Vagabond: hacer del dibujo pura poesía

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Quien crea que el manga en general es solo ciencia ficción y fantasía, robots enormes y personajes con poderes sobrenaturales increíbles, Vagabond va a romper sus esquemas porque no es a lo que estamos acostumbrados a ver aquí en España. En nuestro país, lo más popular siempre han sido historias sobre gente intercambiando puñetazos, espadazos, kamehames y rasengans siempre detrás de un contexto fantasioso, pero… ¿y si eso cambiara? ¿Y si el contexto fuera la época Sengoku? ¿Y si los personajes no fueran ficticios? ¿Y si la historia se basara en la vida de un personaje histórico? Esta es la obra de Takehiko Inoue, este es su arte.

El nombre del autor quizá os sonará por ser el creador de Slam Dunk (1990 – 1996), pero aunque ambas historias están impregnadas del deseo de Inoue por crear una historia con personajes vivos y con carácter, se nota a leguas que Vagabond supera artísticamente a su predecesora. En los 37 tomos que lleva publicados, se ha dedicado a hacer de su dibujo pura poesía. Los diálogos son los justos y necesarios, los paneles no necesitan estar saturados de globos de texto, haciendo uso casi total de las posibilidades narrativas que ofrece lo visual. Su arte se sirve y se basta para explicarte una historia y su significado sin dejar de entretenerte, captando tu atención en cada página y en cada uno de sus trazos.

Su estilo destaca, por un lado, por su realismo: por el cuidado a los detalles de las casas, el paisaje, los objetos y la ropa. Un conjunto que te transporta a otra época y cultura que se aleja de forma abismal del mundo actual. En este marco temporal, está acabando el período Sengoku —la época más sangrienta de la historia de Japón—, desde el año 1.100 los emperadores habían perdido su poder político y el país estaba en una guerra constante entre señores feudales para conquistar los territorios de uno y de otro. Hasta que en el 1.573 Nobunaga Oda consiguió conquistar gran parte del archipiélago asiático convirtiéndose en el Shogun, precedido en el 82 por Hideyoshi cuyo hijo fue derrotado por Ieyasu Tokagawa a principios del siglo XV. Este es el periodo en el que nació el protagonista de esta historia: Musashi Miyamoto.

Aquí es donde está el otro lado por el que destaca el estilo de Inoue: como consigue dotar a todos los personajes de alma propia. En la mirada de todos ellos se puede apreciar que son más que unos garabatos, que tienen vida, que cuentan con un trasfondo y mundo interno que necesita ser descubierto. Miyamoto fue un ronin —un samurai que no le debe lealtad a ningún señor feudal—, un alma libre, un vagabundo. Según la historia que se cuenta sobre él, dedicó su vida a perfeccionar su habilidad con la espada y apenas se relacionaba con otras personas a no ser que fuera para combatir. Con estos detalles, casi parece un personaje más de shonen que se pasa la vida entrenando y que vive por y para el combate como podría ser perfectamente, por ejemplo, Netero de Hunter x Hunter. ¿Pero quién iba a decir que realmente existió alguien que tuvo una vida como esa? A pesar de esto, Vagabond no es una historia sobre violencia y sangre, sino sobre la superación, la búsqueda de la paz que uno consigue a través del arte de la espada.

Inoue se inspira en unas situaciones y personajes reales para crear esta historia y hace su propia interpretación, es decir, no hace un calco exacto de lo que sucedió, hace ficción histórica narrada en viñetas. Esto hace imposible que se puedan encontrar hechos fantasiosos o místicos, nada de criaturas inventadas ni viajes en el tiempo. Esta es su interpretación sobre Myiamoto, a quien Inoue le da otra vida con lo que esto implica: sin adentrarte demasiado en los conflictos políticos de la época.

Cabe añadir que esta es una oportunidad para conocer más tanto sobre la historia feudal y la cultura japonesa, como sobre el código del honor y el significado de la espada para la figura del samurai, todo eso que se ve a menudo reflejada en otros mangas (sin ir más lejos en los últimos capítulos de One Piece).

La obra publicada por Ivrea hasta el tomo 37 merece ser leída, tanto por lo que significa, por su profundidad y sobretodo por este dibujo que es puro arte, pura poesía que solo se puede disfrutar.

 



el autor

Brian K. Vaughan es el culpable de que esté yo aquí.

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