Con una historia cada vez más oscura y distante de la serie de origen, ha regresado El Internado: Las Cumbres que, creada por Laura Belloso y Asier Andueza, está disponible en Prime Video: hemos visto su segunda temporada.
Bienvenidos a nuestro reencuentro con El Internado: las Cumbres. Un año ha pasado desde que nos viéramos y la nueva temporada nos ha traído algunas respuestas y también abierto nuevas intrigas. Recordemos que la serie es reboot o, más bien, spin-off de la exitosa El Internado: Laguna Negra que fuera emitida por Antena 3, aunque tiene un tono mucho más oscuro y sin toques de comedia.
Según se anuncia, la próxima temporada será la última; mientras tanto pasemos al análisis de la segunda, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordarles que pueden ver aquí nuestro análisis de la primera.
Flores Amarillas
Nos habíamos quedado al final de la primera temporada con el asesinato de Elías, la consecuente rebelión de los estudiantes del internado y el terrible spin-off con Rita colgando de un árbol sin ojos ni vida.
Mara (Natalia Dicenta) está llena de culpas tras haber empujado a Elías desde lo alto: no solo cree verlo en cada monje encapuchado sino que, además, alguien le envía flores amarillas idénticas a las que hay sobre su tumba. En determinado momento, intenta quitarse la vida arrojándose desde la misma muralla, pero es detenida a tiempo por un monje llamado, muy apropiadamente, Salvador (Alberto Berzal), a quien momentos después confiesa su crimen y él promete el silencio correspondiente a una confesión.

Pero los envíos de flores continúan y ahora con notas haciendo referencia al crimen. No encaja que sea Salvador, pues lo de las flores venía de antes de la confesión. Quién es el que sabe todo y la está acosando es algo que no se revela en toda la temporada y, supongo, quedará para la de cierre.
Sala 3
Adele (Daniela Rubio), regresada a la institución tras estar secuestrada en la habitación blanca, les dice a sus amigos que fue Manu (Carlos Alcaide) quien la ayudó a escapar, confirmando así que está vivo. Cuando se le pregunta si es capaz de encontrar nuevamente el lugar, responde afirmativamente y se dirigen allí.
No logran, sin embargo, dar con la sala 3, que es donde tienen a Manu, ni tampoco saben que este ha logrado escapar por un conducto de ventilación tras aprender a contener la respiración para burlar el gas sedante. Él les ve desde lejos, pero no logra comunicarse y, para colmo de males, ellos deben huir cargando a Amaia (Asia Ortega), que ha metido el pie en una trampa para osos.
La Sombra de la Libélula
Elvira (Mina El Hammani), quien, recordemos, sostenía una relación con Elías, afirma que este venía traumado por la muerte de la joven Yolanda Pascual, ocurrida años atrás y de la que, indirectamente, se consideraba parte y cómplice: Yolanda no murió por una posesión como se dijo, sino por un veneno llamado platum, variante mucho más poderosa de la estricnina.

Consultado al respecto el prior Arturo (Kandido Uranga), le dice que el mismo solo puede ser elaborado recurriendo al Códice, conocimiento ancestral perdido y compendiado en un libro de tres tomos llamado Draco Musca, nombre en latín de la libélula .
Visiones Compartidas
Inés (Claudia Riera) está obsesionada con su pasado. Sabe que algo se le oculta y en su nuca ha descubierto la runa de la muerte que identificaba a la Logia del Nido del Cuervo, organización fundada en el siglo XVI por la bruja Beatriz de Osuna que se dedicaba a matar niñas a las que arrancaban los ojos y cuya muerte era anunciada con una suelta nocturna de velas sobrevolando el bosque. Fueron, además, los autores del Códice.
Inés ya ni sabe quién es y muchas de sus visiones son extrañamente compartidas con Amaia, como una niña fantasma en camisón o el internado sometido a bombardeo durante la guerra civil. Por qué los recuerdos de una se meten en la mente de la otra es otro punto por ahora no revelado; lo que sí sabemos es que Inés no es hija de Darío Mendoza (Ramiro Blas), como este pretende hacerle creer…
Igual que Ayer
Amaia y Paul (Albert Salazar) consiguen ocultarse en el auto de Darío y llegar hasta un laboratorio no lejos de allí, en donde, junto a varias fotografías de muertos, descubren evidencia que vincula al internado con un laboratorio médico llamado Codex: todo conduce a que los jóvenes están siendo usados como objetos de experimentación.

Al enseñarle las fotos a Inés, esta descubre en una de ellas a León (Joel Bosqued), el profesor de música, pero muerto y con monedas en los ojos al estilo de los funerales gitanos. De inmediato le despiertan recuerdos de un pasado compartido en que acostumbraba preguntarle si se casaría con ella y él siempre respondía: “todos los días”. Ese vínculo explicaría también la melodía que Inés repite en el piano y es leitmotiv de la serie.
Hay más hallazgos, como una vieja cinta con filmaciones en las que no solo aparece la niña del camisón sino también, para gran sorpresa, la propia Inés, vestida de enfermera en 1936, pero luciendo igual que hoy.
Hurgando aún más, hay fotografías de 1960 en las que aparece con idéntico aspecto y encuentran que su verdadero nombre es Alicia Bernal, en el pasado concertista de piano de bastante prestigio, a juzgar por el sello de Deutsche Grammophon que se aprecia en las cubiertas de los discos de vinilo.
Triángulo de Cuatro
En lo alto de una de las cumbres que rodean el internado, León ha hallado la tumba de la bruja y, en sus manos, una esfera de cristal en perfecto estado con una libélula dentro. A todo esto, la estatua del cuervo que adorna el patio central ha sido vandalizada y, como de costumbre, ello acarrea castigos.
La autora del hecho es Eva (Clara Galle), joven que, como sustituyendo a Rita, viene haciendo buenas migas con Adele: es experta en conseguir alcohol y drogas, así que ambas viven de juerga por los corredores. No comparte las mismas inclinaciones sexuales: por el contrario, se ha puesto como objetivo a Paul y por mucho que Adele le insista con que su hermano está con Amaia, no se desalienta.

Lo del robo del cuervo es, de hecho, un intento por llamar su atención, lo mismo que dejarlo caer, desde el tejado y a la vista del patio, sobre el el auto de Darío. Sin embargo, no es eso lo más importante que ven los jóvenes allí reunidos: de la salida de ventilación emerge Manu, a quien no veían desde la noche de su desaparición.
Más tarde sabremos que, perseguido con perros a través de los túneles, fue ayudado por Patricia Brun (Irene Anula), la madre de los hermanos Uribe que, fugada de prisión, ha logrado introducirse en el internado para sacar a sus hijos.
La reaparición de Manu deja azorado al alumnado y descolocados a Mara y Darío, quien, para evitar problemas, ordena integrarlo normalmente al resto de los estudiantes. Pero no sabe quién lo ha mantenido secuestrado ni parece desconfiar de las autoridades.
Con su reaparición, además, estalla un triángulo pues, en ausencia y presunción de muerte, Amaia ha intimado con Paul, ahora en jaque. De hecho, ella parece querer olvidar el “error”, lo cual, obviamente, desilusiona a Paul, que, en los pasillos y sin llegar al sexo, encuentra consuelo en Eva.
El triángulo, de todas formas, va y viene. Paul le dice a Amaia que nota extraño a Manu desde que regresó y no confía en él. Ella lo toma por simples celos aunque, poco a poco, va cayendo en la cuenta de que tiene razón. Pero, por otra parte, se entera del episodio con Eva y ello desalienta cualquier reconstrucción. Tampoco parece haber futuro con Manu, a quien, en un acto de sinceridad, le ha contado lo suyo con Paul.
Una Vida por Otra
Inés ha caído inconsciente y no despierta. Angustiado, Darío apela a su médico asistente Fran (Aitor Beltrán), quien le dice que están yendo demasiado lejos al forzar su mente. Recurre entonces a Elvira para pedirle ácido mileico, producto que ella misma, años atrás, introdujera al internado para tratar a jóvenes con problemas de atención. Elvira le advierte que en pacientes sin tales problemas, podría ocasionar graves efectos secundarios, incluso catatonia.
Mientras Inés no despierta, Amaia sigue compartiendo sus visiones, sueños y recuerdos: ve a un sujeto enmascarado colgar a la niña que se le viene apareciendo y que, antes de morir, emite un horrendo alarido semejante al de una banshee: en simultáneo, Inés despierta.
Darío teme que acabe por recordar su pasado, por lo que le aplica una inyección que borra recuerdos, mismo tratamiento que viene aplicando a León y al que se refería Fran con ir demasiado lejos.
Nos enteramos por flashbacks que León fue combatiente republicano durante la guerra civil y que, herido durante la misma, se enamoró de la enfermera que le atendió. Al morir, esta no se resignó a perderlo y acudió a la Logia del Nido del Cuervo, que la había rescatado a ella de la muerte por gripe española en 1915. Pero para salvar una vida había que entregar otra y la “niña fantasma” es quien les fue entregada por Inés (o Alicia o como se llame). Tétrico…
Vamos entendiendo así que la tan mentada sabiduría, luego perdida, consistía en no solo burlar la muerte sino también detener el envejecimiento. Ese conocimiento, no mágico sino científico, estaba contenido en el Códice, del cual se conserva solo uno de los tres tomos, siendo un misterio el paradero de los otros dos.
La Tumba del Verdugo
Amaia está intrigada por el verdugo de sus visiones, al cual en una antigua imagen ha reconocido con el nombre de Anselmo. Eva, apenas se lo nombra, la lleva a las criptas bajo el internado para enseñarle un cuerpo (mal) momificado en el interior de un ataúd de cristal al estilo Lenin. Así, se entera que el asesino de niñas no solo lleva casi cinco siglos muerto sino que, además, fue beatificado por Juan XXIII.
Por otro lado y desde un tejado, Amaia escucha a Darío hablar con Fran sobre un proyecto llamado Q27, rápidamente identificado por Paul como el mismo en que estuviera involucrada su madre y por cuyos experimentos terminaría en prisión acusada de homicidio múltiple. Todo indica que ha sido reflotado por Darío y, de hecho, en un libro de Patricia, han encontrado fotografías en que aparecen juntos.
Luna de Sangre
Amaia está convencida de que deben encontrar el Nido del Cuervo para hallar respuestas. Utilizando como brújula la ilustración de la libélula en el Draco Musca, logran llegar, a través de los túneles, hasta una cámara subterránea oculta en la cual hay cuerpos ya largamente reducidos a huesos: por más que hubieran encontrado el secreto de la juventud eterna o de la inmortalidad, los miembros de la logia terminaron muriendo.
Patricia planea sacar a sus hijos del internado con ayuda de su amiga Celia (Amalia Lizarralde), a quien Darío le viene llenado la cabeza con que León es el responsable de la muerte de su hija Alba. La Guardia Civil está en el lugar buscándola y ello produce sentimientos encontrados en Paul, reacio a acompañar a su madre por mucho que ella insista en que fue utilizada como chivo expiatorio en aquellos asesinatos que le endilgaron.
Adele anda de pura juerga con Eva por los pasillos y sus compañeros logran por poco salvarla de una intoxicación. Eva, sin compañera de excesos, llega adonde la Logia guarda los globos y realiza una suelta solo por diversión y sin conciencia de estarle dando la “batseñal” al verdugo para que mate una niña.
Ello pone en alerta a la Guardia Civil, que prohíbe cualquier actividad en los bosques. Es tarde: el verdugo que continúa la tradición de Anselmo logra capturar a Paz (Paula del Río) y llevarla a su cámara, donde instrumentos de tortura y manchas de sangre remiten a Hostel.
Patricia ha conseguido convencer a sus hijos de fugarse con ella. Se cruzan con Darío, a quien amenaza con una escopeta y acusa como responsable de las muertes que a ella le adjudicaron. Consiguen escapar en auto, pero Darío da aviso a la Guardia Civil y los interceptan.
Patricia acaba por entregarse. Adele toma la escopeta y amenaza a los uniformados, pero su madre y su hermano consiguen apaciguarla. El arma, no obstante, sigue cambiando de manos y es tomada por Celia, que va tras León y le da muerte en presencia de una desesperada Inés.
Los compañeros de Paz, en tanto, han descubierto su ausencia y van en su búsqueda: por sus visiones, Amaia sabe que su captor puede llevarla al cementerio y, en efecto, allí los encuentran.
Paul, sumado al grupo, amenaza al sujeto con la escopeta (¿nadie la ha incautado?), pero en un descuido y mientras Amaia intenta liberar a Paz, el verdugo da un puntapié al apoyo de la muchacha y termina ahorcada.
Llena de rabia e impotencia, Amaia lo liquida con el arma al tiempo que llega la Guardia Civil. Muerto y desenmascarado el asesino, termina siendo Pelayo Ledesma (Patxi Santamaría), profesor del instituto y tío de Yolanda Pascual, la niña cuyo asesinato tanto atormentaba a Elías.
Balance de Temporada
Lo primero para decir es que El Internado: las Cumbres ha terminado de afirmar el destete de El Internado: Laguna Negra, serie de la cual opera como spin-off. Es cierto que ya en la temporada anterior, las conexiones eran mínimas (apenas alguna referencia en el episodio inicial en forma de testimonios), pero ya ahora no hay ninguna y el tono oscuro, lindante con el terror y hasta a veces con el gore, se ve mucho más marcado.
Esta segunda temporada nos ha traído como gran revelación que la logia había encontrado la fórmula de la juventud eterna, siendo además esta de carácter no mágico sino científico, aunque, al decir de Arthur C. Clarke, la ciencia compleja se termina pareciendo a la magia. Y de todas formas, alrededor de ese conocimiento ancestral perdido se ha construido una red de rituales esotéricos ajenos a toda racionalidad.
Sabemos ahora que Inés mantiene el mismo aspecto desde hace más de cien años, aunque nos falta saber cómo y dónde la encontró Darío, si bien hay referencias que apuntan a Francia y Portugal. Queda también por determinar quién es el que le sigue los pasos a Mara y por qué los recuerdos de Amaia están ligados a los de Inés.
¿Está del todo muerto León o volverá Inés a sacar lustre al Códice? ¿Se puede hacer más de una vez? ¿La juventud eterna es sinónimo de inmortalidad o tiene fecha de vencimiento? Los esqueletos en la cámara de la logia dejan dudas en tal sentido, lo mismo que el cuerpo momificado del otrora verdugo de niñas.
La serie sigue llevando muy bien la intriga y el suspenso: en el episodio de cierre de temporada, sin ir más lejos, hemos tenido tres muertes y otro terrible cliffhanger.
El problema es que en la medida que la historia avanza y los misterios se van multiplicando, se hace cada vez más inverosímil que el internado pueda seguir tan desconectado del mundo y sin que se conozca lo que allí ocurre. El contexto de aislamiento, además, deja a muchos personajes literalmente huérfanos y son muy pocos los jóvenes del internado de quienes conocemos su historia previa.
Tampoco es muy creíble que Amaia y los suyos se sigan moviendo a sus anchas por corredores, pasadizos y cámaras subterráneas cuando se supone que ya deberían, con sus antecedentes, tenerlos especialmente vigilados.
La edad de los jóvenes es otro problema: a medida que transcurren las temporadas resultan cada vez menos creíbles como adolescentes y, en ese sentido, es buena decisión que la tercera sea la última.
Ya de por sí, cuesta pensar cómo se las seguirán apañando con tantos crímenes ocurridos a la vista de las fuerzas de seguridad, aunque es cierto que estas parecen tan ineficientes como inútiles los padres de los alumnos que, en su mayoría, no pasan a preguntar cómo están sus hijos ni siquiera habiendo asesinatos y desapariciones. Policía inoperante y padres imbéciles es una combinación que debe bastante al slasher…
Se sigue destacando la parte femenina del elenco: Natalia Dicenta, por ejemplo, tiene más posibilidades de explotar el potencial de Mara como personaje ya no tan liso, sino invadido por dudas, conflictos y culpas.
Del lado adolescente, siempre sólida Asia Ortega (Amaia), lo mismo que Claudia Riera (Inés), Paula del Río (Paz) y Daniela Rubio (Adele). Punto a favor por la incorporación de Clara Galle, joven actriz en ascenso que acaba de protagonizar en Netflix la película A Través de mi Ventana y que se luce en el papel de Eva, un gran aporte como personaje.
En el elenco masculino, nadie se destaca especialmente pero en líneas generales están todos correctos, salvo uno del cual ya no pienso seguir hablando (si tienen curiosidad, pueden leer mi análisis de la primera temporada).
En definitiva y a pesar de todos los peros y pegas, ha sido una correcta temporada que, sobre todo, logra mantener el interés y contar una historia atractiva. Esperemos que sepan darle un cierre acorde en la tercera en que, seguramente, se resolverán el resto de los enigmas.
Nos encontraremos cuando llegue o quizás antes por algún lugar de la web. Hasta pronto y sean felices…




Personalmente creo que la duda de quién le envía las flores a Mara es la amiga de León, de hecho las mismas flores están en su laboratorio y también se le ve a ella en una esquina.
hola Charlie: gracias por comentar. Buen detalle para tener en cuenta el que señalas; veremos si la tercera temporada así lo confirma. Un saludo!
I really enjoyed reading your analysis of El Internado: Las Cumbres. It was interesting to see how the different characters have changed and grown since the first season. I’m looking forward to seeing what happens next in the season!
Hi, thanks for commenting and I’m glad you enjoyed the article. I hope we meet to analyze the third season that, as announced, we will see in 2023. Greetings and good luck!