InicioseriesLas series que nos hacen felicesAnálisis de Freud, temporada 1

Análisis de Freud, temporada 1

Netflix acaba de estrenar Freud, serie de coproducción austríaca, alemana y checa, que se basa en la juventud del padre del psicoanálisis, pero ubicando tanto su vida como su obra en medio de una ficción inquietante y perturbadora.

El Hombre que cambió todo

La historia del mundo cambió con Sigmund Freud. Si tal sentencia se nos antoja algo exagerada o pretenciosa, tratemos de pensarlo al revés. Está bien: ya sé que la historia contrafáctica es siempre un terreno complicado y que la sola posibilidad de imaginar un “what if” (es decir, qué hubiera pasado si tal cosa hubiera ocurrido o, por el contrario, si no hubiera ocurrido) nos deja siempre una profunda duda: la de si a la larga, de todos modos, las cosas no hubieran terminado tomando el mismo curso que les conocimos. Dicho de otra forma, no tenemos ninguna herramienta tangible para saber a ciencia cierta si, de no haber existido Freud, la revolución que en el terreno científico él generó no hubiera sido, más tarde o más temprano, provocada por algún otro. Pero si dejamos por un momento de lado las incertidumbres y cedemos ante la tentación de imaginar un mundo alternativo, probablemente caigamos en la conclusión de que un mundo sin Freud sería un mundo sin surrealismo, sin Dalí, sin Gaudí, sin psicodelia, sin Pink Floyd, sin Batman, sin Hitchcock: muy distinto, ¿verdad?

Sigmund Freud (1856-1939)

Esta coproducción entre Austria, Alemania y República Checa que, creada por Marvin Kren, nos trae Netflix, es una serie que, justamente toma a Sigmund Freud como personaje principal, pero ni por asomo es biográfica ni busca serlo. De hecho, tratar de clasificarla puede ser un problema y que así sea es, de algún modo, coherente con la temática y con el propio Freud, quien, después de todo, provocó una ruptura con la medicina positivista y su manía obsesiva por las clasificaciones cerradas.

Un joven y no tan conocido Freud

Ambientada en Viena hacia finales del siglo XIX, la historia nos lleva a la juventud de Freud pero sacándola, como dijimos, del rigor biográfico e insertándola en medio de una trama de crímenes que tienen lugar en la mencionada capital europea. Es decir que estamos ante una ficción que lo tiene a Freud como protagonista.

Robert Finster da vida al joven Freud

Más allá de las inevitables licencias que conlleva un planteamiento de esa naturaleza, muchos de los elementos que aparecen en relación a la juventud de Freud tienen una base real nada desdeñable . Así, por ejemplo, puede sorprender a muchos (no a los conocedores de la vida y obra del llamado padre del psicoanálisis) el interés que, en su juventud, mostró por las técnicas de hipnosis, cuando aún era claro discípulo de Jean-Martin Charcot, precursor en tal terreno que, tal como aquí se muestra, ejerció clara influencia sobre Freud en sus primeros estudios. Es cierto que el romance entre Freud y la hipnosis fue relativamente corto y, a la larga, aquel ignoto médico austríaco fue llevando sus investigaciones hacia otro campo, mucho más racional, más objetivo y alejado de las pseudociencias, pero también de los extremismos positivistas: los de aquellos que diseccionaban el cerebro para encontrar las raíces de los terrores o de la histeria.
Lo que constituye una licencia absoluta, en esta serie, es el tiempo de maduración de tales ideas en Freud. Es sabido que la gran mayoría de los postulados que lo hicieron famoso (como los conceptos del ello, el yo, el super – yo, los traumas o el animal oculto) aparecieron en una etapa bastante más avanzada de su vida, mientras que aquí se los presenta casi conviviendo con su fascinación por la hipnosis y por lo paranormal, aun cuando claramente se aprecia que está en proceso de ir desplazando a estos últimos. Son muy reales, asimismo, las discusiones que aquí se ven entre Freud y los círculos académicos que lo veían casi como un ocultista más que como un científico, pero están algo fuera de tiempo en relación con su vida. No se trata, desde ya, de un error histórico ni de un anacronismo sino de una deliberada licencia que ayuda a comprimir en un tiempo relativamente corto (una temporada, de hecho) los hechos que aquí se cuentan.

En sus años de juventud, Freud se mostró atraído por la hipnosis

Horrendos crímenes en Viena

Tal como dijimos,vienen ocurriendo una serie de crímenes en la ciudad: muchachas asesinadas, niñas raptadas y con los dedos del pie cortados. ¿Le cortan el dedo del pie a niños, acabo de decir? Sí, y creo que ya es momento de decir que la serie, por estética y por argumento, es bastante perturbadora y no es para todo el mundo. Probablemente muchos no puedan seguirla debido a la fuerza de algunas imágenes y situaciones muy inquietantes que, por momentos, bordean el terror gore pero que, a diferencia del mismo, no nos va a provocar esa hilaridad involuntaria que, muchas veces, calma la situación. Aquí no hay anestesia alguna: es una serie austríaca y alemana, no hay que olvidarlo.

Personalidad disociada: un elemento fundamental en Freud

Freud aparece trabajando en colaboración con la policía para resolver esos crímenes aun a pesar del rechazo que generan sus investigaciones y conclusiones. Su aporte será, por supuesto, el de ir desbrozando los simbolismos ocultos que llevarán a la resolución del caso. Pero el camino hacia ello no es fácil: ni para los protagonistas de la serie ni para uno mismo. Se puede, sin dudas, trazar un paralelismo entre el visionado de esta serie y lo que podría ser una terapia: siempre habrá un momento intermedio en el cual se estará sufriendo y se quiere abandonar la terapia… o la serie. Yo mismo pensé en hacerlo.

Es que, después de los dos primeros brillantes episodios, parece que la historia entrara en una meseta que, sobre todo, abarca los episodios que van del tercero al quinto: en esos momentos la trama se vuelve algo confusa, pero.. ¿podría ser de otro modo? Es lógico que así lo sea porque el inconsciente es confuso, del mismo modo que lo son los sueños, que serían su expresión sintomática. La aparente locura que destilan esos episodios al medio de la temporada son ni más ni menos que el camino que nos va a llevar hacia la resolución del trauma en los episodios finales. Y así como quien mira puede sentirse, en algún punto, atormentado, exactamente lo mismo le está ocurriendo a Freud o bien al inspector de policía Alfred Kiss. O a Fleur Salomé, la enigmática muchacha húngara por la cual Freud siente obsesión y en cuyo inconsciente descansa, a su juicio, la respuesta al enigma planteado. Si a todo ello le sumamos la adicción de Freud a la cocaína y la presencia de una pareja de condes, los von Szápáry, también húngaros y dedicados a actividades paranormales, es fácil entender que el derrotero, justamente, no es fácil.

Georg Friedrich interpreta al inspector Alfred Kiss

Una serie que no te dejará indiferente

La estética es realmente impactante. A veces los encuadres pueden chocar un poco y es lógico porque estamos más acostumbrados al formato americano. Pero nos encontramos ante una serie de la Europa Central y, como tal, en un mundo diferente. Para empezar, los americanos tienen tendencia al plano americano (hasta las rodillas) o al plano medio (hasta la mitad del tórax), mientras que aquí se pasa, generalmente, del plano medio al primer plano: primerísimo, diría yo, llegando, en ocasiones al plano detalle, es decir ya ni siquiera un rostro sino una nuca, un prendedor o un guante. La falta de diálogo en algunas escenas también puede exasperarnos, pero es porque los tiempos de una serie como ésta son también diferentes a los de muchas que vemos habitualmente, mayormente estadounidenses o de otras latitudes pero con formato americano. Aquí, por ejemplo, nos encontramos más de una vez con un rostro en primer plano mientras oímos abrirse una puerta y a continuación los pasos de alguien acercándose, pero por un rato no lo vemos sino que sólo percibimos las sensaciones que nos pueda transmitir el rostro que está siendo enfocado. Asimismo, el hecho de que toda la temporada esté concebida casi como una terapia lleva a que a veces nos cueste determinar si lo que estamos viendo es lo que realmente ocurre o lo que los personajes creen que ocurre; inclusive con los flashbacks tenemos esas dudas ya que cuesta determinar si es el pasado tal cual fue o el pasado tal cual lo construyó en su mente el personaje involucrado.

Puede sonar a gran dolor de cabeza y, seré sincero, en parte lo es, pero superado el trauma (nunca mejor aplicado el concepto) de los episodios intermedios, nos vamos dando cuenta que estamos viendo una serie original y diferente con sus pros y sus contras, pero que difícilmente olvidaremos mañana.

Los episodios 7 y 8, en los cuales la trama se resuelve de un modo que no diré, son realmente muy impactantes y la estética es formidable: personajes perfectamente iluminados pero recortados contra un fondo de estremecedora negrura, tanto que remite al Teatro Negro de Praga que, después de todo, no anda tan lejos. Si tengo que mencionar un punto, a mi juicio, flojo, es que no se aprovecharon del todo las potencialidades de la inquietante y severa arquitectura de Viena. Es curioso, porque leí por allí que el propio Marvin Kren dijo inspirarse en el aspecto particularmente estremecedor que toma esa ciudad al caer las sombras. Pues bien, ello solo puede apreciarse en el episodio 2, en donde los canales y los túneles de la ciudad se convierten en una atmósfera agobiante que da marco a la búsqueda de una niña desaparecida, pero no es que sea tanto el peso en el resto de la serie y es una lástima.

Ella Rumpf interpreta a Fleur Salomé, la muchacha cuyos traumas obsesionan a Freud

Robert Finster, por su parte, está muy bien en el papel principal y si bien puede parecer poco expresivo al principio, esa sensación se va esfumando a medida que los episodios avanzan y va dando vida a un Freud que, al igual que aquellos a quienes estudia, está también atormentado por su pasado, por una fuerte imagen materna, por el peso de una familia judía tradicionalista o por las distintas representaciones del deseo sexual. Y si estamos diciendo que esta es una serie que recurre muy especialmente a los primeros planos, creo que es casi imposible que se salga airoso de ello si no se es un gran actor. Descollante también es el trabajo de Georg Friedrich en el papel del inspector de polícia Alfred Kiss, otro personaje lleno de traumas que le vienen de su participación en la guerra y, en particular, de los sucesos que llevaron a la muerte de su propio hijo.

Otro dato para destacar es que cada episodio lleva por título algún concepto freudiano: son ocho y se titulan respectivamente Histeria, Trauma, Sonambulismo, Tótem y Tabú, Deseo, Regresión, Catarsis y Represión, teniendo cada uno de esos conceptos una importancia clave en el episodio correspondiente.

Personajes igualmente traumados: Freud y Kiss


En el balance final, Freud es una propuesta interesante y sumamente original, cuyo visionado no es fácil. Puede sí descolocarnos con un ritmo que, a veces, nos puede parecer cansino, así como que hace un cierto abuso de los primeros planos, pero si logramos pasar esa barrera y llegamos al final, nos daremos cuenta que acabamos de ver algo que vamos a recordar por mucho tiempo. En otras palabras, de digestión difícil, pero llena… Y eso no es poca cosa.

Un saludo cordial y nos encontraremos de nuevo…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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