Todos creíamos que el inframundo del cine basado en videojuegos estaba gobernado por un rey inamovible, pero hay una oscura sombra que se cierne sobre su reino. La sombra se llama Paul W. S. Anderson, quien ha decidido competir por esa infame corona.
¿Y cómo puede Anderson tratar de tambalear el reinado de Uwe Boll? Dirigirá una nueva película de House of the Dead. Sí, lo que hizo magistralmente mal el director/boxeador teutón en 2003. ¿Le está lanzando Anderson un guante de desafío? No lo sé, pero en ese combate el que pierde realmente es el cine en general.

Tras pasar más de una década vilipendiando y orinando sobre la saga de Resident Evil —eso sí, tomándose un respiro para destrozar la obra cumbre de Alejandro Dumas—, Anderson ha decidido pasar por su trituradora una que ya trituró Boll. Recordemos que su paso por Resident Evil fue especialmente una excusa creada para que su esposa, Milla Jovovich, luciera espectacular haciendo piruetas en cámara lenta mientras el guion y la fidelidad al videojuego se iban por el retrete. Si buscabas terror o a Leon S. Kennedy, te daban a Alice realizando saltos imposibles con poderes mentales a ratos.
Pero lo de adaptar House of the Dead ya es entrar en el terreno de las artes oscuras. Porque, seamos sinceros, ¿Quién en su sano juicio intenta “mejorar” al mismísimo Uwe Boll?
En 2003, Uwe Boll, un hombre cuya mayor aportación al cine fue retar a sus críticos a combates de boxeo, nos regaló la adaptación original de House of the Dead. Fue una obra maestra de lo espantoso: inserciones de metraje real del videojuego entre escenas, actores que parecían estar ahí para pagar una deuda de juego o de sustancias ilegales y una dirección que hacía que el vídeo de la comunión de tu primo del pueblo pareciera Ciudadano Kane.

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Y aquí es donde surge la gran pregunta: ¿Ha visto la película de Boll y ha pensado: “Sujétame el cubata, Uwe, que yo puedo hacerlo peor que tú”? Lo peor es que, además de a su esposa, siempre consigue convencer a algún actor de renombre para sus experimentos. La incauta, en esta ocasión, ha sido Isabela Merced (que Dios la pille confesada), porque después de esto su carrera puede acabar en el mismo lugar que el talento de Paul W. S. Anderson: en la basura.
No sabemos si esta nueva incursión en el cine de zombis será un éxito de taquilla (probablemente no lo sea), pero lo que es seguro es que el duelo está servido. En una esquina tenemos a Boll y su legado infame de adaptaciones de videojuegos; en la otra, a Anderson y su capacidad infinita para empeorar con los años y de ignorar el material original para que se adecue a sus necesidades.
Solo nos queda rezar para que, al menos, la banda sonora sea decente. Porque si vamos a ver cómo otra franquicia de nuestra infancia es sacrificada en el altar del cutrerío cinematográfico, al menos que tenga el ritmo de algún temazo pegadizo.
Un saludo y sed felices.



