Crítica de Ratched, Temporada 1, en Netflix: el siniestro pasado de una enfermera ya conocida

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Desde Netflix nos llega Ratched, serie creada por Evan Romansky y desarrollada por Ryan Murphy que, en clave de terror psicológico y con algo de gore, nos lleva al pasado de la icónica enfermera de Alguien voló sobre el Nido del Cuco.

Hay dos enfermeras en la historia del cine por las cuales nunca quisiéramos ser atendidos: una es Annie Wilkes (interpretada por Kathy Bates) y la otra es Mildred Ratched (encarnada por Louise Fletcher). Vaya: y ahora que lo pienso, ambas se quedaron con el Oscar: ¿casualidad? Por otra parte y en rigor de la verdad, las dos terminan por provenir de la literatura: la primera de la imaginación de Stephen King en su obra Misery y la segunda de Ken Kesey en Alguien voló sobre el Nido del Cuco, novela inspiradora de una película homónima de 1975 (Atrapado sin Salida para Latinoamérica) que, dirigida por Milos Forman, se alzara en su año con cinco premios Oscar. Precisamente en ese segundo título se basa esta serie que nos acaba de traer Netflix y diría, tras ver esta primera temporada, más en la novela que en la película aunque con montones de referencias cinematográficas de diferentes filmes y desviada hacia una historia más “de género”.

La serie está creada por un desconocido Evan Romansky, pero desarrollada, eso sí, por un conocido nuestro como lo es Ryan Murphy (American Horror Story), quien aporta su experiencia para hacer realidad el proyecto de contar los orígenes de la enfermera Ratched que, tanto en la novela original como en la película antes mencionadas, oficiara como antagonista de Randle McMurphy (personaje interpretado en el filme por Jack Nicholson en una de sus actuaciones más emblemáticas y memorables).

Michael Douglas aparece como productor ejecutivo, lo cual constituye un dato curioso… o no, si se piensa que su padre, el legendario y recientemente fallecido Kirk Douglas, compró los derechos de la novela allá por los setenta y el propio Michael produjo la celebrada adaptación cinematográfica de 1975.

Las Leyes de Murphy

Quienes hayan leído el libro o visto el filme, tendrán a la enfermera Ratched como uno de los más odiosos personajes creados por la ficción, dados los métodos cruentos e inhumanos que aplicaba para con los internos del hospital psiquiátrico en que trabajaba y a los cuales controlaba con trato dictatorial.

En esta serie, el personaje es retomado mucho más atrás en el tiempo, en años posteriores al final de la segunda guerra mundial (en la cual, por cierto, ella había hecho sus primeras labores como enfermera) y presentándose para trabajar en el hospital psiquiátrico Lucía del estado de California (la novela y la película transcurrían, en cambio, en Oregon). Y qué curiosidad: el cambio de locación hace el camino exactamente inverso al de la serie Bates Motel al oficiar como precuela de Psicosis: en aquel caso, la película transcurría mayormente en California y la serie en Oregon. Y no es casualidad que nos hayamos encontrado por el camino con Alfred Hitchcock: sigan leyendo…

Quienes tengan presente la historia en que Ratched se basa, la recordarán básicamente como un drama con toques de comedia. pero estando esta precuela a cargo de Ryan Murphy, era inevitable que este impusiera sus propias leyes haciendo decantar la trama hacia el suspenso o el terror psicológico.

Lo primero que sorprende, de hecho, es la cantidad de referencias a Hitchcock, tanto en la estética como en la banda sonora: muy particularmente a la ya mencionada Psicosis. Ello se advierte, de manera especial, en el primer episodio, en el cual la música recrea muy obviamente la de Bernard Herrmann (casualmente fallecido en el mismo año en que se estrenara la película de Forman) con sus secciones de cuerdas bien obsesivas y machacantes, en tanto que los decorados y pasillos remiten también a los de la legendaria película de Hitchcock (sobre la cual, si lo desean, pueden echar un vistazo al artículo que publiqué hace poco con motivo de cumplirse sesenta años).

No terminan allí, por cierto, las referencias cinematográficas: durante toda la temporada hay escenas que remiten a filmes de las décadas doradas del cine de Hollywood y, particularmente en el último episodio, un par de claros homenajes a Brian De Palma, incluida alguna escena con pantalla dividida.

Los Personajes

Mildred Ratched (Sarah Paulson) es, tal como ya el título nos lo hace saber, el centro de la historia. Carga desde su infancia con un tormentoso pasado y ello nos remite a un costado más humano que el que le conociéramos en la película de Forman. No vayan a pensar, de todos modos, que nos la presentan como una niña buena, sino más bien mostrarnos que ningún monstruo sale de ninguna cueva o pantano, sino de la sociedad misma, sobre todo si alguien se ve sometido a una infancia de abusos y abandono a través de distintos hogares de menores y familias sustitutas que terminan siendo peores que la de origen. ¿Hay algo de feminismo? Puede ser, pero la serie nunca sucumbe ante el discurso militante ni aun cuando, tiempo atrás, se la anunciaba casi de ese modo.

Vemos el fuerte vínculo entre Mildred y un niño huérfano llamado Edmund, al que toma cual hermano biológico, así como las terribles y horrorosas situaciones a que ambos son sometidos desde pequeños, representadas de modo tan original como estremecedor a través de una función de teatro de marionetas que hace de flashback.

También conocemos su pasado sirviendo como enfermera con falsas credenciales durante la segunda guerra mundial y su particular comportamiento hacia heridos en situaciones terminales, desdibujando una fina línea entre la compasión y la crueldad.

Mildred es una mujer manipuladora y, llegado el caso, capaz de utilizar la extorsión psicológica con tal de conseguir lo que quiere y, sobre todo, de escalar posiciones, aunque pronto sabremos que la razón por la cual está en el hospital Lucía es llegar a Edmund, a quien sabe recluido allí luego de haber asesinado fríamente a cuatro sacerdotes católicos. Además, es muy reprimida sexualmente y conservadora en lo ideológico: gran logro el haber dado al personaje una mentalidad acorde a la época y alejada de cualquier anacronismo. Otra buena y van dos.

Richard Hanover (Jon Jon Briones) es el médico que tiene a su cargo la dirección del hospital. Su pasado, por cierto, no es menos escabroso y, poco a poco, se nos irán revelando detalles sobre su identidad que no quiero dar a conocer.

Sus proyectos delirantes para curar a los enfermos mentales incluyen lobotomías, incisiones en el cerebro, calor extremo, descargas estáticas y demás prácticas que harían las delicias de cualquier médico positivista de finales del siglo XIX: casi una mezcla entre Walter Freeman, Victor Frankenstein y Hugo Strange. La institución que dirige, por otra parte, está inmersa en serias dificultades económicas y para poder continuar con sus experimentos, requiere de un mayor aporte presupuestario por parte del estado, razón por la cual necesita conseguir el aval del gobernador.

Edmund Tolleson (Finn Wittrock) es el “hermano” de Mildred. El ser hijo de una monja violada por un sacerdote le ha dejado una impronta de por vida y explica los brutales desequilibrios que lo terminan llevando, en un despiadado acto de venganza, a asesinar tanto a su padre como a otros tres clérigos que solo se hallaban en el lugar equivocado al momento del crimen.

Lo que se debate acerca de él es hasta qué punto ha cometido tales asesinatos en uso de sus facultades o si, por el contrario, su trastorno mental es tan grande que no puede ser juzgado por los cánones normales. Tal problema, claro, remite muy fácilmente (y quizás más que ningún otro planteo en la serie) a la historia original en la cual, justamente, Randle McMurphy se hacía pasar por demente a los efectos de ser confinado a un hospital y no a una cárcel común, así como de evitar la pena de muerte que, en este caso, parece también cernirse inexorablemente sobre el destino de Edmund.

Betsy Bucket (Judy Davis) es la jefa de enfermeras del hospital. La llegada de Ratched creará un clima de tensión y de rivalidad extrema entre las dos aunque, con el correr de los episodios, veremos que la relación entre ambas atravesará distintas etapas, pudiendo incluso llegar a la alianza estratégica.

George Willburn (Vincent D’ Onofrio) es el gobernador del estado de California. Lo primero que hice, por supuesto, fue chequear si realmente alguien con ese nombre ocupó tal cargo ya que, de ser así, serían horrendos los actos que aquí se le endilgan, pero no: se trata de un gobernador ficticio. Como segunda opción, se me ocurrió que, tal vez, hubieran basado el personaje en alguien real con nombre cambiado, pero tampoco: según pude investigar, la gobernación californiana en esos días fue ocupada por Earl Warren, quien, sacando el hecho de que promovió los famosos campos de concentración para recluir a ciudadanos japoneses durante la guerra, parece haber sido, en general, un defensor de las garantías constitucionales y la división de poderes. No sé decir si saber ello me generó alivio o decepción…

Volviendo entonces a nuestro gobernador ficticio, es un político arrogante e inescrupuloso, cuyo interés en conseguir la reelección lo lleva a buscar a toda costa el favor de un electorado que, en esos momentos, clama por la pena de muerte, particularmente del ya mencionado Edmund Tolleson. Huelga decir, por lo tanto, que no escatimará en nada para presionar a las autoridades del hospital a declarar al acusado como cuerdo, punible y, por ende, ejecutable.

Gwendolyn Briggs (Cynthia Nixon) es la secretaria de prensa del gobernador y, por lo tanto, el intermediario de quien se valdrá este para interceder y presionar por la declaración de imputabilidad de Tolleson.

Ello la hace acercarse a Mildred, con quien desarrollará un afecto especial desde el lesbianismo, tema que está tratado en la justa medida como para ser complementario a la trama sin necesidad de incurrir en el discurso políticamente correcto, tan en boga por estos días (otro acierto en tal sentido y van tres) . Mildred, sin embargo, no parece corresponderle (ya dijimos que es muy conservadora) y, además, el vínculo se ve afectado por el hecho de que a quien se quiere condenar a muerte es, precisamente, al “hermano” de la enfermera, lo cual deja a Gwendolyn en una posición incómoda para tomar partido.

Sarah Paulson and Cynthia Nixon play Mildred Ratched and Gwendolyn Briggs in Netflix’s “Ratched.”

Charlotte Wells (Sophie Okonedo) es una interna del psiquiátrico que padece trastorno de personalidades múltiples, pudiendo cambiar de una a otra en el momento más inesperado. En una de ellas, la más extraviada, sufre de delirio paranoico con respecto a los nazis y a Hitler, de quien sostiene que está vivo y ha escapado de Alemania (en submarino hacia Argentina, tal como reza el mito más conocido).

Es un personaje interesante que exagera a los amantes de teorías conspirativas y su psicosis, en determinado momento y casi por accidente, será muy determinante del curso de los acontecimientos hacia el final de la temporada.

Lenore Osgood (Sharon Stone) es una mujer excéntrica, casi los vestigios de lo que en algún momento debió haber sido una femme fatale (¿quién mejor para interpretarla?); con una mona como mascota, vive entre plantas y obras de arte, siendo su casa mezcla de vivero y museo.

En el pasado ha tenido un vínculo especial con el doctor Hanover, en quien confió para que eliminara los impulsos violentos de su hijo. Sin embargo, ello terminó en un episodio lisérgico (traumática escena en forma de flashback en el capítulo 3) en el cual el joven terminó perdiendo tanto sus brazos como sus piernas, por lo cual Lenore pasó a odiar a Hanover de por vida, al punto de contratar un matón a sueldo para terminar con él (el cual, a su vez, se aloja en el mismo motel que Mildred y hasta mantiene algún esporádico contacto sexual con ella).

Solidez con algunas Fisuras

La historia está bien narrada y, a partir del segundo episodio, atrapa claramente. Así y todo, hay momentos en los cuales el peso de las subtramas no pareciera estar bien balanceado: se difumina el eje central, se hace difícil reconocerlo y nos da la impresión de que la trama principal tomara un rumbo diferente al que suponíamos. No estoy hablando de imprevisibilidad o de deliberado engaño para confundirnos, lo cual no sería objetable y en algunos momentos puntuales ocurre: me refiero a que se hace difícil, a veces, saber a qué prestar especial atención o no.

Los episodios, de hecho, son algo desparejos: los hay verdaderamente impactantes y traumáticos como también los que parecieran desviarse del eje principal. Y lo mismo ocurre con algunos personajes secundarios que, por momentos, adquieren un protagonismo que no parece ir en consonancia con el desarrollo de la historia.

Desde lo visual está muy bien lograda, tanto en la ambientación de época como en el maravilloso juego que hacen fotografía y escenografía, caracterizado por una cierta monocromía dependiendo del ámbito en que transcurra la escena o bien, contrariamente, por una exagerada paleta de colores como en casa de Lenore Osgood.

Y ya que hablamos de ella, fantástica Sharon Stone en el papel y, de entrada, casi irreconocible. En general, todas las actuaciones están muy bien: ni falta hace destacar a Vincent D’ Onofrio, quien brilla haga lo que haga y eso que su personaje no tiene demasiados matices. Ni hablar de una siempre rutilante Judy Davis y, por supuesto, magnífica también Sarah Paulson en el papel principal ya que es, en definitiva, quien debe sostener el mayor peso de la trama.

Solo en dos puedo hacer alguna objeción: Finn Wittrock está, a veces, algo sobreactuado en su “cara de psicópata”, en tanto que Jon Jon Briones está bien en su representación del doctor Hanover pero el personaje, por momentos, algo caricaturizado.

Balance Final de Temporada

Esta primera temporada deja un saldo altamente favorable, tanto desde lo argumental como desde lo estético, lo cual no va en desmedro de que introduzca algunos peligros de cara al futuro, sobre todo por cómo terminó. Al contrario de lo que pasa con muchas series en las cuales una floja temporada levanta con el cierre, aquí aparecen en el último episodio varias incongruencias sobre las que no quiero ahondar, pero que vuelven a la trama algo inverosímil.

Es entonces cuando vale recordar que el showrunner es, justamente, Ryan Murphy, especialista en llevar sus historias a terrenos poco creíbles y algo forzados. El lugar central que le ha dado al terror psicológico amenaza con sumar, una tras otra, nuevas subtramas cada vez más escabrosas con tal de mantener al público prendido. Se corre el riesgo de que la serie pierda su camino como precuela y que no nos termine conduciendo a Alguien Voló sobre el Nido del Cuco, como se supone que debería hacerlo. Por citar un ejemplo muy meritorio, los creadores de Black Sails supieron bien en qué momento dejar la historia para dar pie a que esta, casi naturalmente, nos arrojara hacia La Isla del Tesoro: una lección acerca de lo que debe ser una precuela y eso que allí estaba involucrado Michael Bay, normalmente ajeno a las sutilezas.

No estoy diciendo que ello no esté ocurriendo con Ratched ni que no vaya a ocurrir, sino solo que hay algunos peligros latentes dando vueltas y si la serie se transforma en American Horror Story, difícilmente nos lleve adonde debería: algunos toques gore, por ejemplo (hay momentos en que se hace difícil mirar), pueden generar una cierta pérdida de rumbo en la medida en que se vayan haciendo cada vez más frecuentes y exagerados. Pero todo ello es algo que solo sabremos cuando tengamos a la vista la segunda temporada. En principio y hasta aquí, Ratched se ve sólida y tiene un largo aprobado a pesar de las dudas e inverosimitudes sobre el final. Queda en Ryan Murphy el saberla mantener a flote y que no naufrague.

Hasta nuestro próximo encuentro. Sean felices…



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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