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El cómic de la semana: Alabaster, la perturbadora obra de un Tezuka que comienza a experimentar

Bienvenidos un sábado domingo más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a El cómic de la semana.

El dios del manga

Osamu Tezuka es, sin duda, el artista más importante que ha conocido el mundo del manga. Este prolífico creador, nacido en 1928, desarrolló el lenguaje de un medio cuya versión moderna era joven, permitiendo una convivencia de estilos que le benefició. Combinando la pintura tradicional japonesa con la vertiente más caricaturesca que tomó de dibujos animados como los de Walt Disney, el mangaka fue el primero en publicar estas historias fuera de las tiras cómicas, recopiladas en tomos. Además, empezó a reciclar diseños, algo común en el cómic japonés, desarrollando sus propios tipos de personajes y un estilo reconocible que le hizo ser admirado por millones de personas. Un estilo algo infantil, blanco, inocente… que, sin embargo, siempre escondió algo siniestro.

Incluso en sus obras más tempranas de ciencia ficción como Metrópolis o la popular Astroboy que lo hizo conocido a nivel internacional, y en la que reflejaba aventuras adecuadas para todas las edades, había temas soterrados que no dejan indiferente a un adulto. La primera, en sintonía pero desviándose de la película del mismo nombre, ya adelantaba la obsesión moderna por la rebelión de las máquinas, tan anunciada por películas que todos conocemos como Terminator o Blade Runner. La segunda, sin alejarse mucho del tema, mostraba una enfermiza relación padre-hijo de Astro con un científico que le había creado para recuperar a su hijo muerto, y unas tensiones sociales no reconocidas entre humanos y androides. Algo que a su público objetivo se le escapaba, pero que hace que sus obras se puedan leer hoy en día sin que hayan envejecido demasiado.

Sin embargo, estas leves pinceladas de significado no pueden compararse a sus obras posteriores como Adolf o Fénix, donde los temas adultos adquieren una mayor importancia. Para haber llegado hasta aquí, tuvo que pasar por los locos años setenta, en los que el manga comenzó a adentrarse en un terreno más adulto pero sin abandonar unas raíces algo pulp. Durante esa década, el mangaka nos daría algunas obras menores dentro de su carrera pero sumamente interesantes, como esta que nos ocupa: Alabaster, publicada en España por Astiberri.

¿Qué es Alabaster?

El manga nos cuenta la historia de un exitoso atleta olímpico enamorado de una actriz con la que lleva saliendo bastante tiempo. Ella, ofendida por la sola proposición, responde que nunca se casaría con un hombre como él, y que solo están saliendo por las medallas que ha conseguido en su carrera. Esto acaba provocándole una crisis nerviosa que, a su vez, le lleva a atropellar a un peatón inocente. Durante su estancia en la cárcel, completamente destrozado, conoce a un científico loco que experimenta con él un fallido suero de la invisibilidad, desfigurándolo hasta límites insospechados. Tras salir de prisión, el hombre anteriormente conocido como James Block jura vengarse de todos aquellos que le condenaron a ese destino, y de toda la gente bella que le trata como un paria. Además, reclutará a una serie de jóvenes marginados entre los que se encuentra Ami Ozawa la nieta de ese científico… que tiene que cubrirse con maquillaje porque es completamente invisible.

Así nace Alabaster, una figura misteriosa que comenzará a sembrar el caos allá por donde vaya y a defender a los desclasados y a los débiles… a su propio modo. Las acciones de este moderno bandolero, con una isla y una base secreta personales, comenzarán a atraer la atención del FBI, que enviará a su mejor agente a investigar los crímenes de esta curiosa figura. Cuando el maníaco se vea acorralado y se dé cuenta de que todo lo que ha construido está en peligro, su cruzada contra la belleza alcanzará nuevas cotas de fanatismo… y la pobre Ami tendrá que decidir en qué bando está.

La venganza y el fanatismo bajo los ojos de Tezuka

En esta breve pero intensa serie de aventuras, el lector comienza poniéndose de parte de este trágico protagonista, reminiscente del Fantasma de la ópera, quizás porque el inicio del manga se cuenta desde su perspectiva. Todos nos hemos sentido rechazados en alguna ocasión, o ajenos al mundo que nos rodea, y por eso la historia de un perdedor como él es tan atractiva. Además, digámoslo claro, las personas que mata durante el primer acto son despreciables, aunque ya empezamos a dudar de si realmente merecen ese tratamiento. Estas dudas se irán intensificando después de cada crimen, con los que nuestro desdichado protagonista irá alejándose de este arquetipo para acercarse más al de villanos consagrados del pulp como el Doctor Mabuse o Fu Manchú, con toda la megalomanía que esto implica.

Cabe destacar que el estilo gráfico de Tezuka, aparte de ser algo más dinámico que el que utilizaba en Astroboy, no varía mucho en lo esencial. Esto, lejos de crear una historia más ligera, acaba añadiendo una capa siniestra a la lectura: estos diseños parecen creados para una historia más inocente, como los primeros mangas del artista, y no para una trama tan oscura. En consecuencia, las escenas impactantes lo son mucho más, como se empieza a intuir en la segunda mitad del cómic. El caso más obvio es el de Rock Holmes, el agente del FBI que perseguirá a Alabaster: es un personaje basado en un diseño que el mangaka había utilizado sobre todo para papeles heroicos, un joven apuesto y atlético… y aquí se convierte en un personaje completamente despreciable, mucho más que el antihéroe al que persigue, con unos principios opuestos pero extrañamente complementarios. En definitiva, un interesante juego con las expectativas del público.

Conclusión

A pesar de estas virtudes, se nota que el tebeo está escrito en plena transición: hay partes de la historia que son algo inverosímiles, como el hecho de que un mero atleta alcance tal nivel de maestría en sus planes, o una de las técnicas de lucha que el protagonista utiliza, algo que puede sacar de la lectura si no se está acostumbrado a ciertas convenciones del género. No es ni mucho menos una obra perfecta, y sin duda es menor dentro de la trayectoria del mangaka, pero es que el mangaka en cuestión era un genio. Es un manga recomendable para los amantes del medio, aunque quizás no tanto para los que estén introduciéndose en el mismo, que quizás no aprecien los dibujos de este artista. En cualquier caso, un diamante en bruto con interesantes y perturbadoras lecturas.

Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista. Redactor en esta página y, antes, en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.

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