A los 79 años nos dejó Diane Keaton, emblemática actriz de Hollywood que, dueña de un estilo personal tanto en lo actoral como en lo estético, fue ganadora de un Oscar, dos Globos de Oro y un Bafta, además de directora, productora y musa indiscutida de Woody Allen, de quien fuera pareja en los años setenta.
Había nacido un 5 de enero de 1946 con el nombre de Diane Hall y si cambió su apellido artístico por el de su madre fue porque ya existía una actriz registrada de idéntico nombre, así que, ya desde sus inicios en teatro, fue conocida como Diane Keaton y así sería recordada para siempre como una de las actrices más versátiles que hayan pasado por la pantalla, pudiendo sus personajes transitar desde dramas existenciales hasta comedias ligeras y encarnando, las más de las veces, a mujeres que sabían mantenerse aun positivas en medio de dificultades y nunca dejar de buscar el amor. Un calco de su propia vida, casi…

Desde sus épocas de estudios secundarios supo que la actuación era lo suyo y, de hecho, una puesta escolar de Un Tranvía llamado Deseo la contó en su elenco, siendo por aquellos días su inspiración principal Katharine Hepburn, como ella misma manifestara. Ya en Broadway fue parte de Hair (1967), comedia musical emblemática de la contracultura y el hippismo si las hay, para tener luego su oportunidad a las órdenes de Woody Allen en Tócala otra vez Sam (1969), obra que no solo le significó su primera nominación para un Premio Tony sino también el inicio de una fructífera relación tanto en lo artístico como en lo sentimental.
Ello le abrió las puertas al cine, teniendo su debut en la comedia Amantes y otros Extraños (1970), pero el papel que la consagraría en la gran pantalla le llegaría por supuesto, a las órdenes de Francis Ford Coppola al encarnar a Kay Adams, la esposa de Michael Corleone en El Padrino (1972, aquí retro-análisis) y ese mismo año sería también parte de Sueños de un Seductor, adaptación cinematográfica de la obra que tres años antes hiciera junto a Allen y que sería la primera de ocho películas a su lado (aunque aún no dirigida por él, sino por Herbert Ross).
La relación con Woody duró desde 1972 hasta 1979 y en ese tiempo, ya ahora sí dirigida por él, actuó en El Dormilón (1973), La Última Noche de Boris Grushenko (1975), Annie Hall (1977, por la cual obtuvo el Oscar como actriz principal), Interiores (1978) y Manhattan (1979). Y aun con la pareja ya separada volvería a estar en Días de Radio (1987) y Misterioso Asesinato en Manhattan (1993).

Pero también repitió para Coppola el rol de Kay Adams en El Padrino II (1974, aquí retro-análisis) y El Padrino III (1990), al igual que supo hacer papeles más ligeros en comedias taquilleras como Baby, tú vales mucho (1987), El Padre de la Novia (1991) o El Club de las Primeras Esposas (1996).
Menos conocida pero igual de rutilante es su faceta como directora, de la que dan testimonio el documental experimental Heaven (1987) y las comedias dramáticas Héroes a la Fuerza (1995) y Colgadas (2000), además de episodios de series televisivas (incluyendo uno de Twin Peaks) y videoclips musicales ochenteros, especialmente para la cantante Belinda Carlisle.
Y lo suyo no se agotó de todas formas en lo estrictamente artístico, sino que también desarrolló una intensa labor para salvar y restaurar edificios históricos y hasta fue promotora inmobiliaria, siendo Madonna una de sus clientas más reconocidas.
Como actriz, la ya mencionada Annie Hall le valió no solo un Oscar, sino también un Globo de Oro y un Bafta. Tuvo otras tres nominaciones al Oscar por Reds (1981), La Habitación de Marvin (1996) y Cuando menos te lo esperas (2003), valiéndole incluso esta última la obtención de un segundo Globo de Oro.
Impuso en general a sus personajes un sello propio, sabiendo en su juventud ser sexy sin necesidad de mostrar prácticamente nada y, ya más madura, la actriz ideal para romances otoñales o comedias geriátricas, interpretando por lo general a mujeres que seguían buscando el amor aun en la tercera edad.
Y supo además imponer un vestuario propio y característico que no hubiera sido tildado a priori de femenino pero que, sin embargo, hizo propio y lució como tal, con sus clásicos sombreros, lentes, chalecos, chaquetas, corbatas y amplios mangones. El enorme Manuel Mujica Lainez decía que los grandes no siguen modas, sino que las crean y ese fue sin dudas su caso.

De todas sus relaciones sentimentales, la de Woody Allen fue sin duda la más conocida y, si bien se terminó en determinado momento, nunca dejaron de ser amigos y, de hecho, ella defendió a rajatabla su integridad y comportamiento ante las acusaciones de abuso sexual que, Mia Farrow de por medio, recayeron sobre el director a mediados de los noventa. Pero también tuvo romances con Warren Beatty y Al Pacino: “Woody fueron mis veinte años, Warren mis treinta y Al siempre estuvo en los bordes, entre los treinta y los cuarenta”, manifestó. Aun así, jamás se casó ni tuvo hijos biológicos, aunque sí dos adoptivos.
Este sábado pasado, Diane falleció rodeada de afectos en su casa de California y si bien no trascendieron las causas y pidieron sus deudos la privacidad del caso, testimonios de quienes tuvieron el último tiempo contacto con ella habían manifestado su preocupación por el extremo estado de delgadez en que se la veía.
Su vida se extinguió, pero seguramente no su estrella, esa que con brillo propio iluminó la pantalla grande durante cinco décadas y lo seguirá haciendo durante largo tiempo, pues el sello y la influencia que ha dejado continuarán siendo fuente de inspiración para muchos.
Hasta siempre Diane. Y gracias por tanto…




