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Retro-Análisis: El infierno del odio (1963). ¿La bondad humana es infinita?

¿La bondad humana es infinita? Esa sería la pregunta que nos podemos plantear al ver la historia que Akira Kurosawa nos propone en El infierno del odio. La película nos llevará, gracias al gran guion que la sustenta, a través de los dilemas morales que afrontan los protagonistas sobre un tema del que siempre es instructivo debatir…  ¿Hasta qué punto tendríamos empatía, bondad o incluso sacrificio personal para ayudar a otra persona? Os daremos nuestra opinión sobre esta obra magna del gran director japonés Akira Kurosawa.

De que trata El infierno del odio

La película nos presenta en sus primeros minutos al personaje protagonista Kingo Gondo (Toshiro Mifune), un empresario que, debido a años de dedicación tiene una vida privilegiada. Vive en la colina cercana a la ciudad, en buen situación económica con una vista de lujo con respecto a los que están en escalafones sociales inferiores.  Y tiene la intención de hacerse con el poder de la empresa en que trabaja por desavenencias con otros inversores e incluso con el jefe.

Su situación personal cambia cuando recibe una llamada telefónica donde se le dice que tienen a su hijo Jun (Toshio Egi) y le exigen el pago de un dinero para recuperarlo. Pronto se dará cuenta de que en verdad no es su hijo el secuestrado, sino el de su chófer personal Aoki (Yutaka Sada) y he allí el dilema.  ¿Pagará con su dinero para recuperar al hijo de un trabajador como en principio hubiera hecho si se trataba del suyo?  ¿O pasarán quizás sus intereses personales por encima de sus valores morales?.

Aspectos que la hacen especial

Podríamos destacar inicialmente el personaje de Gondo. Al principio le vemos discutiendo con inversores la forma de hacerse con la empresa en la que tienen invertido su dinero y dándonos cuenta de que, como empresario, tiene sus prioridades muy claras. Estamos ante un hombre de fuertes convicciones sobre lo que desea y quiere. No es presentado por Kurosawa como un tipo despreocupado de todo y egoísta, pero sí como alguien ambicioso, que ha escalado socialmente hasta el lugar en que se halla y no está dispuesto a renunciar a ello.

Sin embargo, al presentarse la situación con el hijo del chófer, las dudas sobre qué hacer le corroen inicialmente. Tiene por un lado el convencimiento de que tiene que proteger su estatus social, pero, a medida que avanza la historia, vemos cómo Gondo reflexiona sobre lo que realmente tiene el deber de hacer.  Darle la importancia que merecen sus valores morales, y en cierta forma, el ejemplo que debe darle a su propio hijo.

El papel, tanto de los policías como de su mujer Reiko Gondo (Kioko Kagawa), que es quien representa en la historia los sentimientos más emotivos en la historia, le harán decantarse por tratar de ayudar en la resolución del caso.

La decisión de pagar el rescate tiene consecuencias económicas para su personaje pero también supone una victoria moral. Una cosa que nos muestra Akira Kurosawa con esta historia es que no hay buenas y malas personas al 100% sino que según las circunstancias que las envuelven pueden actuar de forma contradictoria.

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El tema de la diferencia de clases es tratado por Kurosawa de forma evidente desde el primer instante. Nos presenta los personajes con suma sencillez pero con una eficacia evidente. La situación de la casa familiar de los Gondo en lo alto de la colina nos da la información necesaria sobre quiénes son y en qué posición social se hallan. Abajo, en la urbe (se ve desde la terraza una imagen de la ciudad a sus pies), la vida de los habitantes es mucho más complicada, como nos iremos enterando a través de las llamadas.

Gondo vive en un lugar abierto, luminoso y elevado, mientras que el secuestrador y demás personajes se relacionan con espacios más oscuros, congestionados y degradados de la ciudad de Yokohama, que es donde el director ubica la historia.  El detalle de que el secuestrador llame a la familia y le comente que hace mucho calor en donde está, contrariamente a lo bien que deben estar Gondo y los suyos con el aire acondicionado, nos informa sobre la diferencia social en que viven.

Otro ejemplo de cómo Gondo ha llegado a su posición tras años de esfuerzo es la escena en que se pone a manipular los maletines donde irá el dinero del rescate para colocarle unos gadgets que permita a la policía localizarlos.  Explica a los presentes que los zapateros también trabajaban antiguamente con maletines y ello nos da la pauta del origen humilde del personaje.  Interesante el momento en que todos los presentes se le quedan mirando en silencio.

La dirección de Akira Kurosawa es otro punto a destacar, especialmente eficaz en la primera parte del filme, la cual transcurre mayormente en un espacio limitado, que es la casa de los Gondo. A través de movimientos de cámara, disposición de personajes y composición de planos, Kurosawa consigue crear un estado de tensión en el que pareciera que estamos ante una función teatral más que ante una producción cinematográfica.

Ese uso narrativo de la cámara nos facilita la conexión emotiva con los personajes y sus relaciones, como también el uso del formato panorámico que coloca a diferentes personajes dentro del mismo encuadre para mostrarnos sus reacciones a los eventos que ocurren en la casa.

El montaje de la película también es para remarcar, ya que Kurosawa controla el ritmo a través del ritmo y sabe bien cuándo prolongar la tensión de una escena en concreto o cuándo acelerar la narración. Una escena muy notable del cambio de la primera parte a la segunda sería es cuando, desde la casa de los protagonistas, vemos el humo de colores salir de una chimenea, un detalle simple que, sin embargo, permite aprecar el cambio narrativo y de ritmo que tendrá la película. La escena transforma un elemento visual de lo más sencillo en una pieza fundamental del suspense.

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La segunda parte del filme nos acerca más al cine policial y eso hace que nos adentremos más en la crítica social que en el drama, como ocurre en la primera. El secuestrador no se presenta solo como un monstruo sin dar explicación de sus acciones, sino que sus razones para el odio hacia Gondo vienen de las diferencias sociales a partir de cómo vive cada uno de ellos.

La película tiene mucho valor, ya que funciona como crítica, pero la parte del thriller es también muy entretenida. Todo el misterio sobre qué habrá pasado con el niño o si podrá la policía encontrar al delincuente no nos despista de la parte social que nos hace reflexionar.

El guion del propio Kurosawa (conjuntamente con Hideo Oguni, Eijiro Hisaita, y Ryuzo Kikushima)  adapta en parte una novela de Evan Hunter llamada King’s Ransom (1959), pero haciendo cambios importantes con respecto a la obra original y dando más importancia y fuerza a la cuestión de la desigualdad entre clases sociales.

En general, estamos ante una de las obras destacables de Akira Kurosawa (si es que hay alguna que no lo sea), llena de interés por los dilemas morales que nos presenta y dando el director una clase magistral al plantar ante nuestros ojos una película que nos hace mantener la atención a lo largo de sus más de dos horas y veinte minutos sin perder un ápice de calidad y aun tratándose de una historia dividida en dos partes. Si no conocéis el cine del maestro Kurosawa, esta es la manera perfecta de tener el primer contacto.

Os dejamos con un artículo sobre otra película japonesa (no de Kurosawa) que merece ser conocida por los fans del cine AQUI

 

 

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