Tortuga perdida (esta durará varias horas porque la tortuga tardará en perderse; jajajaja, si es que lo parto) o Hamster perdido. Un saludo, sed felices.

Pedro Pérez S.
Pedro Pérez S.
Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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