Esta semana he tenido la oportunidad de ver Secretos de un escándalo, película que pasó sin pena ni gloria por la taquilla internacional pese a estar dirigida por Todd Haynes, uno de los grandes directores dramáticos de lo que llevamos de siglo, y protagonizada por dos actrices ganadoras del Óscar: Julianne Moore y Natalie Portman. Y ya os digo que es una de las grandes películas del año y que la tenéis en Amazon Prime Video.
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Secretos de un escándalo parte de un hecho real: la relación ilegal (sí, ilegal, no ilícita) entre una mujer de casi 40 años y un chico de primero de secundaria. Ella se quedó embarazada y fue a la cárcel, donde tuvo a su hijo. Mientras tanto, el chico la esperó durante toda su estancia en prisión y, cuando alcanzó la mayoría de edad y ella cumplió su condena, se casó con ella y formaron una familia.
La película no se centra en esta historia como tal, sino en una actriz que quiere adaptar los hechos y, para ello, se traslada al domicilio de la familia para empaparse del carácter de la mujer, entenderla y así poder interpretarla de forma realista.
Dirige Todd Haynes, uno de esos directores que no pertenecen a la primera línea de Hollywood pero cuyos estrenos suelen ser sinónimos de calidad. Es director de melodramas, historias imposibles que acaban respirando verdad, como Lejos del cielo, Carol o la serie Mildred Pierce.

Y este es el motivo por el que Secretos de un escándalo desconcierta. Uno espera una narración de los hechos ocurridos entre la mujer madura y el niño o, incluso, una disección de las causas que pudieron llevar a que la mujer rompiera con su vida anterior y siguiera adelante con una relación que la llevo a la cárcel.
Pero no hay nada de eso en la película. Sí, vemos como, a medida que la actriz investiga el entorno de la aparente familia feliz, aparecen afirmaciones como que la mujer tiene un trastorno mental o, incluso, que sufrió abusos sexuales de hermanos mayores.
Todo hipótesis, pseudoexplicaciones que no ayudan a entender la película y que dejan más preguntas que respuestas.
Porque esta no es una historia de causas, sino de consecuencias. De una familia que lucha con todas sus fuerzas para ser feliz como justificación de lo que ocurrió y que, en su lucha, son de todo menos felices.
Y a esta familia cogida con pinzas accede una actriz, el mejor y peor sentido de la palabra. Un ser que aparentemente busca causas pero que, en el fondo, solo busca imitar la personalidad de la mujer que va a interpretar y experimentar las consecuencias de una relación que surge del abuso. Es decir, en la que una de las partes siempre es más grande que la otra.

Por tanto, Secretos de un escándalo es una película en la que un elemento externo desestabiliza una relación que, ya de por sí, lo tenía todo para desestabilizarse. Pero que no lo había hecho hasta ahora porque ella debe justificar el hundimiento de toda una vida previa y él no ha conocido otra cosa.
Todo esto se sustenta en tres interpretaciones brutales. Lo de Julianne Moore y Natalie Portman era de esperar, que ambas son ganadoras del Óscar. Pero lo de Charles Melton, el grandullón que, en el fondo, es el ser más pequeño de la película, está a la altura de sus dos compañeras de reparto.
En definitiva, Secretos de un escándalo es una fascinante película que merece más atención de la que se le ha dado. Una historia que deja muchas preguntas sobre la naturaleza del amor, sobre las equivocaciones, sobre el asumir las consecuencias, sobre el amarillismo ajeno y sobre la capacidad que tenemos para soportar el malestar con tal de buscar una felicidad que nunca llega. Si a esta trama nada complaciente y llena de preguntas le sumamos las espectaculares interpretaciones de sus protagonistas, estamos ante una de las películas del año. No os la perdáis. Deja poso.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



