InicioCineCrítica de Las leyes de la frontera, un viaje a 1978 con...

Crítica de Las leyes de la frontera, un viaje a 1978 con quinquis de medio pelo

Las leyes de la frontera, película dirigida por Daniel Monzón, fue la gran triunfadora en la pasada edición de los Premios Goya. No se llevó los Goya más importantes pero de 5 nominaciones se llevó 4, mientras que El buén patrón se llevó 5 de 20. Ahora que hemos visto la película, ya disponible en Neflix, podemos asegurar que esos 4 premios de Las leyes de la fontera son más que merecidos.

España, 1978

Es verano de 1978 y Nacho Cañas (Marcos Ruiz) adolescente introvertido y víctima de acoso en forma de collejas y bicicletas destrozadas, conoce a Zarco (Chechu Salgado, Goya al mejor actor revelación) y a la Tere (Begoña Vargas) en unos recreativos. Encontrando refugio en lo más marginal de la Girona de la Transición, Nacho se verá envuelto en la típica espiral de robos, atracos y violencia que no acabará nada bien.

Las leyes de la frontera se basa en la novela homónima del escritor Javier Cercas, aunque sólo parcialmente. La novela se divide en dos partes y la película de Daniel Monzón adapta la primera para obviar la segunda, dedicándole sólo las escenas finales. Para Monzón y su co-guionista Jorge Guerricaechevarría (ambos ganaron el Goya a mejor guión adaptado) lo importante es la historia de amor a tres bandas entre Nacho, el Zarcos y la Tere. La España de la Transición, el lumpen de la Girona marginal,  les sirve de escenario para contar su historia.

lasleyesdelafrontera

La paradoja es que, aunque estén más centrados en contar la historia de Nacho, a Monzón y Guerricaechevarría les ha quedado mejor el escenario que la historia. El viaje a 1978 es total, digno de los Goya que ganó la cinta al mejor vestuario (Vinyet Escobar), mejor dirección artística (Balter Gallart) y mejor maquillaje y peluquería (Sarai Rodríguez, Benjamín Pérez y Nacho Díaz). La recreación histórica es el punto fuerte de una película cuya trama puede llegar a enganchar pero que adolece de ciertos defectos.

Marginal pero no tanto

Según Javier Cercas, la historia de Zarco está basada parcialmente en Juan José Moreno Cuenca, alias El Vaquilla. Para los imberbes millenials que nos leen y para todos aquellos de más allá del charco, El Vaquilla fue un delicuente que se hizo famoso en España en los años 80, ocupando portadas de periódicos, letras de canciones y que contó hasta con película propia, «Yo, El Vaquilla». El aura de épica y de outsider que se enfrentaba a la autoridad que impregnaba su historia sirvió de ejemplo a demasiados adolescentes ochenteros que, por fortuna, no pasaron de marcar pose rebelde en los bares.

La historia de El Vaquilla ya fue contada, igual que la muchos quinquis de la época en películas como Perros callejeros o El Pico, mucho más duras y descarnadas que Las leyes de la frontera. Y es que si viendo El Pico se te quitaban las ganas de meterte uno, viendo Las leyes de la frontera casi te dan ganas de echarte al monte y atracar una sucursal de pueblo.

La película pasa de puntillas sobre el retrato social y reviste a los personajes de una épica que ya hemos visto antes. Zarco y compañía están más cerca de Dos hombres y un destino que de los quinquis de toda la vida, lo que lleva a Monzón y compañía a caer en auténticos topicazos, que van desde que El Gafitas se mete a delicuente porque le dan collejas a la policía corrupta del tardo-franquismo (si, amigos, si en las películas americanas todo Dios sabe donde este el norte de un edificio, en las películas españolas la policia está repleta de corruptos), incluyendo ese policia bueno que no está cómodo en un puticlub y que aspiraba a metas más grandes. La sensación de deja vu, de «esto ya me lo han contado antes» lastra lo que podría haber sido una historia mucho más intensa y redonda, mucho más cruda.

lasleyesdelafrontera2

Las leyes de la frontera (o Daniel Monzón, o Javier Cercas) no puede evitar caer en la moralina, en el sermón más conservador y tradicional. Al final, quién salva al Gafitas es la familia, siempre dispuesta a todo, el último refugio. Y si la banda de Zarco es lo que es, es precisamente por esa falta de familia, por ese padre que se toca los cojones todo el día, como dice el propio Zarco. Como le dice a Nacho, ellos no tienen nada que perder y él si, él no es más que un charnego de clase media encoñado con una gistana que juega a delincuente. Al final, Las leyes de la frontera no es más que una historia de amor envuelta en una delincuencia amable y atractiva. Y que no falte el cancaneo. Un saludo, sed felices.

Pedro Pérez S.
Pedro Pérez S.
Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.
ARTICULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimos artículos

Comentarios recientes