El terror es un género que no ha gozado de demasiado popularidad en el mundo del cómic. Los problemas con el Comic Code Authority, esa funesta organización que regulaba (más bien censuraba) el contenido de los cómics estadounidenses, fueron una pesada losa para los autores interesados en el terror. Hay que recordar que estaban prohibidas «las ilustraciones espeluznantes, desagradables y horribles». Los vampiros, hombres lobos, gules y zombis no podían ser dibujados. Además, los cómics no podrían utilizar las palabras «Horror» o «Terror» en sus títulos. Menos mal que esos tiempos quedaron atrás y el CCA ya no tiene apenas importancia y ahora mismo hay un renacimiento del género en el mundo de las viñetas.
Uno de los escritores que más ha hecho por este boom es James Tynion IV, autor de las muy interesantes Hay algo matando niños, The Nice House on the Lake o El depravado. Así que, si la editorial DSTLRY publica un nuevo comic de terror titulado Spectregraph, con guion del señor Tynion y además le acompaña de Christian Ward, uno de los mejores dibujantes de los últimos tiempos, habrá que echarle un ojo. Sobre todo, si los amigos de Norma lo publican en España en el formato que utilizan para todas las obras de dicha editorial y que tan bien luce en las estanterías.

El resumen de la editorial es el siguiente: Durante años, la mansión ha permanecido de forma extraña intacta en la costa de California, no muy lejos de Los Ángeles. Los rumores dicen que su dueño es un magnate de la industria estadounidense con una perversa fascinación por el ocultismo y los fenómenos paranormales. Durante décadas, los hombres y las mujeres más ricos del país han intentado entre susurros descubrir qué estaba construyendo en esa mansión él solo. Y ahora, finalmente, con su muerte y sus posesiones en venta… quieren descubrirlo de una vez por todas.
En Spectregraph conoceremos a Janie, una agente inmobiliaria cuya vida es un desastre y que recibe el encargo de vender una vieja mansión a un grupo con mucho dinero. Todo perfecto. El problema es que esa mansión pertenecía a un miembro de una secta obsesionado con la vida después de la muerte y dedicó su vida a construir un edificio con peculiares características. Y el grupo interesado en hacer la compra es esa secta a la que perteneció y que ahora quiere saber lo que puede hacer la mansión, aunque para ello tenga que sacrificar algunos inocentes. Así que Janie y Vesper, la joven enviada por la secta para formalizar la comprar, tendrán que descubrir todos los secretos del peligroso edificio si quieren sobrevivir una vez que quedan atrapadas dentro.

Spectregraph es una obra marcada por el estilo de su guionista. James Tynion IV ha demostrado ser un maestro a la hora de crear tensión y “miedo” gracias al uso de sus protagonistas como vehículos a través de los que generar a la vez empatía y aprensión. Lo mejor de esta historia es la interacción entre dos personajes tan distintas como Janie y Vesper, construidas ambas con un mimo increíble y de las que vamos conociendo más a lo largo de la historia, ya sea con unos diálogos afilados como cuchillos o con algunos flashback que permiten profundizar en su pasado. La narración va a ir cambiando de épocas también para conocer más sobre el pasado de la propia mansión y su creador, enriqueciendo el relato con cada nuevo dato que tiene su importancia en el presente.
Al final lo que estamos leyendo no es más que una historia de fantasmas en una casa encantada (a mí me ha recordado a la película 13 fantasmas). El misterio está en saber cual es el fin de la creación de tan retorcido edificio, que es lo que ha ido pasando a lo largo de los años y cuales son las intenciones de la secta. Y gracias a estos interrogantes se mantiene el interés del lector, que no puede dejar de pasar las páginas con cierta sensación de claustrofobia que el escritor ya uso con acierto en The nice house on the lake.

Pero Spectregraph va más allá del terror y misterio. Como viene siendo habitual, Tynion nos presenta un relato con muchas capas, con un tono reivindicativo y un contenido LGTBI+ que en ningún caso es un obstáculo para la historia. Una historia que al fin y al cabo trata sobre el precio que las personas estamos dispuestos a pagar por conseguir nuestros objetivos, la manera en que tenemos de relacionarlos con los demás y si somos capaces de superar nuestras diferencias.
En cuanto al arte de Christian Ward creo que se puede decir que estamos ante uno de sus mejores trabajos. El uso del color para señalar cada época en la que trascurre la narración es brillante, así como el diseño de los espectros, a cada cual más perturbador. También es muy buena la manera en que hace respirar a la mansión con sus dibujos, haciendo que sea un personaje más de la historia. Es cierto que en ocasiones sus páginas pueden ser algo confusas, sobre todo en los momentos de acción, pero es un pequeño precio a pagar por un dibujo que eleva la historia que cuenta.

En cuanto a la edición de Norma decir que me parece sencillamente perfecta. Estamos ante un libro de lujo de 216 páginas encuadernado en tapa dura que recoge los cuatro números de la miniserie original. Siempre es un placer poder leer este tipo de historias cerradas de una tacada y más con unas páginas de mayor tamaño (21,5 x 27,5) que hacen que el magnífico apartado visual se disfrute mucho más. Es cierto que eso repercute en el precio (36 euros), pero personalmente creo que merece muy mucho la pena.
En resumen, Spectregraph es un gran cómic de terror con una historia interesante, con varias capas de lectura, con un magnífico desarrollo de personajes y con un apartado visual espectacular. Y con el añadido de ser una historia cerrada. A sus autores les basta y les sobra las 216 páginas del libro para presentar la trama y los personajes y dar un cierre perfecto. Algo que a veces es de agradecer en estos tiempos de historias interminables.



