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Diseccionando El silencio de los corderos (1991), la mujer que salvó a otra mujer.

Hace treinta años, en 1991, desconozco si estaba en el pensamiento de mis padres. Desde luego, no estaba en este mundo. Alejandro Sanz estrenó su primer disco con un éxito sorprendente y Freddie Mercury nos dejó con 45 años víctima del sida. Y también una película hizo historia. Me refiero a El silencio de los corderos, obra maestra del thriller y el terror que vamos a diseccionar como si fuera un metódico Hannibal Lecter.

ARGUMENTO.

El FBI busca a “Buffalo Bill”, un asesino en serie que mata a sus víctimas, todas adolescentes, después de prepararlas minuciosamente y arrancarles la piel. Para poder atraparlo recurren a Clarice Starling, una brillante licenciada universitaria, experta en conductas psicópatas, que aspira a formar parte del FBI. Siguiendo las instrucciones de su jefe, Jack Crawford, Clarice visita la cárcel de alta seguridad donde el gobierno mantiene encerrado al Dr. Hannibal Lecter, antiguo psicoanalista y asesino, dotado de una inteligencia superior a la normal. Su misión será intentar sacarle información sobre los patrones de conducta del asesino que están buscando.

UN GUIÓN DEMASIADO TURBIO.

Brian Cox como Hannibal Lecter en Manhunter (1986)

Adaptación de la magnífica novela homónima de Thomas Harris, no era la primera vez que se adaptaba al autor al cine. Previamente, en 1986, un entonces no tan conocido Michael Mann (lo de El último mohicano, Heat o Collateral vendría después) dirigió Manhunter, que adaptaba la primera novela en la que aparecía Hannibal Lecter, el Dragón Rojo. La película, que tiene su interés (sobre todo estético) contaba con Brian Cox (el actual patriarca de Succession) como el psiquiatra caníbal, pero fue un fracaso de taquilla.

Sin embargo, los planes para rodar la secuela continuaron por el creciente interés de figuras importantes de Hollywood en interpretar a un personaje como Hannibal Lecter. Pero todos huyeron espantados por el crudo y violento guión de Ted Tally: Crisálidas en los cuerpos de la víctimas, transexualismo, violencia física y psíquica… Hasta entonces, los thrillers de asesinos en serie bordeaban la parodia slasher de La matanza de Texas, Halloween o Viernes 13.

El estudio Orion contrató a Jonathan Demme, un director con ninguna obra previa destacable. Él fue el que apostó por Anthony Hopkins, un actor ya veterano y reputado pero ni por asomo famoso en el mundo de Hollywood. Lo del papel protagonista femenino es otra historia, ya que Jodie Foster tuvo que luchar con uñas y dientes por un papel que Demme quería para Michelle Pfeiffer. Suerte que esta decidió retirarse por lo, y cito textualmente, “turbio” de su guión.

APUNTES SOBRE EL DÚO PROTAGONISTA.

Antes de empezar a hablar de la película en sí, es importante referirse a Jodie Foster y Anthony Hopkins.

La primera había sido catalogada como niña prodigio gracias a su papel en Taxi Driver con tan solo 14 años. Fue con 28 cuando ganó el Oscar por la genial y no suficientemente reconocida Acusados, una de las grandes películas feministas de los ochenta. Foster, con un coeficiente intelectual superior, ha tenido una carrera marcada por la selección exhaustiva de papeles que le interesaban y una  meritoria carrera como directora. Luchó por el papel de Clarice Starling porque supo ver más allá de la violencia del relato. Que esta no es la historia de un asesino en serie, sino de una mujer que lucha contra todo y contra todos para salvar a otra mujer.  

Por otro lado, Anthony Hopkins era un reputado actor británico de teatro y cine histórico. Había participado en El león en invierno (1968) o Un puente lejano (1977), pero su papel más reconocido hasta la fecha había sido en El hombre elefante, maravilloso gótico de David Lynch. Aunque el papel de Lecter le marcará para siempre, por aquel entonces era una decisión arriesgada porque, sencillamente, jamás se había asociado a ese tipo de personaje.

Anthony Hopkins en El hombre elefante (1980)

¿Y por qué hizo historia El silencio de los corderos? No solo porque sea el thriller de los noventa junto con Seven, sino porque la misma obra maestra de David Fincher no existiría sin la influencia de la epopeya de Clarice Starling. Y, por tanto, la inmensa mayoría de las películas con asesinos en serie beben de esta.

Pero es que El silencio de los corderos, junto con Sucedió una noche (1934) y Alguien voló sobre el nido del cuco (1975) es la única película que ha ganado los cinco Óscar principales: Película, director, actor, actriz y guión. Todos merecidísimos. Además de ser la única película de thriller-terror que ha ganado el premio a mejor película. Y eso sí, los ganó…cuando ya llevaba un año estrenada, algo rarísimo teniendo en cuenta que las nominadas al Oscar suelen estrenarse en las fechas cercanas a estos premios. Pero es que su calidad lo merece.

DISECCIONANDO LA PELÍCULA: LA LUCHA DE CLARICE STARLING.

Clarice Starling al comienzo de la película

Vamos a deslavazar las muchas virtudes cinematográficas de este peliculón a partir del hilo conductor de la película: la lucha de Clarice Starling.

Como brillante estudiante del FBI, Starling es joven e inexperta. No puede evitar sentirse intimidada por sus superiores. Pero la clave de su personalidad es su determinación. No solo de encontrar al culpable, sino también de ocupar su sitio en el mundo ejerciendo sus derechos como mujer.

Demme consigue que empaticemos con la protagonista, que nos metamos en su piel, gracias a un truco cinematográfico soberbio.

Si os fijáis bien, en la mayoría de las conversaciones de la película (que hay muchas), a la hora de enfocar a los personajes que conversan con Starling, el director les enfoca en primer plano y mirando directamente a cámara. Se consigue así un doble efecto: tensión (cuanto más cerca este la cámara, más presión) y sentirnos la protagonista. Sin embargo, al enfocar a la protagonista la vemos mirando fuera de cámara.

Los interlocutores siempre miran a la cámara.

Por lo tanto, la lucha de Starling (no lo olvidemos, la protagonista absoluta de la película) se desarrolla a tres niveles, que disgregaremos de más externo a más interno:

SOCIEDAD

Pese a que hay otras agentes mujeres en el FBI, la organización es puramente masculina. De forma sutil, lo vemos en escenas como el ascensor o la reunión con la policía rural previa a la autopsia.

Eso no debería ser necesariamente malo. Lo que sí vemos de manera larvada es la actitud de los hombres hacia la protagonista. En el mejor de los casos, con un paternalismo mal entendido, como el de su superior Jack Crawford. Luego están las miradas lascivas, la superioridad moral, la condescencia. En este sentido, creo que ninguna película habla mejor del duro papel de la mujer a nivel laboral que El silencio de los corderos.

Al final, sin necesidad de sobreexplicarlo ni poner música emotiva, lo que vemos es que ni un solo hombre de la película es capaz de ver a Starling únicamente en el plano profesional. Siempre hay algún comentario o actitud que nos da a entender que piensan en ella también en un plano más sexual.

Y ella lucha contra esa idea. Pero no lo hace desde la demanda, sino desde el ejercicio de sus obligaciones para demostrar que es tan válida o más que los demás.

BUFFALO BILL

Aunque la idea anterior es la que sobrevuela durante toda la película, el eje narrativo es la caza de Buffalo Bill, el asesino magníficamente interpretado por Ted Levine. Aunque los colectivos trans se manifestaron contra la película por la imagen que se daba del transexualismo, Lecter lo deja bien claro en la película: no hay ninguna relación entre violencia y transexualismo. Pero es que Buffalo Bill no es un transexual. Quiere serlo, porque posee un trastorno de la identidad grave y se ha aferrado a esa etiqueta, por lo que arrasará con todo aquel que se interponga en su camino de “transformación”.

La investigación del caso es fascinante. Sobre todo por la interpretación de Jodie Foster. Sí, tiene determinación. Tiene ambición. Pero no puede evitar sentir repulsión ante el cuerpo de una víctima. Sentimos su afectación primero y su estímulo al descubrir una prueba después.

Luego está el tremendo uso del suspense en la película. Pero, ¿Qué es el suspense?

En el magnífico libro Hitchcock/Truffaut, el Mago del suspense, el mejor director de la historia del cine, decía algo parecido a que la escena de una explosión se podía rodar de dos maneras. Se podía comenzar mostrando una conversación en una cafetería entre dos personajes y que esta se cortara abruptamente por una sorprendente explosión. El espectador alucinaría, pero no existiría ninguna tensión previa porque, sencillamente, no nos lo esperaríamos.

El suspense según Hitchcock: sabemos que algo va a pasar…pero no sabemos cuándo.

La otra forma de rodarlo es mostrar cómo alguien coloca una bomba en una cafetería. Los espectadores lo sabemos. Los personajes no. De esa manera, una conversación anodina durante la escena de una película adquiere una tensión inaguantable. Porque sabemos que hay una bomba, pero no sabemos cuándo explotará.

Pues bien, en El silencio de los corderos tenemos suspense a raudales gracias a esos planos detalle. La lengüeta del bolígrafo de Lecter, las mariposas en la casa de Bill, la pistola…

Una de las escenas más aterradoras de la historia del cine

Y esta tendencia a la tensión llega al paroxismo en la tremenda secuencia final, el duelo en casa de Bill. Por primera vez, abandonamos el punto de vista de Clarice y nos colocamos en el del asesino con gafas de visión nocturna. El agobio corta la respiración. Una de las grandes secuencias de terror de la historia del cine.

ELLA MISMA.

Pero claro, para detener a Buffalo Bill, Clarice necesita la ayuda de Hannibal Lecter, el brillante psiquiatra caníbal.

Aunque Anthony Hopkins ganó un merecidísimo Oscar por su papel, recordemos que solo aparece 25 minutos de los 115 que dura la película. Vamos, un papel de secundario…pero su importancia es capital durante toda la trama.

Se podría hablar horas y horas sobre la preparación del papel de Hopkins. Sobre cómo improvisó el característico y perturbador ruido de sorber que Foster no se esperaba (su reacción en la película es real). Sobre cómo recomendó que su pijama fuera blanco y no naranja (como el de todos los presos) porque le recordaba a su dentista, etcétera, etcétera.

Nueva mención aparte a la secuencia de su fuga, otro soberbio ejercicio de suspense a la altura de la mentada escena final.

Todos los diálogos entre Foster y Hopkins son grandiosos y ahondan en el trauma del personaje. El cristal entre ambos parece desaparecer por momentos y la química es extraordinaria, pocas veces vista en el cine.

Hay una escena que es fantástica: el flashback de Clarice con su padre y, justo después, ella practicando tiro. De un plumazo, el director nos dice que la protagonista quiere acallar los traumas de su infancia.

El bellísimo plano contraplano en uno de El silencio de los corderos.

En definitiva, no hay mucho que decir sobre El silencio de los corderos. Ni mucho que leer. Mejor ir corriendo a verla, a perderse en los entresijos de las mentes perturbadas y a acompañar a esta guerrera en su lucha contra un dragón con la ayuda de un monstruo aún peor.

Sed felices!

Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

2 COMENTARIOS

  1. Extraordinario artículo Fernando, muchas gracias. Absolutamente de acuerdo con lo comentado, me atrevo a decir que es uno de los Films referencia en la historia del Cine.

    Me apunto lo de la peli Manhunt, no la he visto, intentaré visionarla.

    Un saludo y sed felices!!

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