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Análisis de Star Trek: Starfleet Academy. Temporada 1. Episodio 4

Continuamos analizando Star Trek: Starfleet Academy, hoy con su cuarto capítulo titulado Vox in Excelso (Voz en Alto). Creada por Gaia Violo, la serie que expande el universo de la franquicia Star Trek puede ser vista por Skyshowtime para España y Paramount+ para América Latina.

Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Nuevamente aquí para analizar un nuevo episodio de Star Trek: Starfleet Academy, en este caso el cuarto que, por lo menos a mí y supongo que a muchos, me ha hecho recuperar las esperanzas en la serie después de que el tercero nos las hubiera casi matado.

Y si el episodio fue tan bueno, en ello tiene que ver seguramente el papel central de Jay-Den Kraak, ese particular klingon pacifista que, lo veníamos diciendo, se perfilaba como uno de los personajes más interesantes y acaba por confirmarlo en un capítulo que recoge la mejor esencia de la franquicia y reconecta de modo especial con los klingon, de quienes prácticamente no habíamos sabido nada después de la Quema.

Pero pasemos mejor a analizar lo que nos ha dejado este cuarto episodio, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer en nuestra web los análisis previos, tanto de esta como de otras series y películas de la franquicia.

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El Peso del Pasado

El relato en off inicial no está en este capítulo a cargo de ningún cadete sino de la propia Nahla Ake, lo cual lo acerca más al concepto de bitácora y máxime cuando, según cuenta, llevan tres días en viaje a bordo del USS Athena. Observando una nebulosa y pensando en el camino que a alguna estrella le habrá llevado llegar a convertirse en la misma, reflexiona sobe los cadetes y la historia personal que a cada uno de ellos precede.

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El Doctor está dando clases de debate que consisten básicamente en competencias dialécticas entre los alumnos y Caleb se luce superando rival tras rival citando atinadamente cada artículo de los reglamentos y códigos de la Federación. Pero cuando llega el enfrentamiento final con Jay, el klingon se muestra renuente por su pánico a hablar en público y tampoco le interesa la confrontación.

Anoticiado después por Nahla de que una nave con refugiados de su raza se ha estrellado y su familia viajaba a bordo, Jay queda visiblemente turbado, pero se esfuerza por mostrarse firme en la postura de que dejó atrás su pasado y su raza o, al menos, es lo que quiere creer y hacer creer.

Un flashback nos lleva entonces dieciséis años atrás a Krios Prime y vemos los problemas que el joven Jay tenía con su familia, especialmente con sus padres, para quienes no cabía para él otro destino que el de guerrero, el cual, a diferencia suya, su hermano Thar (Tremaine Nelson) supo abrazar gustoso.

Paradójicamente, este último era el único en la familia que entendía a Jay y sabía que ese no era su destino. Por eso mismo le obsequió una baliza de la Federación que consiguió gracias a turbias operaciones de tráfico de tecnología, pero esas actividades le hicieron meterse con quien no debía y acabó muriendo por una daga envenedada, no sin antes aconsejar a Jay que siguiera su camino y mirara hacia las estrellas.

La pérdida significó un gran dolor para la familia y llevó aún más al padre de Jay a exigir a su hijo que se convirtiera en el guerrero que su fallecido hermano ya no podría ser. Le llevó a tal fin un rito de paso consistente en dispararle a un ave de presa (una de verdad, no una nave klingon), pero su hijo se negó y acabó por hacerlo él mismo que, desencajado y furioso, erró su diana instalando en Jay la idea de ser el culpable por la ira que le había provocado. Desde ese día, el joven klingon siguió su propio camino…

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El Desafío de Hoy

Vueltos al presente, la situación que viven los klingons es crítica, al punto que quedan unas pocas casas y al borde de la extinción. Existe un planeta llamado Faan Alpha que tiene buenas condiciones condiciones para albergarlos y podría convertirse en su nuevo hogar, pero el orgullo klingon hace impensable que acepten un favor de la Federación.

Vance habla pues con Nahla para pedirle que contacte al general Obel Wochak (David Keeley), con quien tiene del pasado una buena relación y podría hacer de nexo. Se reúne en efecto con él y se ponen borrachos y nostálgicos de recordar el pasado compartido, pero al momento de hablar de Faan Alpha, Obel entiende la postura de Nahla y la buena voluntad de la Federación, pero sabe que las casas klingon jamás aceptarán y será en vano tratar de convencerlas.

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Mientras tanto, la diáspora klingon se convierte en tema de debate dentro la Academia a pesar de la resistencia inicial de Jay. Caleb expone su postura de que es misión de la Federación ayudar a los klingon incluso contra su voluntad pues así lo imponen las normas. Jay, por supuesto, no está de acuerdo. Lo suyo parece una marea de sentimientos encontrados que confluyen en una misma posición, pues no se sabe hasta qué punto es que no quiere ayudar a la raza que lo rechazó o que es también un klingon y asume los códigos de honor de su cultura por mucho que haya renegado de ellos.

Una esclarecedora charla con Lura Thok, cuya parte klingon hace que le entienda mejor que nadie, le lleva a comprender que su padre no falló el disparo aquel día o, mejor dicho, si lo hizo fue de manera deliberada para dejarle ir y que siguiera su camino en lugar de quedar para siempre sometido a la discriminación y ridiculización por parte de los suyos.

Lo mejor que puede hacer Jay, por lo tanto, es defender los valores de su raza, pero no desde el klingon que su familia quería que fuese, sino desde el que es hoy. Y, en efecto, cuando llega el momento de exponer su posición en el debate, es lo que hace…

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Dice que en la Federación no entienden lo que define a los klingon como tales y pretenden que sean como ellos quieren (algo parecido a lo que hacían sus padres con él). En los valores de su raza no caben la misericordia ni la caridad sino la conquista y a ello, justamente, se ajusta su plan: simular un enfrentamiento por el planeta Faan Alpha impeliendo la Flota a los klingon a largarse por hallarse en su jurisdicción. Varias naves terminan incluso llegando en supuesto apoyo para el eventual combate.

Tras un simulacro de batalla, las mismas se acaban retirando y dejando el planeta en posesión de los klingon, quienes de ese modo lo han terminado tomando por “conquista”. Obel no es tonto, desde luego, y sabe de qué va la cosa pero, sea como sea, ya tienen hogar y no han tenido que renunciar a sus valores ni su cultura.

Mientras recibe, para su alivio, noticias de que su familia se encuentra bien, Jay aprende a llevar mejor su pasado. En charla con Caleb, le confiesa que si no lo dejó antes entrar a su corazón como amigo o quizás incluso como hermano, fue porque sintió que al hacerlo estaba desplazando de ese lugar al suyo propio. Ahora entiende que no se trata de dejar atrás el pasado sino de dejar entrar el presente…

Balance del Episodio

Vaya bipolaridad la de esta serie. Tras dos primeros episodios correctos pero algo erráticos y un tercero para el olvido, Vox in Excelso ha sido hasta el momento y sin duda el mejor de la temporada y no solo eso, sino que por primera desde que la misma se inició tuve por fin la sensación de estar realmente viendo Star Trek.

Sin humor tonto ni chistes innecesarios, le sentó bien al capítulo que los de la Academia se hallasen ahora en viaje, pues eso nos libró de San Francisco y especialmente de la insufrible Escuela de Guerra y sus competencias intertribales. Por el contrario, el episodio nos reinstaló en la mejor esencia de la franquicia al poner en el centro del debate (y nunca más literal) los conflictos entre ética, solidaridad y autodeterminación.

Y si Jay ya pintaba como personaje interesante, el flashback sirvió para entender mejor su carga familiar a cuestas y lo mucho que su vida afectaron tanto la sombra de su padre como la triste pérdida de su hermano, en definitiva quien mejor lo entendía: un trauma mucho más rico, interesante y trekkie que el de Darem, a quien sus padres simplemente habían dado la espalda por equivocar una nota en un concierto.

Además, el capítulo sirvió para ilustrarnos acerca de los klingon post-Quema, realidad de la cual prácticamente nada supimos en Star Trek: Discovery y, en ese sentido, el aporte de Lura Thok fue fundamental para hacer entender al joven Jay la importancia del compromiso con su cultura sin desmedro de su camino elegido en la Academia.

El diálogo entre ambos ha sido uno de los grandes momentos del episodio y permitido el lucimiento tanto de Gina Yashere como de Karim Diané, además de hacer gran honor a la franquicia que las palabras más cálidamente humanas salieran de boca de seres que no lo son: baste con recordar los aportes emocionales que Spock (humano solo en parte), Data, Worf o el Doctor han hecho en otros momentos de la misma.

Hablando del Doctor, qué bueno tenerlo de vuelta después de su ausencia en el episodio anterior y no solo eso sino también ver la evolución que ha atravesado a lo largo de los siglos, pues sabíamos por Star Trek: Voyager de su capacidad para hacerlo y, definitivamente, ha incorporado todos esos conocimientos y habilidades que en su momento tanta curiosidad le despertaran al punto de ser ahora un maestro en técnicas de debate. Es que, así como no era lógico que todos los klingon fueran iguales y sin margen para la individualidad, tampoco lo hubiera sido que el Doctor estuviese exactamente igual después de tanto tiempo.

Bienvenido sea además que el personaje de Holly Hunter no haya estado tan sobreactuado como en el episodio anterior, aunque creo que eso se debió al tono mucho menos humorístico y más introspectivo del capítulo: ojalá no sea efímero. Lo que me despierta intriga es su relación con Obel Chowak, pues sea lo que sea que entre ambos haya pasado, está claro que no hubo solo amistad. ¿Reaparecerá esa historia?

Hemos tenido, además, un par de guiños maravillosos de esos que tanto nos gustan y emocionan a quienes amamos la franquicia, como que una de las naves que llegan de apoyo se llame USS Riker o que, al momento de aprontarse los klingon para la batalla sonase de fondo el clásico e inolvidable Tema Klingon que Jerry Goldsmith compusiera casi cinco décadas atrás para Star Trek: La Película (1979).

 

En fin, solo nos queda esperar que este episodio no haya sido un espejismo, pues está visto que la serie es bastante errática no solo en cuanto a calidad, sino también a enfoque que, por cierto, ha sido en este capítulo diametralmente opuesto del anterior. A ver si el próximo confirma el buen camino o nos deja otra vez a la deriva en el espacio

Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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