Suena a injusticia que cuando se habla de los mejores filmes de ciencia ficción de la historia del cine se mencione rara vez a Planeta Prohibido. La película de Fred M. Wilcox, producida por MGM en asociación con Disney, fue absolutamente rupturista e innovadora, influyendo sobre casi todo lo que en el género y particularmente en las historias de viajes espaciales llegaría después. Hoy, aquí, la revisitamos…
Bienvenidos a nuestra sección de retro-análisis, hoy para hablar de Planeta Prohibido (Forbidden Planet), filme de 1956 conocido en algunos países latinoamericanos como El Planeta Prohibido y en otros como El Planeta Desconocido. Quien se diga amante de la ciencia ficción debería verla por lo menos una vez en su vida, pues el legado e influencia que ha dejado llega a nuestros días y ha incidido incluso sobre franquicias como Star Trek o Star Wars.
El Contexto
Aun con el auge que en los cincuenta y con la carrera espacial estaba tomando el género, estaba instalado el preconcepto de que las películas de ciencia ficción eran básicamente cine B por no decir cine basura: equivalente cinematográfico de la literatura pulp o, en el mejor de los casos, productos destinados a un público mayoritariamente infantil.
De nada servía que en el campo literario viniera dando pasos agigantados con autores como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Theodore Sturgeon o Robert Heinlein porque el cine ni se daba por enterado. El problema, en parte, pasaba por los costes presupuestarios que el género implicaba, ya que recrear criaturas alienígenas, mundos distantes, viajes espaciales o ambientes futuristas chocaba con limitaciones materiales que hacían que el resultado, las más de las veces esperpéntico, moviera involuntariamente a risa.
Se hacía difícil, por lo tanto, que grandes estudios destinaran respetables sumas de dinero al género. Entre las producciones más osadas estaban Ultimátum a la Tierra de Robert Wise o Cuando los Mundos chocan de George Pal, ambas del año 1951 y rondando el millón de dólares como coste, presupuesto que también era el originalmente pensado para Planeta Prohibido, aunque se terminó estirando al doble una vez que el rodaje se puso en marcha. Y el hecho de que Metro-Goldwyn-Mayer estuviera dispuesta a producirla sorprendía sobremanera viniendo de un sello que no se dedicaba a la ciencia ficción desde hacía tres décadas.
La historia, bajo el título de Planeta Fatal, había sido escrita cuatro años antes por Allen Adler e Irving Block. Cuando fue aceptada por MGM, el director designado para llevarla a la pantalla fue Fred M. Wilcox, prácticamente ajeno al género y conocido sobre todo por las películas de la perra Lassie. Este, a su vez, encargó al guionista Cyril Hume que reescribiera la historia con algunos cambios y el resultado fue Planeta Prohibido.
En lugar de abrevar en la copiosa literatura que por ese entonces poblaba las secciones de sci-fi en las tiendas de libros, la historia se basa en La Tempestad, obra de William Shakespeare de 1611 en la cual los náufragos de un barco van a parar a una isla habitada por un misterioso mago y su hija, que nunca había prácticamente tenido contacto con el resto de la humanidad y menos con hombres.
Los náufragos fueron cambiados por astronautas, el mago por un científico excéntrico y la isla por el planeta Altair IV que, distante dieciséis años luz de la Tierra, reemplazaba también al mucho más cercano Mercurio de la historia original ideada por Adler y Block.
La Historia
Estamos en el siglo XXIII, lo cual es otro cambio con respecto al primer guion que ubicaba los sucesos en un tiempo mucho más cercano, a apenas décadas en el futuro. El crucero C-57-D, nave de los Planetas Unidos, ha sido enviado a Altair IV a los efectos de averiguar qué ocurrió con una expedición de la cual se perdió contacto veinte años atrás.
Liderados por el capitán John Adams (Leslie Nielsen), descubren al llegar que como único sobreviviente de la misma queda un científico llamado Edward Morbius (Walter Pidgeon) al cual acompañan su hija (nacida allí) y un robot que él mismo diseñó.

La muchacha tiene diecinueve años y, como Miranda en La Tempestad, ha crecido alejada del resto de la humanidad a excepción de su padre que, en homenaje al planeta, la llamó Altaira (Anne Francis). Hay en ella, por lo tanto, una mezcla de sensualidad e ingenuidad en su forma de relacionarse con una tripulación que, compuesta en su totalidad por hombres, lleva más de mil días en el espacio sin una mujer a la vista.
En cuanto al robot, el filme constituye el debut cinematográfico de Robby, quien será después visto durante décadas en infinidad de películas o series.
Según testimonio de Morbius, el resto de la tripulación del Bellerophon (tal el nombre de la nave que los llevó allí) se vaporizó misteriosamente una noche y solo sobrevivieron él y su esposa que, a la larga, terminaría también pereciendo tras dar luz a Altaira. Pero la gran sorpresa para Adams y los suyos es que el sujeto no quiere irse…
Morbius viene dedicando años al estudio de los restos dejados por los Krell, civilización autóctona de altísimo nivel de desarrollo que, por alguna razón, se extinguió doscientos mil años atrás en una única noche…
Algo les ha llevado a destruirse a sí mismos y quedan solo sus máquinas que, bajo la superficie del planeta, constituyen para Morbius su principal foco de investigación: sostiene que en ellas está la clave para entender qué ocurrió con los Krell, de quienes además piensa que visitaron la Tierra hace millones de años o, de lo contrario, no se explica la presencia en el lugar de especies vegetales o animales que se condicen con las de nuestro planeta.
Pero pronto comienzan a ocurrir cosas extrañas, como que Adams es atacado por el tigre que Altaira tiene como mascota. O que los equipos aparezcan dañados y todo se relacione con una extraña criatura o “ente” de origen artificial que, al parecer, ha sido creada en el pasado por los Krell, quizás como ingeniería de guerra. A partir de allí, se producirán cruces cada vez más fuertes entre Adams y Morbius en la medida en que el primero sospeche que el segundo le está ocultando cosas…
Los Actores
Decir que Planeta Prohibido es el debut cinematográfico de Leslie Nielsen es un dato que ya por sí solo sirve como carta de presentación. Desde ya que se hará difícil reconocerle en un papel “serio” a quienes lo relacionen con las comedias paródicas que ha hecho después (Beau Geste, Aterriza como puedas, Agárralo como puedas o algunas de la saga Scary Movie). Ya venía de actuar en El Rey Vagabundo, de Michael Curtiz, pero esta se terminaría estrenando algunos meses después, por lo que Planeta Prohibido no fue su debut ante cámaras pero sí en pantalla, además de la película que dio impulso a su carrera.
Walter Pidgeon, por el contrario, ya tenía sobre sus hombros una vasta trayectoria de más de dos décadas con títulos hoy clásicos como Qué Verde era mi Valle (John Ford, 1941) e inclusive un par de nominaciones al Oscar como mejor actor protagónico. En Planeta Prohibido da vida a un personaje inolvidable que, intrigante, ambiguo y misterioso, nos hace dudar todo el tiempo acerca de sus verdaderas intenciones y ni siquiera con la película terminada llegamos a saber si lo sindicamos o no como villano.
Anne Frances es quien da vida a la bella y cándida Altaira. Contaba en ese momento con veinticinco años de edad y, como Marilyn (algunos años mayor), con un característico y sexy lunar muy cerca de la comisura del labio. Venía actuando en cine desde los diecisiete y el año anterior había coprotagonizado Semilla de Maldad con Glenn Ford.
Con mucho de jungle girl, su personaje representa la sensualidad en estado salvaje al punto de andar descalza y tener como mascota un tigre de cuya existencia real acabaremos dudando. Además luce la primera minifalda que se haya visto en el cine aun antes de que la prenda tuviera ese nombre y de que, en los sesenta, Mary Quant y André Courrèges se adjudicaran y disputaran su creación.

Entre Shakespeare, Lovecraft y Disney
Como dijéramos antes, el presupuesto del filme acabó excediendo lo pautado. En ello mucho tuvieron que ver el hacer la película en sistemas de Technicolor y Cinemascope, así como el caché de algunos actores de carrera y, sobre todo, los efectos visuales, todo lo cual excedía los estándares del cine de ciencia ficción de esos años.
Es difícil determinar por qué MGM dio luz verde al proyecto; quizás el que la historia estuviera basada en Shakespeare le diera, si se quiere, un cariz más “serio” o intelectual que ponía menos en peligro el prestigio del sello. De todas formas, la historia tiene también mucho de Lovecraft y, particularmente, de la novela En las Montañas de la Locura, con coincidencias más que sugerentes como la similitud entre los Primordiales y los Krell, ambas civilizaciones desaparecidas en el pasado que se retiraron a las profundidades de la corteza planetaria en un caso y del océano en el otro.
Pero regresemos a los efectos visuales, que tienen su punto alto con la aparición del “ente”, el cual es invisible pero cobra espectral forma cuando choca contra el campo de energía que los hombres de Adams han colocado para proteger a sus equipos de nuevos sabotajes nocturnos.
Para recrearlo, MGM se asoció con los estudios Disney, que fueron quienes aportaron las técnicas de animación y ya contaban con alguna experiencia en hacer interactuar a personajes reales con animados. Recuerdo el impacto que me produjo en mi infancia esa “aparición” de una criatura semejante a un gigantesco león bípedo e imagino que puede hacerse extensivo al que habrán experimentado quienes vieron por primera vez el filme en los años cincuenta.

Cuando se compara a la película con otras de ciencia ficción de la época como las de George Pal (Destino: La Luna, Cuando los Mundos chocan, La Guerra de los Mundos), está en ella ausente la clásica moralina que, bien explícita, impregnaba esos filmes en consonancia con el perfil cristiano practicante del realizador.
En Planeta Prohibido somos nosotros quienes debemos sacar la conclusión de que si una civilización entera fue destruida por jugar a Dios, nos puede pasar lo mismo, idea que cobraba particular fuerza en el contexto de la guerra fría y de la escalada armamentista que ponía el futuro del planeta entre signos de interrogación.
La película, además, está impregnada de Freud y sus teorías sobre el inconsciente (subconsciente como lo llaman los americanos). Las mismas venían cobrando fuerte difusión desde los años veinte y treinta al punto de convertir a la psicología en ciencia social “de moda” pero, sacando los experimentos surrealistas de Luis Buñuel y Salvador Dalí, no habían llegado al cine masivo hasta los años cuarenta con Alfred Hitchcock y prácticamente le habían pasado de largo a la ciencia ficción.
No quiero revelar detalles de la trama pero, a la larga, toda la cuestión en torno a las máquinas de los Krell o al propio perfil de Morbius tiene fuerte relación con todo ello y nos hace dudar hasta qué punto no es la propia mente de los personajes la que, desde el inconsciente y como lo hicieran los krell en su momento, crea y hasta da forma material al mundo circundante y también, y por extensión, a las peores pesadillas.
La película trata sobre el terror a nosotros mismos, pero lo hace desde una perspectiva freudiana y no tanto desde la de Mary Shelley o las historias apocalípticas que, bajo los embates de los armamentos masivos, hacían presa de la sociedad en esa época.
Robby
Si hay un robot icónico en la historia del cine y la televisión es sin duda Robby. No hablo de androides como Terminator o Data, sino de robots como tales y sin apariencia humana más allá de una figura vagamente humanoide.
Robby no es un verdadero autómata sino un traje que a lo largo de los años ha sido operado por distintos actores, recayendo en Frankie Darro la tarea de hacerlo por primera vez en Planeta Prohibido, así como en Marvin Miller la de darle voz. Pero la gran particularidad es que en los créditos siempre apareció como “Robby”, lo cual le dotó de una personalidad propia a los ojos del público y le convirtió en ícono de la culltura pop.
Fue diseñado por Robert Kinoshita, responsable también, algunos años después, del robot B-9 de la serie Perdidos en el Espacio. En la película y siguiendo los nexos con La Tempestad, es el equivalente de Ariel, el travieso espíritu sílfide que sirve lealmente al mago Próspero.
A pesar de que el póster promocional lo presenta llevando tal vez a una inconsciente Altaira en brazos, esa escena jamás ocurre en el filme y, de hecho, contrasta con lo servicial e inofensivo del robot. La idea de mostrarlo en esa forma fue, seguramente, atraer a un público ávido de “monster movies” o “exploitation” con clásicas damiselas en apuros.
De hecho y por su programación, Robby es incapaz de dar muerte a humanos, algo que de manera tácita remite a Isaac Asimov y sus leyes de la robótica, decálogo de referencia para los robots del cine y la literatura. Ello nos introduce una gran duda cuando en un momento del filme se le ordena matar al ente y no lo hace.
Después de Planeta Prohibido, Robby aparecería en infinidad de películas y series, pudiéndosele ver, por ejemplo, en episodios de La Dimensión Desconocida, Más Allá del Límite, El Agente de Cipol, Colombo, Mujer Maravilla o Mork y Mindy. Hasta tuvo algún cameo en Gremlins y (cuándo no) pasó por Los Simpson. El hecho de que haya adquirido para el público una personalidad propia queda reflejado en que el sitio IMDB le otorgue incluso una fecha de nacimiento: 1 de julio de 1955.

Su aspecto aparatoso y su andar torpe (producto de haber sido diseñado en la película por alguien que era filólogo y no ingeniero) le han hecho simpático y amado por la gente a pesar de su carácter artificial, algo sumamente difícil para alguien cuyo único rostro son una serie de circuitos. Estuvo durante muchos años expuesto en un museo californiano, pero tras cerrar el mismo fue adquirido por el director William Malone y ya no puede vérsele salvo en réplicas como la que se muestra en el complejo Metreon de San Francisco.
La Música
La banda sonora del filme también ha marcado historia al estar compuesta por el matrimonio de artistas vanguardistas Louis y Bebe Barron (muy ligados a John Cage), pero sobre todo por ser la primera de la historia del cine en ser creada y ejecutada de manera íntegramente electrónica.
Básicamente se trata de sonidos generados mediante circuitos cibernéticos y deformados por cintas magnéticas. No era que no se hubiera hecho antes en películas (obviamente de ciencia ficción), pero siempre de manera complementaria a los instrumentos convencionales…
Esa era también la idea del productor ejecutivo Don Schary, que quería utilizar unos veinte minutos de esos sonidos dejando lo principal de la banda sonora en manos de David Rose (creador de la música de Bonanza). Pero cuando escuchó el trabajo de los esposos, atonal, disonante y lleno de distorsión, quedó tan impresionado que despidió a Rose a pesar de haber ya compuesto este la mayor parte de la música. El despecho del compositor fue grande, desde ya, por lo que MGM accedió a que fuera al menos editado en formato de single el tema principal por él compuesto.
Sigue siendo un gran misterio cómo accedió el sello a suplantar música orquestal con sonidos electrónicos, lo mismo que cómo lograron los Barron que se les permitiera trabajar en sus estudios de New York en lugar de trasladarse a California.
Y no faltaron problemas con la Federación Americana de Músicos que, en defensa de los derechos del gremio, exigió que no se incluyera la palabra “música” en los créditos del filme porque no existía partitura ni ejecución de instrumento alguno. La creación de los Barron debió ser acreditada como “tonalidades electrónicas”, lo que les dificultó reclamar derechos de autor, que no les fueron reconocidos hasta varios años después y la banda sonora recién editada como disco en 1976.
Valoración y Legado
A ver, hagamos un recuento… Primera película de ciencia ficción con una producción verdaderamente importante. Debut cinematográfico de Leslie Nielsen. Debut también del robot más icónico de la historia del cine. Primera vez que aparece una minifalda en pantalla. Primera banda sonora compuesta de manera totalmente electrónica. Si eso no es marcar época, no sé qué lo es…
Planeta Prohibido influyó sobre la mayor parte del cine de ciencia ficción que llegó después. El propio Stanley Kubrick la mencionó como uno de sus filmes inspiradores a la hora de rodar 2001: Una Odisea del Espacio.
Gene Roddenberry fue otro de sus fervientes cultores y las influencias del filme en la franquicia Star Trek son más que evidentes. El C-57-D es una nave con forma de platillo (uno de los dos diseños preferidos de la época junto a los cohetes alargados y curvos) y se pueden encontrar claras reminiscencias de ello en el cuerpo principal de la Enterprise.
Lo de Planetas Unidos nos lleva asimismo a pensar en la Federación Unida de Planetas, en tanto que el episodio piloto La Jaula (ese que fue en su momento rechazado y tardaría años en verse), cuenta una historia que tiene fuertes puntos de contacto con la del filme.
Tampoco Star Wars escapa a sus influencias, pues los kepis y borceguíes imperiales remiten bastante al atuendo de los hombres de Adams, mientras que en La Amenaza Fantasma se puede reconocer a Robby como chatarra en la tienda de Watto, en Tatooine. Las letras que suben en perspectiva tienen también claras reminiscencias, aunque ese recurso gráfico ya era utilizado en los seriales de Flash Gordon de los años treinta.
Planeta Prohibido es una joya imprescindible que ha sobrevivido muy bien al paso del tiempo, al punto que ver hoy en día la batalla contra el ente nos hace devanar los sesos pensando cómo pudieron lograr eso en 1956. La invitación a descubrirla o redescubrirla queda hecha…
Hasta la próxima y sean felices…




No tengo el placer de haber visto la película, voy a ver si la encuentro por ahí, imaginaba que seria la primera película de Leslie Nielsen o casi. Lo de la minifalda también se copia en la serie original de Star Trek y como dices tiene muchas influencias luego también en Star Wars. Recuerdo Robby salía en la película de Gremlins y también la maquina del tiempo de la película de George Pal El tiempo en sus manos. No conocía ese imagen del ente que has publicado, igual de difícil de hacer que la separación del mar en Los Diez Mandamientos.
Hola Juan: gracias por comentar. Es una joya, te la recomiendo; éntrale en cuanto puedas. Y sí, es verdad que Robby apareció en Gremlins, y llevas razón con respecto a la influencia en las faldas de Star Trek. Porque seguramente tienen relación con la moda de los sesenta en que la serie fue hecha, pero en algún momento se instaló la idea de que esa vestimenta podía representar el futuro; muy posible que haya sido con Planeta Prohibido y siendo Gene Roddenberry fan declarado de la película, más aún. En cuanto a la recreación del ente es increíble para la época.
Un saludo y gracias una vez más por el aporte!
¡Hola, Rodolfo! Pude ver esta película en televisión un par de veces, aunque hace mucho, por lo que mis recuerdos son un tanto lejanos. La escena del ente cuando atraviesa la barrera es la que más se queda en la memoria, también recuerdo, no sé por qué, una escena en que se tenían que poner gafas oscuras para no quedarse ciegos (creo que era en esta película). Es una peli con varios niveles «de lectura», la primera vez que la vi (de niño) me quedé con los efectos y poco más y la segunda que la pusieron en tv y ya tenía yo unos años más, pude disfrutar y entender mejor toda la parte del origen del ente, muy interesante y original cuando se descubre el tema del inconsciente. En cuanto a la historia que cuenta la peli creo que se adelantó a su tiempo, pues aparte de la ciencia-ficción convencional (naves, robots, viajes, etc), su punto fuerte es lo relativo al ente y su origen, donde prima más la psicología. Había muchos datos que desconocía, como que el prota era Leslie Nielsen. Me alegra haber recordado esta película. Estaría bien que las plataformas recuperaran clásicos como este y muchos otros. ¡Un saludo!
Hola Jama-Wan: gracias por comentar. Es una pena el poco lugar que se da hoy a los clásicos, casi como si el cine que vemos no hubiera salido de ningún lado. Como dices, esta película está llena de cosas que fueron innovadoras y lo de la psicología y el tratamiento del inconsciente es fundamental, pues en el cine de ciencia ficción no se había hecho (sí en la literatura).
Hmm, no recuerdo una escena en la que usaran lentes y eso que la vi varias veces, pero ya que hablas de lentes, un dato que me faltó decir en el artículo es que algunas salas cinematográficas entregaban lentes a los espectadores para proteger la vista durante la batalla con el ente. Casi un antecedente del 3-D, ¿verdad?
Gracias por leer y por el valioso aporte de siempre. Un saludo!
Gracias a ti por responder;-) La escena que menciono es una en que le enseñan (no recuerdo bien) una especie de motor o algo a través de una ventana y le dice que se ponga un protector para no dañar los ojos ya que emite mucha luz. Creo que es de esta película, pero como hace tanto que la vi lo mismo es de otra y he mezclado recuerdos.
Sobre el cine clásico, y aquí se podría meter también el cómic e incluso cierta literatura, ciertamente es una pena que vaya quedando en el olvido. Consideramos obras de arte ciertos cuadros, edificios, etc, habría que incluir también las artes anteriores, pues también son cultura, y con muchas de ellas se aprende mejor que con la teoría de los libros de texto. Además no pasan de moda aunque muchos piensen así, tan solo hay que darles una oportunidad. ¡Gracias y saludos!
Me debe estar empezando a fallar la memoria. Tengo presente que bajan a las instalaciones y laboratorios de los Krell para ver las máquinas e inclusive los reactores nucleares, pero no recuerdo lentes. Sí, en cambio, un aparato que se conectan a las sienes para proyectar pensamientos. Pero repito: puede estarme fallando la memoria. Ya estoy viejo, jaja. De cualquier forma, sé que en algún momento circularon unos doce minutos de escenas eliminadas. ¿Es posible que estuvieran allí y lo hayan agregado en alguna versión? Yendo por ese lado, hasta es posible que la versión que se conoció en España no fuera la misma que la de Latinoamérica. Voy a investigar. Un saludo y que estés bien, Jama_Wan.
Dudo que tu memoria sea peor que la mía, jeje, nunca la he tenido buena y con la edad va menguando, no creo que nos llevemos muchos años. Lo mismo en vez de lentes puede que le dijera que cerrara los ojos, era algo que emitía mucha luz y que le mostraba el científico, pero ya te digo, es un recuerdo muy lejano y lo mismo he mezclado películas. Es curioso eso de las diferentes versiones de una película. Algo parecido me pasó con «Juego con la muerte» de Bruce Lee (aunque solo sale unos 15 minutos), que juraría que cuando la vi de niño en el cine tenía una escena final distinta a la versión Dvd. Después me enteré que había también diferentes versiones. Para los que tenemos mala memoria, lo de las distintas versiones es el colmo, porque hasta te hace hace dudar de uno mismo, jeje. ¡Salud y saludos!