El arte de las cabeceras (Parte 2)

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Hablaba hace unos días de algunas cabeceras destacables del panorama televisivo de ayer y hoy. Decía que el punto en común en las buenas cabeceras, ese arte algo olvidado,  era sintetizar el contenido de la serie a la que introducían, y comentaba que no hacía falta un desborde de recursos para lograr el propósito. De cualquier manera, mal no vienen. Hoy hablaré de algunos openings que han pasado a la Historia de la televisión por ser una joya en sí mismos… y algunos hitos de las cabeceras con identidad propia.

Del cartón piedra a After Effects

Cuando en 1990 Mark Frost y David Lynch lanzaron su (ya serie de culto) Twin Peaks, revolucionaron el formato televisivo. Sólo que el público no lo sabía. De hecho, la serie tuvo un éxito moderado (por no decir nulo) en su momento. Tanto es así, que estuvo a punto de desaparecer antes de concluir la segunda temporada y finalmente se terminó de emitir con un final de rodaje brusco, y cambiando a horas de emisión de audiencias marginales. En España, fue Telecinco quien emitía de madrugada los episodios. Pero Twin Peaks cambió por completo el modelo serial televisivo, primando el componente autoral y un estilo más cercano al Cine (si bien compartiendo ciertos rasgos, vicios o necesidades, como prefiramos llamarlos, de las ficciones televisivas de los 80). Es esto precisamente lo que ha llevado a la Era Dorada de la Televisión que comentaba en la anterior entrada; con Los Soprano se consolidaba el éxito de dar mayor libertad creativa a los showrunners y dotarles de medios con más posibilidades.

Pero a lo que iba: Twin Peaks fue un hallazgo artístico, creativo y narrativo. No sólo en su ágil narración, que aunaba mecanismos del thriller con el drama y la marca de la casa Lynch (de hecho, actúa como extensión del concepto de la genial Terciopelo Azul): no, también era un prodigio de la ambientación. Nos sumerge en su universo propio. Y la cabecera, sencilla pero efectiva, nos mete de lleno en la calma del pueblo, en la musicalidad forzadamente idílica de la comunidad de Twin Peaks (cuya aparente calma no tardan en volar por los aires). Es un anticipo del hermoso idilio, bajo el cual está la violencia que no tarda en estallar. Violencia surrealista y a la vez demasiado cercana que envuelve a la idiosincrasia de las gentes de este ficticio pueblo americano formando un conjunto irreprochable.

 

No hace falta que diga más sobre Twin Peaks para que cualquiera sepa que me encanta. Pero series de las que hablar no faltan, y cabeceras con identidad y talento artístico que las acompañen tampoco. Es el caso de A dos metros bajo tierra, el drama de la HBO que de 2001 a 2005 revolvió las tripas de más de un espectador con su historia de una familia que regenta una empresa funeraria. Así que el tema de la muerte está bastante presente en todos los episodios, y la disfuncionalidad de la familia unida a lo depresivo de su trabajo crean un ambiente malsano. No, no es una serie alegre. Pero humor negro no le falta, gracias en gran medida a su carismático creador, Alan Ball. Y su cabecera aúna efectos por ordenador y manuales, un notable gusto estético, una atmósfera tenebrosa y una gran habilidad. Y, una vez más, nos dice de qué va la serie…Y sirve como aviso para aquellos que no tengan estómago para verla.

 

He mencionado a Alan Ball. Pues bien, tres años más tarde su equipo creativo nos regalaría otra de las cabeceras más memorables y chocantes de la historia reciente de la televisión: la de True Blood (2008-2014). El punto de partida de la serie era cuanto menos curioso: relanzar el fenómeno de la ficción vampírica despojándolo de toda contemplación y desbordando los episodios de sexo, sangre y (a menudo) ambos juntos. La propuesta tenía momentos brillantes pero terminó por convertirse en una retorcida parodia de sí misma. Mencionaba a uno de sus actores principales cuando hablaba de los “remakes mal entendidos” de Hollywood. Su cabecera, de la que os dejo también un interesante making of aquí, recoge videos aparentemente amateur con un frenético montaje que consigue aunar los elementos clave de la serie. El vídeo dice más de lo que yo pueda pretender transmitir con palabras, y el citado proceso de creación es un ejemplo de creatividad e ingenio:

 

Llegamos a la era de la animación por ordenador sobre cualquier efecto manual. Más posibilidades, más rápidas y más baratas. El reinado de After Effects. Cualquiera puede hacerse su cabecera con suficiente ingenio. Pero…¿qué hay de España? Aquí también hemos tenido una hinchada producción de series y, sin embargo, parece que no hay ninguna cabecera destacable. Ya sea por falta de medios (ante la duda, mejor destinar una menor partida de presupuesto a la cabecera para tener más en el resto de la producción) o simplemente de creatividad (lo cual dudo, pero nada es imposible). Sin embargo, hay una serie que intentó emular el estilo de la anterior, True Blood, enmarcada en lo que ya de por sí era una ficción atípica en el panorama televisivo patrio. Hablo de Crematorio, de Jorge Sánchez-Cabezudo. Crematorio tiene una notable factura técnica y trata unos temas, la corrupción y el poder, que se alejan de la mayoría de seriales producidos en España en la forma de afrontarlos. Una propuesta interesante, como la de su cabecera (que sustituye a Bad Things con un tema de Loquillo). Por desgracia, esta última se queda a medio gas en un quiero y no puedo, algo artificial y distante, que al menos intenta ser creativa.

 

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En twitter me llamo @pga_es y hay gente que piensa que hablo de golf. No les culpo.

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