Estación de Tormentas, de Andrzej Sapkowski. La precuela de la saga de Geralt de Rivia con la que Sapkowski quiere justicia (es decir, dinero).

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Siento tener que ocupar espacio en este sacrosanto blog para escribir sobre un libro. Los libros tienen muy buena prensa, incluso hay ferias sobre ellos en los que se venden carretadas de ellos. Aunque luego no se los lee casi nadie adulto al que no le obliguen. Sí, ya sabes, ese maravilloso manual de esa aplicación nueva que te han puesto en el trabajo o el manual del coche cuando salen luces con signos satánicos parpadeando. Claro. Leer es cansado, agota, te duele la cabeza y te pide concentrarte. Y abandonar mucho rato nuestro universo de la hiperconectividad permanente vía redes sociales sin el cual seríamos un trapito abandonado en este indiferente universo. Pero, como decimos más de una vez en este tu sitio, no estás solo, solitario lector. Leer no te hará mejor persona, puede que tampoco te hará saber más de la vida o ni siquiera saber más de lo que estás leyendo. A veces puede que pase todo lo contrario. Pero es complicado saber de muchas cosas en profundidad sin leer. Sin leer mucho. Hay otras tantas cosas que ni leyendo mucho, claro. Pero eso es otro tema. A lo que íbamos: no estás solo en el universo frío y absurdo. Aquí leemos de vez en cuando, como Sánchez-Dragó.

Por leer leemos incluso a gente maltratada por la vida, más o menos. Por ejemplo, un señor llamado Andrzej Sapkowski, que le dio por pensar que podía escribir libros de fantasía con brujos cazadores de monstruos, magia, hechiceras macizas y demás, pero todo ambientado en mitología más eslava que anglosajona, como tantos libros basados en Tolkien. Tuvo su éxito entre la muchachada aficionada en el género (que tampoco es tanta conforme iban pasando los años) pero poco más. Unos compatriotas polacos le dicen que quieren hacer un videojuego basándose en su saga de libros, pero que contarían cosas de después de su saga escrita. Sapkowski piensa racionalmente: los aficionados al género de hechiceras, monstruos y brujos matamonstruos son pocos. Estos que vienen no tienen experiencia alguna en hacer videojuegos y casi ni presupuesto para hacerlo. Además, la ambientación eslava no la conoce ni dios. Qué morrazo se van a pegar. Pero si no son más que unos traductores de videojuegos que se quieren hacer pasar por creadores de videojuegos: son como Mourinho. Que me den un cheque y algo saco antes de que pasen a formar parte de las colas del paro. Que no, que no, nada de porcentajes sobre ventas de videojuegos, que a lo mejor sólo se los vendéis a familiares y amigos íntimos. Anda, que me dan 8400 euros, pues para la saca. Pero ayh, que aquellos polacos locos no eran unos simples traductores, como tampoco lo era Mourinho. Que tenían todo para esmorrarse pero no lo hicieron. Que triunfaron. Y no un poco, no. Barrieron contra todo pronostico, sacando una segunda parte y una tercera de la saga de videojuegos. Que la tercera parte, The Witcher 3, puede que sea uno de los cuatro o cinco referentes históricos de los videojuegos de rol occidental de siempre. Que puede que hayan pasado de las 30 millones de copias de la saga del brujo. Sapkowski reclamó lo que estima entre un 5%-15% de lo recaudado por los videojuegos, unos 15 millones de euros, pero la compañía dijo que casi que no.

Pagadme ya, hijos de ****

Mientras tanto George R.R. Martin es feliz sin escribir desde hace siglos, gana lo que no está escrito con los derechos de la serie de televisión de Juego de Tronos y, como dijo la poetisa, “nada en la ambulancia”. ¡Todo esto cuando lo que hizo Sapkowski fue totalmente racional en su momento! La última al respecto es que la compañía polaca que hizo el videojuego, CD Projekt RED, parece que sí que va a pagar algo a Sapkowski, aunque éste parece expectante sobre cómo va a ir la serie de televisión de sus novelas en Netflix (aquí más), los cuales intentarán replicar  el éxito de Juego de Tronos en la televisión. Si son más o menos fieles arrasarán, que nadie lo dude: los libros dan para muchas temporadas de lo que quiere el Pueblo. La cuestión es que hay mucha gente forrándose con cosas que él creó, y Sapkowski se decidió a escribir otro libro de la saga de Geralt para subirse al carro de la fama y recaudar algo más. Hay que decir que la saga de Geralt de Rivia tiene un inicio (1992) y fin (1999) perfectamente cerrados en los libros (de los que hemos hablado). Luego los videojuegos partieron del final, modificándolo en parte, para que hubiera cosas que jugar, claro. En este caso hablamos de una precuela situada en algún lugar entre el primer libro (“El último deseo”, de 1993) y los demás.

La precuela se llama “Estación de Tormentas”, y a todos los efectos podemos decir que es un DLC de la saga principal. Es decir, algo que se puede leer y gozar como un cochino jabalí en el fango si nos gusta el personaje pero que si no se lo lee tampoco pierde ninguna información ni hecho imprescindible. Sapkowski aquí vuelve con su estilo clásico a la hora de contarnos cosas del brujo: es directo, no se anda por las ramas y prescinde totalmente de cualquier vicio de descripciones interminables o palabras que no sean necesario usar. Los personajes siguen estando tratados psicológicamente de maravilla: ni hablan ni piensan igual unas guardias brutas y paletas que un ilustrado y redicho hechicero. Los diálogos siguen siendo vergonzosamente mundanos y Sapkowski sigue en su habitual línea de desmitificar todo lo pomposo, lo flipao y lo épico del género de la fantasía heroica. Estilísticamente viene a ser lo mismo de siempre, aunque se parece más a los dos primeros libros que a los posteriores. Es decir, a los mejores del brujo.

La portada denota un conocimiento profundo del target al que van dirigidos los libros. Un buen trabajo, vaya.

Aquí lo que nos encontramos es una historia cerrada y no varios relatos cortos, aunque esto tiene trampa. Es decir, que la cosa empieza pareciendo una aventura urbana en la que hay conspiraciones palaciegas con una muy sexy hechicera de por medio (con su previsible ayuntamiento carnal) que tanto éxito de crítica y público han tenido siempre en los videojuegos (ya hablamos de ello por aquí). Luego pasamos a entornos naturales, a monstruos, a rastreos, a fortalezas con mutaciones. Más tarde pasamos a una travesía en barco con ambientación de terror. Es decir, que aunque la historia es una hay alguna ramificación que en la práctica convierten al libro en cuanto a estructura en algo más parecido a los dos primeros de la saga, en la que eran cuentos cortos de distintos ambientes y temáticas. El estilo sigue siendo el mismo y hay pocos experimentos al respecto, quizás algunas cartas enviadas por los personajes y alguna parte que se cuenta desde la perspectiva de un personaje en concreto, pero esto no es Juego de Tronos con sus dos millones de puntos de vista, desde luego. La narración es en tercera persona y el narrador es omnisciente casi siempre. El libro es perfectamente entendible para alguien que no ha pasado de jugar algún videojuego y también para quien se haya leído al menos el primer libro de la saga. Sapkowski no se ha querido poner muy cascarrabias con los conocimientos necesarios para distrutar de la historia, vaya. Es de agradecer.

Sí, sale ELLA. Brevemente, pero sale.

Por supuesto, Geralt de Rivia sigue siendo el héroe de la clase obrera en la literatura fantástica como bien explicó el canal bukku qui de YouTube (ver video más abajo). Uno de los buenos, pero cobrando, como decía un amigo. Los creadores de los videojuegos lo publicitaron muy bien con el anuncio aquel de “Este mundo no necesita un héroe, necesita un profesional“. Ahí está toda la esencia de Geralt, que empieza el libro usando a inocentes para que hagan de cebo para cazar a un monstruo o negociando con un funcionario el sobresueldo a repartirse por la recompensa por haber cazado al monstruo. Sigue teniendo permanentes problemas de dinero, sigue pegado con las administraciones públicas que quieren pagarle tarde mal y nunca, sigue siendo un apestado social y va ganando enemigos por todos los lados por no dejarse engañar por cuentos, hipocresías amables para los ricos o mentiras apuntaladoras de abusos de poder y chapuzas de los poderosos. Esto sigue sin hacerle la vida precisamente fácil y Sapkowski se esfuerza, siempre, porque lo pasemos fatal por las perrerías de las autoridades con Geralt, entendiendo perfectamente como que casi se encuentre más cómodo rastreando y matando monstruos. Qué decir aquí: todo el trasfondo de pintar a las ciudades grandes como un hervidero de maldad nos viene desde Robert E. Howard, aunque Sapkowski la hace extensible por igual a los pueblos, las aldeas y, en general, al ser humano. Al fin y al cabo el tema estrella tanto de los libros como de los posteriores videojuegos es el mismo: si existe el Mal menor o sólo hay Bien y Mal, dejando sobradas escenas y personajes que permiten defender ambas posturas.

El sentido del humor sigue haciendo acto de presencia tanto en más de una situación como en las contestaciones cortantes del brujo o las muy necesarias apariciones del siempre fiel acompañante (no está claro si siempre amigo) Jaskier, el bardo, el poeta, el golfo. El tono es menos dramático y épico que en los últimos libros de la saga, y le sienta estupendamente. Y eso que el trasfondo es una pelea por quien se sienta en un trono de nuevo cuño y las intrigas que hay detrás, todas ellas que se entrelazan con la llegada del brujo a la ciudad. Hay varios golpes de efecto, especialmente el final, con los que el autor hace que nunca haya aburrimiento ni el más mínimo tedio. Las escenas de conversación tienen mucho peso y las escenas violentas están descritas con mucha claridad pero sin excesivos alardes. Es posible que el giro final de los acontecimientos sea pelín tramposo, o quizás no, irá por gustos, pero por lo sencillo que es cómo acaba nos lo podemos tomar como una burla a las complicaciones al acabar según qué series o sagas o como un “me he cansado ya de escribir, vamos a dejarlo”.

Qué cansado es sobrevivir.

Por acabar, es un libro más recomendable si te cae bien Geralt, ya sea por otros libros o algún videojuego: no pide casi nada para enterarte de prácticamente todo porque casi todo lo del libro es casi totalmente nuevo y tiene poca o nula repercusión en cosas posteriores o anteriores. Es en esencia más de lo mismo de los dos primeros libros a todos los efectos. Tiene tantos pasajes que te sacan una sonrisa por su mala baba con los vendedores de humo que no acabaríamos nunca. Echadle un ojo y disfrutad de la vida. No estáis solos.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

6 comentarios

  1. Un nuevo libro de Geralt siempre es una delicia de leer, era de esperarse que en algún momento el autor quisiera monetizar el boom que va a provocar entre el público profano el estreno de la serie.. Saludos

  2. Gracias, Jefe. Descubrí al personaje gracias a usted, y me gusta mucho. Ya tenía pensado leer esta precuela después de los dos primeros, así que no le defraudaré. Eso sí, la saga (los otros libros) me da algo de pereza, por lo que le he leído.

    • Raúl Sánchez el

      Pues por esos aires va la cosa, más por los dos primeros que por los otros (que pueden no leerse y entender absolutamente todo de éste).

      Gracias a ti.

  3. Hombre, Estación de Tormentas se publicó en Polonia en 2013 y ya hablaba de él en convenciones de 2010, momentos ambos en que el éxito de CDPR distaba muy mucho del conseguido con TW3.

    Y no debe leerse en orden cronológico porque el epílogo, y en buena medida la relación con Coral, no va a entenderse sin haber acabado la saga.

    Excelente artículo en lo demás.

    • Raúl Sánchez el

      Pues tienes razón con lo primero, el tercer videojuego no podía haber influído. Mea culpa. Gracias, jefe.

      Yo creo que la relación con Coral puede entenderse desde el conocimiento que puedes tener con los dos primeros libros de la relación inicial con Yennefer, por más que una vez leído todo puedas sacar más jugo a la cosa.

      Pero bueno, gracias por pasarte por aquí.

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