Mejor Comedia o Musical: los Óscar

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Óscar                                                                                                                                                                                                      Del ingl. Oscar, y este de or. inc. (origen incierto para poco acostumbrados al diccionario).                                                 1. m. Galardón que se entrega, por elección de una selecta Academia -conocedora de los criterios únicos, magnos y bíblicos necesarios para valorar un producto audiovisual- que se ve todos los filmes del mercado (incluyendo los buenos), algunos cortometrajes y los documentales que mejor pinta les tienen, a las categorías que ellos creen pertinentes dentro de la producción de susodichos productos. También a los cortos y documentales, pero esos importan menos porque no dan dinero ni audiencia.                                                                                                   2. m. Ceremonia mundialmente conocida y seguida, mediática, ostentosa y lujuriosa, que sirve como un expositor de moda donde la élite hollywoodiense posa con sus ropajes y adornos millonarios, burlándose de los pobres y de sus minucias, conformando la secta más elegante del mundo (también hay tíos majos, no os penséis). Allí se entregan los premios nombrados en la acep. 1. y resulta, a fin de cuentas, ser más aburrida que un campeonato de dardos a las siete de la mañana en Teledeporte.

“Si hago más de 50 el Óscar para Black Panther”

Hablemos de los Óscar. De los Óscar como premio (figurita dorada planteada como claro símbolo del séptimo arte -o eso debió de pensar el que la diseñó-), de lo que representan (para mí menos que un Grammy, que ya es decir) o de la gala. Casi prefiero hablar de lo que hay detrás, me quedo con lo que representan y, sobretodo, con lo que podrían haber sido.

No se si saben ustedes, que estarán aquí esperando leer o bien que Black Panther se merecía ganar a mejor película o bien maldiciones, una tras otra, sobre estos premios corrompidos por la industria vomitiva de Hollywood (de lo primero no veréis, de lo segundo es probable), que los Globos de Oro dividen la mejor película en dos categorías: Drama y Comedia o Musical. Hagamos lo mismo. Así no entramos en el conflicto Roma vs Green Book. Mejor Drama, pues, se lo doy a Roma. Yo no tengo ninguna duda. Hay quien sí la tiene, o mejor dicho, quien nunca se lo daría. Será por opiniones en este mundo… Pero Mejor Comedia o Musical no va para Green Book, no. En Green Book no hay ni la mitad de fanfarria ni un tercio de la comedia que en la auténtica vencedora. Así que, sin duda alguna, Mejor Comedia o Musical va para los Óscar.

Se abre el telón y este tío tiene un Óscar

Así es, los señores y señoras de la Academia son los mayores cómicos de la Industria. Pocos hacen más gracia que ellos: ni los Monty Python, ni los hermanos Marx, ni Charles Chaplin ni la Liga de la Justicia. Se les quedan cortos, porque, ¿acaso no hay chiste mejor que ser el jurado de los premios de cine supuestamente más prestigiosos del mundo y no saber la diferencia entre Sonido y Edición de Sonido? Sus razonamientos tienen que ser tronchantes: “Hay mucha música y suena bonito. Ale, pues le damos los dos de sonido, venga. Ya está Manolo, nos da tiempo de ir a jugar un dominó”. Aunque no creo que se llamen Manolo. Como mucho Mel. O si no Jack, John o Joe, que al caso nos vale igual.

Meros aprendices

Pero los chistes continúan, ya no solo en el propio espectáculo circense que en España nos espera año tras año a las dos de la mañana y que solo algunos atrevidos y un puñado de kamikazes presencian hasta su final, sino también en los meses previos. ¡Qué generosos son los payasos de la Academia que nos brindan preliminares de su espectáculo para hacernos reír durante todo el año! No se si recordáis el día en que anunciaron la categoría de Mejor Película Popular (aún habían de creer que era buena idea). Los Óscar siempre tienen la problemática de no saber renunciar a un sector del público, y con esto no estoy contando ninguna novedad. Han premiado, generalmente, a las películas que más o menos generan consenso entre público y crítica, y en ciertos momentos también taquilla. Películas que no son canela en rama pero que tampoco están mal. Como Green Book. Es correcta. Dirección sin más, guión notable, actuaciones de lo mejorcito, pero al fin y al cabo del montón. Nada más. Con el tiempo se evidencia la tendencia a generar millonadas de productos mucho menos interesantes cinematográficamente hablando pero con gran éxito y afluencia de público, y por otro lado, una menor audiencia en la Gala de los Óscar. Dejan de interesar, pero no solo porque sean un peñazo absoluto, sino porque a la gran mayoría del público, el groso de las películas que se nominan les dan igual. Llegados a este punto, los Óscar necesitan una forma de acercarse al público mayoritario. ¿Cómo? Con una categoría a Mejor Película Popular [insertar risas enlatadas]. Me extrañaría que nada más anunciar esta cagada no hubiera persona ni medio especializado poniendo a la Academia a caer de un burro, que, por supuesto, fue lo que pasó. Y claro, como buenos servidores del populus se tuvieron que retractar: ya no habrá la categoría de marras, y menos mal, aunque en realidad me importa más bien poco lo que hagan.

El próximo a Mejor Actor Popular

Otra cosa diferente es su segunda cagada, o broma. Sí, broma. Perdón, quería decir broma. Esa tan graciosa que decía tal que: Mejor Fotografía, Mejor Montaje, Mejor Cortometraje de Ficción y Mejor Maquillaje serán entregados durante la publicidad. Sabemos que los cortos, al igual que los documentales, interesan prácticamente cero (por cierto, una pena lo de Sorogoyen. Si no habéis visto Madre os lo recomiendo, hacedme caso) y que el maquillaje todavía menos. En dos semanas nadie se acordará de quién ganó a maquillaje, si es que hay alguien que a día de hoy se acuerde. Montaje, pues oye, si la Academia quiere llegar al gran público no creo que sea a través del montaje (aunque supongo que por esa regla de tres lo único que interesaría sería la mejor película). Pero lo que más me choca es Fotografía. Uno de los premios más importantes (sin desmerecer ninguno). En fin, que con esta tontería más de 50 reconocidos cineastas dieron su ultimátum a los premios dando a entender la falta de respeto que todo el tinglado suponía. Entonces, los académicos, tras pronunciar un expresivo “Oh, shit, we’re so fucked” volvieron a rebobinar y finalmente los cuatro premios se emitieron.

“No había trapecista ni domador de leones y nos trajimos a éste”

Decíamos que los Óscar quieren contentar al público mayoritario, amante del mainstream (lo llevan haciendo desde el inicio de los tiempos, pese a quién le pese). Pero las cosas cambian, los gustos, las modas, y el público de hoy es difícil de conquistar. ¿O todo lo contrario? Me imagino a Cuarón, o a Scorsese, Villeneuve o los Coen, me da igual, no os vayáis a pensar que soy adorador incondicional del mejicano, intentando estudiar cómo contentar a ese público (que no creo que lo hagan, ni falta que les hace), teniendo severos dolores de cabeza dándose cuenta de que no pueden. No pueden a menos que se pongan bajo las órdenes de… ¿Kevin Feige? ¿Que adapten en acción real La Bella Durmiente? ¿Que contraten a Dwayne Johnson? ¡Vaya usted a saber! Pero estamos hablando de cuatro directores maestros (cinco, que los Coen son personas por separado) que no se van a dejar llevar por esas modas. Ahí es donde entra el conflicto. La Academia, como robot algorítmico pensará el día de las nominaciones: Si premio lo bueno, a la audiencia deja de interesarle la Gala; si premio lo mainstream, perdemos caché y nos ponen a parir. Academia.exe dejó de funcionar. Reiniciamos sistema. ¿Sabéis cuando abres un Power Point en el Libre Office o viceversa y se descoloca todo? Así es como salen las nominaciones. Un barullo impresionante e ilógico. Es esa la forma en que The Favourite y Black Panther han sido colocadas al mismo nivel. Porque la Academia no sabe a quién contentar, no elige bando. Y así seguirá, o eso parece. 

Sed felices.



el autor

Soy, entre otras cosas, estudiante, cinéfilo, músico y lector; escribo sobre lo que me gusta y también tengo twitter @maffdecine

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