Sobre héroes y máscaras

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Os pongo en situación. Las tres J: Jornada laboral, Julio y Jaén. Combinación que implica mucho calor y una ruta de vuelta a casa a toda velocidad. Pues bien, en mi desesperado paseo a la búsqueda de hidratación y de una sombra, me detuve a pleno a sol.

Me encontraba frente a uno de los pósters oficiales de Spiderman: Lejos de casa. Y algo me llamó mucho la atención.

Crítica de Spiderman: Lejos de casa.

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Sí, quedaba claro por los rótulos que la película era de Spiderman. Pero la figura principal no era el trepamuros. O, al menos, no se identificaba como tal. Era Tom Holland, sin máscara.

Si recordamos los pósters de las películas de superhéroes anteriores al UCM, solo veréis máscaras. Tanto en la trilogía del Batman de Christopher Nolan como en las de Burton o Schumacher. También en el Spiderman de Raimi o, incluso, en el de Marc Webb.

Al fin y al cabo, ¿Qué sería de un superhéroe sin su máscara? No solo es la señal de una identidad secreta, si no también una estrategia (el infundir el miedo tan conocido en Batman) y, por supuesto, un símbolo para los malhechores y, porque no decirlo, para los espectadores. ¿Quién no reconocería una máscara de Spiderman, de Batman o de Iron Man?

Prueba de ello es que, tanto en el cine de superhéroes más clásico como en el resurgir de este en la primera década del siglo XXI, los protagonistas solían lucir la máscara en los carteles de la película. Sí, el actor era más o menos famoso (Tobey Maguire, Halle Berry, Christian Bale), pero lo que generaba la taquilla era el símbolo. El traje. No se trataba de Bruce Wayne Begins, si no de Batman. El personaje y no la persona.

De repente, llegó Marvel e, inconscientemente, todo cambió. Es muy raro encontrar algún cartel oficial en el que el protagonista aparezca con la máscara. Especialmente llamativo en películas más grupales, donde la diferencia entre los personajes no la marca la máscara o el traje, si no algo tan elemental como que Robert Downey Jr.  no es Chris Evans.

¿Es una maniobra publicitaria? Obviamente, Marvel y, por ende, Disney no hacen nada porque sí. Pero lo lógico sería pensar que la compañía apostara por las figuras enmascaradas, las reconocidas. Más cuando la mayoría de los actores que se han enfundado las mallas para la compañía no eran, precisamente, superestrellas. Robert Downey Jr. era un actor deshauciado por Hollywood. Chris Evans un secundario del montón. Chris Hemsworth un desconocido. Ruffalo un actor secundario más cercano al cine indie que al comercial…y así, un largo etcétera.

La decisión, a mi juicio, se basa en tres pilares muy importantes a la hora de valorar al UCM, con sus películas más o menos decentes, como todo un éxito, especialmente en sus largometrajes grupales.

En primer lugar, el sistema de estudio. El UCM supuso la brillante idea de, a la manera de los cómics, aunar distintas sagas de superhéroes en una macrosaga en la que todos interaccionaban. Cada uno tiene un pasado, y a su vez unas relaciones de diferente índole con otros protagonistas. Por otro lado, esto implicó contratos con los actores de años de duración y, en muchos casos, incluso dedicatoria casi exclusiva al estudio, a la manera de las estrellas del cine clásico. De este modo, muy pocos actores del UCM se libran del encasillamiento de sus personajes en la última década, a excepción de Chris Hemsworth y alguno más.

Por otro lado, precisamente por ese motivo, se ha establecido un binomio actor-personaje. Se acabaron los bailes de actores para el mismo personaje (véase Batman, Spiderman o Superman). En el UCM, al menos a medio plazo, nadie se plantea un nuevo Iron Man. La continuidad a lo largo de las sagas y macrosagas exige que el público conecte con el personaje…y también con la persona. Que menos que mantener al mismo actor para ello.

Finalmente, tanto por la importancia que le han dado a crear un carácter fuerte (es tan importante Tony Stark como Iron Man, Steve Rogers como Capitán América, Peter Parker, Scott Lang, Natasha Romanoff, Stephen Strange…) como por el refuerzo de la trinidad actor-persona-personaje, Marvel ha conseguido desterrar el símbolo para decirnos que lo importante es la persona que lo porta. Sí, Halcón podrá ser un gran Capitán América, pero será diferente de Steve Rogers porque, en esencia, son personas diferentes. Marvel consigue que no nos interese Spiderman, si no Tom Holland como Peter Parker, alias Spiderman.

¿Es esto una virtud? ¿O un lastre que impide que nos centremos en lo verdaderamente importante? ¿Qué buscamos cuando asistimos a una película de superhéroes? Queda claro que nos gustan las yoyas, como diría mi querido compañero Raúl Sánchez, pero ni todos los efectos especiales del mundo pueden compensar una trama o unos personajes con los que no nos identifiquemos. Y este es uno de los grandes logros del UCM, independientemente de la calidad de muchas de sus películas: a lo largo de once años hemos empatizado con todos y cada uno de los héroes porque los hemos visto comenzar, vivir sus propios dramas personales y superar obstáculos hasta el Fin de juego que supone un punto y aparte.

No sabemos lo que Marvel nos ofrecerá en la esperada fase 4. Pero sí que vendrá con héroes cuya máscara no será tan importante.

Un saludo y sed felices!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

2 comentarios

  1. Buen articulo Fernando. Recuerdo en cambio que cuando se estrenó Capitan America el soldado de invierno, Stever Rogers, o sea Chris Evans llevaba mascara en el poster estadounidense, mientras que en el español, no llevaba mascara. Y luego aunque sea de DC en el poster estadounidense también de Linterna Verde o Green Lantern, Ryan Reynolds llevaba la mascara y el poster español no. Supongo que seria cosa de Warner españa, no sé. En los de Batman, siempre con mascara.

    • Fernando Vílchez el

      Muchas gracias por tu comentario. Veo que es una tendencia que se ha intensificado, sobre todo, en los últimos años. Un saludo!

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