Análisis de El Ministerio del Tiempo. Temporada 4. Capítulo 8. Final de temporada

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La cuarta temporada de El Ministerio del Tiempo se despide en un capítulo plagado de ciencia ficción, conspiraciones y reencuentros.

Julián viaja al futuro para encontrarse con una sociedad distópica, una Lola envejecida y un tirano como nuevo secretario del Ministerio que ante la posibilidad de ver el futuro, cambia los acontecimientos a su antojo y conveniencia. Esta premisa, sin duda prometía como punto de partida para una temporada que girase alrededor de estos nuevos enemigos que quieren modificar la historia. Sin embargo, la trama se inicia y se cierra en el mismo capítulo, sin un conflicto real, dejándonos con la miel en los labios ante un villano prometedor y una vía con escenarios espectaculares, que solo se puede sentir como desaprovechada.

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El avance de la semana anterior ya nos anticipaba la existencia de un Ministerio en el futuro, con lo que preveíamos nuevas tramas y conflictos que acaecerían en el marco temporal de 2070. Los espectadores, a sabiendas que sería el último capítulo de la serie, con varias tramas aún por cerrar, supusimos que solo se trataría la nueva línea temporal como un adelanto de la temporada cinco.

A lo largo de esta temporada, han ido quedando muchos hilos sueltos y cuestiones en el aire, que suponíamos se irían anudando con el paso de los capítulos; como el embarazo de Lola, las intenciones y paradero de Díaz Bueno, o la fotografía de la familia de Amelia y Julián, que no sufrió alteración alguna con su marcha.

Para sorpresa del espectador, estas tramas no solo no se vuelven a abordar ni resolver de modo satisfactorio sino que en un capítulo como el final de temporada, se abren historias nuevas que quedan resueltas en el mismo episodio de forma precipitada, sin explicación clara y mezclando líneas temporales a veces de forma confusa.

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No obstante, hemos podido disfrutar de la emotiva despedida de Salvador, con palabras dedicadas a cada uno de los protagonistas. Sin duda un bello broche final para una temporada irregular, arriesgada e innovadora.

La cuarta temporada se ha caracterizado por plantear demasiadas líneas narrativas para tan solo ocho episodios. En relación a las tres temporadas anteriores, donde los tiempos eran pausados, las tramas se abordaban con profundidad y los diálogos tenían frases para la historia. En esta temporada no hemos podido evitar observar un cambio en esta tendencia, dando la impresión de haber querido condensar demasiada información en poco tiempo, con prisas por abrir y cerrar tramas, dando la sensación de que líneas en las que se podía profundizar, apenas han sido esbozadas en pantalla.

Los capítulos han tenido un ritmo frenético, dando mucha información y tratando demasiados temas a la vez. Las tramas se iniciaban y resolvían en el mismo capítulo, o se dejaban abiertas, sin ser abordadas más que para finalizarlas más adelante, casi con desgana. De esa forma, los temas se abordan de forma superficial sin tiempo para digerir lo acontecido.  La ausencia de personajes clave como Julián durante varios episodios, hace que no los veamos evolucionar, y que cuando de nuevo se quieren recuperar, sus arcos se noten forzados y se cierren de forma demasiado súbita.

Esta temporada ha tenido un ritmo irregular. Se han recreado en escenas contemplativas, que no hacían avanzar la historia, para atreverse a introducir nuevas líneas narrativas, que han quedado resueltas de forma acelerada. Si bien es cierto que en general han querido arriesgar en las temáticas abordadas y su desarrollo, como dice el dicho, quien mucho abarca, poco aprieta y da la sensación de que el proyecto se les ha hecho grande. Demasiados personajes nuevos sin aprovechar, como Carolina. Demasiados arcos tratados de forma superficial, y protagonistas que pierden relevancia al pretender que los nuevos personajes tengan su papel en la historia.

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Da la sensación de haber querido quemar las naves. De intentar finiquitar tramas y pasar por alto premisas que hacían suponer un mayor recorrido narrativo. Se deja intuir que se ha pretendido deshacerse de las ideas y premisas que tenían los guionistas en mente, por un “por si acaso”. Por si acaso no se renovaba la serie, por si acaso no se podía volver a contar con los actores, etc.

Sin embargo, lo que se ha conseguido por esta vía, es una temporada saturada. Demasiadas tramas, demasiadas líneas temporales narrativas y demasiados protagonistas. Pero poco tiempo para desarrollarlo, llegando a hacer complicado para el espectador seguir el hilo de los episodios.

Seguramente las historias se habrían desarrollado mejor si se hubiera querido abarcar menos información en ocho capítulos. Dosificar los datos, las tramas y profundizar en ellas. Continuando la tendencia que llevábamos viendo en las temporadas anteriores.



el autor

Graduada en Comunicación Audiovisual y Animación 3D. Saxofonista apasionada del cine, la literatura, el arte y la música. Me encanta el folklore, la historia antigua y la mitología celta.

7 comentarios

  1. Buenas, a mi me gusto el episodio, aunque coincido en que ciertas tramas se podrian haber llevado de mejor manera como hicieron la temporada pasada que los villanos duraban varios episodios a lo largo de la temporada, cosa que en esta no pasó. Por otro lado, aunque me gusto que Julian tuviera su final feliz, hubiera sido de agradecer que fuera con Amelia, dado que es algo que se lleva barajando desde el principio de la serie y teniendo en cuenta que contaron con una pequeña participación de la actriz pudieron haberla aprovechado más. Por otro lado, no sé si fue un homenaje o que exactamente, pero el tiroteo que vemos en la escalera es prácticamente idéntico al que vimos en la película Los intocables de Elliott Ness. En conclusión, me ha gustado en general el episodio, pero me hubiera gustado que ciertas tramas se desarrollaran de mejor manera en algunos casos y totalmente distinta en otros.

    • La escena de la escalera no es original de Los Intocables. Hay un filme anterior que es un clasico del cine de donde tomaron esa escena, no lo diré aqui, los interesados en cultivarse, investiguen.

      • Pedro Perez S. el

        La escena de las escaleras de “Los Intocables de Eliot Ness” es un homenaje a “El acorazado Potemkin”. No hace falta tratar a la gente de vaga o de inculta.

        • Pero de esa escena solo cogen lo del carrito y que es en una escalera, nada más, mientras que en la de los intocables es todo, el uso de camara lenta, como se desarrolla el tiroteo incluso el final cuando el miembro que llega corriendo detiene el carrito con la pierna y desde allí le dispara al último miembro del otro bando que tiene retenido a una persona, lo de que lola usando un anacronopete para rejuvenecer también lo pensé, no en el que llego, porque ese quedo dañado, pero si había varios en el futuro podría haber usado alguno, pero bueno.

  2. Mi humilde opinión, Lola podia haber viajado al pasado y rejuvenecer, solo debía viajar sin tomar el fluido García. Es poco inteligente la solución de Lola y Paccino. Lo demás lo disfruté mucho, aunque sigo prefiriendo la temporada anterior por muchas razones, de todas maneras, enhorabuena por la serie. Buena Ciencia Ficción española.

  3. Soy fan de esta serie pero coincido en que hubiera preferido que Amelia quedara con Julián. No entendí la verdad el final de Pacino y Lola. De acuerdo en que pudo haber viajado Lola al 2020. ¿Alguien puede explicarme lo que se supone que pasó? Gracias

    • En el 2070 parece que Julian hace una insinuación de algo y ella dice “ya he vivido dos vidas, no me voy a quejar”, como si ya estuviese cansada y no le apetece reandar (aunque realmente no lo ha hecho) pero como si diese por buena la vida vivida por su otro yo y no quisiese el fantasma de volverse mala. Así de mayor se lo ha saltado y se siente descansada. Pero esto son suposiciones mías, porque en la serie tampoco lo dejan claro.
      Pero mas allá de eso también se podría haber montado el Pacino del 65 con Lola en el aparato (lo siento, no me sale el nombre ni escrito) y rejuvencerse a ambos. Pero es lo mismo, doy por bueno lo vivido, estoy aquí y ahora y tengo que mirar hacia delante (“¿Quien hubiera dicho que ibamos a tener un futuro juntos?”).

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