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Crítica de Cowboy de asfalto, de Netflix

Cowboy de asfalto, pese a su estreno limitado el año pasado, ha llegado recientemente a Netflix. Nos encontramos ante un producto más lento e intimista de aquellos a los que nos tiene acostumbrados la plataforma, con toques ligeros de western pero un drama en esencia, y que ha suscitado críticas muy diversas y hasta opuestas. ¿Qué nos ha parecido esta película? Descúbrelo a continuación

Una cura de humildad

La trama sigue los pasos de Cole, un joven problemático de Detroit cuya madre comienza a desesperarse. Por eso, decide enviar al chaval con su padre, un hombre de pasado turbulento que vive lejos de ellos, para que consiga enderezar el comportamiento de este adolescente. A pesar de las protestas de nuestro protagonista, acabará teniendo que convivir con un hombre que casi le parece un extraño y que se dedica de manera plena a los caballos que viven en un establo que tiene alquilado junto a sus socios.

Cowboy de asfalto

En este nuevo vecindario, Cole tendrá que aprender a trabajar y a alejarse de unas malas influencias que no parecen querer dejarle ir. Sin embargo, a pesar de sus problemas, cada vez se siente más unido a una comunidad de cowboys casi anacrónica que poco tiene que ver con la conflictiva vida que ha dejado atrás. Esto no significa que no haya problemas: pronto comprobará que, pese a la buena voluntad de sus nuevos amigos, quizás la sociedad no esté dispuesta a dejar que sigan sus propias normas.

La formación de un cowboy de asfalto

Cowboy de asfalto es una historia de aprendizaje muy clásica en la que unas nuevas circunstancias duras hacen que el personaje principal sea consciente de sus defectos y los repare poco a poco. En este sentido, este argumento de “pez fuera del agua” comienza con Cole rechazando vehementemente la miseria a la que su madre parece haberle condenado, pero se va habituando poco a poco a un estilo de vida más sencillo. La película podría haber cometido el error de ensalzar en exceso este modo de vida, pero hay una serie de escenas que nos muestra la dureza del gueto y las consecuencias de una juventud que suele coquetear con la criminalidad.

Así, aunque el esqueleto del filme es lo suficientemente universal como para captar la atención del espectador, los responsables de la misma conocen perfectamente el panorama sociopolítico en el que ha surgido, y se incluyen escenas que tratan la marginación de los afroamericanos de forma pertinente y respetuosa. No debemos olvidar que el guión está basado en una iniciativa real que busca ofrecer a los jóvenes de los barrios marginales una forma de ocio saludable basada en el cuidado y el contacto con equinos como los que aparecen en la cinta, por lo que se pretende transmitir un mensaje edificante sobre la posibilidad de escapar de las circunstancias personales.

Un rodeo desigual

El ritmo flojea en ocasiones, con secuencias demasiado extensas y escenas algo superfluas, y los escasos conflictos de los que somos testigos no ocupan el metraje que deberían y acaban resultando en meras anécdotas cuando algunos de ellos podían haber sido más impactantes. Aparte de estos defectos, tenemos que señalar que la película no cuenta con grandes hallazgos estéticos ni con profundos diálogos, pero esto no nos impide disfrutar de un slice of life moderadamente agradable que recuerda por momentos a Una historia verdadera y que cuenta con algunas secuencias para el recuerdo.

Cowboy de asfalto

Por último, tenemos que destacar las magistrales interpretaciones que pueblan la cinta y que mejoran en demasiadas ocasiones un material que no siempre da lo mejor de sí. Caleb McLaughlin se aleja de su célebre papel en Stranger Things para dar vida a un joven cuya evolución se muestra de manera muy sutil desde el comienzo al final del filme. Idris Elba supera a todos sus compañeros de reparto como el padre de este muchacho, oscilando entre una cierta frialdad y una emotividad muy bien representada por el actor. Algunos de los secundarios están interpretados por cuidadores reales de caballos y, pese a los prejuicios que podamos tener hacia estos actores no profesionales, protagonizan algunos de los momentos más destacados de esta atípica obra.

Conclusión

Cowboy de asfalto es una película pausada que carece de la brillantez necesaria para pasar a la posteridad y que en ocasiones adolece de tramos algo tediosos, pero que supone un producto más que válido para pasar una tarde agradable con una historia que, aunque conocida y predecible, deja un buen sabor de boca.

Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.

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