Análisis de Fuerza Espacial, Temporada 1, en Netflix.

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Creada por Steve Carell y Greg Daniels (The Office) llega a Netflix Fuerza Espacial, feroz sátira contra el programa de militarización espacial de Donald Trump. Con sus logros y fallos, mejora a medida que avanza y permite disfrutar de un impagable John Malkovich, lo cual no es poca cosa.

No es, desde luego, la primera vez que el espacio es tomado a broma desde una serie. Basta con recordar los casos de Quark (1977/78), Red Dwarf (1988/99) o la británica Hyperdrive (2006/07), entre otras. Esta vez se dan dos particularidades que diferencian a Fuerza Espacial de esos antecedentes: por un lado, que la mayor parte de la serie transcurre en la Tierra aun teniendo al espacio exterior como trasfondo; por otro, que la carga política es mucho más clara ya que es un misil directo contra la administración Trump.

Parodiar a Trump ya es un Problema

Para ubicarnos un poco en tema, recordemos que el actual mandatario estadounidense anunció, allá por marzo de 2018, la creación de una fuerza militar destinada a actuar en el cosmos, según él zona de guerra como cualquier otra. No hace mucho hizo, incluso, la presentación de la bandera de la misma, aunque, según tengo entendido, el proyecto está cada vez más descartado por su entorno y, como es sabido, la administración Trump tiene, por estos días, suficientes problemas en tierra, ya sea por el coronavirus, el aumento del desempleo o los incidentes raciales.

Pero volviendo al tema del programa militar para el espacio, el concepto mismo, tal como fue planteado y anunciado, no deja de ser una parodia en sí y eso se convierte, diría yo, en un importante escollo para la serie. Es sabido que toda sátira o parodia no hace otra cosa que exagerar, llevar al límite del paroxismo ya sea conductas o acciones características de ciertas personas, grupos o sociedades completas. En ese sentido, pocas cosas pueden ser tan difíciles como parodiar a Donald Trump. Es decir, se puede hacer con Nixon, con Reagan o con cualquier ex presidente norteamericano independientemente de la fama que cargue. ¿Pero cómo se hace para exagerar a Trump? La gracia de la parodia consiste, justamente, en mostrar a alguien diciendo o haciendo cosas que en la práctica no haría, aun cuando bien le gustaría o las pensara. Pero con Trump nada se sabe, pues ha demostrado que es capaz de decir, anunciar o hacer cualquier cosa. Él mismo es exagerado, sobreactuado e histriónico, lindante con el absurdo.

Pues bien, ya desde su concepción, entonces, Fuerza Espacial arranca con un problema. Sin embargo, hay que decir que es un gran acierto el haber elegido no mencionar directamente a Trump ni a ninguno de sus funcionarios cercanos; de haberlo hecho, creo, no había sátira posible.

Fuerza Espacial es una serie creada por Steve Carell y Greg Daniels, dupla que ya trabajó en The Office, pero con la particularidad de que allí uno oficiaba como actor y el otro como showrunner, mientras que aquí ambos son coautores aun cuando, desde luego, el primero vuelva a ocupar el papel protagónico y el segundo esté tras las cámaras. Siguiendo la línea de The Office y de otras comedias creadas por Daniels, tampoco aquí hay risas de fondo, lo cual rompe de plano con uno de los preceptos no escritos de la comedia televisiva norteamericana prácticamente desde sus orígenes. Ok, ya sé que esto no es televisión sino streaming, pero la idea se entiende: uf, no sean tan meticulosos.

China y Rusia: Eterna Pesadilla

Steve Carell encarna al general Mark Naird, militar carente de toda intelectualidad y con ufanos aires patriotas, que ha sido designado al frente del programa espacial. Su compañero y, a la vez, antagonista en tal proyecto, es el doctor Adrian Mallory, interpretado por John Malkovich, cuyo personaje dista mucho de poder ser considerado como secundario pues su presencia, por suerte, es permanente y clave a lo largo de los diez episodios. Diría que es una serie con dos protagonistas principales.

Básicamente, la trama se da en el contexto de la competencia estadounidense contra China y Rusia en la carrera (o más bien escalada) espacial. Hay una permanente insistencia en mostrar a quienes detentan el poder político y militar como torpes, incompetentes y hasta improvisados, además de neciamente obsesionados con restregar sus éxitos en la cara de sus competidores, cosa que, en definitiva, nunca logran hacer.

El principal escenario de la contienda, tal como queda claro en los dos episodios finales, es la Luna, en donde los chinos han osado instalarse en el Mare Tranquillitatis e, inclusive, se han atrevido a pasar por encima de la bandera estadounidense que fuera plantada allí por la misión Apollo XI (es literal lo de pasarle por encima: la aplastan con un rover). Hasta India parece haberles ganado de mano con alguna misión, lo cual genera, dentro de la base, sospechas de que alguien está filtrando información: obvios sospechosos los de ascendencia asiática sin importar de dónde exactamente provenga la misma, ya que los militares se manejan con el estereotipo de que todo lo que venga de por allí es más o menos lo mismo o, incluso, con la paranoia de que existiría una solidaridad continental.

Logros y Fallos

La serie es de fácil visionado, ya que son diez episodios que duran entre treinta y treinta y cinco minutos cada uno, pero es raro lo que me ha ocurrido al verla: por momentos me he aburrido como una ostra y en otros me he desternillado de risa; por momentos me ha emocionado, en otros me ha resultado indiferente. Creo que esa ondulante disparidad caracteriza a toda esta primera temporada.

De hecho, el primer episodio me aburrió muchísimo, sobre todo en el intento artificioso por buscar permanentemente el gag o el sketch, rayando casi siempre en la obviedad y con poca gracia. Pero ya en el segundo, la cosa mejora, especialmente con la disparatadísima escena de comunicación entre la Nasa y un chimpancé que se halla en órbita, al cual se pretende utilizar para una misión. Sin embargo, ello no deviene en una mejora progresiva a partir de allí: vuelve a decaer para luego levantar y así sucesivamente hasta llegar a los dos episodios finales en los cuales, creo, la historia toma más forma, siendo ambos bastante redondos.

En lo particular, me da la impresión de que la serie rinde mucho más cuando se dedica a explotar una situación absurda de manera más prolongada en el tiempo que cuando apunta al gag permanente que ni siquiera consigue transmitir frescura y espontaneidad.

El elenco se luce en su totalidad, del primero al último y eso ya de por sí es un plus para poder disfrutarla a pesar del ritmo irregular y de lo espaciado de sus logros. Carell está tan eficiente como es habitual en él y no me refiero solo a los momentos hilarantes sino también a aquellos en que transmite emoción e, inclusive, tristeza. Sorprende, por cierto, cómo su personaje, que al comienzo no nos despierta demasiada simpatía, va haciendo que le tomemos cariño a medida que la serie avanza hasta que, finalmente, lo terminamos viendo como un tipo querible, con pocas luces pero buenas intenciones.

Lo de John Malkovich merece un párrafo aparte. Es uno de los grandes actores del cine americano y aquí cumple a la perfección el papel del antagonista del general Naird: es quien busca imponer la lógica y la racionalidad científica en medio de un contexto de gente que, por ejemplo, es capaz de enviar un cohete al espacio solo a los efectos de comprobar si los rifles funcionan allí. Su versatilidad ya ha sido demostrada en reiteradas ocasiones y también lo hace aquí al adaptarse perfectamente a los distintos cambios del personaje, ya que, así como hemos caracterizado a Naird como la terquedad militarista y a Mallory como la moderación racional, también hay momentos en que las circunstancias hacen que parezcan tener los roles cambiados, sobre todo después de producido el alunizaje chino. El hecho de que, además, Malkovich mantenga un papel tan protagónico a lo largo de toda la temporada, nos da un motivo más para mantener el interés aun en los momentos en que la trama decae. Y si consideramos que también es el protagonista de The New Pope (HBO) ello significa que tenemos por estos días una doble oportunidad de verlo seguido en pantalla.

También es para destacar Lisa Kudrow en el papel de la esposa del general Naird, la cual se halla en prisión por un crimen del cual nada sabemos en específico; en algún momento algunas de sus palabras parecerían sugerir que, quizás, haya matado a alguien golpeándolo con algún elemento contundente, pero nunca se aclara. Lo que sí sabemos es que cumple una condena de cuarenta años o incluso tal vez más, ya que ese es el tiempo que le falta para salir de prisión; además, presiona a su esposo todo el tiempo acerca de la posibilidad de que ambos tengan amantes por su cuenta ya que mantener una relación conyugal fluida es imposible. No deja de ser una lástima que la reclusión de su personaje haga que la veamos poco en pantalla: si lo hace durante media hora en toda la temporada, es mucho.

Otros dos casos más, dignos de mención y ambos excelentes, son Ben Schwartz (otro del clan Greg Daniels, ya que estuvo en Parks and Recreation) interpretando a Tony Scarapiducci, vocero del programa Space Force ante los medios, así como Diana Silvers en el papel de Erin, la hija del general Naird, adolescente rebelde y con conflictos que exige de su padre una atención que este no le brinda y a quien sí, en cambio, le quema la cabeza el que ella tenga, como novio a un oficial de la fuerza aérea con apellido ruso.

Se podría seguir hablando uno por uno del elenco completo pero sería engorroso; no obstante, a quien no quiero dejar de mencionar es a Fred Willard en el papel del ya senil padre de Mark, cuya participación nos deja un amargo sabor de despedida por haber fallecido hace apenas días, con lo cual esta, posiblemente, haya sido la última interpretación del actor de las pequeñas grandes escenas ya que, a lo largo de su carrera, casi nunca tuvo papeles principales pero cada aparición suya se robaba la atención. Un grande: se lo va a extrañar.

Balance Final de Temporada

Tal como he venido diciendo, Fuerza Espacial es una serie irregular que levanta y decae todo el tiempo y en la cual, a veces, no todas las subtramas generan el mismo grado de interés, pudiendo ello devenir en un cierto extravío del eje principal. Sin embargo y aun a pesar de sus altibajos, la serie va de menor a mayor y hacia el final de la temporada todo adquiere una mayor cohesión: los sketches innecesarios van quedando atrás y, en cambio, toma su lugar un absurdo más generalizado que, paradójicamente, da sentido a toda la historia aun cuando, como dije antes, el tono de parodia encuentre serios problemas para superar la realidad. Es en los dos últimos episodios cuando la serie parece haber encontrado su identidad; si los creadores son conscientes de ello y saben explotarlo, podemos ir hacia una segunda temporada mucho mejor y tengo confianza en que así sea.

Las excelentes actuaciones ayudan a sostener la serie y eso hace que, aun en los momentos en que la trama principal pareciera desdibujarse, nos entretengamos apreciando el trabajo de los actores y, de manera muy especial, el del inmenso Malkovich. La factura técnica, por su parte, está muy cuidada, lo mismo que los efectos especiales.

Se puede ver y en el balance divierte, pero desde ya advierto que hay que tener algo de paciencia, sobre todo para superar el débil arranque. Si lo hacen, creo que podrán disfrutarla.

Un saludo y que sean felices!



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

2 comentarios

  1. La vi tras leer varias críticas poniéndola no muy bien y, siendo yo muy fan de las sitcoms, a mí me ha entrado muy bien, aunque el inicio puede flojear, como bien dices.
    Ojo, porque The Office, en su primera temporada, también tiene a Steve Carrell forzando muchísimos gags y chistes de jefe enrollado sin que fluya mucho y ya luego sube, sube y sube. Aunque a Fuerza Espacial la veo más cerrada y limitada en su posible desarrollo de tramas por su premisa.
    Lo dicho, a mí me ha dado lo suficiente para ver una segunda temporada.
    Un saludo.

    • Rodolfo Del Bene el

      Hola, Manuel:
      Muchas gracias por comentar! Sí, coincido en la apreciación y es cierto que en The Office también hay mucho gag forzado pero bueno, me pareció que en The Office el conjunto venía más cerrado de entrada…. aunque…. no hay que olvidar que por otra parte The Office era versión de una previa serie británica: quiero decir con ello que tiene más sentido que la cosa estuviera más cerrada desde antes porque, justamente, se partía de adaptar un producto que ya estaba bastante cerradito, mientras que aquí es crear todo el tiempo. A mí en el balance me terminó gustando y, sobre todo, más allá de algunas objeciones, me pareció una propuesta bastante audaz. Al igual que tú, confío en una segunda temporada.
      Un saludo y que estés bien!

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