Análisis de El cuento de la criada. Temporada 3. Capítulo 8.

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Bienvenidos una semana más a Gilead, la distopía no tan distópica donde los hombres ostentan un cargo y las mujeres son monedas de cambio. Sin embargo, la revolución se está cociendo a fuego lento…

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CUESTA ABAJO Y SIN FRENOS.

Se confirman las sospechas. La tercera temporada de El cuento de la criada ha perdido el rumbo y los creadores de la serie parecen incapaces de alcanzar la calidad que se presupone en una serie que ha sido un símbolo para el feminismo.

Este octavo capítulo supone todo un relleno en el que apenas pasa nada, más allá del burdo pasado de uno de los personajes secundarios más importantes.

Centrémonos en June. En esa constante lucha contra el papel de heroína clásica, encontramos a nuestra protagonista desquiciada tras haber golpeado de DeMatthew. No la veremos gritando, ni con lagrimas en los ojos. June ha perdido toda empatía y ahora disfruta con el sufrimiento ajeno.

Por mucho que DeMatthew delatara a la Martha, que June sea la líder de un pequeño grupo de criadas que se dedican a acosarla no dice nada bueno de nuestra protagonista.

Y, lo peor de todo, no es coherente. Me parece muy bien que los guionistas justifiquen la permisividad con June por el hecho de tener que estar físicamente perfecta para salir en la televisión durante el proceso para devolver a Nicole. Pero de ahí al grado de impunidad que tiene tanto ella como sus compañeras hay un paso que es muy difícil de justificar.

El maltrato a DeMatthew acaba mal. Durante una de las visitas al supermercado, la criada está descontrolada tras haber visto nacer muerto al bebé de DeAndy. En este contexto, la actriz sufre una crisis y acaba hiriendo a DeDaniel y a un guardia. Finalmente, acaba muriendo ante la mirada y ¿sonrisa? de June, que contrasta con la desesperación de tía Lydia, la gran protagonista del capítulo. La escena se pretende espectacular, pero cuando se sacrifica la coherencia en pos de lo memorable, queda una secuencia absurda en la que las decisiones nos alejan de la historia. La sonrisa de June, el apuntar a tía Lydia por orden telepática de la protagonista, el disparar sin miramientos a una criada embarazada…

OTRA VEZ LA FRUSTRACIÓN SEXUAL…¿EN SERIO?

La gran protagonista de este episodio es la tía Lydia, uno de los personajes secundarios más carismáticos. Una férrea defensora del régimen y una mujer convencida de que todo lo que está haciendo es para que las Criadas cumplan su cometido divino. En definitiva, una fanática. No soy amigo de flashbacks informativos. Sí que estoy de acuerdo con varios de los flashbacks de la serie que ayudan a justificar decisiones y actitudes de June, pero no de secuencias cuyo único objetivo es la sobreexplicación que se podría haber subsanado de forma más indirecta. No es el caso de la historia de tía Lydia, cuya subtrama solo sirve para llenar minutos en una temporada que no sabe muy bien hacia donde va.

Lydia era profesora de una escuela para niños, aunque antes había trabajado como abogada de familia. Eso, ayudado por sus intensos principios religiosos y su extrema rigidez moral, le hace preocuparse por un chico mal cuidado por su madre: solo le alimenta de comida basura, siempre llega tarde a recogerle, viene con la ropa sucia… Finalmente, Lydia acoge a madre e hija. Vive sola, aunque se menciona que ha estado casada.

Entre la madre y Lydia se establece una relación simbiótica. Lydia procura mejorar la “caladura” moral de la madre, mientras que ella le anima a salir y relacionarse. Lydia acaba teniendo una cita con el director de la escuela, un hombre viudo y tan religioso como ella. La cita va bien hasta que ella se deja llevar por su deseo sexual.

El momento del rechazo es el germen definitivo (y tópico a más no poder) de la actual tía Lydia. Una vez más, la manida y desactualizada teoría de las neurosis freudianas, que se amparan en la frustración sexual, justifica las acciones de una mala persona.

Lydia, avergonzada por un rechazo que, piensa, se ha producido por ceder a sus impulsos cuando es una persona excesivamente controladora, culpa de su fracaso a la madre, la instigadora de la cita, por lo que toma la decisión de quitarle al niño de la custodia. A partir de ese momento, incapaz de aceptar el no parcial de su compañero (solo le había pedido tiempo), Lydia se aferra a la fe y a la moral con la que ella interpreta la religión como única forma de vida.

Sin profundizar en los Lawrence, sin Canadá, sin la trama de Nicole, sin los Waterford, sin Chicago… nos despedimos del peor capítulo de la temporada para recibir con esperanza al de la semana que viene.

Un saludo y sed felices!

 



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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