Albert Uderzo nos dejó el pasado mes de marzo, en plena pandemia. Nos dejaba el otro padre de Astérix, aunque hacía ya unos años que lo había abandonado para dejarlo en las capaces manos de Jean Ives Ferri y Didier Conrad. Desde que milito en esta web he escrito varios artículos sobre Astérix y sus aventuras y, en demasiadas ocasiones, he puesto verde a Uderzo como guionista. He llegado a calificar sus historias como mediocres, malas y horrorosas sin que ningún lector me haya rectificado, y eso que dichos artículos han tenido (y tienen) muchos lectores. La sombre de René Goscinny ha sido demasiada alargada para el Uderzo guionista, cuyo extraordinario trazo no se ha discutido jamás. Muchos llegaron a afirmar que Astérix murió con Goscinny, algo que su amigo y compañero intentó solventar siguiendo con las aventuras del pequeño galo.
¿Son realmente tan malos los álbumes guionizados por Uderzo como todo el mundo piensa? Yo los menospreciaba, las denigraba, algunos los consideraba infames y debo decir que me equivocaba. Escribí desde el recuerdo y desde la nostalgía pero la colección editada por Salvat me permitió releerlos y ahora, con el fin de escribir este artículo, los he leído de nuevo. Los he leído por tercera o cuarta vez, sin un orden prefijado, tan solo el que me apetecía en el momento, tan solo los guionizados por Uderzo. Debo decir que fui injusto, que no son tan malos como recordaba, que incluso alguno es muy bueno, aunque siempre un escalón por debajo de los guionizados por Goscinny. En este post vamos a ordenarlos y analizarlos del peor al mejor, intentando que la labor de Albert Uderzo como guionista sea reconocida. A pesar de sus errores, Uderzo lo intentó y lo intentó con ganas, con orgullo y dignidad, siempre pensando en lo que habría hecho René Goscinny.
8 – ¡El cielo se nos cae encima! (2005)
¡El cielo se nos cae encima! fue el último álbum guionizado y dibujado por Albert Uderzo y creo que es considerado, de forma casi unánime, como el peor álbum de la serie. Realmente fue una lástima que Uderzo se despidiera de la serie con esta historia. Se trata de un álbum que es el más complejo de los que realizó y al mismo tiempo el más fallido. Uderzo pretende retratar el estado del mundo del cómic a principios del siglo XXI, donde el cómic americano se ve representado por un extraterrestre que se enfrenta a los Namgas, trasunto del cómic japonés. En medio, el cómic franco-belga / europeo pretende resistir ahora y siempre al invasor y salir victorioso. La historia resulta demasiado especializada para el lector de Astérix ajeno a estas rencillas, a la vez que para los versados en el tema resulta demasiado evidente. Uderzo no fue nada sutil en su planteamiento y todo acaba por resultar demasiado grotesco, convirtiendo el álbum en un autentico contrasentido. Panorámix llega a decir que no sabe si está en un sueño o en una pesadilla y el marciano protagonista acaba por borrar «esta grotesca aventura» (sic) de la mente de los galos. Y sin embargo, es en este álbum donde el Uderzo dibujante experimenta más que en todos los álbumes anteriores, cosa que podemos ver claramente en un uso del color que huye del predominio de los colores planos. Las aventuras de Astérix no eran el mejor vehículo para las reflexiones de Uderzo acerca de la situación de la industría del cómic en ese momento. Más que infame o malo, ¡El cielo se nos cae encima! es un producto fallido que no tendría que haberse realizado.

7 – El mal trago de Obélix (1996)
En principio, contando con la mejor portada de los álbumes analizados aquí, la historia no pintaba mal. En dicha portada, un sorprendido Astérix contemplaba los pantalones vacios de su compañero. ¿Qué había pasado con Obélix? Albert Uderzo decide responder a la eterna pregunta: ¿qué pasaría si Obélix bebiese de la poción mágica? El resultado es un regreso a la infancia que deviene en un álbum demasiado infantil. Aparece también un homenaje a Kirk Douglas y a Espartaco que parece metido con calzador. Uderzo divide el álbum en dos partes. En la primera plantea la fuga de Douglas / Spartakis robando la galera de Cesar y la vuelta a la infancia de Obélix; en la segunda parte, huyendo de Cesar y buscando una solución al estado de Obélix, los protagonistas acaban en la Atlántida. De esta forma tenemos dos aventuras en un mismo álbum y ninguna acaba de funcionar. Para colmo, la Atlántida de Uderzo es infantil y algo ridícula, con los atlantes mostrados como querubines a lomos de vacas voladoras. El mal trago de Obélix está dedicado al nieto de Uderzo y quizás a él le hizo gracia pero a los lectores habituales de la serie acabó por resultarnos muy chocante, señalando el principio del fin que se acentuaría con ¡El cielo se nos cae encima!.

6 – La gran zanja (1980)
Se trata del primer álbum guionizado por Albert Uderzo tras la muerte de René Goscinny. Debió resultarle muy difícil tomar la decisión de continuar sin su eterno compañero y seguro que lo encaró con algo de miedo. El resultado es el álbum que más muestra las carencias de Uderzo como guionista. La trama gira en torno a una aldea que se halla dividida entre dos jefes y sus partidarios, reflejo de la división existente en Francia en aquella época entre Valéry Giscard d’Estaing (Segregacionix) y François Mitterrand (Tocadix) . También alude a la división provocada en Alemania por el muro de Berlín y recoge elementos que directamente evocan a Romeo y Julieta de Shakespeare, un cocktail que no acaba de funcionar, arrastrado por el gran defecto del álbum: los múltiples finales. Si René Goscinny siempre tenía claro hacia dónde quería ir y como llegar allí, Uderzo es justo lo contrario. La historia de La gran zanja parece no acabar nunca: a un final (el rescate de Segregacionix) parece sucederle otro final (en enfrentamiento con los romanos), al que le sucede otro (el secuestro y rescate de Fanzine) y a este otro (el combate entre Tocadix y Segregacionix). El resultado es un álbum que se lee dando bandazos, a lo que se le suma el que, pese a mantener intactos los elementos cómicos de las entregas anteriores (juegos de palabras, situaciones anacrónicas, los piratas, etc) resulta menos divertido. ¿Quizás por qué es un álbum mucho más político que los anteriores, a pesar de que el guionista no toma partido? El problema de Uderzo con los múltiples finales también lo tenemos en ¡El cielo se nos cae encima!, El mal trago de Obélix y, en menor medida, en el álbum siguiente.

5 – Astérix y Latraviata (2001)
Se trata del penúltimo álbum de Uderzo como guionista. El casco y la espada de Pompeyo acaban en las manos de Astérix. Una actriz – espia, Latraviata, es la encargada de recuperarlos para evitar que César conozca los planes de su enemigo, que se hallaba en la Galia con la intención de sublevar a las tropas. Al igual que El mal trago de Obélix, parece dividirse en dos partes. La primera cuenta la trama relativa a los objetos perdidos por Pompeyo; la segunda se centra en el rescate de los padres de Astérix, presos de los romanos ya que fueron ellos los que adquierieron el casco y la espada de manos de un viejo conocido de los seguidores de la saga. En efecto, Uderzo recupera en este álbum a Falbalá, Tragicomix (Astérix legionario) y Romeomonteoscus (EL regalo del César), incorporando además a los padres de Astérix y Obélix. El uso de antiguos personajes de la serie se convierte casi en una constante en manos de Uderzo. En Astérix y Latraviata, Uderzo resalta la importancia de los personajes femeninos, lo que aprovecha para tratar el tema de la eterna soltería del protagonista. En conjunto, se trata de un álbum bastante divertido pero da la sensación de que el tema, o bien no daba más de si, o bien Uderzo no sabe como solucionarlo. Para unir las dos partes del álbum recurre a un truco ya usado en otro álbum, el de un gag que dura unas cuatro páginas (Astérix recuperándose de un tortazo de Obélix, saltando de acá para allá por efecto de una poción de Panorámix) y que en esta ocasión no le funciona bien, estirándose más de la cuenta y perdiendo la gracia por el camino.

4 – La odisea de Astérix (1981)
Entramos en la recta final de la lista y situar en ella los cuatro álbumes restantes se convierte ya en una cuestión más personal. ¿Por qué? Pues porque la calidad de los mismos está a la par (excepto el primero; ahí no he tenido dudas pero seguro que habrá quien no esté de acuerdo). En la posición 4 tenemos el segundo álbum de Albert Uderzo como guionista en solitario de Astérix y la diferencia con La gran zanja, publicada el año anterior, es abismal. Siguiendo con la tradición de alternar un álbum en la aldea con otro de viajes, Uderzo nos lleva a Mesopotamia, a Oriente Medio e Israel, a buscar el aceite de roca o petra oleum tan necesario en la poción mágica. Con ese viaje, el guionista homenajea a René Goscinny, de orígenes judios (parte de su familia murió en un campo de concentración nazi) al que incluso retrata como uno de los personajes (Saúl Soysolteroenlaví, el ayudante del mercader). Goscinny evitó de forma expresa cualquier referencia a sus orígenes judios y a la cuestión palestina pero Uderzo no huyó de ello, aunque se sabe que las críticas tachándolo de anti-semita le dolieron profundamente.
Uderzo afirmó que quizo hacer un álbum que pudiera haber escrito Goscinny y la verdad es que se le acercó mucho. Por primera vez vemos que el guionista si sabe lo que quiere contar, como hacerlo y como llegar del principio al final de forma correcta, sin provocar saltos en la narración. Vemos aquí el gag al que hacía referencia en el álbum anterior, con Astérix y Obélix cruzando un desierto más poblado de lo que debería y ponienda en solfa las luchas entre los distintos pueblos de la región. Si a eso le añadimos una parodia de Sean Connery perfectamente encajada en la trama, una aventura interesante y unos gags muy divertidos, no es extraño que La Odisea de Astérix recogiese mejores críticas que La gran zanja y sea considerado uno de los mejores álbumes de Uderzo en solitario.

3 – El hijo de Astérix (1983)
Puede que para muchos este álbum deba ocupar la posición del anterior pero yo lo he situado en tercer lugar ya que sigue su estela, con momentos realmente brillantes. Uderzo regresa a la aldea gala para dejar un bebé en la puerta de la cabaña de Astérix, lo que da lugar a situaciones realmente hilarantes, con reflexiones acerca de la paternidad y de como los hombres pueden afrontarla en solitario. Por supuesto, a lo largo de todo el álbum persiste el misterio acerca de quién es ese niño y por qué los romanos andan tan empeñados en recuperarlo. El equilibrio entre reflexión y diversión que René Goscinny lograba de forma tan magistral, lo tenemos en este álbum de forma muy acertada, aunque sin el toque del maestro. Además, cuenta con un final que a mi me encanta, con el regreso de Cleopatra y con ese banquete a plena luz del día, alzando la copa junto a su ami-enemigo, que en su día escoció a más de uno.
Es imposible llegar a imaginar el rumbo de Astérix si Goscinny hubiese permanecido más tiempo entre nosotros pero no se le puede negar a Albert Uderzo la valentía que tuvo, no solo por continuar la serie sino por atraverse con temas que eran difíciles de tratar sin que le salpicase la polémica. Uderzo, en comparación con su amigo, tenía la batalla perdida desde el principio pero siguió adelante, con mayor o menor acierto, y eso es algo que debemos reconocerle con justicia.

2 – Astérix en la India (1987)
Han pasado 4 años desde el álbum anterior. Uderzo tiene ya 60 años y eso debe pesar a la hora de encarar una nueva historia. Sin embargo, en Astérix en la India consigue el que para muchos es su mejor álbum en solitario. En él, Asterix, Obélix y Asuracentúrix viajan a la India, donde el bardo tiene la fácil misión de hacer llover. Una India que mezcla elementos indues y musulmanes, que sirve para homenajear a otra de las creaciones de Goscinny (¡Quiero ser califa en lugar del califa!) y que permite que Uderzo alcance la cima de su dibujo. En Astérix en la India, el dibujo es una maravilla, con una India muy bollywoodiana, repleta de color, remitiendo continuamente a Las mil y una noches. Aparte, la historia es muy divertida y sirve de excusa para alejar a Astérix de los romanos y encuadrarlo en un marco diferente. La solución de la alfombra mágica para desplazarse es realmente brillante y no desentona para nada en una serie que lleva décadas pivotando sobre una poción mágica que da una fuerza sobrehumana. Si no ocupa la primera posición es porque queda reservada, por méritos propios, al único álbum que nos queda.

1 – Astérix, la rosa y la espada (1991)
Si la obra cumbre como guionista de Goscinny fue Obélix y compañía, la de Uderzo es Astérix, la rosa y la espada (eso si, salvando las distancias). Si algo les tocaba las narices a los creadores de Astérix eran las eternas acusaciones de misoginia que les llovían álbum si y álbum también. En 1991 Uderzo coge el toro por los cuernos y da todo el protagonismo a las mujeres de la aldea quienes, hartas del machismo imperante, deciden contratar a una nueva maestra en sustitución del bardo Asuracentúrix. A la aldea llega Magistra, a la que no saben si deben llamar bardo, barda o bardesa. A partir de aquí, Magistra se revela como una mujer liberada que intenta imponer sus ideas y a la que los hombres rechazan ya que amenaza su status quo y la tranquila relación con sus mujeres.
Astérix, la rosa y la espada fue considerado un álbum feminista y debo reconocer que cuando lo leí por primera vez no me gustó nada. ¿Qué pintaba el feminismo en la aldea gala? Craso error. En una revisión del álbum nos damos cuenta de que Uderzo no nos habló del feminismo sino de las relaciones entre hombres y mujeres, de sus diferencias y de lo que nos une como personas. Usando el humor y la caricatura (cosa que siempre hizo Goscinny y que Uderzo continuó) las posturas radicales de unos y otros quedan ridiculizadas. No se salva nadie. Incluso Panorámix, el hombre sabio y moderno de la aldea, queda retratado cuando, a la pregunta de si las mujeres podrán ser druidas, responde con un «¡Vamos, vamos, Astérix! ¡Seamos serios!». También apunta a la crítica hacia los totalitarismo / populismos radicales y a que, cuando alcanzan el poder, lo que hacen es perpetuar lo que había antes.
Por si fuera poco, se atreve con escenas que, hoy en día, casi 30 años después de su publicación, deberían llevarnos a la reflexión, aunque seguro que nos llevan a la polémica y al ruido en las rr.ss. La discusión acerca de cómo llamar a Magistra me remite inmediatamente a los miembros y a las miembras, o a lo ridiculo que resulta oir aquello de vascos y vascas, catalanes y catalanas, madrileños y madrileñas, etc, como si la intención al usar uno sin el otro fuese la exclusión de forma automática.
Personalmente, aplaudo a Uderzo al no esconder que los galos de la aldea son unos brutos machistas, lo que venían siendo a lo largo de la saga, sin edulcorarlo ni caer en lo políticamente correcto (si bien es verdad que en 1991 lo de «políticamente correcto» no había calado). El «¡Todos para uno y uno contra todas!» que gritan a la hora de abandonar a sus mujeres, hartos de tantos cambios, para largarse al bosque todos juntos a comer jabalíes y beber cerveza como si no hubiese un mañana, es desternillante. Como valiente es atreverse a que Astérix le suelte un tortazo a Magistra, harto como está de sus provocaciones y sus burlas («Pero, ¡qué guapo te pones cuando te enfadas, galito rubio!») para arrepentirse acto seguido (¡Por todos los dioses! ¿Qué he hecho? ¡No es verdad! ¡No he sido yo!). Si Albert Uderzo llega a plantear esa escena hoy en día, lo crucifican en la Torre Eiffel. Soy consciente de que puede ser visto como un alegato a favor del maltrato pero no dudo de que no era esa la intención del autor. Astérix se arrepiente y se avergüenza de lo que ha hecho y paga el precio al ser expulsado de la aldea pero Uderzo ya se cubre las espaldas al dejar claro que Magistra, en cierto modo, se lo ha buscado. No le da un tortazo por el hecho de ser mujer o por creerse superior sino porque lleva varias paginas provocando al protagonista, que ya no puede más y pierde los nervios. ¿No querías igualdad? Pues ahí la tienes, nos dice el guionista. Aunque también nos deja caer que si en lugar de Magistra hubiese sido Falbalá, quizás la torta no le habría caído.
A la valentía de Uderzo a la hora de encarar el tema, se une que el álbum mantiene las virtudes de los tres que le precedieron, con un gran guión sin altibajos, con un dibujo magistral que incluso se atreve con soluciones que no habíamos visto antes (Asuracentúrix pegando a Esautomátix, las notas que caen de su cabaña al barrer, ese dragón escondido en el bosque,…) y con todas las características que hicieron grande a la serie. Con esto terminamos. Un saludo, sed felices.





Para empezar, Uderzo falleció en marzo, no en mayo. El personaje de «La Odisea» es Oysolteroenlavi, no Soysolteroenlavi, un nombre genial, pero el original francés es Saül Péhyé.
Esa viñeta que has puesto de «La rosa y la espada» ya me sonrojó y la odié con 18 años en 1991, no hace falta escudarse en las rrss actuales, ya era incomprensible entonces.
No comparto de tu valoración nada más que el último puesto, el peor, «El cielo…» (cierto, es unánime).
¡Ah! «El Libro de Oro – El aniversario de Astérix y Obélix» está considerado álbum de la serie, el 34, asi como el 32 «Lo nunca visto». El guión del 34 creo es de Uderzo. Sí, no es una aventura al uso, pero por así decirlo, es canon.
Hola Obélixonline. Es verdad. Falleció en marzo y no en mayo. Me han bailado los meses. Ya está rectificado. También es verdad que el original francés del personaje que homenajea a Goscinny es Saül Péhyé pero en la traducción de la colección editada por Salvat hace pocos años es Soysolteroenlavi, que es la que yo he tomado.
Entiendo que odies esa viñeta de «La rosa y la espada» y quizás no tendría que haberla puesto ahí, fuera de contexto, pero es canon y, si me apuras, historia del cómic, ¿Qué no tendría que haberla dibujada? Ya puede ser pero no dudo que Uderzo tenía un editor o editora que ya se encargaba de supervisar lo que hacía, aparte de los herederos de Goscinny, que tambien han ido supervisando su legado. En 1991, dentro del contexto del álbum, se consideró que esa viñeta era apropiada pero no debió ser fácil tomar la decisión de publicarla. Tendemos a considerar (en general, ojo) que Uderzo era un rancio, un machista y que se le fue la cabeza con esa historia y esa viñeta pero no creo que dibujase lo primero que se le pasaba por la cabeza. Repito: entiendo que te causase vergüenza ajena y que le suceda a más gente pero creo que en el contexto del álbum (y en esto quiero ser claro porque no creo que se deba ir dando tortazos por ahí a nadie) esta justificada. También, si nos ponemos tiquismiquis, podemos emular a Obélix y recrimir que nos cause sonrojo la viñeta en cuestión pero no digamos nada ante la violencia gratuita que despliegan los personajes en todos los álbumes. Y repito: poniéndonos tiquismiquis. No es mi caso.
Me gustaría saber tus valoraciones con respecto a estos álbumes porque tengo curiosidad por saber qué álbum te parece peor que «El mal trago de Obélix» (¿»La rosa y la espada?»).
Por último, «El Libro de Oro – El aniversario de Astérix y Obélix» no figura en el listado no porque no lo considere canon, de hecho los considero todos como canon pero los textos llevan también la firma de Goscinny y aquí me he limitado a los firmados por Uderzo en solitaria. como sucede con «Astérix y lo nunca visto». Un saludo y gracias por el comentario.
Me acabo de dar cuenta que en su día no contesté a tus preguntas.
Reconozco que mi valoración sobre «La rosa y la espada» no es subjetiva. Esa viñeta me condiciona muchísimo. Es un puñetazo realista, nada que ver con las peleas en la aldea o con los mamporros a los romanos que salen disparados a metros de altura. Responder así a un beso… con un empujón había más que de sobras.
Sí, «La rosa y la espada» me parece peor que «El mal trago de Obélix», pero quizás solo por esa viñeta.
E incluso «Astérix y Latraviata»… no sé. Eso de que Astérix y Obélix nacieran el mismo día (algo ya apuntado por Goscinny y que se recoge en el 32 «Astérix y Lo nunca visto») me chirría con lo sucedido al inicio del genial «Obélix y compañía» . Toda esta aventura me parece un batiburrillo (padres, Falbalá, Pompeyo…) sin pies ni cabeza.
Para mí el mejor con guion de Uderzo es «La odisea de Astérix» (por cierto, yo soy un clásico, desconozco si hoy día Salvat le ha cambiado el nombre a Oysolteroenlavi por Soysolteroenlavi, pues sigo leyendo los de los años 70 y 80)
La plata se la daría a «Astérix en la India» viendo el sol verdear y los prados solear.
Y el pódium lo completo con «La gran zanja» que aunque parece un álbum que Uderzo le costó finalizar (parece que acabe tres veces) me parece genial su metafórica mezcla de Romeo y Julieta y el muro de Berlín.
El cuarto, pero casi en el podio, sería «El hijo de Astérix», pero es que yo soy un crío de casi 50 tacos y el planteamiento inicial es tan adulto… Por cierto, si no la mejor (ésta sería la de «El caldero») una de las mejores y más alegóricas portadas de toda la serie (qué sensación de agobio da el pobre Astérix ante la idea de cuidar un bebé)
Un saludo y disculpa no haber contestado en su día.
Hola Obélixonline. No tienes que pedir disculpas. Yo también he tardado en ver este comentario, así que disculpas por re-contestar tarde. Al escribir este post se me olvidó incluir una frase que meto en todos los posts de este estilo que hago: que las listas son siempre subjetivas, la mía la primera.
Te puedo decir que, pese a mi apariencia juvenil y desenfadada, yo ando ahí ahí con respecto a tu edad, así que entiendo tus planteamientos (y es verdad: la portada de «El hijo de Astétix» es de las mejores de la serie). Lo de la viñeta lo entiendo también y ya lo comentamos. Seguramente seguirá dando que hablar en el futuro. Respeto que por esa viñeta te parezca el peor albúm pero es que no puedo con las páginas finales de «El mal trago de Obélix». Me parecen lo más infantil que ha pasado por la serie con diferencia y eso me condiciona a la hora de valorar el álbum. Un saludo y gracias por el comentario. A ver si los nuevos autores van sumando álbumnes y puedo sacar otro post de estos.