Reseña de Stray Toasters, sangre y mermelada

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Stray Toasters es un cómic extraño. En el amplio panorama del noveno arte monopolizado por superhéroes e historias épicas, este pequeño y personal clásico destaca de una manera especial y no del todo agradable. Bill Sienkiewicz –conocido por sus trabajos en Moon Knight, Elektra Asesina y The New Mutants– nos presenta en esta obra un punto y a parte críptico, sucio y autocomplaciente. Un experimento muy personal al que se le ha vilipendiado mucho históricamente pero que merece una oportunidad por su valentía y turbias reflexiones.

Un punto y a parte

Sienkiewicz siempre ha sido una figura polarizante dentro del mundo de la viñeta. Adorado por unos y odiado por el resto, el autor indudablemente revolvió algo en el panorama comiquero, generando debate y expectativas alrededor de la posible expansión o esencia del formato. A pesar de lo todavía dudoso de su figura tras sus grandes éxitos, Bill Sienkiewicz decidió embarcarse en un proyecto en solitario, haciendo tanto como de dibujante como de guionista, dando a luz así en 1988 a Stray Toasters. Cómic que, lejos de calmar el debate, no hizo más que avivarlo.

La historia se centra –aparentemente– en el psicólogo Egon Rustemagik, que tras salir irónicamente de un centro psiquiátrico, es reclamado por el departamento de policía para ayudar en toda una serie de extraños asesinatos a mujeres y niños. Una premisa aparentemente sencilla, pero que fue rechazada por muchos por su narrativa y lenguaje críptico. Pero, ¿es realmente el caso?

Deformación narrativa

Como ya he mencionado previamente, Stray Toasters cogió fama de ser un producto complejo y casi inescrutable, condenándolo al rechazo sistemático por una gran parte del público. Y, aunque si bien es cierto que es un producto denso y con diversos simbolismos, no creo que este sea realmente el caso. No me malinterpretéis, Stray Toasters no es un cómic para todos, pero no por una complejidad elitista, sino porque presenta un estilo y reflexiones fuera de la norma desagradables con las que probablemente –algo perfectamente comprensible– no todo el mundo se sienta cómodo.

El motivo por el que Stray Toasters ha adquirido la fama de producto críptico, se debe a las elecciones que Sienkiewicz toma a nivel narrativo. Tanto en lo visual como en lo que a la presentación del guion respecta, el cómic rompe con muchas convenciones generalmente aceptadas en el formato, presentando a veces lluvias ininteligibles de pensamientos de personajes totalmente inconexas, dibujos que rompen constantemente con los previos estilos establecidos en el cómic, personajes profundamente desagradables y exagerados hasta el punto de rozar la caricatura… Toda esta serie de elementos conforman un bizarro collage de referencias y alusiones a nuestra realidad, pero pasadas por una lente que deforma todo discurso hasta llevarlo al extremo más satírico, sucio y deprimente.

¿Un cómic para todos?

Stray Toasters es sin duda una obra extraña. Tanto por su presentación visual, como por su narrativa y personajes, el cómic es sucio y desagradable, una especie de recreación de uno de los escenarios más bajos posibles al que podría llegar el ser humano. Sátiras de la televisión y de la policía son habituales a lo largo de las viñetas, haciendo así de su mundo algo casi peor que una distopía, pues Sienkiewicz crea aquí algo diferente. Stray Toasters es una híbrida fantasía con realidad en un escenario casi pesadillesco en el que los delirios se pueden fundir en cualquier momento con lo que está sucediendo. Y es esta parte con la que muchos se escudan para decir que es una historia compleja, pero nada más lejos de la realidad. La historia del cómic es profundamente básica y simple, lo único críptico es el envoltorio con el que se nos presenta la misma, y tan solo lo es porque el lenguaje visual y escrito que se utiliza es agresivo, cambiante y desagradable.

En Stray Toasters a duras penas queda un resquicio de humanidad en el asfixiante caos de sus calles, y al terminarlo tampoco queda demasiada cordura en el lector. Y es que el cómic es un experimento demencial. El mismo autor lo ha admitido y, como tal, me parece una pieza que todo amante del medio debería considerar, pues son muchas las reflexiones y herramientas interesantes que Sienkiewicz pone sobre la mesa. Una obra incómoda, plástica y plagada de recursos intermitentes que nos sumen en un universo diferente, en una historia diferente, en un medio diferente.

ECC ha reeditado este gran clásico que llevaba tiempo necesitándolo. Para aquellos ansiosos por una odisea zarrapastrosa y caótica, aquí tenéis un link con toda la información sobre una de las obras más autorales, controvertidas y peculiares del mundo del cómic.

el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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