Tenía muchas ganas de ver Almas en pena de Inisherin, una de las películas más laureadas de 2022 y firme candidata a los Oscar. Y eso que se trata de un relato irlandés producido en Gran Bretaña. A priori, tiene muchos elementos para convertirse en uno de los bombazos del año y la inmensa mayoría de la crítica le ha dado su visto bueno. Pero, ¿Es oro todo lo que reluce?
Almas en pena de Inisherin nos sitúa en la aldea irlandesa homónima en 1923, mientras el país está sumido en la guerra civil. La relación de amistad entre Pádraic y Colm se rompe de forma devastadora cuando el segundo decide separarse de su amigo de forma unilateral. Los acontecimientos posteriores precipitan una situación dramática.
Si hay un motivo para que Almas en pena de Inisherin haya levantado tantas expectativas es la autoría de su director y guionista, Martin McDonagh, con tres películas de culto en su haber: la fascinante Escondidos en Brujas, la alocada Siete psicópatas y la trascendental Tres anuncios en las afueras, su obra más trascendental (y una de las mejores películas de Frances McDormand)
Para esta película, McDonagh cuenta con los protagonistas de su primera película para una trama sencilla con escasos personajes. Dado el momento en el que se encuentra el director, se puede suponer que este argumento encierra mucho más de lo que se ve a simple vista.
Colm no quiere volver a Pádraic. Hasta ahora, les ha unido una férrea amistad pese a sus diferencias de carácter. Colm es un hombre que piensa y un amante de la música que, un buen día, se despierta dándose cuenta de lo que ha hecho con el tiempo que ha vivido. Y decide no malgastarlo más con un amigo al que considera aburrido. Porque Pádraic es un hombre simplón que únicamente quiere ser lo que es. Toda la película gira en torno al extremo convencimiento de ambos: el primero a no ser amigo. El segundo a dejar de serlo, aún a costa de la amistad.

Por lo tanto, Almas en pena de Inisherin habla de la amistad. De la de verdad. De cómo, aunque nos movamos en un mundo con cientos de relaciones, contamos con pocas personas con las que confiemos plenamente. Y, si una de estas pocas personas desaparecen, parte de nuestro pequeño mundo cambia de forma irreversible.
Pero también habla de la guerra, de cómo una nimiedad manejada de forma obcecada puede conducir al mayor de los conflictos. O del qué hacer con el tiempo que se nos ha dado. O de la depresión. Incluso del amor a las cosas sencillas.
Almas en pena de Inisherin habla de muchas cosas. Pero no me termina de cuadrar el cómo las cuenta.
Cómo he dicho antes, la película es de una sola localización y muy pocos personajes. Y las situaciones, por muy interesante que sea su premisa, se van repitiendo durante la primera hora de película hasta el punto de que su mensaje termina por ser redundante. Y eso la hace algo larga.
A partir de esa hora, un giro en la trama eleva el interés pero la sensación general es que la película no consigue transmitir lo que debe. Como comedia tiene gracia puntualmente, pero como drama tampoco termina de emocionar del todo.

Esta falta de emoción radica en un error fundamental de uno de los personajes protagonistas. Sí, tanto Colin Farrell como Brendan Gleeson y Kerry Condon están espectaculares, pero el guión de McDonagh no ahonda lo suficiente en el personaje de Gleeson, al que es fácil odiar al inicio de la película pero imposible empatizar al final. Mucho más sencillo es ponerse en la piel de Farrell, el que ocupa el punto de vista del espectador y al que vemos más veces en pantalla.
En definitiva, Almas en pena de Inisherin es una sobrevalorada película que, incomprensiblemente, podría ser ganadora de los Oscar principales de este año. La trama sencilla esconde un mensaje tan complejo y variado que es difícil de concretar. El tono a medio camino entre drama y comedia no la hace destacar en ninguno de los dos géneros y la redundancia de la temática en la primera hora la hace lenta y, hasta cierto punto, algo aburrida. Por suerte, tenemos a un plantel de actores de primer nivel y un giro que eleva el interés en su final.
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