Descubriendo el rol (II) Los tipos de jugadores

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¡Buenas, queridos lectores! Y bienvenidos a esta nueva entrada de descubriendo el rol, en la que hablaremos de algunos de los grandes debates de este mundillo de una riqueza casi infinita y sobre todo algo al alcance de todos los bolsillos.

Empecemos declarando que no soy ninguna experta en el tema, como casi en nada, y que estoy segura de que muchos de nuestros lectores podrán aportar muchas anécdotas, experiencia y opiniones a este respecto que nos ayudarán y abrirán los ojos a los demás (estáis invitadísimos). Una vez dicho esto, comencemos.

Desde que empecé a jugar, y teniendo en cuenta que mi espacio muestral de jugadores es siempre el mismo -a saber, pequeño-, he notado, como si pudiese trazar una nítida línea de persona a persona, que existen distintos tipos de jugadores y que todos ellos buscan experiencias distintas. En el caso de nuestro grupo hemos logrado compatibilizar nuestros gustos y hacer de las partidas algo equilibrado y divertido para todos, pero mucho me temo que esto no es siempre posible. No me puedo imaginar a alguien que disfrute de los entresijos de la historia y el roleplay con un grupo en el que la batalla sea absolutamente esencial y lo acapare todo. Y al revés. Así que supongo que al final encontrar el grupo adecuado, no solo con el que te lleves muy bien, sino con el que persigáis las mismas experiencias, es vital en el mundo del rol. Eso me hace sentir muy afortunada, la verdad.

Navegando de aquí allá he encontrado numerosos vídeos o post que separan a los jugadores en categorías principales como es el actor, al que lo que le gusta es el roleplay y desarrollar a su personaje en escena, el disruptivo, al que lo que le gusta es repartir yoyas, el que disfruta del lore como el que más o el que se pasa la vida resolviendo misterios. Lo cierto es que podría colocar a varios de mis compañeros en alguna de las categorías e incluso a mí misma, y me he reído con ganas, pero creo que al final el problema es que estas clasificaciones no acaban de funcionar. Para empezar por lo que comenté en el primer artículo de la serie, que es que cada cual es hijo de su padre y de su madre y esclavo de cómo percibe la realidad, pero mayoritariamente hay solapamientos peligrosos entre conceptos. Nadie es tan simple.

Sin ir más lejos, en mi caso me siento profundamente identificada con lo que llaman el jugador táctico, que es el que intenta predecir todo lo que sucede e incluso mastear al máster. Como si fuese la vida real, intenta, en la medida de sus posibilidades y de la estadística, amoldar y sobreponerse a la realidad en cuanto sea posible. La triste realidad es que por mucho que nos empeñemos, el rol no es la vida real, el máster tiene planes, sabe lo que quieres y necesitas, y decide si puedes o no hacer ciertas cosas. La complejidad y juego de intenciones, sombras, información etc., se pierde. Este es en el único en el que me identifico intensamente porque al final lo que delimita es un patrón conductual, como puede ser el disruptivo.

Pero como se suele decir, sobre gustos no hay nada escrito. Un caso claro lo veo en un amigo de mi propio grupo, al que la historia y roleplay se la trae al pairo de manera descarada, y durante los cuales se dedica a poner caras y mover el pie con impaciencia, además de no escuchar. Cuando hay batalla, su actitud cambia de una manera espectacular: se vuelve el mago de los dados, el estratega y el mayor amante del trabajo en equipo, todo ello a la vez. Cualquiera diría que lo que pasa es que es le gusta la turra a saco y ya está, cosa que es relativamente cierta (es claramente power-gamer), pero en realidad es otra cosa. Lo que le gusta es la tensión. El momento culmen de una traición, cuando hay que resolver un puzle o cuando un paso en falso significa la muerte. Incluso la revelación de un misterio de la trama de la que sin embargo no se ha preocupado y no ha hecho nada por conocer anteriormente. Según sus propias palabras “que pasen cosas”, aunque opino que esta visión es insultantemente limitada… . Yo, sin embargo, soy exactamente lo contrario: lo que más me gusta el roleplay, el desarrollo de personajes y su relación, pero no encajo en el actor, porque no me gusta contar quién soy ni de dónde vengo, sino conocer a mi propio personaje a través de sus interacciones, diálogos y actos. La backstory ya la tengo bien delimitadita sin necesidad de pavonearme frente al resto de jugadores. Es precisamente en estos espacios en los que las descripciones oficiales fallan, en actriz y pateaculos, por lo que somos compatibles a la hora de jugar. A mí me interesa la trama, misterios e interacciones, que también causan tensión, y me aguanto en las batallas aunque me aburran un poco. Él es capaz de dejar espacio a la trama siempre y cuando tenga puntos que le interesen, aunque requieran en gran parte de aquello que encuentra insustancial y aburrido. Y creo que ambas cosas están muy bien, porque enriquecen las partidas y crean un ambiente determinado. Yo creo inmersión actuando, mientras que él da vidilla cuando todo está demasiado parado y parece más una trama política que un mundo épico. Yo traigo realidad, y él fantasía. Creo que es mejor tener ambos lados que ser jugadores que se comen lo que se les eche aunque pueda torturar al máster.

Por supuesto, aquí también importa mucho lo que se opine y maneje del trabajo en equipo… pero eso lo dejaremos para el próximo artículo.

Vosotros, ¿qué tipo de jugadores sois, si sois alguno? ¿Cuál es vuestra experiencia?

Un saludo y sed felices.

 



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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