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Tropa de Élite: la soledad en que te encierras es el infierno

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Tropa de élite (2007) es una película con la que es fácil obsesionarse. En resumen, es una película brasileña de dos horas que trata sobre el dilema de un jefe de operaciones especiales policiales de Río de Janeiro acerca de quién debe sucederle entre los dos candidatos que tiene. Está basada en un libro de un sociológo brasileño, Luiz Eduardo Soares, aunque su adaptación a película vino del director José Padilha junto a Rodrigo Pimentel, un capitán retirado del grupo de operaciones especiales en cuestión.

En su día tuvo un éxito enorme tanto económico como en críticas a nivel internacional. Hubo un cierto debate acerca de si la película era un alegato fascistoide o más bien una crítica a los excesos policiales. Incluso una de las canciones de su banda sonora fue un éxito internacional, el Rap Das Armas. En fin, da mucho que pensar.

Tropa de élite es una película muy clásica en cuanto a narrativa. Comienza in media res para atrapar la atención del espectador rápido: ni más ni menos que el comienzo de un tiroteo entre la policía brasileña con una de las mafias narcotraficantes de las favelas de Río de Janeiro.

El director José Padilha tiene un acercamiento totalmente crudo de la violencia, en el que todo es rápido, frío y sin ninguna idealización. Toda la violencia en la película tiene una apariencia de documental, lo cual le valió la crítica de banalizarla. En realidad el tratamiento artístico de frialdad de la violencia contribuye a la sensación permanente de horror, soledad y peligro que acompaña al espectador toda la película.

Pero, como decimos, no hay grandes alardes narrativos, siendo la trama tremendamente sencilla a pesar de la cantidad de personajes que hay entre mafiosos, policías, universitarios y demás. Es una virtud enorme de Tropa de élite ser capaz de meter a tantos personajes en dos horas y que  en ningún momento haya realmente confusión sobre ellos, sus relaciones o su evolución.

La película tiene muchos momentos de narración acompañados con la voz en off del protagonista, Nascimento, capitán del grupo de élite policial de Río de Janeiro, el BOPE (en portugués: Batalhão de Operações Policiais Especiais). Es su perspectiva de las cosas la que nos conduce por lo que pasa en la película, relatando el estado de decrepitud, corrupción y degeneración moral de Río de Janeiro a todos los niveles.

Nascimento nos transmite en Tropa de élite su asco por la corrupción generalizada en la policía brasileña, con ejemplos espectacularmente patéticos como el del traslado nocturno de cadáveres por parte de la policía para que estadísticamente cuente a otros distritos policiales.

También su asco por la clase acomodada brasileña, a los que pinta como despreciables pijos alejados sentimentalmente de los sufrimientos de las víctimas de las mafias de los narcotraficantes, cuando no cómplices necesarios del tráfico de drogas por sus hábitos de consumo. Y, por supuesto, la total exclusión de la especie humana cuando habla de los propios narcotraficantes.

En mitad de todo ese escenario de corrupción, depravación moral y soledad aparece para él la única luz en la oscuridad: el BOPE, el cuerpo de operaciones especiales policial en el que no se acepta la corrupción ni la debilidad. El último arma de justicia contra todo el Mal que infecta la sociedad de Río de Janeiro.

El hilo conductor de Tropa de élite presenta al capitán del BOPE narrando su visión del mundo, su necesidad de dejar un trabajo tan tremendamente estresante y sus dudas sobre cuál de los dos candidatos a sucederle puede ser el mejor.

En ese sentido, el grueso de la película va precisamente del ingreso en la policía de estos dos reclutas. Por un lado está Neto, un obseso de la justicia a toda costa así le cueste dar cabezazos en una pared, con grandes problemas para contenerse. Por otro Matías, un estudiante universitario defensor de las reglas, los procedimientos y lo civilizado, hasta el punto realmente divertido de aparecer en algunas escenas discutiendo sobre las teorías del poder y las instituciones de Foucault.

Ninguno de los dos termina tragando con el modo habitual de proceder de la policía brasileña, y es el hartazgo lo que lleva a los dos a intentar formar parte de las operaciones especiales policiales.

Tenemos la clásica parte de entrenamiento militar en que se humilla y acosa sin miramiento a los reclutas, recordando por momentos a la parte inicial de La Chaqueta Metálica.  Aunque en Tropa de Élite el protagonismo cae totalmente en el capitán y sus tácticas de humillación, no teniendo ningún recluta ni remotamente el protagonismo del famoso soldado patoso.

Es decir, aquí la narrativa aparta el dolor y sufrimiento de los candidatos casi totalmente, exaltando el papel de cribador de débiles y corruptos del protagonista. El director brasileño es aún más cruel que Kubrick, que al menos sí nos presentaba los llantos y dolor del recluta patoso o su ya conocido final. Aquí los eliminados desaparecen directamente del relato sin más.

Esta similitud no es la única. La escena final de Tropa de Élite es esencialmente la misma que la de La Chaqueta Metálica. Es prácticamente la misma situación, el mismo momento de tentación de cruzar una línea roja, la misma tensión. Aunque debemos decir que donde en Kubrick hay un plano final largo para recrearse en el momento de conmoción del protagonista, aquí la resolución es rápida y no hay ningún detalle después, en el mismo espíritu de transmitir así el escaso valor de la vida humana.

Tropa de élite transmite con la narrativa toda la sensación de peligro constante y de mentalidad de asedio del protagonista con enorme eficacia. Pero sobre todo no trata al espectador como a un idiota. Es decir, por más que no se ponga a explicarnos las razones profundas de la pobreza o de la corrupción tampoco retrata a nadie como idiota…

Los corruptos siguen una lógica adaptada al sistema económico y social en el que viven, convirtiendo en suicidio cualquier iniciativa estrictamente individual de enfrentarse a ella. Es fantástico el retrato de los mecanismos de la corrupción policial y sus lógicas internas, así como la manera en que es posible aprovecharse de estas.

Se trata con un desprecio impresionante a los niños pijos universitarios, a los que se pinta como corresponsables de la financiación de los narcotraficantes, pero también se trata de manera creíble sus lógicas internas de comportamiento dentro del ecosistema planteado en Tropa de élite.

Y qué decir de los dueños de tiendas o los propios narcotraficantes: en apenas dos horas todo el mundo actúa como engranajes de un reloj. Dicho de otro modo, los pensamientos abiertamente reaccionarios del protagonista son al final pura masturbación: se sitúa en una atalaya de pureza moral en la que actúa como una espada de la justicia de manera aislada, sintiéndose por encima de todo y de todos.

La película es maravillosa por, insistimos, no retratar como idiota ni como inocente a nadie adulto, sino que trata sus comportamientos como consecuencias lógicas de la posición económica y social en que están. Especialmente, por supuesto, al ya inolvidable protagonista cuya voz en off acompaña toda la película.

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La polémica sobre el tratamiento de la violencia o la justificación de los excesos reales de este grupo de élite policial es quizás lo que hemos hablado alguna vez por aquí. Al fin y al cabo basta leer una entrevista con el sociológo Luiz Eduardo Soares, autor del libro en que se inspira la película, para disipar cualquier duda al respecto. Cualquier declaración posterior ha ido en el mismo sentido:

Era necesario, de nuevo, bucear en un universo, ahora policial, buscando una perspectiva sorprendente en relación a los estigmas. De nuevo, necesitaba de cómplices venidos de aquel mundo, que hablaran desde dentro y pudieran escuchar a sus colegas como tales, como compañeros. Yo era amigo de Rodrigo Pimentel, ex capitán de BOPE, desde hacía bastante tiempo y él sugirió que incorporáramos a André Batista al proyecto. La historia de vida de André es una matriz narrativa extraordinaria, vale como una radiografía de Río de Janeiro. Su experiencia, entre lo que ve y vive, entre la guerra de los combates nocturnos en las favelas cariocas y su vida de estudiante becario de derecho en la Universidad Católica, es tal vez una historia nacional. ¿Están, de un lado, aquellos a los que hay que matar y del otro los que son un modelo a admirar?  Esa fractura, que tiene un costado de complicidad y otro de incomunicabilidad, especie de apartheid psicológico, cultural y práctico, ese abismo que separa las dos dimensiones, es sintetizado en el recorrido cotidiano del personaje narrador del “diario de guerra”, inspirada en la vida de André. 

También debería zanjar cualquier debate el hecho de que el propio director de la película dijo abiertamente que la policía en Brasil es peor que los traficantes de drogas. Las intenciones de Tropa de élite son, pues, varias. Montar en dos horas una explicación creíble y adulta además de narrativamente impactante sobre la corrupción y violencia en Río de Janeiro. La construcción psicológica creíble y compleja del discurso justificador de la violencia por parte de responsables policiales en un entorno de pobreza y violento. La exposición de cómo la soledad lleva a la mentalidad de asedio y a la imposibilidad de comunicación o remota empatía entre partes de un conflicto. Se consigue todo esto de manera sobresaliente y de un modo fascinante, consiguiendo llegar con facilidad al gran público.

En definitiva, es posible que como relato de la progresiva soledad y deshumanización del individuo que se verá empujado a usar la violencia no sea inferior a la mismísima La Chaqueta Metálica. Y quizás por momentos sea incluso mejor.

Saludos.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.
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