Reconozco que, en un primer momento, no me planteaba ver esta película. La momia de Lee Cronin me sonaba a El exorcismo de Emily Rose y, como tal, a serie B terrorífica que no suele ser de mi interés. Luego me di cuenta de que esta película es una reformulación de La momia y que han tenido las narices de poner el nombre de su director en el título. Como si Cronin fuera tan conocido como Tarantino, Spielberg, Scorsese o Nolan.
Aún así, más allá de la curiosidad de su título, he de decir que, tras ver esta gran película, ya no solo voy a ver todo lo que se estrene de La momia, sino también las próximas películas de su director Lee Cronin.
El filme se centra en una familia desolada tras la desaparición de una de sus hijas cuando estaban afincadas en El Cairo. Ocho años después, la misma reaparece tras haber estado mucho tiempo dentro de un sarcófago. La familia acogerá al miembro perdido y tendrá que lidiar tanto con sus propios sentimientos como con las extrañas conductas de su hija…
Es curioso el rumbo que están tomando alguno de los monstruos de la Universal. Mientras que Drácula y Frankenstein no paran de ser adaptados de forma más o menos literal (Nosferatu, Frankenstein de Guillermo del Toro, La novia), en 2020 se estrenó una reformulación de El hombre invisible, donde la ciencia ficción se convertía en una home invasion con una mujer aterrorizada por un acosador que no puede ser visto. Así, la película nos entregaba tanto un terror efectivo como una metáfora de la lacra de la violencia de género.

La productora Blumhouse, detrás del éxito de aquella película, retoma otro mito del terror con La momia. Aquí no hay rastro del terror onírico de La momia clásica de 1932. Ni tampoco de las aventuras de Brendan Fraser a finales de los 90 o la de Tom Cruise en 2017.
Aquí la maldición egipcia es una excusa argumental para narrar una historia muchas veces vista: la de una familia atacada desde su propio núcleo con la posesión demoníaca de uno de sus miembros.
En este sentido, el guión de Cronin únicamente aporta un detalle argumental interesante sobre el duelo. El dolor por la desaparición de su hija es inenarrable y seguro que muchos padres habrán contemplado estas escenas con un nudo en la garganta. Pero, una vez inmersos en un dolor con el que convivirán el resto de sus vidas, ¿se está dispuesto a que el ser querido vuelva, aunque no sea la misma persona que desapareció? Queda claro que sus padres la siguen queriendo, pero, ¿Y si el que ella regrese supone la destrucción del resto de la familia?
Aún así, lo más interesante de La momia de Lee Cronin no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. La película es el ejemplo perfecto de como el género de terror es único en una de las grandes paradojas del entretenimiento moderno: el cómo disfrutar una película pasándolo mal.
La película es una sucesión de escenas de terror in crescendo que, cuando llega la imagen desagradable, no aparta la cámara, sino que la mantiene un paso más, generando una sensación incómoda que llevaría a muchos a irse de las salas de cine…si no fuera por ciertos detalles humorísticos que nos hacen tomar distancia de lo que vemos.

Sin destripar detalles del argumento, vemos la escena de un funeral en el que los huevos rellenos son salpicados de sangre y unas asistentes se los comen con gusto, alabando el sabor sin saber lo que contienen.
Tanto el terror como el humor o el gore se ven atravesados por el drama familiar al más puro estilo El exorcista, con una familia desconcertada por el ser en el que se ha convertido su hija. Y esto no funcionaría si no fuera por las excelentes interpretaciones de los padres, el irlandés Jack Reynor y la española Laia Costa, en su salto internacional tras ser la protagonista de Cinco lobitos.
En definitiva, La momia de Lee Cronin es una gran película de terror que coge la fórmula clásica de La momia para hablar del duelo y del desear que una persona regrese a toda costa a través de una historia que aúna el drama familiar, el terror clásico, el gore y unas pinceladas de humor. Si os gusta la extraña sensación de disfrutar pasándolo mal, no os la perdáis.
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