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Análisis de Star Trek: Strange New Worlds. Temporada 4. Episodio 9

Nos queda un solo episodio para finalizar la cuarta temporada de Star Trek: Strange New Worlds y analizamos pues el noveno, que lleva por título Había una vez La’an.  Creada por Akiva GoldsmanAlex Kurtzman Jenny Lumet, la serie puede ser viste en España a través de Skyshowtime y en América Latina por Paramount+.

Hola otra vez trekkies y no tan trekkies. Nuevamente aquí para analizar una nuevo capítulo de esta cuarta temporada de Star Trek: Strange New Worlds que, sin el brillo de las dos primeras, viene en general aprobando bien y entregándonos episodios divertidos a la vez que visualmente deslumbrantes como este noveno que hoy nos ocupa.

Casi como anunciando su despedida, pues recordemos que la quinta temporada será la última, la serie no solo rinde homenaje a personajes que han pasado en otros momentos de la misma, sino que además parece tambien estarle diciendo adiós a algunos que nos vienen acompañando este último tiempo, lo cual, desde luego, no puede sino producirnos algo de nostalgia anticipada.

Pero pasemos a ver qué ha ocurrido, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer en esta web los análisis previos, tanto de esta como de otras series y películas de la franquicia.

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Regreso al Reino Elíseo

Comenzamos con la bitácora inicial a cargo de La’an contándonos que regresan de una misión relacionada con una boda diplomática, pero que se ha producido un buen revuelo al descubrir ella que el dignatario contrayente era un espía orion, acabando la ceremonia con el rostro de este metido en un pastel y el vestido de la novia incendiado (¿por qué no vimos eso???).

Actitudes como esa son justamente las que preocupan al resto, tanto que Pike pide a M´Benga que le realice a La’an un chequeo que, sin embargo, da como resultado que está en óptimas condiciones para su trabajo.

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Por otra parte, se cruzan con un planeta errante de forma extraña (parece el sueño de un terraplanista) y que se mueve con energía propia y desafiando toda ley física, a pesar de lo cual cuenta con gravedad, atmósfera e incluso vida.

Liderando Pike un grupo de desembarco, descubren un mundo de fantasía con pequeñas hadas, un bosque luminoso y un castillo que remite a Disney, como si estuvieran en un cuento un gran planeta medieval, aunque Pelia, por propia experiencia, apunta que huele mejor que la edad media.

La sorpresa llega cuando se cruzan con M’Benga y este se pone en guardia, pero las lecturas de Spock indican que no es realidad M´Benga sino un doble que, identificando a La’an como princesa Talia, se apresta a defenderla espada en mano. Por suerte para ellos (o para él) es ella misma quien lo pone en su lugar apuntándolo con su faser (aunque no vemos cómo termina esa escena).

Comunicados con el verdadero M’Benga en la Enterprise, este llega a la conclusión de que se hallan en el Reino Elíseo, mundo que responde a la historia fantástica de aquel libro que él leía a su hija Rukiya y que, por cierto, ya habían visitado en el pasado (temporada 1, episodio 8), pero no conservan el recuerdo por haberles sido el mismo borrado tras la experiencia.

Por alguna razón, supone, la ciencia que posibilitó aquello sigue activa y deberían andar por allí sus dobles, pues en ese mundo Pike era el cobarde Sir Rauth, Spock el oscuro hechicero Pollux y La’an, en efecto, la princesa Talia. Pelia pregunta por su doble y se decepciona al recordársele que no estaba a bordo de la Enterprise en aquel momento.

La’an no concibe que pueda existir un mundo en el cual la magia sea real y Spock le recuerda que la ciencia muy avanzada es indistinguible de la magia, dando pie la famosa cita de Arthur C. Clarke a que Pelia presuma de haberle alguna vez pasado notas a este y a Stanley Kubrick. Lo que M´Benga supone es que así como aquel mundo imaginario creado por una nebulosa consciente cumplió la función de hacerlo enfrentar sus propios conflictos, es posible que esté ahora haciendo lo propio con La’an para que pueda resolver los suyos.

Para que puedan investigar, se les envían ropajes adecuados para pasar por sus dobles, pero solo sirve para que acaben arrestados, yendo Pike, Spock y Pelia a parar a un calabozo y encontrándose allí con el doble de La’an, la infantil y caprichosa princesa Talia, puesta en cautiverio por la malvada reina Neve.

En cuanto a la La’an original, se encuentra precisamente con dos guardias de la reina que creen que ha escapado y tienen la mala idea de intentar apresarla, recibiendo una paliza. Un justiciero enmascarado se presenta a defenderla, pero mucho no puede hacer y se lleva también su parte…

Al quitarse la máscara, se trata de James Kirk o, mejor dicho, su doble, el príncipe Gallardo, quien dice a La’an (en realidad a Talia) ser su gran amor y llevar meses intentando rescatarla. Ella, sabiendo que sus compañeros están prisioneros, pide que la lleve a los calabozos con la excusa de que olvidó allí su collar y lo necesita para recuperar la memoria que le robó la reina y volver a recordar su amor por él.

Gallardo dice que para ello necesitan la Llave de la Consecuencia, pero la misma se halla oculta en algún lugar del bosque y no sabe dónde. El encuentro casual con Sir Arya (el doble de Ortegas) les ilumina al respecto poniéndoles al tanto de que se halla en poder de un temible monstruo que habita en un siniestro paraje denominado Pantano de la Muerte Infinita.

El Dragón de Hierro

Entretanto, los verdaderos Rauth y Pollux encuentran elementos de la Enterprise y, entre ellos, un comunicador que, al accionar por accidente, les pone en contacto con un alférez que les transporta a bordo por entender que estaban justamente requiriendo eso.

Situación de espejo, pues al notar los sorprendidos recién llegados que todos allí les confunden con unos tales Pike y Spock, intentan como pueden representar los papeles de estos del mismo modo que los originales, sin que ellos lo sepan, están haciendo lo propio con los suyos.

Pollux llega a la conclusión de que se hallan a bordo del dragón de hierro que aparece mencionado en una profecía y que Rauth debe aprender a controlar. Y supone que debe haber por allí versiones sombrías de sí mismos y esa es la razón por la cual todos les confunden. Usando su magia, dispone para ambos atuendos y peinados acordes al contexto para investigar qué está ocurriendo…

Mientras tanto, Pike, Spock y Pelia son llevados ante la reina Neve, que es, recordemos, el doble de Uhura. El intento por convencerla de que son quienes pretenden ser fracasa, pues se da cuenta rápidamente que no son Rauth ni Pollux, sino sus dobles, a los que su consejera Lady Audrey (el doble de Chapel) ve como versiones sombrías ligadas al dragón de hierro, tal el nombre con que identifican a la Enterprise.

La reina no reconoce en cambio a Pelia. Pike aprovecha para presentarla como Benny Russell, la autora del libro en que están metidos, lo cual impacta positivamente en Neve y dice que le encargará escribir un nuevo capítulo, el más grande de la historia. De poco sirve que Pelia diga que está atravesando un bloqueo creativo…

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Pike admite que proceden del dragón de hierro, pero busca convencer a la reina de que no son una amenaza, aunque mucho más no puede decir porque tanto él como Spock acaban estáticamente estampados en sendos cuadros por la magia de Neve, que solo instantes antes había hecho lo propio con el doble de M´Benga tras manifestar este su sorpresa de que ella supiera leer.

Neve pone a trabajar a Pelia en el libro y pretende que idee para el nuevo capítulo un modo de derrotar al dragón de hierro. Lady Audrey llega a la conclusión de que para hacerlo necesitan reunir a la princesa Talia con su versión oscura y tomar fuerza a partir de la combinación de luz y sombra…

Baile de Máscaras

Resulta que la cabaña del bosque mencionada por Sir Arya parece ser la de un hombre lobo, pero no hay rastros de él y sí del doble de Una, que resulta ser pareja de la anterior y tiene en su poder la mentada llave. Hay beso entre ambas mientras La’an y Gallardo parten hacia el castillo.

Una vez allí, sin embargo, no está fácil llegar a los calabozos, ya que deben atravesar un baile de máscaras organizado por la reina. Enmascarados pues para la ocasión, cruzan el salón bailando, pero de repente él ve por la ventana la luna llena y comienza a convulsionar. La misma ha sido traída por un hechizo de la reina Neve y el efecto es que Gallardo comienza a transformarse en hombre lobo, revelando así que en realidad era él quien habitaba en el bosque.

Encarnado como tal en medio del salón, provoca tal pánico que todos echan a correr y se encara con La’an, aunque claramente no quiere hacerle daño. La reina, de todas formas, lo estampa en un cuadro como antes a Pike y Spock. La’an se enfurece, pero no menos que la princesa Talia, que en ese momento hace presencia y corre desesperada hacia el cuadro.

La’an se da cuenta entonces que Talia sabía de la dualidad del príncipe pero, a pesar de ello, lo aceptaba como era: luz y sombra. Precisamente lo mismo que necesita Neve que, alegrándose maliciosamente al verlas juntas, extrae sus respectivas esencias merced a un hechizo para hacerlas confluir en un brebaje que le prepara Audrey y que, al beberlo, la convierte en un enorme dragón. Ahora está en condiciones de enfrentar al dragón de hierro…

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Danza de Dragones

Vueltas en sí La’an y su doble, esta le echa la culpa por lo ocurrido y comienza un enfrentamiento primero a los golpes y luego con espadas. De pronto, parecieran las personalidades invertidas, siendo Talia la furiosa guerrera y La’an la triste y emocional. Es entonces cuando esta última se da cuenta de que no tienen por qué luchar, ya que la luz y la sombra pueden complementarse…

A todo esto, en la Enterprise y en el papel de Pike, Rauth es convocado al puente de mando por una emergencia para tomar ubicación en la silla o, como él lo llama, el “trono”. El motivo es que una amenaza se acerca y pronto se les aparece un gigantesco dragón batiendo sus alas cual si se hallara en un medio aéreo.

Su fuego golpea la Enterprise debilitando los escudos mientras la tripulación pide desesperadamente órdenes a “Pike”. Este dice que los dragones no vuelan bien si no ven el suelo por debajo y cuando Una, sorprendida, le pregunta cómo lo sabe, responde que ha leído muchos libros de dragones.

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Pero los disparos de la nave no logran neutralizarlo y entonces Rauth recurre a Pollux para que utilice un hechizo. Este dice que eso “vaciará los pozos cósmicos” y de más está decir que el resto, que sigue creyendo que son Pike y Spock, no entiende nada. Tras un encendido y épico discurso, Rauth ordena a Pollux proceder y el dragón es golpeado por un gran destello azul que lo reduce nuevamente a la forma de la reina Neve, de quien, mientras flota ingrávida allá afuera, pueden todos comprobar con sorpresa que luce como Uhura.

Todo ha terminado y vuelve a lo “normal”. Pike y Spock son liberados y sus dobles regresados al Reino Elíseo. La’an se muestra particularmente feliz de haber descubierto que puede hacer convivir la luz y la oscuridad de su interior, sin tener por qué vivir escapando a la segunda. Siente que una parte de ella ha quedado allá abajo, pero a la vez ha ganado algo y, casi como graficando sus palabras, por allí anda la perrita Runa, mascota que le obsequió la princesa Talia…

Pike la pone al tanto de que el supuesto planeta no era tal sino una nave y que Pelia está estudiando su ingeniería para llevarla a un lugar seguro donde los dobles puedan vivir en paz y la princesa Talia gobernar junto al príncipe Gallardo. Hablando de este, Kirk se encuentra con La’an y, alegrándose de verla feliz, le pregunta si hay posiblidad de intentar nuevamente. Ella responde afirmativamente y acaban brindando…

Balance del Episodio

Entre tanto cabalgar distintos géneros, no esperaba que la temporada se volviese a tocar con la fantasía de los cuentos de hadas ni, mucho menos, reconectara con el episodio El Reino Elíseo. Debo decir que me molestó un poco porque suena a reciclado y de alguna manera lo es, pero también puede ser indicativo de que la serie ha adquirido ya dentro de la franquicia una personalidad tan propia que ahora también se rinde homenaje a sí misma.

Tiene ello un fuerte componente emocional, sobre todo ahora que la serie ha comenzado a despedirse y daría impresión de hacer repaso de algunas situaciones y personajes que desfilaron en aquella primera temporada que ahora nos parece tan lejana. Y así como el capítulo anterior nos trajo un pequeño homenaje a Hemmer, este nos lo trajo a Rukiya, ambos personajes que hemos querido y perdido de forma muy distinta, muriendo uno y volviéndose inmortal la otra.

Eso sin perjuicio, por supuesto, de homenajes ajenos a la franquicia, como por ejemplo al filme La Princesa Prometida (al que ya rindiera tributo el propio episodio El Reino Elíseo) o a los libros de fantasía de Terry Pratchett, pues no me digan que ese planeta plano no hace acordar mucho a su Mundodisco (aunque también remite en parte a las ilustraciones del artista Roger Dean). Y tampoco faltó el toque Juego de Tronos

Ha sido un episodio realmente divertido, con un increíble despliegue de vestuarios y efectos visuales (muy bien logrados tanto el dragón como el hombre lobo), pero que además ha vuelto a permitir el lucimiento del elenco y lo digo en conjunto porque esta vez pudieron brillar casi todos por igual al tener que representar más de una versión de sí mismos.

El capítulo, desde luego, gira especialmente alrededor de La’an y ello ha permitido ver a una Christina Chong soberbia al encarnar dos personalidades tan diametralmente opuestas. Creo que merece destacarse eso más que la resolución del arco, pues la reconciliación entre luz y sombra se vio para mi gusto algo simplista y forzada. Ok, ya sé que los cuentos de hadas son así y que los finales tienen que ser felices sin importar cómo…

También Paul Wesley ha estado magnífico dando vida al príncipe Gallardo, más allá de que no quede explicado por qué sí tenía él un doble en el Reino Elíseo y no Pelia, cuando ninguno de ambos estuvo allí en la ocasión anterior. Quizás su presencia era necesaria para que La’an pudiera resolver realmente todos sus conflictos. La propuesta de reconciliación final, de hecho, pareciera así indicarlo, aunque sabemos que hay fecha de vencimiento, pues así como ella no figura en el futuro de Spock, tampoco aparece en el de Kirk.

Lo que sí ha sido un toque tierno fue la llegada de la perrita Runa, pues si bien hemos tenido mascotas en otras naves y en otras series, no veíamos un can a bordo de la Enterprise desde el querido Porthos del capitán Archer en Star Trek: Enterprise que, en rigor de la cronología, seguiría siendo el primero. De todos modos, también su paso será inevitablemente corto y se me ocurre que La’an la llevará consigo cuando le llegue el momento de marcharse.

En cuanto a los dos escenarios en que se desarrolló el capítulo, debo decir que no estuvieron en mi opinión a la misma altura y me desternillé especialmente de risa con Rauth y Polluck en la Enterprise. Genial verles intentar adaptarse al universo tecnológico de la nave sin dejar pasar oportunidad, no obstante, de empinarse un trago en la “taberna” de la misma.

Anson Mount y Ethan Peck han estado fantásticos (nunca mejor dicho) y demostrado que forman una dupla increíble cualquiera sea el contexto. Por momentos quería que siguiéramos allí en lugar de regresar a la otra trama.

No me quedó muy claro lo del final con Pelia. ¿Significa que se nos ha ido ya de la Enterprise? De ser así, y por muy poético que sea imaginarla viviendo en un reino de fantasía, se le estaría dando a Carol Kane una despedida algo desabrida considerando lo que para la serie significó su personaje. Ni siquiera la vimos despedirse de Scotty. Ojalá que aún no se haya ido y tengamos todavía oportunidad de verla algo más…

En fin, a pesar de no haber volado a la misma altura en sus dos escenarios, el capítulo se lleva un aprobado y quedamos a la espera del que concluirá la cuarta temporada. Por suerte nos quedará después una quinta y última, más allá de que sean menos episodios.

Les espero, mientras tanto, para analizar el próximo. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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