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Análisis de Alien: Planeta Tierra. Temporada 1. Episodio 5

Continuamos analizando la primera temporada de Alien: Planeta Tierra, cuyo quinto capítulo titulado En el Espacio, Nadie… (guiño interno de la franquicia) es un extenso flashback que nos lleva a la Maginot cuando aún estaba en el espacio. Creada por Noah Hawley para FX, la serie es emitida por Disney+.

Hola, mis queridos xenomorfos. Bienvenidos nuevamente a analizar otro episodio de Alien: Planeta Tierra, hoy el quinto, cuyo título En el Espacio, Nadie… es una versión apocopada de la famosa frase “En el espacio, nadie escuchará tus gritos” que, a pesar de no estar incluida en ninguna película de la saga, se ha convertido en uno de los eslóganes promocionales más famosos de la historia del cine (si no el más).

Ya de por sí, funciona como aviso de que el capítulo que hoy nos ocupa nos saca de los escenarios que veníamos viendo. No más chicos híbridos ni conflictos existenciales y por una hora nos vamos al espacio profundo para encontrarnos con la tripulación de la Maginot que regresa a casa en apacible sueño criogénico tras su largo viaje de recolección de especies alienígenas… hasta que algo les ocurre. Se trata, pues, de un largo flasback que ocupa todo el episodio con excepción de su escena final y que hasta tiene flashbacks dentro del mismo que nos ilustran sobre el pasado de Morrow y nos ayudan a entender mejor sus motivaciones.

Pasemos entonces a ver qué nos ha dejado no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.

Mientras dormías…

Estamos entonces en la Maginot y faltan, según se nos dice, diecisiete días para llegar a la Tierra. Morrow es despertado de su sueño criogénico y Clem (Tom Moya) le pone al tanto de que las alarmas de emergencia se han activado y la situación es crítica…

Un incendio se ha producido a bordo, lo que ha liberado a algunos de los especímenes alienígenas, entre ellos el “pulpojo” (ey, no es mal nombre, ¿verdad?) y dos xenomorfos que, en estado de abrazacaras, se han prendido respectivamente a los rostros del capitán y de uno de los tripulantes, lo cual bien sabemos que indica que están en proceso de introducirles sendos embriones. Nosotros lo sabemos; ellos no…

El capitán muere cuando justamente intentan despegarle el abrazacaras (lo que también sabíamos que ocurriría) mientras que Bronski, el otro afectado, es puesto en criogenia con bicho y todo para ser atendido a su llegada a la Tierra (adonde sabemos que no llegará).

Según informa el técnico Schmuel (Michael Smiley), el incendio ha destruido los sistemas de navegación y relés de los motores, lo cual convierte a la nave en un misil directo a la Tierra. No solo eso: también ha afectado la comunicación, todo lo cual Morrow, como jefe de seguridad, adjudica más a un sabotaje que a un accidente.

El mando de la nave es tomado de manera interina por Zoya Zaveri (Richa Moorjani), pero Morrow se conduce a modo propio y hasta la sorprende con un as de espadas al enrostrarle la relación que secretamente venía manteniendo con Bronski, lo cual es contrario a los protocolos y razón principal de que ella decidiera mantener a este con vida aun con el subyacente peligro de tener una criatura desconocida adosada a su rostro.

Chequeando las cámaras, Morrow descubre al saboteador, pero no llega a determinar su rostro. A la vez, nos enteramos que su hija, a la que, en modo Interstellar esperaba al menos encontrar ya anciana a su regreso, falleció precisamente durante un incendio a los diecinueve años, cuando él llevaba doce de viaje. Comenzamos a entenderle más, pero todavía falta…

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Animales Fantásticos (y mejor no encontrarlos)

Restablecidas las comunicaciones, Zaveri quiere hacer llegar las novedades a Weyland-Yutani (corporación dueña de la nave y patrocinadora de la misión). Morrow no está de acuerdo y le advierte que, llegado el caso, privilegiarán la carga (los alienígenas, digamos) por sobre la tripulación, pero no le hace caso y envía de todas formas un mensaje solicitando autorización para desprenderse de la carga y la respuesta, como no cabía de otra forma esperar, es la que le anticipara Morrow: la carga es primordial…

Confirmando las sospechas de sabotaje, el combustible ha caído a un exiguo ocho por ciento y en horas más se estrellarán contra la Tierra sin posibilidad de maniobrar para desacelerar o frenar. Mientras tanto, en las cápsulas criogénicas y como era de prever, Bronski aparece con un brutal agujero en el abdomen que nos indica a las claras que el huésped ha salido de su interior…

En los laboratorios, a la exobióloga Chibuzo (Karen Aldridge) se le escapa un pequeño alienígena insectoide que, sin ser visto, deja varias larvas en su botella de agua y se pasea asquerosamente por entre las rebanadas de pan. El oficial médico Rahim (Amir Boutrous) lo advierte y logra recapturarlo mientras recrimina a Chibuzo no haber tapado el recipiente, cosa que ella sí había hecho.

Al ser el personal convocado por Zaveri, ambos se marchan y dejan a los bichos allí solos, cosa que yo no haría. Un instante después, el pulpojo comienza a balancearse en su tanque hasta hacerlo caer y estrellarse contra el piso…

Déjala correr…

En la reunión, Zaveri pone a la tripulación al tanto de las malas nuevas sobre la muerte de Bronski y anuncia que quedarán restringidos los movimientos debido a la presencia de un saboteador. Tomando el asunto a la ligera, Malachite (Jamie Bisping), el torpe asistente técnico de Schmuel que no diferencia biología de geología, almuerza en plena reunión y le vale ello ser reprendido por Zaveri mientras nos ponemos a pensar que los almuerzos no terminan bien en la franquicia Alien…

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Como Jesús en la Última Cena, Morrow suelta la acusación de que hay un traidor, por lo que entrevistará a cada uno y revisará sus bases de datos, quedando mientras tanto prohibido portar armas, lo que a nadie pone feliz con tanto alienígena saliéndose de los frascos. Un tal Teng (Andy Yu), de ocupación imprecisa, sonríe y boquea vaharadas de humo como en psicodélica fumata sesentera mientras el tonto e incauto Malachite se bebe el agua de Chibuzo y no va a terminar bien…

En efecto, asistiendo luego a Schmuel en la reparación de los sistemas saboteados, comienza a sentirse mal y, acto seguido, a vomitar sangre, para después desplomarse entre convulsiones y perder el sentido…

Judas

Morrow está con sus entrevistas y desconfía de Teng, del que ha descubierto que es un pervertido que se masturba mientras espía a las mujeres en sueño criogénico. Se pregunta cómo logra burlar los sistemas de seguridad para llegar hasta allí y si se las habrá apañado de igual modo para provocar el incendio. Con la parsimonia que le caracteriza, Teng le dice que la verdad es tan evidente que no la ve, pues está claro que el autor del atentado es alguien que aparece como dormido, pero no lo está…

Ello lleva a Morrow a revisar los mensajes que han estado enviando los tripulantes y no solo los que figuran como despiertos, encontrando así que el jefe ingeniero Petrovich (Enzo Cilenti) ha sostenido comunicaciones con alguien que conocemos y que es el “niño prodigio” Kavalier. En las mismas se manifiesta cansado y con una vida prácticamente perdida, por lo que, conocedor de que Prodigy es capaz de trasladar su conciencia a un cuerpo nuevo, se ofrece a hacer que la Maginot caiga en sus dominios a cambio de que se le asigne justamente uno. Morrow ya sabe entonces quién les ha vendido por unas monedas. O por un cuerpo…

Estado de la Tripulación: Muerta…

Malachite ha sido llevado a la enfermería y no regresa en sí. Los análisis muestran que hay algo en su tracto digestivo provocándole una hemorragia interna y la única solución es abrirlo para sacárselo. Morrow se muestra renuente por el riesgo infeccioso, pero Zaveri da orden de que lo hagan, pues se siente culpable tras lo ocurrido con Bronski.

En efecto, Rahim y Chibuzo encuentran en su interior lo que parecen seis garrapatas pero, en cuanto quieren extraer la primera, un gas comienza a ser despedido y ambos a toser. Aterrada, Zaveri no tiene más remedio que aislar la sala y en un instante todos dentro están muertos. Bueno, todos no… las garrapatas han logrado escapar.

El panorama es harto complicado. El sonriente Teng es atacado y muerto por el xenomorfo, en tanto que el pulpojo se encuentra con Schmuel y toma horriblemente posesión de su cuerpo como le viéramos en el episodio anterior hacer con la oveja. Lo desesperante de la situación hace a Morrow sugerir encerrarse en el puente de mando y aguardar a estar en la órbita de la Tierra para pedir ayuda. Pero Zaveri está inmovilizada por el espanto y él acaba por dejarla atrás y tomar control de la nave por cuenta propia.

Un momento después y junto a Clem, se cruza en los corredores con el saboteador que, en efecto, es Petrovich y les dispara. Termina con la vida del pobre Clem, pero es sorprendido por Morrow ensartándole desde atrás con su dedo extensible aunque, antes de morir, le dice“ellos quieren a sus monstruos y ya están llegando: aquí vienen” o, lo que es lo mismo, que todos están condenados y a Kavalier, finalmente, le terminará saliendo gratis su jugada (al menos por ahora).

Zaveri, saliendo de su inmovilidad, se cruza con el xenomorfo, que la persigue a través de los corredores en escena que remite claramente a Ripley. Por suerte para ella, se produce un duelo de titanes al encontrarse la criatura cara a cara con el poseído Schmuel que acaba con este destrozado, aunque el pulpojo escapa de su globo ocular y se arroja sobre el alien queriendo hacer con él lo mismo. No lo logra: el xenomorfo consigue sacárselo de encima y va tras Zaveri, que ha ido hacia el puente, con lo que llegamos a la escena con que la serie comenzara cuatro episodios atrás…

Ella golpea desesperadamente para que Morrow le abra pero este, indiferente, responde sellando la puerta y centrando luego su atención en el ordenador mientras pasa información a Yutani y, en el momento en que el xenomorfo se arroja sobre Zaveri y la destroza, envía aquel lacónico mensaje en el cual decía que la tripulación estaba muerta…

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A mi Manera

Sobre el final del capítulo, dejamos el larguísimo flashback y regresamos a la actualidad, donde vemos que Morrow ha logrado llegar hasta Yutani que, viaje y crogenia de él mediante, es en realidad la nieta de quien alguna vez le contrató. Al parecer, él fue alguna vez un niño lisiado al que sacaron de la calle para reconstituirle en formato cyborg y está agradecido de ello, con lo que entendemos su lealtad incondicional por la compañía y, por oposición, su odio a Prodigy.

La pone al tanto de que los especímenes sobrevivieron, pero le asegura que se encargará de recuperar su carga, así como de matar a Kavalier. Ella dice que puede gestionar el conflicto con este a través de los abogados, pero él manifiesta preferir hacerlo a su manera…

En los créditos finales, The Smashing Pumpkins con el tema que abre su segundo, excelente e icónico álbum Siamese Dream (1993).   Agradecidísimo…

 

Balance del Episodio

Muy buen capítulo. Es cierto que por momentos abusó un poco de la nostalgia: no sé si hacía falta volver a ver el encaramiento con el alien, el líquido chorreando desde la ventilación o la tensa reunión almuerzo mediante (o cena, supongo que en el espacio es indiferente), aunque me parecieron geniales los toques retrofuturistas remitentes a aquel primer filme de la saga, como la setentera paleta de colores, los siniestros corredores, los paneles de luces amarillas parpadeantes, las notificaciones en papel impreso, las armas tipo laser-shots o los caracteres verde fluo en las pantallas de los ordenadores.

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También, al igual que en aquella primera película (aquí retro-análisis), hay intereses corporativos por encima de los humanos y un traidor: no sé si la palabra valía para un completo androide como el del filme, pero aquí sí porque es bien humano y, en todo caso, lo que se vuelve a repetir es que hay a bordo alguien que oculta un secreto.

No se puede negar que tiene algo de deus ex machina que sea alguien a quien no habíamos visto, pero el hecho de que este mantuviera contacto con Kavalier hace intervenir en la ecuación a alguien que ya nos es bien conocido y del cual solo aguardamos el momento de su muerte, por lo que esperamos que Morrow cumpla con su palabra.

A propósito de Morrow, le entendemos ahora mucho mejor. Aquella impactante escena inicial en que dejaba morir a Zaveri a manos del alien pasa a ser ahora la de alguien que se termina quedando solo y sin alternativas. Su “estado de tripulación: muerta” sigue sonando frío, pero ahora más triste y resignado que cruel o insensible.

De hecho, Morrow es muy humano y también sentimental, pero las experiencias vividas le han galvanizado y, si a ello le sumamos que es medio humano y medio máquina, se explica que separe bien las cosas cuando llega el momento de usar la sangre fría, algo que Zaveri no pudo o no supo hacer.

Y su pasado personal de niño lisiado, unido al recuerdo y la muerte de su hija, terminan de convertirle en un personaje completo que, una vez más, ha sido magníficamente actuado por Babou Ceesay, quien verdaderamente se ha lucido, aunque la verdad es que todos estuvieron muy bien y hasta diría que por encima del promedio de lo que es el elenco habitual con honrosas excepciones.

Una lástima, en ese sentido, que tuvieran que morir, pero esta era una historia que no solo necesitaba ser contada, sino que además requería de un intenso dramatismo y era importante que las actuaciones estuviesen a la altura.  Y un dato: ya llevamos vistos en la serie a tres actores que estuvieron en Fargo (aquí nuestros análisis), todos en diferentes temporadas: Timothy Olyphant, Richa Moorjani y Andy You, lo cual es lógico considerando que ambas series son de Noah Hawley (por cierto, director de este capítulo).  Si hay más y se me pasaron, háganmelo saber…

Ahora nos queda ver cómo juega todo esto que hemos visto en relación con lo que se viene. El enfrentamiento entre Yutani y Prodigy (o entre Morrow y Kavalier) se hace inminente y habrá que ver qué rol juegan en ello los niños híbridos en envases adultos o los alienígenas cuya peligrosidad ya conocemos. Si por algo nos han mostrado en estos dos últimos capítulos las habilidades del pulpojo es porque seguramente no seguirá mucho tiempo más encerrado en un laboratorio… o en una oveja.

Y si le vimos enfrentarse con el xenomorfo es porque quizás nos quisieron mostrar un tráiler de una lucha que va camino a producirse. ¿Se acabarán matando entre sí? No lo sabemos, pero de algún modo tendrán que explicar por qué las criaturas alienígenas no se habrán apoderado de la Tierra para cuando ocurran los sucesos de la primera película o de las subsiguientes.

De mi parte, y como continúa sin convencerme esto de que el xenomorfo hubiese llegado a la Tierra antes de los hechos de la Nostromo, prefiero seguir viendo todo esto como un “what if” y, en ese sentido, no puedo estar más que agradecido por tanto retrofuturismo, pues este episodio nos mostró el futuro tal como se veía a finales de los setenta. Bienvenido sea y a ver qué nos depara el próximo, que les espero para analizar.

Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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