De vez en cuando me gusta revisar alguna que otra película o serie que aborde una terapia. No sé si por mi formación como psiquiatra, por sentirme reflejado en el papel del terapeuta o, sencillamente, por el gusto de contemplar esa relación (o duelo) tan especial que se establece entre los, en principio, paciente y terapeuta. Una de estas producciones es la miniserie El paciente, estrenada en 2022 y que tenéis en Disney +.
A lo largo de diez capítulos, El paciente se centra en el doctor Alan Strauss, un racional psicólogo judío inmerso en el dolor por la muerte de su mujer, que es secuestrado por Gene, uno de sus pacientes. El joven es un asesino en serie y cree que la única manera de no seguir matando es una terapia diaria en su propia casa.
Creada por los autores de la conocida serie de espionaje The americans, El paciente navega entre dos géneros, y la dificultad de su combinación es el mayor pero de una trama notable.
Por un lado, el intenso thriller psicológico que surge de las dos misiones a contrarreloj que debe llevar a cabo el psicoterapeuta: evitar que Gene siga matando de la misma forma que consigue que otros pacientes hagan frente a su ansiedad; y escapar del sótano de la casa donde el asesino vive con su madre. Un conflicto lo suficientemente potente como para sostener a toda una serie.

Por otro lado, el encierro de Alan le permite reflexionar sobre su propia vida familiar, marcada por el fallecimiento de su mujer y el distanciamiento con uno de sus hijos al comprometerse con la rama más radical de judaísmo.
El contraste entre la tensión inherente a la terapia con el asesino en serie y las pausadas reflexiones del psicólogo acerca de sus propios conflictos resiente el ritmo de la serie y da la sensación de que los diez capítulos se podrían haber acortado. Y eso que la serie pasa en un suspiro, que los capítulos no llegan a los cuarenta minutos.
Dicho de otra forma, la serie gana enteros cuando se localiza en el sótano y enfrenta a los dos protagonistas, unos imperiales Steve Carell y Domhall Gleeson. El primero, al que estamos acostumbrados a verle en papeles cómicos (o tragicómicos), borda su papel más dramático hasta la fecha. El segundo, al que hemos visto como secundario en la última trilogía de Star Wars o en la infravalorada Barry Seal, es el que aporta la nota desquiciada a la serie, tanto por lo terrorífico como por lo humorístico. Aunque sea un humor tan negro que hiela la sangre.
Más allá del conflicto principal, El paciente explora varios de los temas que pueden aparecer cada vez que una persona que necesita ayuda acude a pedirla a un terapeuta.
La serie habla de la soledad. Las complejas relaciones familiares. La religión. Las heridas de la infancia como fuente del dolor adulto. Y, por supuesto, de la necesidad (cada vez más imperiosa) de entregar la responsabilidad de nuestros actos a una solución mágica (ya sea un terapeuta o una pastilla) en lugar de asumirla por nosotros mismos.
Y claro, del papel del terapeuta. Lógicamente, El paciente nos plantea una situación extrema en la que, por suerte, la mayoría de los terapeutas jamás nos hemos visto. Pero es fácil conectar con la angustia del doctor Alan Strauss. No solo por salvar su vida, sino por la certeza de que, si no profundiza adecuadamente, alguien morirá.
Siempre he dicho, y creo que es algo generalizado, que los psiquiatras y psicólogos no tenemos un papel tan importante en la terapia. Que somos meros consejeros y que las decisiones del paciente son responsabilidad suya.

Imaginaos la ansiedad que debe suponer el saber que la vida de otras personas depende de lo bien que uno aplique una terapia en la que el paciente también debe poner su granito de arena.
Y, por último, en El paciente, como toda buena terapia, también se deposita algo del terapeuta. Al final, el paciente también acaba conociendo a la persona que en principio va a ayudarle, estableciendo un diálogo que supone la esencia de la terapia.
Y tiene un final, uno bastante incómodo que da para múltiples análisis pero que nos desvelaré. Simplemente os invito a que, en vez de estar pendientes de los nuevos estrenos que nos depara este 2025 (muchos de los cuales tendréis analizados en Las cosas que nos hacen felices), dediquéis un rato de vuestra vida a una serie que, sin ser perfecta, os dará una buena dosis de tensión y unas cuantas preguntas que cada uno deberá responder por su cuenta.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



