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It´s always sunny in Philadelphia: las sitcoms no tienen que ser basura

Aún le quedan dos temporadas más y ya es la sitcom más longeva de la historia de la televisión: con 12 temporadas y catorce años a sus espaldas, el tiempo en antena no es el mayor mérito de la popular serie americana It´s always sunny in Philadelphia (menos conocida como Colgados en Filadelfia). El verdadero mérito es demostrar que hacer una sitcom y crear una serie de calidad no son ideas incompatibles.

Inventiva no es pastiche

El contraste con series más conocidas, que no reconocidas, como The Big Bang Theory o How I met your mother es obvia desde la primera temporada: It´s always sunny in Philadelphia no solo es más arriesgada en tono sino que también arriesga más en formato. Sí, los episodios autconclusivos de veinte minutos pero con una serie de elementos que mantienen una progresión al margen de las tramas individuales es un estándar en las comedias de situación actuales, pero It´s always sunny va mas allá planteando un juego metanarrativo que se ríe de todo y de todos, incluidos los mecanismos de la propia serie en particular y de la sitcom en general. Las autorreferencias conscientes a lo estúpido de algunos encasillamientos (la broma con la camarera, amor platónico-obsesivo de Charlie, o la involución de Cricket, víctima constante de los protagonistas) no se limitan a ser una trama recurrente sino que van más allá planteando comedia en hacer evidentes los recursos de sus creadores.

La alternativa son comedias televisadas que han mantenido los rasgos formales de las que en última instancia son sus predecesoras: los seriales y culebrones que ofrecían un sentido de la inmediatez tan notable que el propio formato, por necesidades de producción, se amoldó a sus exigencias. Ahora, con unos tiempos de postproducción muchísimo más extendidos y una planificación a nivel global mucho más preestructurada, la inmediatez es un espejismo que se ha solapado a la concepción de cada episodio hasta reducirlo a un diseño autoconclusivo incapaz de interrelacionarse siquiera con escenas previas o posteriores e impidiendo la construcción de gags más elaborados. El chiste inmediato, la referencia universal, el golpe de efecto anticipado: la televisión encerrada en las limitaciones de una generación a la que ya no pertenece ha acabado por anclar al público a un estándar tan poco ambicioso como perdurable. Ese es el panorama en el que esta serie se mueve y destaca por convertir todos los obstáculos en convenientes circunstancias.

Ofender no es comedia

It´s always sunny se beneficia en gran medida de estar coescrita (a veces incluso dirigida) por quienes interpretan a los personajes. Es una comedia independiente en que sus personajes tienen mucho de quienes los escriben, pero también un carácter marcadamente exagerado. Todos los protagonistas son, sin excepción, marcadamente estúpidos en diferentes modalidades (la vanidad exageradísima, el analfabetismo más absurdo, las fantasías más pueriles o el machismo más evidente). Este juego con la propia naturaleza de los personajes permite a la serie reírse de todo tipo de situaciones impensables en una comedia de situación que tenga más respeto por sus protagonistas. Hace comedia con las enfermedades, el sexismo, la adicción a las drogas, la política, el racismo, el cine de Hollywood, la policía, el alcoholismo, la homosexualidad, el egoísmo, la vejez, el adulterio, la prostitución, las taras físicas, el patriotismo, el sexo, el narcisismo, la educación, la religión, el terrorismo, la pedofilia, el absurdo y tantas otras ideas dispares que se cruzan en todo momento sin caer nunca en la ofensa fácil y sin ser nunca redundante, provocadora o inconexa. Lo que separa a esta serie de, por ejemplo, Padre de Familia (Family Guy) es que en It´s always sunny la comedia lleva a reírse de todo y no al revés.

Ha sabido renovarse a lo largo de doce temporadas fantásticas, éxito de crítica y público, en la que el cambio más grande ha sido un viraje hacia un tono más serio y maduro en su última temporada hasta la fecha, en que los personajes tienen que enfrentarse de una vez por todas al hecho de ser adultos en una vida de niños grandes. Han sabido medir los homenajes, parodias y referencias (desde la mítica Serpico hasta esa poco conocida locura que es The Wiz) para que la alusión no sea nunca el centro de un episodio. Y han sabido dar dimensión a sus personajes (la estupidez no es incompatible con la profundidad de un personaje, lección que pocos seriales han apuntado) hasta que este cambio de tono sea una consecuencia necesaria de convivir realmente con quiénes son Dennis, Dee, Charlie, Mac y un Frank Reynolds que Danny DeVito parece haber nacido para interpretar. Es este grupo disfuncional y desconectado de la realidad, carismáticos y diferenciados, el que hace de la serie grande. No hay ninguna situación incoherente –es admirable que una sitcom no caiga nunca en la tentación de poner una idea divertida por encima de mantener la coherencia interna– y no hay ningún planteamiento que se repita sin hacerlo de forma consciente y usándolo para mofarse de la falta de inventiva.

Sitcom universal

Tiene sentido aquí el uso de la cámara libre e invisible, a pesar de que algunos momentos de lucimiento (como el episodio en plano-secuencia) puedan ser un lujo encajable en determinados episodios más inventivos. Y tendría sentido un multicámara del que deciden no abusar porque hay un gran componente de improvisación, de jugar con las reacciones de los otros intérpretes, de aprovechar los silencios incómodos y las reacciones previsibles para darle a cada gag una fuerza mucho más grande de la que ningún chiste aislado podría darle. Es una comedia ejemplar porque renuncia a utilizar por compromiso las convenciones –lo prueba rechazándolas cuando no obedecen a la funcionalidad– y en su lugar juega con la herencia de las comedias de situación que le preceden sin dormirse en un estándar. Por eso supera con creces a sus contemporáneas en agilidad, adaptabilidad y exploración de personajes con todos los factores creativos en su contra. It´s always suny in Philadelphia es una visión obligada y divertidísima que incluso quienes no somos aficionados a las sitcoms podemos disfrutar.

2 COMENTARIOS

  1. La llevo siguiendo años intermitentemente, y más cuando en la segunda temporada metieron al Danny de Vito en el mogollón. Es descacharrante, como una especie de Chers on crack. Dayman, fighter of the Nightman!

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