«Retratos de la violencia» de Brad Evans y Sean Michael Wilson.

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso.

Sería bueno que habláramos de «Retratos de la violencia», cómic publicado en España por Akal y escrito a medias entre Brad Evans (periodista de The New York Times y autor de varias obras sobre los efectos de la violencia) y Sean Michael Wilson (guionista de cómics) , con cinco dibujantes distintos que van turnándose a lo largo de la obra. El cómic va, en la línea de lo que suele escribir Brad Evans, de los efectos de la violencia que sufren las personas en los pensamientos y forma de actuar de todo el mundo. Qué aprendemos viendo actos violentos. Cómo se representa la violencia y qué efectos tiene esa representación en nuestras vidas. Cual es el papel de los medios de comunicación o de los profesores al respecto. Cada capítulo trata a un autor clásico de la filosofía, la psiquiatría o etc enfrentándose a uno de los enfoques a la hora de pensar en la violencia.

Si es bueno hablar de este cómic, que, no nos engañemos, nos hemos leído dos y el del tambor, no es por lo más evidente. Es decir, en la propia portada sale gente como Chomsky, Foucault o Fanon. No hace falta ni leerse el prólogo ni conocer a Brad Evans para saber por donde van a ir los tiros ideológicamente hablando. Es decir, es un cómic con un enfoque claramente izquierdista en su vertiente más radical – posmoderna. Como todo en la vida, la calidad del cómic o su intención nos pueden valer siempre que las cosas sean honestas y estén bien hechas. Cuando hay una intención política y filosóficamente tan fuerte como el caso es fácil caer en la mala propaganda, en este caso de baja gama por el medio del que hablamos (digamos que los cómics no son precisamente la cosa artística con más llegada popular precisamente).

Podemos decir que es, en general, mala idea lo que hace uno de los autores. Es decir, que vas a incluir un resumen en cómic de las ideas de filósofos trascendentales para entender filosóficamente la actualidad como Foucault, alguien tan importante para entender la banalidad del Mal como Arendt o tan central en su disciplina (la pedagogía) como Paolo Freire pero te pones tú el primero de todos. Sí, uno de los autores, Brad Evans, aparece el primero de todos ellos. Quiero decir: en caso de incluírte lo correcto sería ponerte el último o ir poniendo los autores alfabéticamente, no lo sé. Crea desde el principio una sensación incómoda cuando empiezas a leerlo.

Digamos que formalmente los distintos ilustradores son de niveles distintos en cuanto a capacidad de acompañar a los textos, que es lo central en este cómic, pasando casi por un acompañamiento sintetizado de las ideas expuestas allí. Que conste que en cuanto resúmenes accesibles para el gran público del pensamiento de todos los autores del libro es un buen trabajo: prescinde de lo accesorio, se centra en la clave del pensamiento y en la razón principal por la que las ideas de estos autores han trascendido, estemos con ellas o no. Tiene en todos los casos un acercamiento más bien rosa, para qué engañarnos, omitiendo casi todos sus pufos salvo algún caso puntual, como Foucault cuyo pensamiento se reconoce como «confuso y debatible». Creo que es ser demasiado amable, visto lo visto.

El trabajo desde múltiples puntos de vista metodológicos y disciplinas diferentes es interesante, por más que haya un esfuerzo para que confluyan por los mismos ríos (en parte es naturalmente así, pero no siempre). Es un buen cómic de divulgación del pensamiento radical-posmoderno pero no tengo claro que como instrumento de propaganda sea demasiado efectivo. Sigue siendo algo hecho demasiado desde el propio ombligo, demasiado frío (a pesar de la constante apelación a la emocionalidad) y que no invita a nada al acabar de leerlo. He conocido gente que no sabía que existía antes de leermelo y que es muy interesante en cuanto a lo vivido y pensado, pero no equivocándose en las cosas esenciales del resto de autores realmente tampoco acierta para impactarte de verdad como lector. No creo que sea imposible de leer para alguien no muy hecho al mundillo muy particular del posmodernismo izquierdoso, pero es dudoso que alguien muy ajeno al mundo no aguante muchas páginas. Y no por panfletarias, sino por falta de capacidad de al menos motivarte para criticarlo. Que es al final el mayor drama de un cómic, película o libro de este propósito: que pase casi inadvertida.

Creo que es una pena. Alguna de las cosas menos conocidas que se nos muestran valen la pena, como esa declaración de Eichmann, uno de los organizadores del Holocausto, diciendo que cuando implementó la Solución Final actuaba por obediencia tal y como él entendió tras leer a Kant, ante el escándalo de Arendt (digamos que lo del imperativo moral el nazi lo entendió más o menos mal). O cuando en el capítulo de Susan Sontag se expone, con mucha razón, que las imágenes de la violencia son posiblemente parte de un mercado que vende espectáculo y que al final se transmite una «frivolidad perversa»: no hay ninguna respuesta allí de las razones de cómo se ocasionó dicha violencia ni de quienes tienen responsabilidad allí, cosa que se extiende a las exposiciones de fotografías por tristes que sean, reivindicando como medio para entender en profundidad los horrores de la violencia los que son escritos.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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