De nuevo, iZombie llega a nosotros para salvar nuestras vidas del aburrimiento. El capítulo anterior lo podéis ver aquí. Hoy os traemos el análisis del segundo capítulo.
¿Os acordáis de Oli? La entrañable zombie resuelve misterios. Pues después de haberse convertido en zombie, de haber cambiado de trabajo, de vida y de dieta; sigue sin poder dormir. ¿La razón? Parece ser que no es la única zombie que ronda el mundo.

Javier, un pintor cuyo arte radica en plasmar culos en azul chillón, ha muerto. Y Clive opina que ha sido su mujer por que según él: «siempre es la mujer», pero no le vendría mal demostrarlo con ayuda de Oli. Y ella, que es buena chica, pues se toma un burrito de cerebro, para contribuir a la sociedad ¿Eh? No os vayáis a creer que lo hace por gula.
A todas estas, Maxi, el ex-prometido empanado, tiene una excusa patética para ver a nuestra zombie. Pero encontrarse con su ex-prometido balando cual corderito no es lo peor que le pasa a Oli, que no deja de tener pesadillas con el tipo paliducho que la transformó. Oli tiene un recuerdo del difunto Javier y es… Bueno, baste decir que tenemos a una zombie caliente por aquí.

Clive sigue obsesionado con que es la mujer. Y haciendo compañía en el duelo a la mujer del difunto, la amante de este. Por lo visto era una relación abierta. Aún así, Clive la quiere inculpar. Recordad: «Siempre es la esposa». Teoría que parece irse al traste cuando nuestro amigo frikijefe descubre que el asesino mide 1,90. Eso descarta a la mujer enanita. Y un punto más para el forense, ha encontrado un dibujante que puede hacer un retrato robot del tío que mordió a Oli. Aunque lo tiene difícil, por que la zombie está un poco… artística.
Clive sigue buscando sospechosos, mientras Oli desarrolla unas nuevas habilidades artísticas. Y mientras nuestra Oli habla de hacerle el amor a la pintura, el rubio se aparece en su mesa de trabajo (la de cadáveres). Aquí viene una conversación sobre tener los ojos rojos y mala leche. Por decreto, lo llamamos «zombie-total»

Resulta que el otro zombie, el rubio, ni sabia que había atacado a la dulce Oli. La torpeza del rubio provoca un recuerdo en el cerebro prestado de Oli. Parece ser que el novio de la amante de Javier les pilló. Parece un trabalenguas. Pero no solo eso, el tal Javier (todo un rompecorazones) se acostaba con la hija de 18 años de su marchante. Esto empieza a ser un lío.
El rubio, por otra parte, seduce a una madurita, con la aparente intención de comerle los sesos. Y, en su mundo, Oli seduce sin querer a su ex prometido. Tras ese lapsus, volvemos a la reunión semanal de zombies, donde el rubio le mendiga una ración de materia gris. Es como una camello de cerebros. Mola. Y hablando de camellos, el rubio lo era, y su jefe (o ex jefe, quien sabe) esta cabreado. Por desgracia, Oli le pilla en un mal momento y lo malinterpreta. O no.. este tío es difícil de interpretar.

Noticia bomba, el rubio no es el único zombie. Hay más, y el quiere suministrarles a todos, haciendo referencia al club de la lucha. Y volviendo al caso, Clive ha descubierto que el pintor Don Juan estaba en la ruina. Otro móvil mas. Por que como bien dice un amable señor que pasaba por ahí: «Lo mejor que puede hacer un pintor es diñarla» En un momento de tensión, Oli comprueba que la chiquilla de 19 años estaba preñada y, lo que es más importante, Clive tenía razón: Siempre es la mujer.
Oli se acerca a casa de su amigo/ex-prometido/perrito faldero a «Pedirle un Cd», y le come todos los morros. A él no le gusta mucho la idea, lo que tien sentido por que ella le dejó y le ha estado ignorando estos meses. Pero parece que no le afecta mucho…
Nos quedamos con la incógnita de lo que será de Oli y Maxi, y de como avanzarán los negocios del rubio.



