Norma publica Un Año Sin Cthulhu, la última obra de Thierry Smolderen y Alexander Clerisse y que supone su aproximación al fenómeno de la nostalgia ochentera después de habernos mostrado su visión de los de los 50 y 60 en Un Verano Diabolik, también publicado por la misma editorial.

El argumento de Un Año Sin Cthulhu es el siguiente: Todos recuerdan la tragedia de Auln-sur-D’Arcq. A mediados de los años 80, un grupo de estudiantes de secundaria juega a La Llamada de Cthulhu cuando una inexplicable masacre provoca el caos en este pequeño pueblo. Años más tarde, aquellos adolescentes, ya adultos, reviven sentimientos que creían enterrados y describen las semanas previas al incidente más sangriento de aquella década, cuando todos, muy ingenuamente, creían que estaban viviendo un año sin Cthulhu.
A los lectores españoles que peinan alguna cana seguro que les ha entrado un pequeño escalofrío al leer esta sinopsis ya que recuerda bastante a uno de los episodios más oscuros de la crónica negra de nuestro país. Me refiero al Crimen del Rol, el asesinato de Carlos Moreno, un empleado de limpieza de cincuenta y dos años.
En la madrugada del 30 de abril de 1994, Carlos Moreno fue asesinado en Madrid en una parada de autobús. Aunque en principio se pensó en un robo, las investigaciones policiales llevaron a la detención de dos jóvenes: Javier Rosado y Félix Martínez Reséndiz, que en realidad habían seguido las instrucciones de un macabro juego inventado por el propio Rosado, el de buscar a alguien de determinadas características para asesinarle. Los medios de comunicación se apropiaron del caso, generando una preocupación generalizada y una avalancha masiva de críticas contra los juegos de rol, pese a que no había ninguna relación. Todo el que recuerda el caso tendrá en mente el deleznable tratamiento de los medios, acusando a los juegos de rol de prácticamente cualquier comportamiento criminal. Fueron unos momentos duros para los jugadores.
La trama de Un Año Sin Cthulhu funciona a dos niveles. Aunque hay algo de este tratamiento de los medios a las tragedias y crímenes, sus autores prefieren hacer un homenaje a las cosas que tanto gustaban a la juventud en los años ochenta, desde los juegos de rol (con La Llamada de Cthulhu, el juego más famoso en Francia) presidiendo el argumento, pero sin olvidarnos de los videojuegos, la incipiente popularidad de la informática, la magia y el cine de ciencia ficción.

Y mientras asistimos a este sentido homenaje vemos también la investigación del crimen que sucedió en Auln-sur-D’Arcq y las misteriosas circunstancias que lo envolvieron, con un notable peso de las situaciones sobrenaturales que le dan un sabor especial que queda muy bien a la historia.
Pero la historia va más allá de todo lo que hemos contado. Las relaciones entre los protagonistas y la llegada de una misteriosa chica nueva al pueblo será la que dispare los acontecimientos haciendo que este cómic suponga también un viaje de descubrimiento para los jóvenes protagonistas, un camino flanqueado por las fantasías de los juegos de rol que hacen más soportable la difícil vida que tienen. Un viaje que los lleva a la edad adulta cuando se dan cuenta de que la muerte puede estar en cualquier esquina.

Los autores van poco a poco presentando a cada personaje y colocando las piezas en su sitio para luego irnos dando pequeñas migajas de información que van aumentando la ambientación del relato y la investigación sobre las posibles causas de los crímenes. La narración tiene un ritmo muy ágil, ya que siempre están pasando cosas y prácticamente no hay momentos de respiros más allá de las ensoñaciones fantásticas que sirven para enriquecer el mundo de los jóvenes protagonistas. Todo apoyado por unos diálogos divertidos, muy propios de los chavales de la época que dotan de mayor verosimilitud a la obra.
Y si la narración es tan satisfactoria, gran parte del mérito recae en un dibujo que siendo simple en apariencia esconde unas composiciones de páginas realmente brillantes y unos recursos para mostrarnos los mundos de fantasía que son realmente espectaculares. Recuerda mucho al pop art e incluso tiene el mérito de recordar a los gráficos 8 bits de los videojuegos de la época, un elemento que al final de la obra tendrá mucho peso.

La edición de Norma de la obra es bastante buena, recopilando toda la historia en un volumen de gran tamaño (20,5×27,5) encuadernado en cartoné y con 176 páginas por 29,95 euros. Mención aparte merece el extra final en el que los autores nos cuentan parte del proceso de creación de la obra y nos cuentan en que se han basado para hacerla.
En resumen, Un Año Sin Cthulhu es un cómic que puede servir como complemento de otras obras ochenteras (por ejemplo, Stranger Things) ofreciendo una visión un poco más oscura de esa añorada década. Thierry Smolderen y Alexander Clerisse nos presentan una historia divertida que hará las delicias de los amantes de los juegos de rol, los videojuegos y las historias de misterio, reuniendo todos estos elementos dispares en una trama que atrapa desde el principio y que deja un gran sabor de boca.



