Hubo un tiempo en el que los veranos cinéfilos eran más divertidos. Lo mismo se estrenaba una película de espías que una superproducción histórica, una comedia que una película deportiva o una de superhéroes cuando estas no eran una horda. En un 2024 en el que el blockbuster ha quedado prácticamente huérfano tras el súbito freno del género superheroico, la película del verano viene del país más improbable en términos comerciales: Francia. Hablamos de El conde de Montecristo, enorme sorpresa de la que procedo a hablar sin spoilers en este artículo.
Adaptación de la inmortal novela de Alejandro Dumas, El conde de Montecristo es la historia de la venganza de Edmond Dantes, un joven marinero de Marsella que se ve arrancado de sus aspiraciones como capitán, de su familia y de su novia Mercedes por la traición de su antiguo capitán, el procurador judicial de la ciudad y su mejor amigo. Tras años preso, consigue escapar y, mediante el tesoro más grande del mundo, procede a ejecutar la venganza más universal de la historia de la literatura.
Considerada la mejor novela de su autor (recordemos, el escritor de la saga de Los tres mosqueteros), El conde de Montecristo ha tenido varias adaptaciones a lo largo de la historia del cine. Probablemente, las más conocidas sean la versión clásica de 1934, la serie de televisión protagonizada por Gerard Depardieu en 1998 y la versión moderna de 2002 con Jim Caviezel antes de interpretar a Jesús en La pasión de Cristo.

Aprovechando el éxito de la reciente adaptación de Los tres mosqueteros, dividida en dos películas, los guionistas de dichas obras también dirigen esta nueva adaptación de El conde de Montecristo. La intención es clara: adaptar de forma fiel y épica una de las novelas más célebres de Francia.
El mayor acierto de la película es su guión. El conde de Montecristo es una novela inabarcable tanto en su trama principal como en sus múltiples ramificaciones, distintos personajes y descripciones de los contextos políticos que abarca la novela. Al fin y al cabo, la venganza de Edmond Dantes se alarga más allá de veinte años en un proceso de continuos cambios de gobierno en una Francia que vive a la sombra de Napoleón el dictador.
Pues bien, Matthieu Delaporte y Alexandre De la Patelliere condensan a la perfección las casi mil páginas de novela, librando a la película de todo aquello que pudiera lastrar su ritmo cinematográfico. Elimina contexto político y multitud de tramas secundarias para centrarse en lo nuclear: la compleja venganza de Edmond Dantes y sus consecuencias.
En este sentido, las casi tres horas de El conde de Montecristo se pasan en un suspiro, y eso es lo mejor que se puede decir de una película estrenada con vocación de espectáculo. Influido por el tono oscuro e intenso de la trilogía del Caballero oscuro de Christopher Nolan, Edmond Dantes se convierte en una suerte de Bruce Wayne con fortuna ilimitada, un Robin y una Batgirl, una máscara y un absoluto control de su plan.
Esta planificada venganza no calaría en nosotros si no fuera por la interpretación de Pierre Niney, actor que sostiene toda la película, bien acompañado por una serie de secundarios, todos ellos convincentes en su papel.

Al ritmo de su trama se le añade un diseño artístico a la altura del gran presupuesto que maneja. El vestuario, maquillaje y decorados nos sumergen en el siglo XIX francés, a lo que se suma una banda sonora que busca ser memorable más allá de su sentido como acompañante de las escenas.
En definitiva, El conde de Montecristo es todo lo que podíamos esperar de una superproducción de época de las que se rodaban hacía unas décadas. Una película en la que cada céntimo de su presupuesto está justificado, con un vestuario, localizaciones y decorados que nos trasladan al siglo XIX. Con una banda sonora memorable y con un reparto solvente que cumple a la perfección con su papel. Pero, sobre todo, con un ritmo narrativo envidiable que transforma una novela inacabable e inabordable en una magna historia de venganza en la que (casi) nadie gana. Ojalá que tenga éxito y suponga el regreso de este tipo de películas a las salas de cine.
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