Como cada semana, analizamos una nueva entrega de Fargo, la serie de FX creada por Noah Hawley que, una vez más, nos ha dejado un gran episodio mientras los conflictos se siguen enredando y la trama parece ir camino a terreno de definiciones. En España, pueden disfrutarla a través de Movistar +.
Hola otra vez, fargueros. Bienvenidos a nuestro encuentro semanal con Fargo, nuestra serie amada y predilecta que sigue dejándonos episodios memorables cuando ya hemos cruzado la mitad de la cuarta temporada. Pasemos ya mismo a analizar el que nos ocupa, que es el sexto y lleva por título Camp Elegance.
Cumplo, por supuesto, en advertir que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA y, en caso de que quieran ver nuestros análisis anteriores de la cuarta temporada de Fargo, pueden hacerlo aquí.
Cuatrocientos Años de Historia
El episodio comienza con Ethelrida volviendo a su casa para la celebración de su cumpleaños: claro está que es un festejo entre tres, como que ella trae expresión de “venir de hacer algo”; ya veremos qué, aunque el episodio anterior nos había dejado alguna pista.

Los de la banda de Cannon, por su parte, irrumpen en el domicilio del marshall Odis. Aun cuando este, angustiado y nervioso, derive en Josto Fadda toda responsabilidad por la redada, Loy Cannon está decidido a llevar adelante su guerra y más aún tras la muerte de Doctor Senator: ni siquiera se inmuta con que Odis le ofrezca devolverle el dinero que, al parecer, ya no le importa.

Loy expone que no solo está luchando contra los italianos, sino contra cuatrocientos años de historia y compara la situación de los negros en América con la de los muñequitos que Odis colecciona y ordena tan meticulosamente. Le pregunta qué pasaría si los mismos se rebelasen contra él y si entiende en su real dimensión qué es sentirse una propiedad: exactamente lo que piensa hacer de él. Como siempre, la serie se sale de lo fácil y previsible: el racismo está tratado fuera de cualquier corrección o convencionalismo, pues lo que Loy defiende es el derecho de los afroamericanos a competir por el control del crimen organizado en Estados Unidos. Esa es su particular visión de la igualdad racial: un mismo derecho a delinquir.

Antes de marcharse, Loy deja en claro a Odis que si quiere seguir respirando, debe ayudarlo en su lucha contra los italianos y, particularmente, contra Gaetano Fadda, principal responsable de la muerte de su amigo. Al salir junto a los suyos, la escena es observada, desde un automóvil cercano, por Deafy, mientras mastica una zanahoria. Esta será la única aparición del detective mormón en todo el episodio y ni siquiera pronuncia palabra alguna: es evidente que algo trama.

A Golpes de Puño
Gaetano, que ha pasado a ser el principal objetivo en medio del fuego cruzado, se halla escuchando despreocupadamente discos de ópera al momento de oír disparos y advertir la presencia de gente llegando al lugar. Su compinche y custodio Paolo baja, arma en mano, a ver qué ocurre y una magistral secuencia nos muestra la nerviosa espera de Gaetano mientras, a través de la ventilación, se perciben fogonazos de disparos y se escuchan pasos que suben la escalera y se acercan. En la seguridad de que vienen por él, dispara repetidas veces contra la puerta que, al ser abierta, le revela que acaba de acribillar a Paolo, quien lo mira con incomprensión antes de desplomarse sin vida.

A continuación ingresa Zelmare, quien, aparentemente, ha ingresado al edificio haciéndose pasar por prostituta. Gaetano se apresta a dispararle, pero antes de poder hacer nada, recibe desde atrás un balazo por parte de Swanee, que ha ingresado por la ventana. El italiano queda tendido en el piso, mientras Zelmare regaña a su compañera, pues la orden era llevarlo con vida. Sus palabras, uniendo cabos, evidencian que están haciendo un trabajo para Leo como parte de ese “ejército invisible” al cuál él las sumara en el episodio anterior; asimismo, se puede inferir que la entrada les ha sido facilitada por Odis como parte de su “pacto” con Cannon.
Zelmare comprueba, con alivio, que Gaetano aún respira, aunque el problema es moverlo de allí, para lo cual se terminan valiendo de la misma alfombra sobre la cual se ha desplomado. La escena, creo, guarda alguna reminiscencia de El Padrino Parte II (Francis Ford Coppola, 1974).
Cuando Gaetano despierta, se encuentra atado a una silla frente a Loy Cannon, quien, luego de contarle una anécdota sobre el legendario boxeador Sugar Ray Robinson, le presenta a Omie, un ex boxeador que es integrante de su banda y que lo somete a golpe tras otro en pleno rostro, mientras Loy sentencia que la ejecución de Doctor Senator será la causa de su muerte.

La Carta
A todo esto, volvemos a tener noticias de Oraetta y, por cierto, no buenas para ella, ya que el doctor Harvard, dueño de la clínica en que trabaja, ha recibido bajo remitente anónimo la carta que, tal como vimos en el anterior episodio, le escribiera Ethelrida, lo cual hace suponer que, al comienzo del episodio, volvía de dejarla. A medida que le menciona la lista de atrocidades cometidas en su anterior trabajo, sumadas al robo de objetos y a su enfermiza tendencia a asistir a los funerales de sus pacientes ( o víctimas), ella, al borde del llanto, niega todo, salvo lo último.

Harvard le comunica que el caso deberá ser tratado en Recursos Humanos, pero ella implora aduciendo en su favor que no puede dañarse una reputación solo a partir de una nota anónima. Harvard termina aceptando y le impone no asistir más a funerales; queda claro, no obstante, que Oraetta deberá cuidarse mucho de aquí en más. ¿Sospechará quien ha enviado la misiva? De momento, no da la impresión, pero, dado su carácter psicótico, no parece una mujer que se vaya a conformar con no saberlo.

Noticias desde la Gran Manzana
Violante ha regresado de New York, adonde fue enviado por Josto para conseguir apoyo de los grupos mafiosos con vistas a la inminente guerra con los Cannon. De hecho, ese fue el motivo por el cual no estuvo presente en el bar el día que mataron a Doctor Senator y queda, por cierto, turbado y dolido al enterarse: aun integrando bandas rivales, se tenían respeto y aprecio mutuos (si habremos disfrutado de sus conversaciones).

Ya tristemente anoticiado al respecto, Violante pone al ansioso Josto al tanto de que los mafiosos de New York le han comprometido su apoyo supeditándolo a dos condiciones: que, en un plazo máximo de dos semanas, solucione sus problemas con Loy Cannon (como quiera que ello se entienda) y que zanje rápidamente el conflicto con su hermano Gaetano, lo cual se ve aun más complicado por haber caído este en manos de los afroamericanos y darse casi por descontada su ejecución.
¿El Niño está Acabado?
En un flashback, presenciamos una charla entre Cannon y Senator de la cual, en su momento, nada supimos. En ella, Loy se muestra decidido a recuperar a su hijo Satchel de manos de los italianos, a lo cual su amigo replica que eso significaría “la tercera guerra mundial”. Loy, sin embargo, se mantiene firme en la idea, argumentando que sabe cómo quitárselos.
En correlato, la siguiente escena nos muestra a Odis siendo llevado por los Cannon para ver a Gaetano en su silla, atado y golpeado. Nervioso, manifiesta ya haber cumplido su parte al entregarlo, pero Loy redobla la apuesta y exige que les traiga a Satchel. Odis lo ve como imposible pero, ya para esta altura, no hay dudas de que Loy está jugando sus cartas con decisión y que la muerte de Senator le ha despejado sus vacilaciones.
Sin saber realmente cómo va a rescatar al niño, Odis se dirige a casa de los Fadda, pero entremedio ha habido un giro de parte de Josto, quien ahora planea deshacerse de Satchel aun cuando ello ponga en peligro la vida de su hermano menor Zero (recordemos, en manos de los afroamericanos como parte del intercambio).

Es por ello que, al llegar Odis, Josto le exige que averigüe en dónde tienen cautivo a Gaetano (lo cual deja al marshall en la incómoda posición de tener que jugar para dos bandos bajo amenaza de ambos) y, además, llama aparte a Rabbi para quitarlo de en medio cuando Satchel sea llevado “a dar una vuelta”, pues bien sabe el cariño que siente por el niño y que queda confirmado, cuando, instantes después, en un callejón y mientras le anuncia que “está en el juego nuevamente”, Josto lo pone al tanto de que “el niño está acabado”.

Rabbi, desconociendo toda orden, vuelve a la casa para encontrarse con que Satchel ya no está. Antoon Dumini, uno de los leales a Josto, lo ha llevado en auto a las afueras, concretamente a lo que fue en otro tiempo un campo de reclusión para prisioneros de guerra italianos como él, quien cayó en tal situación luego de la batalla de Montecassino y, sin embargo, decidió después quedarse en Estados Unidos, dejando allí una inscripción sobre piedra que reza “Antoon Dumini, americano”.

El niño baja una derruida escalinata para ver bien la misma mientras, a sus espaldas, Antoon levanta el cañón de su arma para cumplir la orden recibida. Sin embargo se arrepiente, pero ello no evita que Rabbi, recién llegado al lugar luego de haber averiguado el destino al que había sido conducido el niño, le dispare desde atrás y termine con su vida. Acto seguido, se lleva al niño de allí con la promesa de ocultarlo en un lugar seguro pues, según propias palabras, no está dispuesto a permitir que, como ocurrió con él, no pueda elegir su propio destino.
En tanto y habiendo salvado, por ahora, su puesto laboral, Oraetta está en la clínica de Harvard al cuidado de un enfermo que no para de gemir y quejarse. Ella no lo soporta y se golpea una y otra vez la cabeza contra la pared reprimiendo, seguramente, su impulso de matar. Sin embargo, ya en la escena final, notamos que hay silencio y que Olaetta sale al corredor con el rostro sonriente. ¿Lo ha hecho nuevamente?
Balance del Episodio
Sin duda, otra gran entrega como las que Fargo acostumbra brindarnos. Podemos ver que la guerra se está manejando en términos impensados y que, al parecer, Loy Cannon, dolido tras la muerte de Doctor Senator, ha tomado, de momento, el control de la situación o, por lo menos, ha jugado un par de ases ganadores. La alianza con las fugadas le ha dado resultado y tiene no solo a Gaetano Fadda en su poder sino, además, a la policía en un puño, aun cuando todavía no sepamos cómo hará el marshall Odis para definir sus alianzas al estar entre la espada y la pared. Lo que sigue deteniendo, parcialmente, a Loy es el hecho de que los italianos tengan a su hijo, lo cual, justamente está buscando revertir, pero la decisión de Rabbi de mantener al niño fuera de todo puede convertirse en un gran problema ante la incertidumbre de no saber en dónde está Satchel.

La situación en torno a Oraetta sigue siendo de lo más imprevisible, más aún cuando no sabemos qué fue lo que hizo en la última escena y que, al parecer, le ha provocado tanto placer. Pues si ha vuelto a matar, es de creer que su situación laboral (y quizás también judicial) se hará insostenible. Por otra parte, sigue sin saber que fue Ethelrida quien envió la carta que la puso en evidencia. ¿Qué pasará cuando lo descubra?
Y hablando de Ethelrida, hemos visto poco a los Smutney en este episodio, apenas al principio y casi festejando un cumpleaños como si estuvieran fuera del infierno a su alrededor. Y menos todavía a Deafy, de quien sabemos que verle a la distancia masticando una zanahoria no es buen augurio.
La estética, como siempre, de primer nivel y vemos que ha regresado la nieve, que ya sabemos que, contrastada con el rojo de la sangre, es siempre marca registrada de Fargo. He extrañado, sin embargo, esas magistrales tomas como la del círculo de fuego en la carretera allá por el cuarto episodio o bien las pantallas divididas, aunque la secuencia de Gaetano antes de ser capturado es espectacular. Y en cuanto a aquel peligro que señaláramos en algún análisis previo acerca de que los momentos escatológicos pudieran volverse demasiado reiterados, parece haberse esfumado.

La gran pregunta, desde luego, es qué hara Josto, de quien nos sorprende su decisión de mandar matar a Satchel. ¿Acaso se resigna a dejar a su suerte (y a su muerte) a Zero?
De momento, la serie sigue manteniendo su alta calidad y, pasada ya la mitad de la temporada, entra en terreno de definiciones. Veremos qué nos trae el próximo episodio…
Hasta entonces, fargueros. Sean felices…



