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Análisis de La Rueda del Tiempo. Temporada 3. Episodio 4

Tras una primera bastante floja y una segunda que mejoró ostensiblemente, la tercera temporada de La Rueda del Tiempo le está dando finalmente a los fans lo que reclamaban en cuanto a mayor fidelidad a los libros, además de aportar episodios de estructura narrativa audaz y poco lineal como el cuarto que aquí analizamos y cuyo título es El Camino de la Lanza.  La serie, creada por Rafe Judkins y basada en la célebre saga fantástica de Robert Jordan, es emitida por Prime Video.

Bienvenidos a un nuevo giro de La Rueda del Tiempo, correspondiente en este caso al cuarto episodio, lo que nos deja ya en mitad de temporada y vaya que vamos rápido con esto de subir tres episodios de un tirón como hiciera Prime Video la semana pasada. Y el cuarto, que hoy nos ocupa, es por estas horas celebrado por los fans como uno de los más fieles a los libros, lo cual digo por boca de ganso al no llegar mi conocimiento de la saga hasta El Ascenso de la Sombra, que suele ser mencionada como una de las mejores novelas de la misma y a la cual básicamente esta tercera temporada adapta.

Escrita por el propio showrunner Rafe Judkins y dirigida por el británico Thomas Napper, esta entrega hace enfrentar a Rand con su pasado y a Moraine con su futuro, además de llevarnos a conocer cómo han llegado los aiel a ser lo que son, pero con un manejo del tiempo contrario a cualquier estructura convencional y una apuesta estética tan audaz que convierte sin duda al capítulo en el más surrealista a la fecha.

Sin más trámite y antes de que la rueda dé un nuevo giro, pasemos a ver qué nos ha dejado, no sin advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.

En la Víspera

Después de que dejáramos a Rand y los suyos con los aiel, le vemos a la espera de partir al día siguiente hacia Rhuidean, la “ciudad en las nubes” a la que van los jefes y sabias de los clanes para ser aceptados como tales.

En su caso, el sentido es convertirse en el car´a´carn que, según la profecía, guiará al “Pueblo del Dragón”. Y si hiciera falta confirmación de que dicho pueblo son los aiel, el líder Rhuarc (Björn Landberg) lleva tatuada en su brazo izquierdo la imagen de uno.

Rand entrena con Lan y recuerda cuando su padre le animaba a “vaciar su mente” y visualizar una llama como único objetivo. Pero a Aviendha no le gusta verle con espada, arma que no se corresponde con los Aiel ni con el destino que le espera.  De inmediato, ella se prende justamente con Lan en un amistoso duelo de lanza contra espada, pero todo se invierte y pasa a ser la regañada…

Con Bair a la cabeza, le recriminan en efecto el blandir un arma, pues ha sido justamente llamada a ser también sabia, destino al que ha escapado al elegir ser Doncella de la Lanza y partir tras el Car´a´carn. Ahora que lo ha encontrado, Bair rompe su lanza y le conmina a aceptar finalmente su destino, lo cual hace a regañadientes y solicitando permiso para ir también a Rhuidean.

Conversando con Moraine y Egwene, las sabias admiten no haber previsto la llegada de esta última, con lo que dejan en claro que no pueden anticipar absolutamente todo. También confirman que solo algunos Aiel sobrevivirán en caso de que Rand logre regresar de Rhuidean y una de ellas, Melaine (Salome Gunnarsdottir), llega incluso a sugerir que Moraine debería también pasar por la experiencia. Bair intenta callarla, pero ya es tarde…

También Rand y Moraine tienen su charla. Ella abriga recelo con respecto a la decisión de él de ir a Rhuidean, pero Rand, a su vez, no termina de confiar en Moraine: duda de sus reales motivos o hasta qué punto no persigue objetivos propios al protegerlo. Ella esquiva una respuesta certera al decir que nunca ha hecho nada diferente de ayudarle a cumplir su destino y asevera que, llegado el caso, no se quedará de brazos cruzados viéndole morir.

Línea de Lanzas

En la mañana, se ponen en camino y llegan a Rhuidean, la “ciudad en las nubes” a la que, en efecto, vemos envuelta en una permanente niebla seca. Allí se encuentran con el clan rival de los shaido, lo cual genera un momento de tensión que su líder Sevanna (Natasha Culzac) logra aplacar diciendo que no quiere derramamiento de sangre.

La rueda del tiempo

Menos contemporizador es su cuñado Couladin (Set Sjöstrand), guerrero a cuyo hermano Muradin (Fredrik Wagner) acaban justamente de enviar a Rhuidean para su ritual como jefe. Le disgusta ver a “gente de tierras húmedas” y poco le importa que Rand se justifique en que su madre era aiel (una de las sabias le corrige con que en realidad lo era su padre y no entiende demasiado). Couladin intenta reaccionar con violencia, pero las mujeres le ponen en su lugar…

Una línea de lanzas marca el límite y al otro lado se halla Rhuidean.  Siempre firme en proteger a Rand, Moraine pide también derecho a entrar y le es concedido, aunque aclarándole que las mujeres, a diferencia de los hombres, no ven allí el pasado sino el futuro y ello podría serle traumático por no tratarse solo de uno sino de muchos futuros posibles, siendo no pocas las que han sucumbido en la complacencia ante lo visto o en el querer cambiarlo.

Tras dejar las armas (ella no para de sacar cuchillos), Moraine y Rand se disponen a trasponer la línea advertidos de que no podrán, al volver, contar nada de lo que hayan visto…

Visión 1

Edificios abandonados y estatuas silueteadas en la niebla dan a la ciudad un aspecto fantasmal y Moraine cree reconocer hilos del Poder Único. En el centro, identifican a Avendesora, el árbol de la vida que cuenta con tres mil años de antigüedad y del que los aiel confiaran siglos atrás un retoño a los habitantes de Cairhien.

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Pero nos enteramos que el rey Laman, tío de Moraine, rompió el juramento de cuidarlo y lo usó en beneficio propio para construir un trono único y distinto de todos. Ello devino en guerra y los aiel le mataron en el Monte del Dragón, de lo cual nos enteramos al ver a Ran en la piel de su padre Janduin, quien precisamente diera muerte a Laman, pero al regresar junto a su encinta esposa y en desgarradora escena, la encontraría muerta, habiendo dado a luz y sin rastros del niño.

Visión 2

Cada paso de Rand le lleva a un pasado aún más antiguo y en la segunda visión se ve como Mandein, jefe de clan que, como tantos otros, es convocado a Rhuidean por Latra Sedai (Ania Marson), a quien vemos extraer del interior de Avendesora un orbe al que identifica como Sakarnen, sa’angreal en su momento mencionado por Lanfear.

Da instrucción de que quienes pretendan de allí en más ser jefes de clanes deberán visitar la ciudad para encontrarse con el pasado de sus ancestros y entender por qué no usan espadas. Pero deja en claro que ninguno liderará al total de los aiel, rol que solo cabe a alguien que llegará más adelante…

Visión 3

Rand da otro paso al pasado y es ahora Lewin, joven caravanero de los pacíficos tuathan’an que, habiendo sido su hermana y otra muchacha raptadas por bandidos, arma grupo con sus amigos y en la noche, por cuenta propia y contra el mandato social de no intervenir (“enterramos a nuestros muertos y seguimos adelante”, dice su padre Adan), decide ir a rescatarlas.

Lo logran, pero la incursión se lleva la vida de uno de sus amigos y el propio Lewin debe, en determinado momento, tomar una lanza del suelo y, en defensa propia, acabar con el bandido que raptó a su hermana. Lo que en principio no debería ser problema se convierte en drama al regresar, pues matar es contrario a lo que llaman Filosofía de la Hoja y ello deviene en que sean expulsados y negados por sus familias.

Cubriendo sus rostros como ninjas de pasado vergonzante, forman clan aparte y entendemos así el origen de los aiel, que acaban siendo un desprendimiento de los tuathan’an con la diferencia de que usan armas, aunque no espadas (instrumentos únicamente forjados a tal fin), sino lanzas o arcos originalmente concebidos para la caza. Desde ese momento, se juramentan proteger a los tuathan’an al no poder estos, por su filosofía de vida, defenderse de quienes les atacan…

Visión 4

Rand está ahora en la piel de Jonai, anciano caravanero y abuelo de Adan, a quien vemos aquí como niño. La caravana ha sido atacada y hay muertos por doquier, pero Jonai repite y enseña a su nieto la misma cantinela que este, como líder, continuará de adulto: “enterramos a nuestros muertos y seguimos adelante”.

Por otra parte, le cuenta que su madre ha tenido un sueño acerca de una ciudad al este y hacia allí están llevando el retoño del Avendesora, pero sus seguidores dicen que, habiendo ya las Aes Sedai acabado con el último hombre con habilidad de encauzar, ha llegado el momento de dejar de vagar y escoger un sitio seguro y definitivo donde quedarse. Volverán a cultivar la tierra como sus ancestros y Jonai es animado a recordar la canción olvidada que estos cantaban. Vemos entonces que no será Lewin el primero en romper un mandato…

Visión 5

Rand está ahora en la piel de Rhodric y oficiando de sirviente para las Aes Sedai, más específicamente para una Latra visiblemente más joven que en la segunda visión. Esta dice que los hombres que logran encauzar han enloquecido y están convirtiendo al mundo en un caos, lo cual pone a las puertas de lo que en los libros se conoce como Desintegración.

Encomienda a Rhodric y su gente llevar diez mil retoños en otras tantas carretas para repartirlos por el mundo y asegurar la paz, a la vez que hace al joven entrega del sakarnen.  Entendemos pues el origen del espíritu nómade y viajero de los aiel, pues a ello les lleva la misión ancestralmente encomendada…

Visión 6

La sexta visión nos lleva todavía más atrás, a la Era de la Leyenda en que ciencia y magia coexistían.  Una joven Lanfear que en realidad no es todavía Lanfear sino Mierin Sedai, observa desde una gigantesca esfera en ingravidez y junto a su alumno Charn (en quien Rand se encarna) cómo los campos son trabajados por cultivadores.

Eminente investigadora, ha descubierto una fisura que podría, dice, abrir las puertas a un nuevo poder que no sería para pocos, sino para todos y mejorar por ende la calidad de vida. Pero cuando Charn baja de la esfera para encontrarse con los cultivadores (en definitiva su gente), ve la esfera quebrarse y desplomarse sobre los campos con gran estruendo y nube de polvo que pone a los campesinos en desbandada.  Y lo peor no es eso, sino que por detrás también el cielo se resquebraja y está claro que se le ha abierto la puerta al Oscuro.

Futuros Posibles

Moraine, mientras tanto, ha encontrado el sakarnen dentro del Avendesora y se lo apropia: ignoramos de qué modo le servirá de aquí en más, pero seguramente mucho. Llega hasta los anillos en los cuales debería ver el futuro y, flotando en suspensión, encuentra a Aviendha, que ha entrado también a Rhuinean y parece atrapada en su visión.

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Pronto Moraine comienza igualmente a levitar y, de manera frenética, ve desfilar los distintos futuros posibles que las sabias le anticiparan. En uno, se ve a sí misma como Sede de Amyrlin y disponiendo junto a Egwene la ejecución de Rand; en otro, liberando de su vínculo a Lan para depositar en Rand la misión de ser de allí en más su Guardián; en otro, ve a Lan agonizar en llamas; en otro, a sí misma y otras Aes Sedai postrarse y rendir pleitesía a Rand; en otro, se ve haciendo el amor con este último y finalmente, en varios, presencia su propia muerte a manos de Lanfear, que le rebana el cuello.

Car’a’carn

Paso tras paso y visión tras visión, Rand avanza entre las columnas de cristal al punto de alcanzar a Muradin, el jefe de los shiado que ingresara antes y que, atormentado, se ha arrancado los ojos al no poder soportar las visiones. Un instante después cae sin vida mientras Rand va pisando, en consonancia, las osamentas de los muchos desdichados que han seguido su destino.

Finalmente, se deja caer desfalleciente y cuando vuelve en sí, ve que tiene el tatuaje del dragón, pero no en un brazo sino en ambos, señal inequívoca de que ya es el Car’a’carn. A su lado se halla Aviendha, quien, habiendo pasado su prueba, decide regresar con los suyos, pero él no la sigue hasta tanto encuentre a Moraine.

En el exterior de la ciudad, los días pasan y, habiendo regresado Aviendha, no hay señales de Rand o Moraine. Egwene quiere entrar a buscarlos, pero Lan aconseja esperar hasta que, finalmente, vemos a Rand emerger de entre las lanzas llevando en andas a una desvanecida Moraine, imagen que hemos visto acompañar de manera promocional la temporada y ahora sabemos que con justo motivo…

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Balance del Episodio

Madre mía el capítulo que hemos visto. No solo hace las paces con los fans que venían pidiendo mayor fidelidad a los libros o mayor protagonismo de Rand, sino que todo el episodio presenta una estructura narrativa que desafía cualquier linealidad o convencionalismo. Y lo paradójico es que se centra solo en uno de los arcos de la serie, pero este a su vez abre muchos otros a medida que nos sumergimos en las visiones de Rand y, en menor medida, en las de Moraine.

En reversa, hemos recorrido la historia de los aiel y viene bien rebobinar y poner la cinta al derecho o, si lo preferís, hacer girar la rueda del tiempo en sentido convencional para ver qué nos ha dejado este vasto y complejo proceso de deconstrucción.  A ver…

Los antepasados de los aiel fueron pacíficos cultivadores, a quienes Mierin Sedai (a la postre Lanfear) intentó con sus investigaciones mejorar la calidad de vida, pero sin querer abrió involuntariamente la puerta a la Oscuridad (imposible no relacionar con los enanos de Tolkien que, cavando muy profundo, despertaron al Balrog).

Ello devino en la Desintegración mientras los hombres enloquecían en manos del Poder Único y las Aes Sedai buscaban salvar la paz recurriendo a los también pacíficos descendientes de aquellos cultivadores para desparramar el legado de otros tiempos a través de los retoños del Avendesora.  Pero no todos cumplieron su misión: uno de los grupos decidió abandonar el viaje, establecerse a cultivar y rememorar la canción de sus ancestros…

Hasta que unos jóvenes quebraron nuevamente un juramento al empuñar armas para matar a quienes habían raptado a dos muchachas del campamento. Fueron expulsados y formaron clan aparte. Ya identificables como aiel, cubrieron sus rostros y sus jefes fueron convocados por las Aes Sedai para ser instruidos en cuanto a su origen y razón de ser, instaurando así el ritual de Rhuinean.

Pero cuando un rey utilizó un retoño del Avedensora en beneficio propio, ello devino en guerra y este fue asesinado por el padre de Rand mientras el niño era dado a luz por su moribunda madre, pero no quedaba rastro de su paradero…

Wow. Increíble que hayan logrado contar todo eso en un solo capítulo y hay que decir que el mismo reviste tal complejidad que incluso me pregunto si no sea quizás algo abrumador para quienes no hayan leído los libros. En mi caso, no he leído El Ascenso de la Sombra, en el que mayormente se basa la temporada, pero sí tengo la base de los libros anteriores (en aquel momento los únicos que existían) y sin embargo, aún así, he tenido que ver el episodio dos veces para hacer una reseña como ustedes merecen.

Las visiones del pasado no solo han ilustrado sobre los aiel sino también, de manera más puntual, sobre Rand y Moraine, cuyo vínculo, al parecer, viene desde muy atrás y lo mismo el del joven con Lanfear, pues hemos visto a uno de sus antepasados en relación muy cercana con esta cuando aún era Mierin.  Dato revelador, además, que fuera finalmente su padre el aiel y no su madre…

Interesantes algunas analogías: la historia de Lewin y sus amigos en la tercera visión remite a la de Rand y los suyos en Dos Ríos. Y ver a Aviendha aceptar el destino impuesto contra su voluntad es equiparable para Rand a su propio conflicto entre el joven que fue y el Dragón Renacido que está destinado a ser.

La excelencia del capítulo, por otra parte, no se apoya solo en su particular ritmo narrativo, sino también y de manera especial en lo visual. Quienes nos quejábamos de algunos efectos algo cutres (especialmente en la primera temporada), podemos sentirnos largamente complacidos y agradecidos de que Amazon haya claramente aumentado los presupuestos.

Pero por sobre todo hay que destacar el descomunal trabajo de fotografía que el episodio ha implicado, no solo en los impactantes cambios de paleta de colores al pasar del páramo a Rhuinean y de allí a cada una de las visiones, sino también en los increíbles giros verticales de cámara a trescientos sesenta grados (como si estuviéramos en una rueda de la fortuna) o en imágenes que, tan poéticas como estremecedoras, nada tienen que que envidiar a muchas producciones cinematográficas: Moraine y Aviendha flotando en los anillos, por mencionar una…

Además y como hemos dicho, los realizadores han escuchado a los fans y dado más protagonismo a Rand. Posiblemente no lo hubieran hecho antes por darle prioridad a alguien con los quilates de Rosamund Pike, pero es cierto que el Dragón Renacido venía algo desdibujado y ello no permitía lucimiento a Josha Stradowski que, en lo personal, no me estaba convenciendo…

Pues bien, este ha sido sin duda su capítulo. Si contamos las seis visiones más el propio Rand, ha debido interpretar a siete personajes diferentes, tarea titánica de la cual ha salido airoso. Y si bien pueda habernos en algún momento generado confusión sobre si estábamos viendo el pasado de algún ancestro o el suyo propio, ello ha redundado en un mayor compromiso emocional con cada una de las historias que nos han contado.

No se puede dejar de destacar el trabajo de maquilladores y vestuaristas para que no viéramos siempre al mismo personaje, aun cuando reconociéramos su rostro. Y de manera complementaria, la inmensa labor de recreación de las distintas épocas, pues el mundo de La Rueda del Tiempo tiene la particularidad de que, al ir hacia atrás, podemos encontrar tecnología o ropajes cada vez más complejos, sofisticados o modernos, ya que en algún punto el presente puede ser caratulado como postapocalíptico.

En fin, hemos llegado a la mitad de temporada de manera inmejorable y ello nos llena de esperanzas con respecto a lo que sigue y de momento con el quinto episodio. Les esperamos aquí para analizarlo…

Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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