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Crítica de Sin movimientos bruscos (2021), notable cine negro limitado por los cánones del género.

A finales de los años ochenta, la ópera prima independiente Sexo, Mentiras y Cintas de Video revolucionó el cine de Hollywood, desencadenando el auge de productoras independientes como Miramax (sí, la de Harvey Weinstein) y apoyando a directores como Quentin Tarantino, Robert Rodriguez o James Gray. Aquella película fue dirigida por Steven Soderbergh, director de carrera tan ecléctica como irregular que ahora estrena No sudden move (Sin movimientos bruscos) para HBO Max. ¿Queréis saber qué nos ha parecido?

Sin movimientos bruscos cuenta la historia de dos delincuentes de poca monta (Don Cheadle y Benicio del Toro) que son contratados para un trabajo aparentemente sencillo que sale mal: deben custodiar a una familia mientras el padre acude al banco para recoger un documento. Juntos deciden averiguar quién les contrató y el propósito final del golpe.

Steven Soderbergh, director y encargado de la fotografía de la cinta (siempre bajo seudónimo), cuenta con una carrera irregular en el que abunda tanto el cine más propio de autor (la mencionada Sexo, mentiras y cintas de video; Solaris o Bubble) o películas tan comerciales como la excelente Traffic o la saga Ocean´s Eleven.

Cineasta elegante, Soderbergh se ha sumergido en las distintas variantes del género de intriga desde sus inicios. Ya sea con la juguetona y sexy adaptación de Elmore Leonard Un romance muy peligroso como con los ladrones de Ocean´s Eleven, el cine negro más clásico con El buen alemán o el suspense hitchcockiano de Efectos secundarios.

En Sin movimientos bruscos se ciñe a los códigos más estrictos del noir moderno. Es decir, personajes negativos, sin futuro ni esperanzas que se ven altamente comprometidos al salir mal un trabajo aparentemente nimio que les llevará a relacionarse con las altas esferas del poder a través de varios personajes.

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Al estilo de Raymond Chandler o su sucesor James Ellroy, la película parte de una premisa simple y atractiva que se va complicando, hasta el punto de contar con varios personajes, tramas y subtramas que, sobre todo en el nudo de su argumento, acaban por saturar al espectador, perdido entre tantos nombres y dobles intenciones que son más propios de la novela negra que de las películas noir. Ahí tenemos el ejemplo canónico de L.A. Confidential, obra maestra absoluta de 1997 que supo sintetizar, condensar, la densa trama de la novela original de James Ellroy.

La trama nos atrapa en su primer acto con la presentación de los tres personajes principales (Cheadle, Del Toro y un David Harbour alejado de su sheriff de Stranger Things o su Guardián Rojo de Viuda Negra) y se reencuentra consigo misma con la aparición de Matt Damon, actor fetiche de Soderbergh que hace un papel pequeño y fundamental para el devenir de la película. Y es que esta, pese a ser un drama criminal ficticio, cuenta con un hecho real con el que Soderbergh aprovecha para denunciar el capitalismo y a la sociedad estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial.

La película, que cuenta con la irregularidad en la trama ya mencionada, se eleva por el prestigio de su reparto y por la labor de Soderbergh. En lo que respecta al reparto, poco que añadir: Cheadle, Del Toro y Harbour están perfectos. Pero es que les acompañan Kieran Culkin, Ray Liotta, Matt Damon, Bill Duke como mafioso ciego (ahí ya me tenían ganado) y una Julia Fox a la que no veía desde Diamantes en bruto.

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En cuanto a su director, Steven Soderbergh se libera en ocasiones del encorsetamiento de una historia de este tipo a través de elegantes movimientos de cámara que estimulan una narración que tenemos la sensación de haber visto una y mil veces.

En definitiva, Sin movimientos bruscos (No sudden move) es una notable muestra de cine negro moderno, con un reparto plagado de estrellas y una estupenda elección de protagonistas (tanto Del Toro como Cheadle o Harbour merecerían más papeles protagónicos).

Lástima lo poco original de una trama vista mil veces y que se complica demasiado en su nudo, pero que se compensa por el buen hacer de un director que combina como nadie las producciones de autor con otras más artesanales, de encargo, como esta. Recomendada para todos los aficionados al cine negro.

Enlace a otras críticas de Sin movimientos bruscos.

Un saludo y sed felices!

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Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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