Mandy: el surrealista retorno de un brutal Nicolas Cage

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Panos Cosmatos es un director que llamó la atención con su primer largometraje, Beyond the Black Rainbow, hace ya casi diez años. Nicolas Cage es un actor capaz de dar lo mejor de sí en una película, pero cuya elección de papeles en la última década ha sido algo desafortunada, siendo amables. Ambos creativos, conocidos por sus muestras de locura desatada, no estaban precisamente en su mejor momento llegado el 2018… pero, entrado el nuevo año, parecen estar de rabiosa actualidad. Es cierto que, en el caso del actor, esto podría deberse también a su breve papel en cierta cinta ganadora de un Oscar.

Sin embargo, la responsable principal es esa violenta gozada que es Mandy, la segunda y más reciente película de Cosmatos. Aprovechando la reciente incorporación de este mal viaje lisérgico al catálogo de Filmin, haremos nuestra crítica… como bien podamos.

Una de acción

Uno de los elementos más llamativos de Mandy es su sencillez: el argumento no parece pertenecer a un filme cuyo director ha sido galardonado en del Festival de Sitges, sino a un VHS de videoclub protagonizado por Steven Seagal, o creado por la compañía Troma. El personaje principal de esta historia es Red, un leñador que vive retirado en una cabaña junto a su extraña esposa Mandy, a la que quiere con locura. Precisamente por ello, este trabajador taciturno de pasado más que dudoso tendrá que tomar decisiones drásticas en cuanto suceda algo inesperado.

Una secta de fanáticos ha secuestrado a su mujer para entregársela como concubina a su líder, el patético pero peligroso Jeremiah. Es aquí cuando las cosas empezarán a desmadrarse: para conseguir su objetivo, estos locos invocarán a unos seres de apariencia humanoide pero que parecen haberse convertido en seres demoníacos. Se trata de los Black Skulls, motoristas siniestros que parecen salidos de la imaginación de Clive Barker, y cuya brutalidad obligará a Red a adaptarse a los métodos de sus enemigos.

La calma antes de la tormenta

Como comentábamos, el fondo de este cuento macabro no es muy distinto al de tantos subproductos de acción que han pasado sin pena ni gloria. Entonces, ¿qué diferencia a este filme que ha levantado tantas pasiones? En primer lugar, un primer acto que puede resultar algo lento, pero que sigue una de las normas establecidas en sus ensayos por maestros del terror como Lovecraft: antes de introducir un elemento disruptor, presentar la normalidad. Así, el espectador estará tan desconcertado como los personajes cuando esta se vaya rompiendo.

En este sentido, quizás «normalidad» no sea una palabra muy adecuada. Nuestro protagonista, con el aspecto de un Nicolas Cage muy contenido en la primera parte, es alguien turbio, pero con un evidente buen corazón. Sin embargo, el verdadero hallazgo de la primera mitad de Mandy es… pues eso. Mandy. En lugar de crear a la típica esposa abnegada que solo sale en un par de escenas, Cosmatos da forma a un personaje femenino fascinante, con un pasado tan enigmático como el de su marido y una obsesión malsana por las novelas de fantasía. Se trata de una pareja de frikis que mencionan sin pudor al mismísimo Galactus en una conversación nocturna, pero una pareja de frikis adorable cuya dinámica aprendemos antes de que salte por los aires.

Surrealismo explosivo

Tras cierta escena en torno al ecuador de la película, Red ha caído a lo más bajo. Es aquí donde la sobriedad de la interpretación principal desaparece por completo, para ofrecernos el retrato de un hombre derrotado que lo ha perdido todo. Cubierto de su propia sangre, el protagonista tendrá que recuperar algunos de los hábitos que abandonó en el pasado, y experimentará una metamorfosis que le convertirá en uno de los héroes de acción más desquiciados de los últimos años. El papel de Cage llega a resultar ridículo y magnífico al mismo tiempo, pero es imposible concebir una elección mejor.

Llegados a este punto, no queda lugar para la contención. El clímax es muy barroco y extremadamente violento, bastante más que algunas de las películas de acción de las que toma la estructura. No podemos dejar de mencionar lo obvio: la excelente fotografía y buen hacer técnico de Panos Cosmatos, cuya estética oscura y sangrienta resulta tan cautivadora como sus acertadas elecciones musicales. Además, algunas decisiones argumentales delirantes le aportan algo de color al tercer acto sin descuidar el impacto emocional que tiene la venganza de Red. Nosotros también queremos ver cómo los miembros de esa secta mueren de formas horribles. Y, a la hora de ofrecer una catarsis violenta, la película cumple con creces.

Conclusión

Mandy es mucho mejor de lo que debería ser: hemos visto mil veces esta historia, pero la originalidad formal del director y las interpretaciones de Cage y de una sorprendente Andrea Riseborough la elevan hasta alcanzar un estatus de rareza y, quizás en un futuro, de filme de culto. Habrá que ver cómo aguanta el paso del tiempo, pero se trata de una novedad más que satisfactoria que nos deja un par de nombres a los que habrá que estar muy atento.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

2 comentarios

  1. Brando Cortes el

    Sin duda alguna me deja mas que satisfecho este filme se ha convertido de mis cintas favoritas en cada detalle en cada toma hace que sea una experiencia que toca las fibras de un circulo pequeño de personas que aman la distopìa y que sale del cine blockbustero

  2. Sí, se trata de una sorpresa muy agradable. Utiliza a la perfección los clichés del cine de acción para subvertirlo, y ofrece una experiencia a medio camino entre una película convencional y la experimentación.

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