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Futuros distópicos, el arte de la crítica social (I)

Bienvenidos. Antes de entrar en la materia que nos concierne me gustaría explicar brevemente el termino distopía, de dónde surge y cual es su evolución a lo largo del tiempo. Podríamos considerar a la distopía como todo lo contrario a una utopía (que es un futuro deseable pero poco factible), un futuro que nadie desea pero que puede darse si los diversos factores contemporáneos al ideólogo de la misma lo provocan a la larga. Es una crítica preventiva a una realidad futura, un aviso funesto de lo que nos espera si seguimos por el mismo camino, un intento de concienciación, puede ser muchas cosas pero sobre todo son relatos tan reales en algunos casos que da miedo el solo pensar que lo que se nos está contando pudiera hacerse realidad. Para conocer el origen del término nos tenemos que remontar al siglo XIX, más concretamente al año 1868. El filósofo y político inglés John Stuart Mill pronunciaba un vigoroso discurso ante la Cámara de los Comunes, durante el transcurso del mismo aparece el término en varias ocasiones dejando bien patente lo mucho que había calado la obra de Tomás Moro en su discurso.

“Es, quizás, también de cortesía que les llame utópicos, aunque deberían más bien ser llamado distópicos o cacotópicos. Lo que se llama comúnmente utópico es algo demasiado bueno para ser practicable; pero lo que parecen favorecer es demasiado malo para ser viable”

Años después el término irrumpiría con fuerza en el mundo de la literatura utilizando como impulsor al convulso siglo XX. En este artículo (y en su segunda parte) voy a hablar sobre los diversos autores que se han aventurado con mayor calado en el subgénero y sobre las distintas adaptaciones que han recibido las susodichas obras.

Para Futuros distópicos, el arte de la crítica social (parte II) pinchar aquí.

Para otros artículos relacionados con subgéneros literarios:

Sin más dilación, empezamos.

George Orwell

Empezamos este repaso con mi favorito de la lista tanto por su calidad literaria como por su constante crítica a los totalitarismos. El autor británico siempre destacó en su carrera como literato por su mordacidad, por sus sátiras tan efectivas que aún hoy día siguen sacando las vergüenzas de aquellos que criticaban. Un maestro de la palabra escrita tan influyente que incluso se utiliza el adjetivo orwelliano para referirse a aquellos obras distópicas que critican sistemas políticos totalitarios.

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Eric Arthur Blair (nombre real del escritor) siempre había sido un periodista comprometido con la causa social.  Criticaba a todo sistema opresivo que se le pusiera por delante, desde el ansia imperialista inglés (sus primeros años de vida los pasó en una colonia británica situada en la India así que sabía de lo que hablaba) hasta el totalitarismo estanilista. Todo sistema opresor de su tiempo tiene a Orwell como principal opositor. Tras una gran cantidad de artículos centrados en los problemas políticos de su tiempo llegaría la hora de que realizara una de sus mayores hazañas como escritor, crear el concepto distópico del Gran Hermano. Concepto que aplicó en su laureado libro 1984 (1949) con el que criticaba el exceso de vigilancia sufrido por el pueblo y la falta de libertad de opinión dentro de una sociedad hermética (algo que el autor temía por encima de todo).

1984

Ateniéndonos al género encontramos la premiada obra 1984 que es utilizada por la mayoría como ejemplo paradigmático de lo que es una distopía. La novela nos sitúa en un futuro distópico en el cual encontramos un mundo regido por un solo líder que responde al seudónimo de Gran Hermano. El líder no estará solo pues cuenta con un cuerpo de funcionarios de los que se valdrá para controlar al pueblo con mayor facilidad. Encontramos así, un Partido único sin oposición, un Gran Hermano que lo lidera, funcionarios encargados de facilitar la labor del Partido y los «proles», el grueso de la población que vive en la más absoluta miseria y acata las ordenes del líder sin rechistar. En esta sociedad, como podréis comprobar, el sujeto no puede hacer otra cosa que no sea formar parte de un rebaño.

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El Líder es bueno, el Líder es genial

El autor se vale de esta premisa para criticar con bastante acierto a los lideres de su tiempo (y a los sistemas políticos que iban a acabar creando). El Gran Hermano es una clara parodia al culto a la personalidad del líder que se daba en la Rusia de Stalin, por otro lado también tenemos la figura del Enemigo del Pueblo (aquel que se opuso al régimen) que está claramente inspirado en Lev Trotsky. Y como éstas, muchas más referencias que nos iremos encontrando a lo largo de la novela. Desde referencias a ciertos sucesos ocurridos durante la II Guerra Mundial a aspectos póliticos que Orwell no miraba con especial simpatía, todo esto tratado con un tono satírico que no deja indiferente a nadie. Un libro rompedor que se puede considerar un imperdible dentro del mundo de la literatura.

Adaptaciones en otros medios

La maravillosa novela también ha tenido presencia en el mundo del cine en dos ocasiones y, también, ha servido como inspiración para otras que la adaptan de forma libre (como podría ser Brazil de Terry Gillian). Es la versión de 1984 (año en el que se estrena la película, bastante bien calculado) la que, para mi, merece especial mención por ser la adaptación que mejor sabe transmitir los puntos claves de la novela. Protagonizada por John Hurt y dirigida por Michael Radford, la película se convierte en el perfecto complemento de la novela centrando su atención en mostrar con fidelidad aquellos aspectos psicológicos de la misma que, a priori, eran difíciles de transmitir en pantalla.

Aldous Huxley

Otro escritor de origen británico y otra obra clave dentro del género. Aldous Huxley fue un novelista y filósofo de origen británico que, como el anterior, siempre se preocupó por la inestabilidad social y política que le rodeaba centrando su crítica sobre todo en los roles preestablecidos, convenciones e ideales de la sociedad de su tiempo.

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Un genio en su campo que además también tuvo una prolífica carrera como escritor dejándonos numerosos ensayos y novelas, algunas de obligada lectura. De entre todas ellas voy a destacar una: Un mundo feliz (1932). Esta novela es una de las mejores dentro del subgénero y bien merece que le dediquemos un punto completo. Ya sabéis lo que nos gusta a nosotros todo lo que tenga que ver con la felicidad (aunque esta felicidad que se nos presenta tenga connotaciones irónicas debido a la temática de la novela).

Un mundo feliz

Como en todas las distopias, se nos muestra un mundo diferente, uno fabricado por unos sujetos que se imponen como lideres del mismo. El mundo era un lugar oscuro antes de su llegada, ahora está purificado. Hemos eliminado la desdicha, gracias a nosotros sois todos felices. ¿Qué es la felicidad pues? Algo impuesto por estos lideres que, aprovechándose de la situación, han tejido una nueva dimensión donde la palabra felicidad adquiere nuevo significado. Esta nueva felicidad es peor que la anterior desdicha pero si no sabes su anterior significado y te dicen que es bueno sentirse así, no rechistarás.

Estos lideres consideran que la sociedad debe de fabricarse pues si controlas la producción de la misma, controlas el mundo. La población empieza a fabricarse en laboratorios. Se crean especímenes a los que se les ha asignado, antes de «nacer», su clase social. Si deciden que seas Alfa, lo serás (vivirás como parte de la élite) no te cuestionarás ninguna decisión que tomes durante tu vida, serás feliz, pero en cambio si deciden que seas Épsilon (las capas más bajas de esta sociedad prefabricada) tendrás que aguantar la dura carga sin rechistar pues está en tu código genético ser inferior. No te preocupes, en ambos casos serás feliz. Así, tu estatus en vida es decidido de forma arbitraria por unos sujetos que juegan a ser Dios (en este caso, juegan a ser Henry Ford).

Bernard Max (nuestro protagonista) pertenece a la clase social de los Alfa pero no es feliz. La felicidad se le escapa, le inquieta lo que le rodea, no ve ético mucho de lo que pasa en su sociedad. ¿Un privilegiado infeliz? Un sujeto defectuoso dentro de una sociedad prefabricada empieza a darse cuenta de la mentira que le rodea. Así empieza la historia de esta novela que se ha convertido en todo un referente en el mundo de la literatura distópica.

Adaptaciones en otro medios

Un mundo feliz ha sido adaptada en dos ocasiones para televisión y en ambas ocasiones lo único que han conseguido es despertar la indiferencia del espectador pues, a diferencia de la novela, son bastante olvidables. Un mundo feliz (1998) es la peor de las dos, solo hay que ver como destroza la novela para caer en la cuenta. Lo único que comparte con su homónimo literario es el nombre (su sociedad es ligeramente parecida pero no lo suficiente), su estética es distinta, sus diálogos están muchísimo menos inspirados y la historia está completamente cambiada. Por estas cosas anteriormente citadas es por lo que es una adaptación a evitar. A la primera le faltaba presupuesto y a ésta le falta talento. Un desastre que no consigue salvar ni el bueno de Leonard Nimoy. Los fans de la novela aún estamos a la espera de una buena adaptación, adaptación que en manos de un director como Villeneuve sería carne de premios. Hollywood, te lo dejo caer.

Brave New World

Con solo ver un fotograma ya te das cuenta de lo que no funciona en el filme

Si tras leer la novela os habéis quedado con ganas tenéis dos más del mismo autor que os puede ser de interés. La isla (esta vez nos presenta un mundo útopico que se muestra como la contraparte de su mundo feliz) y Nueva visita a un mundo feliz (recopilación de ensayos sobre la novela que ayudan a comprender mejor la visión del autor).

Conclusión

Hemos llegado al final de esta primera parte de nuestro recorrido por las distopias que han marcado un antes y un después dentro de su subgénero. Nos vemos en la segunda parte, una segunda parte en la que repasaremos obras como El cuento de la criada de Margaret Atwood o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Nos vemos en la próxima, que seáis muy felices.

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Antiguo colaborador de Las cosas que nos hacen felices al que agradecemos su tiempo y su aportación. Muchas gracias.
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