El final de todo, peli apocalíptica de Netflix con topicazos a cascoporro

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Y ya van tropecientas películas A Netflix original film mediocres o malas. Esta que prometía algo tampoco se salva, dándonos una cinta de dos horas de género road movie apocalíptico bastante aburrido y predecible.

Apocalipsiiiiiiiiiiiiiiissssss

Pongámonos en situación, tenemos al protagonista, Will (Theo James, protagonista masculino de la saga Divergente) en la mesa de una cena bastante incomoda con su insoportable suegro, Tom (Forest Whitaker). Una cena que tiene lugar en Chicago y que acaba con un par de gritos del Whitaker que parece una persona importante a la que el pobre Tom deba inclinarse ante él por estar con su hija.

Samantha es la hija y prometida de Will. Ellos se han trasladado a Seattle a más de tres mil kilómetros de donde vive Tom. Ya nos podemos imaginar por donde va parte del cabreo del bueno de Whitaker. Tras la cena y un cabezazo en la cama Will habla con Samantha por el smartphone y la conversación sufre un corte tras una fuerte explosión en la ciudad de Seattle donde se encuentra Samantha y diciendo ella antes de que la línea se cuelgue que tiene mucho miedo. ¿Qué ha ocurrido? Will corre hasta la casa de su suegro, quien ya está preparado para la búsqueda de su hija. Mientras, sobrevuelan por el cielo varios F-22.  Tom le pide a Will que le acompañe en coche en una travesía de más de tres mil kilómetros para buscar a Samantha.

Cualquiera le dice que no a Whitaker

El acabóse, tiremos de los peores clichés posibles

El final de todo es una película dirigida por David M. Rosenthal con guión de Brooks McLaren. Son nombres practicamente desconocidos en la industria, el primero con un curriculum más amplio y el segundo con el dudoso honor de haber sido el elegido hace tiempo ya para guionizar una nueva película de Rambo sin Stallone, ejem.

Siguiendo con la película, es montarse en el coche y ver como funciona el Hollywood de hoy. Guionistas que sin ningún pudor cogen mil referencias de acá y de allá y la trasladan al libreto. Cada una de las varias paradas que nuestros protagonistas realizan a lo largo de la travesía es un tedioso cliché de género y de manual. Lo peor es que encima está mal estructurado. Por ejemplo la primera parada en la gasolinera. No llevamos ni mediodía de caos (la radio no habla de apocalipsis todavía) y a Will y a Tom ya le quieren robar el coche a plena luz del día y con la gasolinera llena. Por supuesto aunque son tres maromos con bates de beisbol utilizan la táctica de la rubia buenorra que se acerca para tontear con Will… en fin. Otra parada (cliché again) es la típica ayuda a gente en apuros que no lo están y que solo pretenden robar a nuestros protagonistas, y todo en día y medio. Sin embargo parece que estamos en una sociedad apocalíptica tipo Mad Max. Después la aparición de Ricky (Grace Dove) una joven que Tom convence para que se les una en su viaje ya que es mecánica (algo que les vendrá bien, sugiere Whitaker). Este personaje desaparece al poco rato de la película en medio de una noche y ya no sabremos más de ella. Es una travesía llena de desafíos por lo que Will en apenas dos días se transformará en un auténtico guerrero de la autopista, sobre todo cuando el personaje de Whitaker cae gravemente herido.

La llegada al epicentro del apocalipsis: Seattle

Es una película con un presupuesto estimado en 20,000,000 de dólares según vemos en IMDB y la verdad es que no se ve a donde ha ido el dinero. Hay pocas escenas que verdaderamente llamen la atención, se abusa de carreteras desiertas y de un cielo en constante cambio, tormentas eléctricas, grandes incendios, pájaros que vuelan de forma muy extraña. Es en Seattle donde vemos una ciudad devastada por un gran terremoto pero son unos planos muy vistos ya y que no sorprenden.

Y vamos ya con el último déjà vu. El enésimo cliché es el personaje que aparece con Samantha, su vecino Jeremiah (Mark O’Brien), quien me recordó al personaje de Tim Robbins en La guerra de los mundos, un personaje que cree que todo es ocasionado por una conspiración global.

Cartel promocional

Conclusiones al apocalipsis de clichelandia

Lo que podía haber sido una distraída película para echar dos horas se va al traste a los veinte minutos por visitar los mismos lugares de siempre del género. Personajes principales de manual, escenarios clásicos de videojuegos al igual que la mayoría de las situaciones que se dan. Todo ello junto a un insatisfactorio cierre de pelicula. Netflix sigue empeñada en positivar cualquier libreto indiferentemente de la calidad, sin ir más lejos este año hemos sufrido ya varias consecuencias del poco filtro de Netflix, como la correcta pero previsible Tau, la aburrida presencia de Jared Leto en el aburrido film de Yakuzas The outsider, o la fallida con buenas intenciones de Cargo. Luego están películas como Bright, superproducciones con las que Netflix al menos una vez al año se sale del tiesto para ofecer algo diferente y más grande. La siguiente en este sentido está al caer, hablamos de The irishman, dirigida por Martin Scorsese con Robert De Niro y Al Pacino con un presupuesto que ha superado los 1oo millones de dólares. Se la espera para finales de año o principios del que viene. Habrá que ver para entonces que modelo de Netflix nos espera de cara al futuro.

Esperemos que la película sea mejor que el cartel

 



el autor

Community manager, Historiador y documentalista, apasionado del cine, las series, la lectura y el fútbol... en definitiva de las cosas que nos hacen felices.

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