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Análisis de La Búsqueda: Más Allá de la Historia. Temporada 1. Episodio 3

Continuamos analizando los episodios de La Búsqueda: Más Allá de la Historia, serie de Disney+ que, creada por Cormac y Marianne Wibberley, funciona más como spin-off que como secuela de las películas protagonizadas por Nicolas Cage. Hoy nos toca el tercero, cuyo título es Gambito de Graceland.

Bienvenidos sean a un nuevo análisis de La Búsqueda: Más Allá de la Historia, en este caso para analizar un tercer episodio en el que seguimos conociendo detalles del pasado de Jess y su familia mientras las pistas conducen a nuestros protagonistas a Memphis y nada menos que a Graceland, la icónica mansión de Elvis Presley. ¿Pero qué es esto y cómo narices se relacionan los aztecas con el rey Elvis? Mejor pasemos al análisis, recordando que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y que pueden leer aquí el análisis de los dos primeros episodios.

Rey Sol

Luego de que Liam revelara a Jess y Tasha la cámara secreta con las investigaciones de su abuelo, los tres se dirigen a altas horas de la noche en busca de Oren para poder reproducir una filmación en miniDV que allí han encontrado. Se trata de una disertación de la madre de Jess acerca del supuesto tesoro: cuenta que había entre los aztecas un grupo de mujeres que escondía el mismo antes de cada guerra y, avecinándose nada menos que la de Hernán Cortés, lo dividieron entre aztecas, mayas e incas.

El nombre que las designaba era Hijas de la Serpiente Emplumada (evidente referencia a la conocida deidad azteca que también los mayas adoraban bajo el nombre de Kukulcán) y su líder era nada menos que Malinche, la mujer indígena compañera de Cortés que habría al parecer sido espía entre los conquistadores y no traidora como a veces ha sido sindicada.

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Según se ve y se oye, tales conclusiones eran rechazadas en los altos círculos a pesar del empeño que tanto la madre como el padre de Jess ponían en defenderlas.  También hay imágenes de la pareja feliz estando ella embarazada, obviamente de Jess, a quien se llenan los ojos de lágrimas.

Entre las cosas rescatadas de casa de Peter Sadusky hay una nota aconsejando no confiar en nadie (mismo consejo que él diera a Jess) y tener especial cuidado con Salazar. Otra, bastante más críptica, habla de dar un mensaje al “Rey Sol, nacido para la Paz”.

En lo primero que piensan es en Luis XIV, el célebre monarca francés apodado de ese modo, pero no encuentran nexos lógicos que lo liguen a civilizaciones precolombinas. Oren, con su tendencia al delirio conspiranoico, relaciona con Elvis Presley, cuya tatarabuela, averigua Tasha, era cherokee y se llamaba Paloma Matinal Blanca, posible referencia al símbolo de la paz que explicaría el que esa palabra está escrita con mayúscula.

Lo peor no es que a Oren se le haya ocurrido semejante divague, sino que los demás lo toman en serio y, peor aún… ¡que estén bien encaminados! Incluso descubren que el modelo de guitarra de Elvis llamaba Gibson Ebony Dove (Paloma de Ébano Gibson).

La Paloma

De pronto las pistas conducen a Graceland, donde se encuentra la guitarra. En ese momento irrumpe Ethan y oye hablar del tesoro. Muestra pesar: al parecer es algo que tiene a Jess obsesionada desde hace rato y a él no hace gracia pero, aun así, acepta sumárseles a la misión Graceland al igual que Liam, que empieza a percibir que lo que se decía sobre su abuelo no era cierto.

Más delirio: Tasha logra hackear la seguridad de la mítica mansión y Oren introducir unas polillas para que tengan que llamar fumigadores. Ethan y Liam se hacen pasar por ellos y, según cálculo de Tasha, tienen trece minutos hasta que lleguen los verdaderos.

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Consiguen llegar a la guitarra pero no tiene nada de particular en ella: pista equivocada. Sin embargo, al tomar fotos del lugar, encuentran un disco de oro por el sencillo La Paloma, clásica canción mexicana que Elvis versionó para la película Amor en Hawái (1961), pero que jamás llegó a oro, lo que mueve a sospecha…

Por desgracia para el grupo, los fumigadores llegan cinco minutos antes de tiempo. Oren logra momentáneamente desviarlos hacia el hotel con la mentira de que el problema de las polillas está allí y no en la mansión, con lo que Liam y Ethan tienen tiempo de salir de ella y, una vez todos reunidos, largarse del lugar a escapar. Sin embargo, a Jess le obsesiona ahora la nueva pista y quiere ingresar nuevamente.

No sé cómo Liam consigue hacerse con una guitarra, pero interpreta una versión de Suspicious Minds que genera distracción mientras Jess consigue llegar a la sección de los discos de oro (deduciendo un código de ocho dígitos en solo tres intentos, je). Encuentra el de La Paloma y lo reproduce (???), pero no hay canción sino una suma de sonidos indescifrables. Los graba y, haciendo pasar a Liam por loco borracho, huyen de allí…

Manchas Misteriosas

Estaba claro que volveríamos saber de la agente Ross, aquella ante la cual se presentaran Jess y Tasha para radicar denuncia en el FBI por el secuestro de Oren, pero que ella desestimó por pensar que le estaban jugando una broma. Al parecer (lugar común) la agente novata y menospreciada por sus compañeros y superiores jerárquicos es la única que va a terminar haciendo algo, pues ha pedido a la morgue un informe forense sobre el fallecido Peter Sadusky, habiendo arrojado el mismo que el cuerpo presentaba manchas anaranjadas en las manos. Ninguno de nosotros, por cierto se había tragado eso de que “murió mientras dormía”…

La Mujer Blanca

Billie ha estado investigando a Jess y comprobado que es beneficiaria del DACA, programa estatal para inmigrantes ingresados al país en infancia. También descubre que quedó en serios problemas económicos por la enfermedad y muerte de su madre, lo cual torna aun menos entendible que no le haya aceptado el ofrecimiento de dinero por la reliquia.

Por cierto, Nate (uno de sus dos ineptos colaboradores) ha logrado abrir la misma (para algo servía) y comprobamos que es ya la segunda que Billie tiene en su poder (la de obsidiana y la de jade), lo que hace pensar que una le fue sustraida a Peter Sadusky y aumenta, por lo tanto, la presunción de asesinato. Solo le falta la de lapislázuli…

Las pistas conducen al volcán Iztaccíhuatl (también conocido como “La Mujer Blanca”), por lo que hacia allí se encamina Billie junto a Nate y Kacie. Encuentran una cueva en que sorprendentemente conviven símbolos aztecas, mayas e incas, así como reproducciones del Mictlán y el Xibalbá, respectivamente inframundos azteca y maya (por cierto, no hay referencia a Uku Pacha, el de los incas).

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Con un dron investigan el lugar pero, por seguirlo, Nate cae en una trampa (me retracto: sí es inútil) y va a parar a una abismo del cual no se ve el fondo. Kacie rompe en llanto mientras una conmocionada Billie ordena largarse de allí porque todo el lugar podría ser una trampa…

La Voz de Elvis

Ethan va al bar en busca de Liam para hablarle sobre Jess: le advierte que la está poniendo en peligro porque si bien tiene protección legal como inmigrante, será deportada si causa problemas. Arrepentido, confiesa después a Jess que metió la pata y ella lo acepta y disculpa. No obstante, él parece sentir que la está perdiendo definitivamente y que lo de ella con Liam va en serio: dicho de otra forma, el ir a verle parece haber tenido más que ver con celos que con protección.

Puesta entonces al tanto de que Liam conoce su situación, es esta vez Jess quien va en su búsqueda para decirle que si nunca habla sobre la misma es porque la empiezan a tratar distinto, ya sea instándola a volver a su país o, por el contrario, sobreprotegiéndola. Dice que eso no es lo que la define, pero que ya tampoco sabe qué la define desde que todo lo que creía sobre su familia ha cambiado: quizás la respuesta la tenga hallando el tesoro.

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Él le pregunta si sabe algo de esteganografía. Bajando la altura tonal, ha hecho audible el mensaje del disco pero solo para auriculares: suena como si hablasen al revés. Al invertirlo, Jess reconoce anonadada la voz de Elvis: “Tengo un mensaje de Paloma Matinal Blanca. La cola de la serpiente de lengua bífida se deja ver si hay buen tiempo en el recodo de la tierra nueva”.

Mandela

En vuelo de regreso tras la fallida experiencia del volcán, Billie está compungida por lo de Nate y más aún Kacie, para quien quizás no haya tesoro y todo sean pistas falsas: algo parecido a lo que en la película decía el padre de Benjamin con respecto a la búsqueda de su hijo… Citando impensadamente a Mandela (?), Billie dice que no la juzguen por sus logros, sino por la cantidad de veces que cayó y se volvió a levantar. Tras ello y después de brindar por Nate, reproduce en su móvil un mensaje y es… exactamente el mismo que instantes antes oyera Jess…

Balance del Episodio

Entrega disparatada, ni falta hace decirlo. Cierto es que la unión de pistas de manera forzada y por momentos poco creíble es algo ya presente en la película original o en la novela El Código de Vinci, influencia obvia y no declarada en aquella. Pero vamos: ¿un secreto precolombino guardado en un falso disco de oro con anuencia del mismísimo Elvis? Una cosa es que las pistas puedan ser alocadas y otra que ya sean lisérgicas…

No sé a quién se le puede ocurrir que una nota referida al Rey Sol y a la paz pueda conducir a Graceland. O quizás sí: a Oren y sus amigos, pero de nosotros (y no me mientan) a nadie… Y la trama corre peligro de que nos dé lo mismo si siguen resolviendo pistas que solo ellos pueden unir…

El atractivo de un enigma es que podamos seguir el razonamiento de los protagonistas, ponernos felices si acertamos y aprender para la próxima si no es así. Pero si van a seguir haciéndolo de este modo, nuestra participación se vuelve meramente pasiva y, en mi caso personal, me siento como en esos reality shows de cocina en que tengo que ver qué cara pone un jurado malhumorado mientras prueba algo que yo no: carente por completo de sentido…

La otra cuestión llamativa es lo fácil que estos muchachos hacen todo. ¿Tan simple es burlar la seguridad de Graceland y moverse dentro como si fuera nuestra propia casa? Se me ocurre que cada mínimo elemento que allí haya debe cotizar en unos cuantos miles de dólares y muchos de ellos en millones, por lo que aun no habiendo estado (tristemente) nunca, me parece por demás inverosímil que no esté todo bajo estricta y rigurosa vigilancia a cada hora.

Pero bueno, ya hemos visto en las entregas anteriores lo fácil que es entrar y salir del local de una logia masónica o acceder a la vivienda de un ex agente federal recientemente fallecido, así que no veo por qué debería ser Graceland la excepción; solo puedo decir que, en la película original, Benjamin y Riley se devanaban bastante más los sesos para acceder a la declaración de independencia en Filadelfia.

La historia todavía mantiene interés en la medida en que deseamos saber qué pasó con el tesoro o quién es el informante que le ha hecho llegar la grabación a Billie: si es Liam, sería demasiado obvio y no tendría sentido el suspenso, por lo que se me ocurre que hay alguien más y, por supuesto, nos repiquetea en la cabeza el mensaje de Peter Sadusky acerca de no confiar en nadie.

Tampoco tenemos del todo claro si Nate ha muerto al caer: los fans de las historias de Tolkien sabrán entenderme si digo que me viene Gandalf a la mente. Y Billie sigue siendo un personaje de interés a pesar de haber tenido aquí menos tiempo en pantalla, pero el suficiente para revelársenos ambigua y contradictoria a la hora de balancear sus sentimientos por el amigo aparentemente muerto con su obsesión por llegar al fondo en el asunto del tesoro… incluso citando a Mandela.

Pero repito: ese interés de nuestra parte se puede ir diluyendo si en los próximos episodios persisten en relegarnos al rol de espectadores pasivos de enigmas irresolubles. En las historias de Conan Doyle o de Agatha Christie, las pistas estaban allí y nos golpeábamos la cabeza cuando caíamos en la cuenta de que no las habíamos visto. Aquí y por lo visto en este tercer episodio, créanme, no había nada para ver

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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