Uno de los elementos más importantes a la hora de dar forma a una historia de ciencia ficción o fantasía consiste en comprender el universo donde esta tiene lugar. La capacidad de presentarnos de forma adecuada la Tierra Media, Hyrule o Midland ayuda a otorgar un carácter distintivo a un trabajo de ficción, y acaba dibujando mundos espectaculares donde queremos perdernos durante días, semanas, meses o, en el caso de algunos aficionados, durante toda una vida. Este aspecto del proceso creativo se conoce como worldbuilding, y suele ser obra de un solo autor que nos desvela los entresijos que oculta ese planeta o reino tan fascinante que ha creado. Algunos autores logran añadir el componente perfecto de exploración para que no resulte pesado ni superficial, en lo que se ha convertido en uno de los artes más complejos de manejar a la hora de escribir ficción de género.

En el caso de los cómics de superhéroes, existe una dificultad añadida: una cantidad interminable de autores que colabora para sacar adelante los universos compartidos de los personajes y que, por tanto, suelen incurrir en contradicciones. Así, muchas de las ciudades ficticias de los cómics acaban asemejándose más de la cuenta a Nueva York o a otro modelo de la vida real, sin ninguna identidad propia. James Robinson, con su Starman, consiguió evitar este mal creando una historia detallada para Opal City, la población donde sucedían las aventuras del protagonista, y casi el personaje más importante de esta epopeya. Scott Snyder, guionista de Batman durante años, tomó nota y profundizó en el pasado de Gotham City al comienzo de su etapa en la colección del murciélago de los Nuevos 52… y en una miniserie publicada apenas unos meses antes, Batman: Puertas de Gotham. Este tebeo, coguionizado por Kyle Higgins y reeditado recientemente por ECC, hace lo que todo buen constructor de mundos que se precie debe hacer: darle un pasado al entorno ficticio sin aportar información inútil, enmarcando los datos que proporciona al lector dentro de una oscura trama de intrigas.
Las familias fundadoras de Gotham
La acción se sitúa en el breve período de tiempo en el que Dick Grayson, el primer Robin, sustituyó a Bruce Wayne como Batman. Mientras se habitúa a sus nuevas obligaciones como protector de Gotham, se encontrará con que esta ciudad oculta secretos que ni se imaginaba. Comenzará a hacerse más evidente cuando la ciudad se vea bombardeada con una serie de explosiones cuidadosamente planeadas. Los edificios más emblemáticos de su hogar sufrirán los ataques de un nuevo enemigo que parece querer destruir la herencia legada por las familias que ayudaron a desarrollar la peligrosa urbe.

Grayson reúne a toda la Batfamilia disponible, desde el rebelde Damian Wayne hasta el genio Tim Drake, para investigar esta serie de atentados antes de que la situación empeore. En cuanto vayan tirando del hilo de esta trama, se encontrarán con elementos del pasado de Gotham City que desconocían. Por ejemplo, entre los industriales que formaban parte de las familias fundadoras de la ciudad, se encuentran… los Cobblepot y los Elliot, antepasados de los villanos Pingüino y Silencio, respectivamente. Los protagonistas tendrán que investigar a estos peligrosos personajes y hasta aliarse con ellos, en una carrera a contrarreloj para evitar que la nueva amenaza se cobre más vidas.
¿Cómo surgió Gotham?
La acción en el presente se va intercalando con fragmentos de un viejo diario en el que uno de los arquitectos que diseñó la actual Gotham explica los problemas a los que él y su hermano se enfrentaron en esta incipiente ciudad. En realidad, esto es lo que le interesa contar a Scott Snyder: el pasado de la ciudad más famosa del Noveno Arte. En ocasiones, teniendo en cuenta lo desdibujados que resultan los personajes por la gran cantidad de secundarios que hay, la investigación de los ayudantes de Batman casi parece una subtrama frente a lo fascinantes que resultan los flashbacks del siglo XIX. Asimismo, el dibujo de Trevor McCarthy sobre bocetos de Graham Nolan funciona a la perfección en las intrigas del pasado, pero no tanto a la hora de reflejar la acción que se desarrolla en el mundo del Cruzado Encapotado.

Pero, por suerte, este es uno de los pocos fallos que tiene el cómic. A una trama inicial correcta pero nada reseñable se le une este excepcional drama de época, que en apenas cinco números consigue trazar un tapiz de relaciones inéditas entre personajes que ya conocíamos, revelándonos nuevos detalles sobre su idiosincrasia y quizás incluso sobre las bases que han hecho que Gotham acabe siendo el estercolero que conocemos. Aunque la resolución dista mucho de ser brillante, Puertas de Gotham es una muestra de ese afán de arquitecto que Scott Snyder mantenía al comienzo de su etapa con el personaje, antes de sustituir su narrativa inteligente por el exceso más estúpido. El look steampunk que le aporta al villano de la función y a la Ciudad Gótica de hace dos siglos acaban por coronar esta historia como una joya desconocida que, por desgracia, ha sido ignorada posteriormente.
Conclusión
El worldbuilding es una tarea compleja y poco grata, sobre todo cuando autores posteriores ignoran las indicaciones del original. Sin embargo, como los sufridos hermanos Gate, Snyder (con la inestimable ayuda de Kyle Higgins) construye un hermoso complejo arquitectónico que añade una capa de complejidad a un personaje que ya arrastra ochenta años de aventuras. Una pena que se les vaya a recordar por otras obras menores, cuando esta es muy superior a otros trabajos mucho más conocidos pero que, desde el punto de vista artístico, adolecen de unos cimientos bastante enclenques.



