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Retro-Análisis: #Chef (2014)

Comer es la única forma de gozar con los pantalones puestos.

Karlos Arguiñano

Bienvenidos a un nuevo retro-análisis semanal con #Chef . En mi afán por alejarme del cine ochentero, este domingo viajaremos al año 2014, cuando el gran Jon Favreau abandonó momentaneamente a los superhéroes y se embarco en el noble propósito de atizarle a las redes sociales (se lo merecen) al tiempo que nos ponía los dientes largos. Hoy toca paladear #Chef pero antes os dejo el enlace a los retro-análisis anteriores.

Master #Chef

Carl Casper (Jon Favreau) es el chef de un restaurante de Los Ángeles que recibe la visita de un afamado crítico gastronómico, un bloguero de esos que se creen la última coca-cola en el desierto, siempre dispuesto a criticar el trabajo de los demás al mismo tiempo que no pega sello (¿de qué me sonará eso?). Carl quiere cocinar un nuevo menú pero el dueño del restaurante (Dustin Hoffman) le comenta que no, que se dedique a su huevo pasado por agua con caviar y a su coulant de chocolate y se deje de vanguardismos. Por supuesto, el bloguero lo pone a caldo por rancio (jajaja, pero qué bueno soy) y el pobre Carl, que de redes sociales no tiene ni idea, monta un número que lo convierte en trending toppic a su pesar. A partir de aquí, despedido de su trabajo, deberá reencontrarse a si mismo como cocinero en su porpio food truck con la ayuda de su mejor amigo, su ex-mujer y su hijo.

Una de amiguetes

A pesar de que en un principio puede parecer un dramón de esos con los que Carlos Boyero abandona la sala a media película (y bien que hace), #Chef es todo lo contrario. Es una película divertida y que destila buen rollo por todos lados. A estas alturas, Jon Favreau ya había rodado Iron Man 2 y se ve que aprovechó sus contactos para rodearse de amiguetes. Ahí están en papeles secundarios Scarlett Johansson, Robert Downey Jr. y Bobby Cannavale, a los que se unen John Leguizamo, Dustin Hoffman, Sofia Vergara y Oliver Platt, este último en el papel del crítico despiadado que, impregnándose del buen rollismo reinante, acaba por resultarnos simpático.

Este exceso de almíbar podría resultar empalagoso a más de uno pero está tan bien llevado que acaba por ser la mayor virtud de la película. Supongo que tiene que ver con dos cosas. La primera es la ácida crítica que Favreau (director y también guionista) hace de las redes sociales, de su manejo, de quienes habitan en ellas y de las reacciones que provocan, haciendo hincapié en cómo alguien, amparado por el anonimato, es capaz de destrozar la vida de otra persona tan sólo por un click de más.

El otro factor es el marco en el que Favreau ensarta esa crítica: el de la gastronomía. ¿Quién no ha salivado ante los numerosos programas de cocina que pululan por la televisión? ¿Quién no ha sucumbido a un buen plato, a un buen postre, a un buen vino? Es imposible cabrearse con Jon Favreau o cogerle tirria a la película si cada dos por tres te presenta un plato con el que se te hace la boca agua. Es por eso que le perdonamos algunas licencias, como el que tenga un lio con Scarlett Johansson o que su ex-mujer sea Sofia Vergara. Gorditos del mundo: el físico no lo es todo cuando cocinas como Carl Casper, así que aprovechad vuestras virtudes como cocinillas para ligaros a Scarlett, o a alguien que se le parezca.

Sin embargo la indiscutible estrella de la película es el fantástico y grasiento Bocadillo Cubano. Os juro por Jamie Oliver que aun no lo he preparado pero estoy en ello y dado mi historial gastrono-friqui no tardaré mucho.

En fin, que si algún pero se le puede poner a la película es esa falta de mala leche y esa resolución final en la que todo se perdona, cuando el chef consigue redimirse y hacer con las paces con todo el mundo, bloguero egocéntrico incluido (blogueros del mundo, aun queda esperanza para nosotros) algo que paradójicamente también es su mayor virtud. Un saludo y pasad un buen domingo.

Pedro Pérez S.
Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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