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Reseña de Occupied tercera temporada. Un final decepcionante

Movistar+ ha estrenado la tercera temporada de la serie Occupied (solo seis episodidos) que sirve para poner punto y final a la historia de la ocupación de Noruega por fuerzas rusas para obligar al país nórdico a abandonar su posición de las energías limpias y seguir produciendo petróleo. 

Reseña de la temporada 1

Reseña de la temporada 2

En la reseña de la temporada anterior comentaba que la ficción había apostado definitivamente por la intriga política como motor de la historia, algo que sin duda le sentaba muy bien. El único problema es que los guionistas estaban comenzando a acumular distintas tramas y se corría el peligro de que esa acumulación de elementos acabara siendo algo perjudicial. Sobre todo después del inesperado final de la segunda temporada, con el asesinato de la Primera Ministra Anita Rygh. Ese es el punto de inicio de la última tanda de capítulos, con un Jesper Berg que ha logrado recuperar el poder y parece empeñado en mantenerlo a toda costa.  

Jesper Berg hará todo lo que sea para mantenerse en el poder

En esta ocasión, el tema central de la historia deja un poco de lado todo lo que habíamos visto para poner el foco en la idea de la democraciaJesper tiene que presentarse a las elecciones para consolidar su poder y no dudará en usar todos los resortes del poder, legales o no, éticos o no, para ganar. Su excusa es que solo él sabe lo que es necesario para Noruega, solo él es capaz de enfrentarse a los problemas que los rusos (y con una Unión Europea que no sale muy bien retratada) presentan de cara a volver a ser un país completamente libre. En algunas ocasiones este Jesper incluso recuerda al Frank Underwood de House of Cards . 

El papel del ejército noruego va a ser muy importante

En principio, y aunque se aleja un poco de lo que han sido las dos primeras temporadas, este nuevo enfoque podría ser algo bueno, incluso continuista con el tono de thriller político que ya habíamos visto. Pero hay un problema. Los guionistas no se conforman con tener una idea central en torno a la que vertebrar la trama, sino que añaden muchos más temas y abarcan además no solo el conflicto medioambiental inherente a la serie. Vamos a ver tramas referentes a los derechos de las parejas homosexuales, la financiación de partidos políticos, la limpieza étnica, el papel de los parlamentos en contraposición con el gobierno… Demasiados elementos para una serie a la que no le hacen faltan y menos en una temporada final que se debería centrar únicamente en cerrar la historia que nos han venido contando.  

Un ejemplo del precio de las acciones de Jesper Berg

Pero es que además, muchas de las cosas que nos cuentan no tienen ni pies ni cabeza. Pasa lo mismo que con la mencionada House of Cards. Ambas series tienen dos primeras temporadas estupendas, pero luego se dedican a presentar un golpe de efecto tras otro solo para mantener el interés, alejándose del tono más o menos serio y coherente que habían tenido. 

Y por si esto fuera poco, la manera de solucionar la trama y poner punto y final la serie no puede ser más decepcionante. Se acaba recurriendo a la magia, digo… a unos piratas informáticos que todo lo saben y todo lo pueden para que ayuden a Jesper Berg a destapar las maquinaciones de los rusos en busca de hacerse con el poder. La historia se había ido liando tanto que era imposible darle un final coherente sin recurrir a un “deux ex machina”. Y aun así los responsables dejan un final abierto en el que Jesper apela a todos los ciudadanos del mundo para que nos preocupemos por el medioambiente, la verdadera lucha que él defendía al principio antes de verse cegado por el poder.  

La embajadora Sidorova pasa a ser una defensora de los derechos homosexuales… ¿o no?

Hay elementos muy interesantes como la investigación que llevan a cabo y su esposa Hilde o el papel de los oligarcas rusos como verdaderos tiburones internacionales o la manera de usar las redes sociales para manipular la opinión pública. Pero otros están cogidos con pinzas y parecen un “pegote” mal incorporado a la serie como todo lo relativo a la relación homosexual de la embajadora Sidorova, un personaje que sufre de unos vaivenes enormes en la serie: unas veces aparece como la gran villana y otras como una pobre mujer manipulada por el poder ruso. 

Hans Martin Djupvik sigue siendo uno de los mejores personajes de la serie

 Según se iba acercando el final ya se veía que era imposible cerrar de manera satisfactoria todos los frentes abiertos y es una verdadera lástima ya que las dos primeras temporadas son bastante buenas. Un claro ejemplo de “quien mucho abarca poco aprieta”. 

Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

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