Analizamos el décimo episodio de La Búsqueda: Más Allá de la Historia que, además, cierra esta primera temporada, por lo que hacemos también balance de la misma. Recordemos que la serie de Disney+, creada por los esposos Cormac y Marianne Wibberley, es spin-off de las exitosas películas protagonizadas por Nicolas Cage.
Bienvenidos una vez más para analizar un nuevo episodio de La Búsqueda: Más Allá de la Historia (La Leyenda del Tesoro Perdido: Al Filo de la Historia, para Latinoamérica), en este caso el décimo y último de una primera temporada que se ha cerrado con las mismas debilidades exhibidas hasta aquí.
El título es Protectores del Tesoro y pasamos ya a reseñarlo y analizarlo advirtiendo que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordándoles que pueden leer aquí nuestros análisis anteriores.

Disparos en el Pantano
Retomamos en el embarcadero, donde habíamos quedado la entrega anterior con Betsy Ross siendo atravesada con una espada por Hendricks, ya definitivamente revelado como Salazar. Mientras la agente queda en el piso muerta o cerca de estarlo, Billie, siguiendo al orientador y a la búsqueda del tesoro, se embarca con los suyos en una lancha manteniendo siempre como rehenes a Jess y Rafael.
Salazar suelta un discurso mesiánico sobre la importancia del rol de Cras est Nostrum en destruir los tesoros para que no caigan en manos del poder político y sean usados con fines de poder y dominación. No sé: dicho así, hasta parecen los buenos…
Los amigos de Jess llegan al lugar y, ocultos, alcanzan a ver a Ross tendida y al parecer sin vida, así como a un único guardia apostado en el lugar. Mientras arman un plan para sorprenderlo, los sorprendidos son ellos, pues hay otro al que no han visto y acaban capturados. Cuando están a punto de ser liquidados y “arrojados a los cocodrilos”, son sus captores quienes caen sin vida al ser alcanzados por los disparos de Betsy desde el piso: increíbles puntería y efectividad para estar casi muerta…
Las Trampas del Coyote
El grupo se divide. Oren y Tash parten en busca de algún sitio en que puedan atender a la agente Ross, mientras Liam y Ethan cogen un bote y van en procura de rescatar a Jess y su padre.
Llevándoles ventaja, Billie y lo suyos llegan ante una densa barrera de niebla a la que Rafael, casi en plan de guía turístico, define como “niebla de la muerte” y dice que fue mencionada en las crónicas de Hernando de Soto, primer explorador europeo del Mississippi: no me consta ni puedo refutarlo, pero la niebla termina siendo una gran decepción y, salvo que les hace encallar, no tiene nada que la haga merecedora de tan terrible título.
Eso sí, al atravesarla hay unos cuantos huesos humanos cuidadosamente amontonados (cuando se supone que llevan siglos expuestos a todo tipo de carroñeros): según Jess, corresponden a los hombres de la expedición de Soto. Hasta donde sé, sin embargo, él fue el único que murió en el Mississippi y el resto continuaron camino de regreso a México.
Pronto llegan a presencia de un tótem con apariencia de coyote erguido y nos vienen a la mente las advertencias de Rafael sobre el coyotes y trampas mortales. En efecto, cuando uno de los hombres de Billie se acerca para extraer al ídolo los ojos pensando que son esmeraldas, recibe en el rostro un gas que le hace alucinar: presa de delirio, mata a su compañero, pero acaba muerto por Kacie, herida a su vez en una pierna.
En el entrevero, Jess y Rafael logran escapar siguiendo el rumbo que venía trayendo Billie. Llegan a una bifurcación y se deciden por el camino de la izquierda, amparándose en que el nombre de Huitzilopochtli, dios de la guerra de los aztecas, significa “colibrí zurdo”. En fin: a resoplar y seguir..
Las trampas siguen apareciendo y cuando ninguno de ambos advierte el bajorrelieve de un coyote entre la maleza, una gran jaula les cae encima aprisionándoles como a ratones. El cautiverio sirve al menos para una retrasada charla entre padre e hija: Rafael se lamenta de haberse perdido lo más importante de la vida, como los primeros pasos o las primeras palabras de su hija.
Jess, para no dejarle solo en la autocrítica, dice ahora entender el legado familiar y se culpa de que él esté allí y no, al menos a salvo, en prisión. No estoy tan de acuerdo: Rafael había programado fugarse ese mismo día y, de hecho, el plan de escape terminó siendo más el de él que el de ella…
La impensada terapia familiar es por suerte interrumpida cuando llegan Liam y Ethan: haciendo palanca con una gruesa rama, logran levantar la jaula para que puedan salir Jess y su padre, quien se salva por muy poco de quedar en brocheta.

Se aprestan a continuar camino, pero Ethan decide regresar al embarcadero argumentando que si Oren y Tasha consiguen ayuda, la misma llegará por allí y alguien debe enseñarles el camino.
Médico al Teléfono
Oren y Tasha siguen su camino con Betsy en estado de inconsciencia. Intentan contactar a un hospital o a la policía, pero no hay señal y, cuando la hay, Oren no sabe dar una ubicación exacta.
Suena entonces el móvil de Ross y Tasha advierte que quien llama es un médico: mejor imposible. Se trata, claro, de Zeke, a quien Betsy había encomendado llamarla si en veinte minutos no salía del pantano.
Puesto al tanto de la angustiante situación, da instrucciones a Tasha para detener la hemorragia mientras Ross balbucea que, en caso de morir, den aviso al FBI de que Hendricks mató a Sadusky. No es necesario: alejando el peligro de muerte, Tasha logra frenar la pérdida de sangre y que vuelva a respirar normalmente…
Cambio de Mando
Billie, Salazar y Kacie, ahora reducidos a trío, han llegado a la bifurcación. Un brazalete en el suelo parece indicarles el rumbo que Jess y su padre tomaron, pero la realidad es que la joven lo dejó deliberadamente. Toman, por lo tanto, el camino de la derecha y hay más coyotes y trampas. Logran sortearlas y, dándose cuenta del engaño, comienzan a desandar el camino, pero a Kacie le cuesta avanzar y, con absoluta frialdad, Salazar la liquida de un disparo…
Billie no sale de su asombro mientras Salazar explica que la causa es más importante que cualquier otra cosa y Kacey era un lastre en el estado en que se hallaba. Ella reconoce la frase pues, según Rafael, así se había justificado Salazar al matar a su hermano Sebastian. Interponiendo siempre la causa, él admite haberlo hecho, pero no dice nada más porque Billie lo ultima de un disparo.

“Ahora Salazar soy yo” sentencia mientras se echa al cuello el colgante de Jess. Vaya que duró poco el anterior Salazar…
El Tesoro Panamericano
Jess, Rafael y Liam llegan a una construcción precolombina que luce bien cerrada y con una estatua de Huitzilopochtli a la entrada. Volviendo al criterio del colibrí, Rafael activa a la izquierda un mecanismo que abre una gran puerta y les permite pasar a una cámara que lleva siglos cerrada y oculta…
Descubren un piso de baldosas con figuras claramente ligadas a las culturas maya, azteca e inca. Jess interpreta que se trata de un gran rompecabezas que se resuelve con las figuras que, para cada una de las tres culturas, representan serpientes: se trata, por lo tanto, de saltar y pisar las baldosas correctas o, de lo contrario, perecerán bajo una lluvia de flechas.
Una vez que lo logran, se abre una gran puerta circular e ingresan en una habitación a oscuras (bueno, es lógico), a cuyo centro se encuentra una gran roca cristalina y en punta a la que Rafael, volviendo a su rol de guía, define como “piedra de luz”.
No sé cómo sabe que deben girarla pero, al hacerlo, toda la habitación se ilumina mostrándoles el tesoro del que nos vienen hablando desde el inicio de la serie. Admito que es el único momento del episodio que verdaderamente me emociona, no tanto por el descubrimiento en sí sino porque, suena de fondo el tema principal de Trevor Rabin y no puedo desligar la escena de Ben Gates y el momento del hallazgo en la película de 2004 (aquí retro-análisis).
Pero al girar la piedra han también activado, sin saberlo, el sistema de apertura desde el exterior que Billie, recién llegada, intentaba descifrar: le han hecho un favor, digamos… El otro problema es que la cámara ha quedado cerrada (se nos cruzan imágenes de la habitación de las pistas en casa de Sadusky), por lo cual no tienen forma de sacar de allí el tesoro ni tampoco salir…
Por suerte, Billie lleva siempre un buen explosivo consigo, así que hace estallar la puerta desde afuera. Lo de suerte es relativo porque tiene una pistola en mano y la clara intención de destruir a fuego limpio todo lo que hay allí, pero cuando quiere comenzar con un tapiz de Malinche, sus piernas son atrapadas por unas boleadoras que Jess halló en el suelo y que, siendo patagónicas, no sé cómo fueron a parar al Mississippi. Pero, bueno, aquí todo es muy panamericano…
Billie intenta disparar, pero Ethan, a quien hacíamos en el embarcadero, llega y le propina un puntapié despojándola del arma, que va a parar a Liam. Rafael, en tanto, ha quedado aprisionado bajo una roca y todo indica que ha muerto…
Jess llora desconsolada mientras le dice lo importante que ha sido para su vida, pero de pronto él vuelve súbitamente en sí y las lágrimas trocan de tristeza en alegría. Muchacha: nosotros, desde casa, no teníamos la posibilidad, pero… ¿no podías controlarle el pulso o la respiración?…
Consultado sobre su presencia allí, Ethan responde que cambió de plan al ver a Billie ir tras ellos, pero dejó una “señal de humo”. No sé qué significará eso pero, como en aquellas películas en que la caballería llegaba cuando ya todo estaba definido, el lugar es invadido por cuerpos armados y uniformados en una escena que parece propia de Kong: La Isla Calavera.
Jess recupera su colgante del cuello de Billie y mientras esta (una vez más) es llevada detenida, advierte a la joven que, con lo que ha hecho, “se perderán muchas vidas”. Jess responde que la verdad siempre es peligrosa y que pasará mucho tiempo en la cárcel: Saussure de Oro para quien haya entendido ese diálogo…
Cuando le pregunta a Liam cómo lograron seguirles el rastro siendo que ella había dejado una pista falsa, él responde que, precisamente, usó la lógica inversa y dio por sentado que habría dejado el brazalete para confundir a Billie. “Creo que ya estoy empezando a conocerte” remata, mientras la platea suspira un «aaaaaaahhhh»…
El tesoro, ahora, es expuesto en un gran salón mientras todos celebran y se toman selfies. Jess ahora llama papá a Rafael y, además, se anoticia de que Tasha y Oren están juntos. Betsy, ya repuesta y como se preveía, está en pareja con Zeke. ¿Y Liam? Pues irrumpe súbitamente y con claras señales de entusiasmo…
Viene de la que fuera la casa de su abuelo con un casete en la mano (sí, o cassette si lo prefieren así, de esos que rebobinábamos con un lápiz cuando teníamos el cabezal ocupado): según dice, hay allí más información y, una vez más, tiene que ver con un tesoro… ¿Hay otro entonces?

Balance de Temporada
Sé que era iluso de mi parte esperar que el último episodio de la temporada no fuera un despropósito como el resto. Tal vez tenía todavía muy fresca a Willow, de la misma plataforma y también cubierta por quien suscribe, en la cual las dos últimas entregas salvaron algo: no fue este el caso.
La tendencia a la brevedad no podía sino estar presente también en el final y ello fue lo que ocurrió con Salazar, Hendricks o como se lo llame. Nos enteramos de su verdadera identidad al cierre de la entrega anterior y fue muerto por Billie a mitad de esta, lo que significa que el Salazar versión Hendricks duró, para nosotros, solo medio episodio. La serie persiste en no dar desarrollo a personajes, situaciones y relaciones. De todos modos, en este caso particular, no sé si no lo agradezco por lo mal actuado que estaba, cosa que quedó harto más evidente cuando el personaje dejó de fingir y se mostró tal cual era.
Sorprende, en cambio y gratamente, que Billie haya durado toda la temporada e incluso siga viva de frente a una segunda, lo que hace pensar que, en caso de haberla, los showrunners volverán a echar mano de Catherine Zeta Jones: quien está en prisión, después de todo, está con vida. Y quien está con vida, siempre puede volver…
Si algo denota la debilidad de la serie es que sus momentos más emotivos se producen cuando evoca a las películas: el tema de apertura, la presencia de Harvey Keitel en el primer episodio o de Justin Bartha en el cuarto, la escena de hallazgo del tesoro… Por cierto: esa imagen con que la serie se promocionó y en la cual se veía a Jess y sus amigos de pie sobre el tesoro jamás tuvo lugar…
Lo de la intrincada resolución de pistas es algo de lo que ya he venido hablando durante toda la temporada y casi huelga volver a hacerlo en el balance final, pero les pregunto: ¿no sintieron muchas veces ganas de avanzar con el control remoto hasta que terminara la resolución de cualquiera de esos enigmas?…
Quizás hasta lo hayan hecho, lujo que no puede permitirse quien, como yo, debe hacer una reseña. Pero a lo que voy es a que si tal deseo nos invade, es señal inequívoca de que ya nos da lo mismo cómo se resuelva el acertijo: no podemos seguirlo ni, menos que menos, adelantarnos a descifrar pistas.
Básicamente, la temporada ha quedado cerrada, más allá del casete del final que ha dejado abierta la puerta para una segunda. No significa que todas las preguntas hayan sido respondidas de modo satisfactorio (diría que la mayoría no). Sigue sin entenderse, por ejemplo, la función real de Cras Est Nostrum o el provecho que buscan y, en ese sentido, esta última entrega solo aportó más confusión.
Parecieran ser simples conspiranoicos que, en lugar de ver un complot para ocultar que la Tierra es plana o que el sistema es manejado por reptiloides, creen que hay una clase política dispuesta a hacerse con los tesoros para manejar el mundo a su antojo. Si fuera solo eso y su objetivo no pasara de frenar los abusos del poder político, hasta podrían caernos simpáticos y pintorescos, pero la realidad es que no vacilan en matar gente con tal de conseguir su cometido. Parecen algo maquiavélicos y empeñados en la búsqueda de un “bien mayor”.
En cuanto al romance y melodrama que supuestamente cumpliría con la función de atraer al público adolescente, no ha sido siquiera bien explotado y los triángulos que se plantearon (Jess-Liam-Ethan y Jess-Ethan-Meena) han sido presentados muy débilmente y sin conducir a ningún lado: las dudas, culpas y remordimientos han pasado sin pena ni gloria, como tampoco relación con la resolución de la historia…
El elenco, quitando al flojo Armando Riesco (Hendricks/Salazar), ha cumplido, aunque sin actuaciones memorables. Lisette Olivera (Jess) ha estado correcta, lo mismo que Zuri Reed (Tasha), Jacob Vargas (Rafael) y, muy especialmente, Antonio Cipriano (Oren), que nos ha entregado los momentos y comentarios más divertidos, aunque no tanto en este último episodio. Pero la experiencia pesa y quienes más se han destacado han sido claramente Catherine Zeta Jones (Billie) y Harvey Keitel (Peter), aun con lo breve del paso de este último por la serie.
¿Habrá segunda temporada? Pues hasta ahora Disney no ha hecho anuncio oficial y desconozco cuáles serán las cifras de audiencia pero, a riesgo de equivocarme, me permito aventurar que sí. Disney no baja la guillotina tan fácil como lo viene haciendo Netflix y, además, no es que la serie tenga un gran costo a la vista, lo cual podría ser una traba para su renovación. Es paradójico porque me gustaría que le destinaran más recursos (sobre todo en las localizaciones), pero si así fuera habría peligro de cancelación.
En lo particular, espero que la continúen. Yo no suelo abogar por la cancelación de una serie cuando no me gusta: simplemente dejo de ver. Y además tengo la esperanza de que haga por fin presencia Nicolas Cage en la piel de Ben Gates, aunque más no sea por un único episodio como Justin Bartha. Por último, pero no menos importante, tengo cierta expectativa con la tercera película que está en danza y temo que una cancelación de la serie pudiese posponer el proyecto o incluso archivarlo.
Espero, por lo tanto, que nos encontremos en la segunda temporada y roguemos desde ya para que sea mejor. De cualquier modo, algo voy a rescatarle al modo en que terminó la primera y espero que sean sinceros conmigo: cuando Liam se apareció con el casete, ¿no temieron como yo que se viniera con una de sus canciones? Y al saber que no era así, ¿no respiraron aliviados?
Hasta la próxima y sean felices…



