Maligno supone el retorno de James Wan al género del terror después de la rara avis dentro de su filmografía que fue la desenfadada Aquaman. Este estreno llamó la atención de los amantes del género debido a los numerosos éxitos de taquilla que ha cultivado el cineasta y al excelente póster que anunciaba la cinta, reminiscente de aquellos coloridos y estilizados carteles del giallo italiano. ¿Ha vuelto a dar con un buen filón el creador de tres de las franquicias del horror más populares de los últimos tiempos? Quédate con nosotros para descubrirlo.
Una presencia aterradora
Maligno cuenta la historia de una mujer cuyo maltratador es asesinado por una fuerza misteriosa después de una pelea, en un asalto donde también perderá a su hijo nonato. Durante los próximos días, su mente se verá bombardeada por imágenes de asesinatos que se acabarán cumpliendo y que parecen tener elementos comunes muy evidentes. Con la ayuda de su hermana, intentará contactar con las autoridades para que investiguen estos crímenes, pero se topará con un escepticismo que dificultará aún más su situación.

Pronto descubriremos que estos homicidios tienen mucho que ver con un experimento llevado a cabo hace más de veinte años, durante el que se examinó a un joven con distintos poderes psíquicos. ¿Se trata del culpable?
Los sustos ya no asustan
Esta película parece haberle servido a James Wan para pulir su estilo y deshacerse de algunos males que venían lastrando sus producciones de terror desde Insidious, como el exceso de sustos que perdían el impacto a lo largo que avanzaba el metraje y que pretendían que el espectador ignorara la ausencia de un elemento de horror más profundo u original. Este defecto se le ha criticado en numerosas ocasiones , volviéndose insoportable en las secuelas y spin-offs de Expediente Warren… y, por suerte, el realizador parece haber tomado notas.

En ese sentido, el uso de los consabidos jump scares no es tan tramposo como en otras ocasiones, complementando más que sustituyendo a escenas genuinamente perturbadoras. A lo largo de la cinta hay más de una secuencia que resultará desagradable a los espectadores menos acostumbrados al gore, y el asesinato inicial consigue evocar un tono siniestro que, por desgracia, no se encuentra presente durante toda la cinta. Aunque Maligno hace muchas cosas bien, sus numerosos defectos impiden que sea algo más que un producto correcto de usar y tirar.
Lo maligno es la falta de imaginación
Como decíamos, este estreno dista mucho de ser perfecto. Así, adolece de un problema muy común pero no por ello menos frustrante: frente a un primer y tercer acto sólidos, el grueso de la película transcurre por derroteros que ya conocemos todos, sin aportar nada nuevo y tratando sus clichés con una seriedad insultante, sin siquiera una pizca de desenfado ni de complicidad con el espectador.
Tendremos que soportar durante demasiado tiempo a algunos de los personajes más planos jamás vistos en cinta de terror alguna, con especial mención a la aburrida pareja de policías. Los asesinatos se vuelven rutinarios después del primero y el poderío visual de algunos planos es un oasis en el desierto.

Desvelando ya parte del argumento, hay que decir que nos sorprende el guiño evidente al filme de serie B Basket Case, que contaba una historia similar sobre un gemelo parasitario cuyos crímenes desesperaban a su hermano. Hasta se ha copiado sin ningún pudor la venganza que Belial, el antagonista de esa película, lleva a cabo contra los doctores que le operaron de niño. Inclusive, el nombre bíblico del villano (Gabriel) parece ser una réplica a su diabólico predecesor. Pero lo peor no es que se haya recurrido a una trama similar (después de todo, Black Jack ya tuvo una aventura parecida), sino que no se haya aportado ninguna novedad.
Mientras que Basket Case era consciente de lo absurdo de su premisa y la trataba en consecuencia, Maligno pretende que renunciemos a esbozar una sonrisa cuando nos dice que el villano despertó de su letargo por un golpe en la cabeza que sufrió la protagonista. Si el cineasta hubiera optado por un tono cercano a la comedia de terror, quizás estaríamos hablando de un esfuerzo más redondo. La escena de la celda, desde luego, nos muestra un camino alternativo que el guión habría hecho bien en tomar.
Conclusión
Aunque James Wan ha abandonado algunos de sus vicios más notorios, sigue manteniendo otros. Por ello, Maligno acaba resultando un producto más o menos decente pero demasiado impersonal, sin nada nuevo que decir y sin ser tampoco brillante en las formas. Sin duda, su creador será recordado en el futuro por éxitos como la saga Saw, pero dudamos que esta idea obtenga mayor repercusión que los imitadores de Viernes 13 que surgieron durante los años ochenta. Bueno, miento: quizás nos acordemos de su póster.



